Proposal 1.10, 1.11: Information activity aimed at building project clients
7 Roadmap for implementation
7.3 Estimated budget
L
a modifi cación de conducta o terapia de conducta (ambos términos se utilizarán como sinónimos) surge hacia la mitad del presente siglo como una alter- nativa revolucionaria a la actuación en el ámbito de la “salud mental”. En sus primeros momentos, aparece como una revolución frente a los modelos explicativos y procedimientos de intervención en este ámbito, a la vez que como un movimiento científi co con respuestas más efi caces a las demandas sociales existentes al res- pecto. Desde sus comienzos, se confi gura como una alternativa innovadora, válida y efi caz, no sólo para ex- plicar los problemas planteados, sino para aportar solu- ciones más efi caces a estos problemas.Las concepciones psicopatológicas y terapéuticas reinantes en esos momentos, tratan de explicar las conductas anormales de las personas aduciendo como causas supuestos aspectos internos a las personas, bio- lógicos o psíquicos según las escuelas. La terapia de conducta supone un cambio radical. En primer lugar, abandona el concepto de “salud mental” (residuo del dualismo cartesiano), por el de “conducta anormal”, entendiendo anormal en función de su adaptación al
medio ambiente. No se considera que las personas sean “anormales” (o faltas de salud mental), sino que realizan alguna o algunas conductas anormales (en ese sentido, no adaptativas). En consecuencia, el objeti- vo se centrará en promover el cambio de las posibles conductas desadaptativas, ya sea reduciéndolas o eli- minándolas, o bien, desarrollando otras alternativas. Este cambio se trata de conseguir mediante técnicas de intervención psicológicas, teniendo en cuenta las características del medio en el que las personas deben llevar esas conductas, pues el objetivo final será que la persona aprenda a adaptarse al medio, físico, social y cultural.
En otros textos se ha abordado con detenimiento y profundidad el surgimiento, desarrollo y consolidación de la terapia de conducta (Kazdin, 1978, 1982; Labrador, 1986, 1990; Cruzado, Labrador y Muñoz, 1993). En este capítulo, se pretende señalar las características bá- sicas de la terapia de conducta, las técnicas de interven- ción, las áreas de aplicación y, por último, se apuntarán los desarrollos recientes y algunos de los retos actuales de la terapia de conducta.
INTRODUCCIÓN
CARACTERIZACIÓN
DE
LA
TERAPIA
DE
CONDUCTA
M
ODELODE CONDUCTAANORMALENTERAPIADE CONDUCTA
Las conductas de las personas, lo mismo que las de cual- quier otro organismo, se llevan a cabo siguiendo deter- minadas leyes o reglas, no por azar. Estas leyes vienen determinadas por la adaptación de los organismos al me- dio. Por tanto, no puede haber diferencias “cualitativas” entre las conductas, pues todas están regidas por la adap- tación al medio, y el organismo que no realiza conductas que le adapten al medio no sobrevivirá.
Pero, a pesar de que todas las conductas están regi- das por las mismas leyes, las condiciones del sujeto que las emite o del medio en que se emiten (físico o social), hacen que ciertas conductas resulten menos adaptativas que otras, aunque no por ello escapan a las leyes gene- rales que determinan las conductas. Así, todas las con-
ductas se aprenden, se mantienen y se modifican según los mismos principios o leyes generales. Esto implica
Todas las conductas se aprenden, se mantienen y se modifi can según los mismos principios o leyes generales.
que cualquier categorización estanca (esquizofrénico, autista...) es incorrecta, dado que supone diferencias “cualitativas” y no “cuantitativas” en las conductas de las personas.
Esta concepción supone un cambio radical con res- pecto a los modelos alternativos de conducta anormal. Ya no se habla de “enfermo mental”, sino de un “su- jeto normal” (en cuanto que sigue las mismas normas para emitir sus conductas), que presenta una o varias “conductas desadaptativas” (incluyendo el término de conducta en un sentido no restrictivo donde pueden colocarse pensamientos, emociones y respuestas cog- nitivas en general). En consecuencia, la intervención debe dirigirse a modificar esas conductas desadaptati- vas de las personas.
