Proposal 1.10, 1.11: Information activity aimed at building project clients
6.3 Development of basic training in upper secondary and vocational training schools
6.3.1 Current training programmes in upper secondary schools
necesidad vital: la boca con el comer, el ano con la eliminación y los órganos sexuales con la reproduc- ción. El placer proporcionado por la zona erógena puede ser, y a menudo es, independiente del placer que se deriva de la satisfacción de una necesidad vital. Por ejemplo, chuparse el pulgar o masturbarse redu- cen la tensión, pero el primero no satisface el hambre y el segundo no sirve para la reproducción. Las zonas erógenas tienen gran trascendencia para el desarro- llo de la personalidad, pues son las primeras fuentes importantes de las excitaciones y aportan las prime- ras experiencias placenteras significativas. Además, las acciones que entrañan las zonas erógenas conducen al niño a conflictos con los padres, y las frustracio- nes y ansiedades resultantes estimulan adaptaciones, desplazamientos, defensas, transformaciones, transac- ciones y sublimaciones (Hall, 1983). Cada zona tiene predominancia durante una fase del desarrollo. Las revisaremos a continuación.
a) La fase oral. Corresponde aproximadamente al
primer año de vida. Se caracteriza por dos formas de placer: chupar (placer oral erótico) y morder (placer oral agresivo, que por lo regular tiene que esperar a la aparición de la dentición). La boca tiene por lo menos cinco modos de funcionar: incorporar, retener, morder, escupir y cerrar. Cada uno de esos modos es un prototipo o mo- delo original de ciertos rasgos de personalidad. Tales modos de reacción pueden observarse no sólo en las relaciones interpersonales, sino en las actitudes económicas, sociales, políticas y religio- sas, así como en los intereses culturales, estéticos, recreativos, atléticos y vocacionales.
Ingerir por la boca es el prototipo de la ad- quisitividad; retener, el de la tenacidad y de- terminación; morder, el de la destructividad; escupir, el del rechazo y desdén; el cerrar, el del desaire y el negativismo. De la cantidad de frustración y angustia que se experimente en relación con la expresión prototípica, depende que estos rasgos se desarrollen y se conviertan en parte del carácter de la persona (fijación). Mediante desplazamientos y sublimaciones de diversa índole, la fijación en uno de los modos orales prototípicos puede convertirse en una red completa de intereses, actitudes y compor- tamientos. Por ejemplo, la actitud incorporativa puede abarcar cosas abstractas y simbólicas, tales como la incorporación de amor, conocimiento,
dinero, poder y bienes materiales. La codicia y la voracidad se originan al no recibir suficiente alimento o amor durante los primeros años de vida (cfr. Hall, 1983). El exceso de frustraciones en la alimentación puede crear una actitud de dependencia en el bebé. Si este modo se mantie- ne en edades posteriores, se dice que tal persona ha desarrollado una estructura caracterológica de dependencia oral, pero, por el mecanismo psicológico de formación reactiva, puede llegar a transformar su dependencia en una dificul- tad para depender o confiar. Asimismo, si usa el mecanismo de proyección, la persona podría convertirse en un gran altruista o servidor, colo- cando su propia dependencia en los demás. Las adicciones también se originan aquí, al igual que el sarcasmo, la ironía y la actitud despectiva, que son formas orales más agresivas (simboli- zando el escupir o el morder). Modos prototípi- cos de reacción como el cerrar la boca, cuando llegan a establecerse como estilos de persona- lidad, desarrollan formas de comportamiento caracterizadas por el hermetismo, el ensimisma- miento, la cautela, entre otras.
b) La fase anal. Sucede aproximadamente durante
el segundo año de vida. La zona erógena pre- dominante es el ano. La expulsión de las heces proporciona alivio al niño al eliminar la fuente de tensión. Como consecuencia de experimen- tar una placentera reducción de tensión, puede emplearse tal modo de acción para deshacerse de tensiones que surgen en otras partes del cuerpo. La eliminación expulsiva es el prototipo de los estallidos emocionales, las pataletas, rabietas y otras reacciones primitivas de descarga (cfr. Hall, 1983).