C
ARACTERÍSTICASBÁSICAS DELA TERAPIADECONDUCTA Las características básicas de este modelo pueden resu- mirse en las siguientes:• Las conductas anormales se adquieren, mantie- nen y extinguen según las leyes generales que también rigen las demás conductas conside- radas normales. Por la misma razón, pueden modificarse de idéntica forma que las conduc- tas normales. Asimismo, se considera la impor- tancia de factores biológicos, constitucionales o de predisposición, y cuando se constata su valor se les considera como una base estruc- tural sobre la que operan las leyes que rigen la aparición de las conductas.
• La labor del terapeuta de conducta se centra en el análisis, evaluación y tratamiento de con- ductas específicas y sus determinantes, y no en constructos internos o en hipotéticas causas subyacentes no objetivables ni operativizables. Esta labor debe efectuarse tomando en cuenta las características específicas del sujeto y del me- dio físico, social y cultural.
• Se subraya la trascendencia de la conducta men- surable y se toma ésta como el objeto de refe- rencia. El término mensurable no siempre signi- fica conducta manifiesta; de hecho, algunos de los seguidores de este modelo se han interesado por constructos internos o respuestas encubier- tas tales por ejemplo la ansiedad o los procesos cognitivos. Casi cualquier conducta puede ser el
objeto de estudio siempre y cuando exista una manera aceptable de medición.
• El proceso de diagnóstico consiste en la eva- luación continua de los repertorios conductua- les (alterados y no alterados) del sujeto. Dicha evaluación implica el estudio de las conductas y las variables específicas o determinantes que controlan su aparición. Se desestima el uso de etiquetas globales o categorías diagnósticas al no precisar información sobre las características específicas (conductas y determinantes) que el problema alcanza en cierto individuo.
• El objetivo de la intervención será instalar conducta(s) que el sujeto no tiene o sustituir la(s) que tiene por otra(s) más adecuada(s). Se trata de producir un cambio conductual obser- vable y medible, directa o indirectamente, en cualquiera de las tres modalidades de respuesta: motoras, fisiológicas y cognitivas. Para lograrlo, se requiere especificar de manera clara, precisa y estructurada los objetivos específicos de cada intervención, el tipo de ésta, las condiciones en que se va a llevar a cabo y la forma en que se investigará y evaluará su eficacia.
• La intervención puede dirigirse no sólo a modi- ficar de forma directa las conductas del sujeto, sino el medio físico o social de éste como forma de cambiar sus conductas.
• Es un enfoque centrado en el aquí y ahora, el énfasis se coloca en los determinantes actuales del comportamiento. La historia pasada es rele- vante en la medida en que informa de variables que influyen en la conducta presente.
• Partiendo de esta base teórica común, el tera- peuta de conducta debe adaptar su actuación a las características individuales del paciente y su medio, diseñando y aplicando en cada caso un programa de intervención concreto para modi- ficar las conductas específicas o las condiciones del medio objeto de intervención. El propósito no es modificar al “sujeto en sí”, sino sus con- ductas, sea una o varias, de modo secuencial o simultáneo.
• Los procedimientos de intervención deben eva- luarse en forma experimental y comprobar su efi- cacia. Es necesario establecer tanto la eficacia de técnicas o programas de intervención, como de cada uno de los componentes incluidos. Dicha eficacia se evaluará en función de los cam- bios objetivos producidos en la(s) conducta(s)
de la persona, tanto a corto como a medio y largo plazos, haciendo especial hincapié en su generalización a la vida cotidiana.
• Los conocimientos, métodos y procedimientos de la psicología experimental se emplean como base fundamental para ampliar el conocimiento acerca de la etiología de la conducta, su evalua- ción, desarrollo y modificación. Se destaca so- bre todo el uso del método experimental tanto para el desarrollo de modelos explicativos como de procedimientos de intervención.