Durante esta etapa ocurre el control de esfín-
teres. Por lo común, esta educación determina
la primera experiencia seria de disciplina y auto- control. La educación de esfínteres representa un conflicto entre una necesidad pulsional (el deseo de defecar) y una barrera externa (los padres). Las actitudes parentales respecto de la defecación, la limpieza, el control y la respon- sabilidad dejan una huella inequívoca en la per- sonalidad y su desarrollo. Si la interferencia con el placer de defecar es muy estricta y punitiva, el niño puede vengarse ensuciándose de manera intencional. A medida que crezca, tal niño des-
el niño dijera: “Siendo como mi padre puedo acercarme a una mujer (mi madre) sin entrar en conflicto con mi padre, que ahora me aceptará porque soy como él”. Sin embargo, el complejo de Edipo puede resolverse de manera negati- va, creando una identificación femenina con la madre, lo que significaría la formación de una actitud homosexual hacia el padre. Estas identi- ficaciones también dan lugar a la formación del superyó, por lo cual se dice que el superyó es el heredero del complejo de Edipo.
La fase fálica femenina: al igual que en el
caso del niño, el primer objeto amoroso de la niña es la madre. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el niño, no hay muchas probabili- dades de una temprana identificación con el pa- dre. Cuando la niña descubre que no posee los genitales externos del varón, se siente castrada. Culpa a su madre por tal condición y, por lo tanto, se debilita la investidura libidinal hacia la madre. La niña comienza a preferir al padre, que posee el órgano que a ella le falta. El amor de la niña por su padre se mezcla con envidia porque él posee algo de lo que ella carece. Esto se cono- ce como envidia del pene. Es el equivalente fe- menino de la angustia de castración del niño. Se supone que, eventualmente, la niña cambia su deseo de poseer el pene del padre por el deseo de tener un hijo de él, estableciendo con esto parte de su actitud femenina, la maternidad, lo cual la lleva a conciliarse con su madre.
El surgimiento del complejo de castración en el niño es la razón principal del abandono plazará su rebeldía hacia los representantes ex-
ternos de la autoridad, volviéndose irresponsa- ble, desordenado o manirroto. Pero si el meca- nismo de formación reactiva predomina, podrá engendrar actitudes de excesiva meticulosidad, pulcritud, orden compulsivo, frugalidad, miedo a la suciedad, estricta administración del tiempo y dinero, así como otros comportamientos su- percontrolados.
Dado que para el niño sus heces representan objetos valiosos —de hecho, son sus primeras “producciones” propias—, su pérdida obligada puede generar un sentimiento de vacío y angus- tia, el cual, si se establece como estilo de per- sonalidad, puede ocasionar un desplazamiento hacia otros objetos concretos de la realidad. El carácter ahorrativo tiene su origen en esta ac- titud.
Por otro lado, la retención de las heces tam- bién resulta placentera al infante. Constituye un logro en sí, además de proporcionarle una serie de estímulos sensuales en su interior. Las perso- nalidades fijadas en esta modalidad llegan a de- sarrollar un gran interés en coleccionar, poseer y retener objetos de toda clase.
c) La fase fálica. Se presenta aproximadamente entre
los tres y los cinco años de vida. En ella, adquie- ren im portancia placentera los órganos sexuales. Al mismo tiempo, existe una intensificación del anhelo sexual del niño por sus padres, que inicia una serie de cambios y conflictos importantes. Sin embargo, dado que los órganos reproducti- vos masculinos y femeninos son estructuralmente diferentes, es necesario examinar los aconteci- mientos de la etapa fálica por separado:
La fase fálica masculina: antes de la apari-
ción del periodo fálico, el niño ama a su madre y se identifica con su padre. Cuando el impulso sexual aumenta, el amor del niño por su madre se hace más incestuoso y, en consecuencia, se pone celoso de su rival, el padre. A este estado de cosas se le conoce como complejo de Edipo. El desarrollo del complejo de Edipo crea un peli- gro imaginario para el niño: que su padre dañe su órgano sexual por el amor erótico que siente hacia su madre (angustia de castración). Como consecuencia de esta angustia, el niño reprime su deseo incestuoso por la madre y se identi- fica masculinamente con su padre. Es como si
El desarrollo del complejo de Edipo crea un peligro imaginario para el niño (angustia de castración). Como consecuencia de esto, el niño reprime su deseo incestuoso por la madre y se identifi ca masculinamente con su padre.
del complejo de Edipo, mientras que en la niña el complejo de castración (envidia del pene) es el responsable del inicio del complejo de Edipo. Consideradas en conjunto, las tres etapas del desarrollo (la oral, la anal y la fálica) reciben el nombre de periodo pregenital. Este periodo abarca los cinco primeros años de vida.
d) La fase de latencia. La fuerza de las pulsiones
sexuales declina durante este periodo debido, so- bre todo, a que el superyó ha adquirido un fuer- te predominio y parece mantener dominadas las presiones pulsionales. Al mismo tiempo, el yo se desarrolla más ante la realidad externa. Se conso- lida el lenguaje (lo cual brinda solidez a la fun- ción anticipatoria, puesto que se puede planear con palabras), se incrementa la gratificación inte- lectual por medio de una mayor capacidad para la identificación, se adquieren intereses e ideales, etcétera.
Bertha Bornstein (citada por Guarner, 1978) sostiene que el periodo de latencia puede divi- dirse en dos etapas: en la primera, que abarca de los seis a los ocho años, el yo se halla toda- vía fuertemente arrastrado por pulsiones sexua- les, por lo que la represión inhibe la conducta sexual. En este proceso, puede presentarse una marcada rebelión, que es seguida, casi siempre, por autorreproches. En el segundo periodo, que incluye desde los ocho años hasta el comienzo de la pubertad, se da una consolidación de las defensas. El niño muestra un mayor equilibrio y, por lo tanto, menos sufrimiento. Durante la la- tencia, las experiencias escolares adquieren una gran significación dado que revelan el nivel de ajuste a la figura de la autoridad. Asimismo, ad- quiere importancia el contacto con los amigos y la forma en que esta relación se establece. El niño aprende al mismo tiempo el dolor de la competencia y el placer de la cooperación con los compañeros.
e) La fase genital o adolescencia. Con el despertar de
la pubertad, las pulsiones sexuales reviven y oca- sionan las tensiones y vehemencias características de esta etapa. Durante esos años adolescentes, ocurren nuevas adaptaciones y transformaciones que, finalmente, culminan en la estabilización de
la personalidad. La pulsión sexual principia su evolución hacia el fin biológico de la reproduc- ción. El adolescente empieza a sentirse atraído hacia miembros del sexo opuesto. Es un periodo de socialización, actividades colectivas, matrimo- nio, establecimiento de un hogar y una familia, desarrollo de un interés serio en la profesión y otras responsabilidades. Empero, no se debe su- poner que la etapa genital desplaza a las etapas pregenitales; más bien, puede decirse que las pul- siones pregenitales quedan bajo la supremacía de lo genital. En la adolescencia, se establece un yo aparentemente más fuerte y consolidado, pero que tiende a sufrir frecuentes regresiones ante los embates pulsionales. Lo mismo puede señalarse del superyó, que aunque, por una parte, ha lo- grado establecer sus fundamentos, por otra, debe abandonar muchas de las normas morales incul- cadas por los padres. De ahí que las respuestas suelen ser extremas. A veces, el ello invade de de- mandas al yo buscando una gratificación desin- hibida; otras, éste sale victorioso y consigue moderar las necesidades más infantiles. Lo an- terior da lugar a la diversidad de conductas que se han descrito en los jóvenes, como egoísmo o altruismo y generosidad; espíritu gregario o timi- dez y aislamiento; indulgencia y ascetismo; igno- rancia o intelectualización.
Por consideraciones de espacio, no continua- remos describiendo las siguientes etapas del desa- rrollo, en las que se supone que ya no se producen tantos cambios y variaciones pulsionales, aunque es probable que, en realidad, no hayan sido sufi- cientemente estudiadas. Para concluir este aparta- do, mencionaremos que en las primeras etapas del desarrollo es en donde se definen los puntos de
fijación, a los cuales regresará la libido (regresión)
al presentarse conflictos pulsionales más tarde. Una fijación, tanto a un objeto como a un modo de gratificación, suele ser inconsciente, total o parcialmente. La regresión instintiva está muy re- lacionada con la fijación, pues, de hecho, cuando se produce la regresión, suele ser a un objeto o manera de gratificación a la cual el individuo ya está fijado. Si un placer nuevo resulta insatisfacto- rio y se abandona, el individuo tiende, en forma natural, a volverse a aquel que ya ha sido probado y aceptado.