Tales características comunes han permitido, no obstante, diferentes desarrollos en función tanto de los tipos de conductas “anormales” abordados como de las técnicas o procedimientos de intervención uti- lizados. Por lo general, se ha tratado de señalar orien- taciones o líneas diferenciales de actuación dentro de la terapia de conducta, considerándose cuatro orien- taciones básicas: análisis conductual aplicado, orienta- ción conductista mediacional, orientación basada en el aprendizaje social y terapia de conducta cognitiva (Labrador, 1990). En la actualidad, parece difícil dis- tinguirlas, dándose, más bien, una cierta confluencia
de esfuerzos, recursos y procedimientos en los proble- mas establecidos, a la vez que una gran dispersión en los procedimientos conforme se incursiona en nuevos campos o problemas.
Como definición de terapia de conducta se recoge la presentada por Labrador (1986 y 1990):
Aquella orientación teórica y metodológica, dirigida a la intervención que, basándose en los conocimientos de la psicología experimental, considera que las con- ductas normales y anormales están regidas por los mis- mos principios, que trata de desarrollar estos principios y aplicarlos a explicar conductas específicas, y que utili- za procedimientos y técnicas que somete a evaluación objetiva y verificación empírica, para disminuir o elimi- nar conductas desadaptadas e instaurar o incrementar conductas adaptadas [Labrador, 1990, p. 30].
Esta definición pone de relieve las características esenciales del enfoque: a) la fundamentación en la psi- cología experimental, b) la aplicación tanto al campo clínico como no clínico (por la similaridad de princi- pios que gobiernan la conducta normal y anormal), c) la insistencia en la evaluación objetiva y d) el énfasis en la instauración de repertorios conductuales.
TÉCNICAS
DE
INTERVENCIÓN
EN
TERAPIA
DE
CONDUCTA
U
no de los aspectos más destacados y destacables de la terapia de conducta ha sido el desarrollo de procedimientos de intervención sistematizados y breves (al menos en comparación con los propuestos desde acercamientos alternativos), que además han ex- puesto de forma reiterada su efi cacia, tanto en general, como en forma específi ca en los diferentes ámbitos de aplicación.La aparición de dichas técnicas y su presentación sistematizada en manuales de técnicas, ya desde finales de la década de 1960 (Wolpe y Lazarus, 1966; Franks, 1969; Wolpe, 1969; Bandura, 1969; Rimm y Master, 1974; Ladouceur, Bouchard y Granger, 1977; Wilson y O’Leary, 1980; Mayor y Labrador, 1984; Dobson, 1988; Caballo, 1991; Kanfer y Goldstein, 1991; Labrador, Cruzado y Muñoz, 1993), supone un nuevo hito en la psicología clínica. Es la primera vez que se presenta un
conjunto amplio y sistematizado de técnicas de inter- vención, explicitándose, además, de manera pormenori- zada la forma de actuación.
Este modo de abordar el aprendizaje del quehacer profesional de los psicólogos clínicos desde una pers- pectiva científica es revolucionario frente al desarrolla- do por acercamientos alternativos, en los que el apren- dizaje se aproxima a ritos iniciáticos o noviciados. El resultado, treinta años después, puede resumirse seña- lando que, en la actualidad, cualquier psicólogo aplica- do, con independencia de sus orientaciones teóricas o escuela de adscripción, dispone al menos de un manual de técnicas de modificación o terapia de conducta. Más aún, utiliza en alguna ocasión (o habitualmente) esas técnicas, aunque, como se ha indicado, su orientación teórica o modelo de referencia sea muy diferente al modelo conductual que las ha desarrollado.
Quizá, este éxito tan espectacular de las técnicas en- trañe algunos problemas. Entre ellos, es de destacar su uso desde una perspectiva tecnológica y no científica. Es decir, se considera que lo fundamental para abordar y solucionar un problema es aplicarle una técnica, y con frecuencia, se ha establecido como objetivo tratar de definir cuál es la técnica adecuada para cada problema concreto. Algo necesario si se introduce el uso de estas técnicas fuera del contexto teórico de referencia.
Es evidente que tal forma de actuación es contra- ria al quehacer propio de la terapia de conducta, cuyo punto de partida fundamental para realizar una inter- vención es una evaluación que permita identificar no sólo las conductas, problemas y recursos de la perso- na, sino también los determinantes específicos de esas conductas. A partir de aquí, como ya se ha expuesto, habrá que diseñar un procedimiento de intervención específico para ese caso concreto.
No obstante, y aun teniendo en cuenta éste y otros problemas, qué duda cabe de que el desarrollo de las técnicas de intervención en terapia y modificación de conducta han supuesto un importante paso adelante en este ámbito. Treinta años después, no sólo se mantie- nen en uso las técnicas inicialmente desarrolladas, sino que, además, el número de técnicas disponibles se ha incrementado en forma considerable.
Las primeras técnicas (técnicas operantes, desensi- bilización sistemática, técnicas aversivas, entre otras) se desarrollaron a partir de la teoría del aprendizaje. Pero, posteriormente, conforme se han ido estudiando otros problemas y ámbitos de intervención y allí donde la teoría del aprendizaje no era capaz de dar explicación
o aportar soluciones a éstos, se han ido requiriendo y desarrollando nuevas técnicas al margen de esta teo- ría. Así, han ido apareciendo técnicas de biofeedback, técnicas de autocontrol, psicoterapias racionales y tera- pias de solución de problemas. Algunas de estas nuevas técnicas se han generado dentro de la propia terapia de conducta, pero otras, han sido técnicas creadas de forma colateral que luego se han ido agregando a ésta. De esas técnicas, algunas presentan una justifica- ción sólida y una fundamentación teórica; en otras, el apoyo teórico es más escaso, echándose de menos, con frecuencia, un modelo teórico claro de referencia que permita explicar por qué funcionan y ofreciéndose, en su lugar, explicaciones a posteriori sobre los mecanis- mos implicados en la eficacia de las mismas, a menudo muy cuestionable. Pero sea cual sea la forma en que se generaron las técnicas, todas ellas han de cumplir con el requisito de haber demostrado de manera experimental la eficacia real de su actuación. Este requisito metodo- lógico parece, al cabo de los años, el único relevante para la inclusión de una técnica entre las denominadas técnicas de modificación de conducta: haber demostra- do de modo experimental su efecto sobre las conductas de las personas.
Si resumimos los aspectos anteriores, puede resal- tarse que el avance en el desarrollo de las técnicas de modificación de conducta ha sido eminentemente em- pírico, como, por otro lado. es habitual en una ciencia aplicada. Los profesionales han tenido que solucionar problemas cotidianos, problemas que no podían ser ex- plicados aun por las teorías científicas existentes. Había que hacer algo para solucionar el problema concreto y se han puesto a desarrollar procedimientos, a veces con cierto apoyo científico o, en ocasiones, de forma intui- tiva. Ha habido fracasos, pero los éxitos han permitido la aparición y consolidación de técnicas eficaces para lidiar con algunos problemas, aunque las explicaciones científicas del porqué de su eficacia no sean claras en ese momento.
Por fortuna, el sometimiento a una metodología experimental para verificar la eficacia de las técnicas ha permitido que este avance sea consistente y acumulati- vo. Es difícil recopilar la gran cantidad de técnicas que se incluyen dentro de la terapia de conducta, y mucho menos, analizar todas ellas en forma pormenorizada. Por eso, ha parecido más adecuado, para las caracte- rísticas de este capítulo, establecer una clasificación o agrupación de técnicas, incluso pese a que sólo se hará referencia a una parte de ellas, las consideradas más im- portantes.
En la actualidad, cualquier psicólogo aplicado, con independencia de sus orientaciones teóricas o escuela de adscripción, dispone al menos de un manual de técnicas de modifi cación o terapia de conducta.
Se ha distinguido entre técnicas generales, o de uso en distintos problemas, de técnicas específicas para un problema concreto o grupo reducido de éstos.
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ÉCNICAS GENERALESTécnicas de control de la activación: relajación diferen-
cial o progresiva, entrenamiento autógeno, técnicas de control de la respiración, técnicas de biofeedback, hipno- sis, terapia de autorregulación y otras técnicas, control mental, yoga, meditación trascendental, etc. Técnicas
de exposición: desensibilización sistemática, inundación,
exposición guiada y autoexposición. Técnicas basadas
en el condicionamiento operante: reforzamiento positivo
y negativo, moldeado, encadenado, control estimular, desvanecimiento estimular, extinción operante, tiempo fuera de reforzamiento, costo de respuesta, saciación, sobrecorrección, refuerzo diferencial de otras conduc- tas, programas de economía de fichas y contratos con- ductuales. Técnicas aversivas: castigo, procedimientos de escape, procedimientos de evitación y condiciona- miento clásico con estímulos aversivos. Técnicas de
autocontrol. Técnicas de condicionamiento encubierto o imaginario: sensibilización encubierta o imaginaria,
modelado encubierto o imaginario y otras técnicas: refuerzo positivo encubierto, extinción encubierta, etc. Psicoterapias racionales: terapia racional emoti- va y reestructuración cognitiva. Terapia cognitiva de
Beck. Ciencia personal. Técnicas de afrontamiento:
inoculación del estrés, entrenamiento en manejo de la ansiedad, detención de pensamiento, administración de tiempo, técnicas de autoinstrucción, intención paradójica y técnicas de focalización de la atención.
Técnicas de solución de problemas. Terapia cognitivo- estructural. Entrenamiento en habilidades sociales.
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ÉCNICASESPECÍFICASEntrenamiento en cama seca, condicionamiento con “pipi-stop”. Práctica masiva, fumar rápido, técnica de
retención del humo, focalización sensorial y sexual, técnica de parada y arranque, técnicas de compresión y compresión basilar, recondicionamiento del orgasmo, técnicas de autoestimulación, técnica de sombreado vocal, técnica de lectura rítmica, programación de acti- vidades, terapia de burla o ridículo y técnicas de entre- namiento en aserción.
Como puede observarse, el número de técnicas es elevado, lo que ha facilitado de manera importante el quehacer y las disponibilidades del terapeuta de conduc- ta. No obstante, conviene insistir en que las técnicas son sólo instrumentos auxiliares y que la labor central del terapeuta de conducta es el diseño de un programa de acción individualizado a partir de la adecuada evaluación y formulación del problema.
Como complemento a la enumeración de técnicas y a modo de ejemplo, se incluyen dos cuadros en los que se desarrollan, en el primero, las principales técnicas operantes, indicando en qué consisten y qué efectos producen sobre las conductas. En el segundo, se expo- nen las principales técnicas de biofeedback y los trastor- nos a los que se han aplicado.
La labor central del terapeuta de conducta es el diseño de un programa de acción individualizado a partir de la adecuada evaluación y formulación del problema.
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ABLA1.
Principales técnicas operantes y sus efectos.TÉCNICA DEFINICIÓN EFECTOS SOBRE LA CONDUCTA Y CONDICIONES DE APLICACIÓN
Extinción Reside en dejar de dispensar reforzamiento a una conducta previamente reforzada. (Por ejemplo: dejar de prestar atención cuando un niño grita.)
– Incremento inicial de la tasa e intensidad de la respuesta
– Posteriormente, reducción gradual de la conducta
– Al cabo de un tiempo, la conducta puede volver a aparecer (recuperación espontánea)
Reforzamiento diferencial de conductas incompatibles o alternativas
Consiste en reforzar una conducta que es incompatible o alternativa a la que se desea eliminar. (Por ejemplo: reforzar cuando en lugar de garabatear la hoja el niño realiza problemas de matemáticas en su cuaderno.)
– Reducción gradual de la conducta indeseable e incremento de la deseable – A veces, hay problemas en la selección de la
conducta incompatible o alternativa – Si ésta no existe, es necesario instaurarla
previamente
Tiempo fuera de reforza- miento
Se funda en el retiro al acceso a las fuentes de reforzamiento durante un periodo, de forma contingente a la emisión de la conducta. Se aplica cuando sabemos lo que controla la conducta, pero no podemos eliminarlo. (Por ejemplo: las gracias de Juan en clase se mantienen por las risas de sus compañeros. En este caso, el tiempo fuera de reforzamiento consistiría en hacer salir a Juan de la clase durante un periodo, de forma contingente a decir una gracia.)
– Reducción efectiva y relativamente rápida