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Proposal 1.10, 1.11: Information activity aimed at building project clients

7 Roadmap for implementation

7.2 Roadmap summary per operator

que los conflictos con los que se enfrenta una persona pueden ser tanto personales como interpersonales.

Técnicas: las fases de la solución

de problemas sociales

D’Zurilla y Goldfried (1971) parten de que los seres hu- manos se caracterizan por ser solucionadores de proble- mas y de que de unas a otras personas existen diferencias en esta habilidad. El entrenamiento en SP se orienta a que la persona adquiera habilidades adecuadas de SP.

La formulación inicial de la SP de D’Zurilla y Goldfried (1971) constaba de cinco etapas: a) orien- tación general; b) definición y formulación del proble- ma; c) generación de alternativas; d) toma de deci- siones; y e) verificación. Estas fases han sido revisadas por D’Zurilla y Nezu (1982) y por D’Zurilla (1986,

1988), reeti quetando dos de las anteriores con los nombres de orientación hacia el problema y ejecución de la solución y verificación. Cada componente, o fase, del proceso posee un determinado propósito o función. Conjuntamente, se espera que cuando se apliquen los cinco componentes de una forma eficaz a un proble- ma incrementen la probabilidad de descubrir y llevar a cabo la solución más eficaz. El orden de las cinco etapas representa una secuencia lógica y prác tica para el entrenamiento, y para una aplicación sistemática y ade- cuada. Este orden no significa que la SP se desarrolle siempre en una secuencia unidireccional comenzando en la primera fase y terminando en la última, sino que una buena SP conlleva que el sujeto pase de una fase a otra y pueda retroceder a etapas previas antes de que complete el proceso.

Existe una serie de términos que se han diferencia- do para que no se confundan entre sí (D’Zurilla, 1986, 1988; D’Zurilla y Goldfried, 1971; D’Zurilla y Nezu, 1982; Nezu y Nezu, 1991):

Solución de problemas: proceso cognitivo-afectivo-con-

ductual a través del cual un individuo o un grupo identi- fican o descubren medios efectivos para enfrentarse con los problemas que encuentran en su vida cotidiana. Este proceso incluye la generación de soluciones alternativas y la toma de decisiones o elección conductual. Entiende que la SP social es al mismo tiempo un proceso de apren- dizaje social, una técnica de automanejo y una estrategia general de afrontamiento.

Problema: es una situación de la vida

que demanda una respuesta para el funcionamiento efectivo, pero para la cual ninguna respuesta efectiva está inmediatamente aparente o disponi- ble en ese momento para el indivi- duo o para el grupo enfrentado con la situación. En ésta, el individuo o el grupo percibe una discrepancia entre “lo que es” (circunstancias actuales o anticipadas) y “lo que debería ser” (circunstancias que se demandan o se desean).

Solución: es una respuesta de afron-

tamiento o un patrón de res- puesta que es efectivo en alterar la situación problemática y/o las reacciones personales propias

para que no sea percibida a partir de ahí como un problema, mientras que, al mismo tiempo, maximi- za otras consecuencias positivas (beneficios) y mini- miza otras consecuencias negativas.

La efectividad de cualquier solución particular pue- de variar para distintos individuos o diferentes ambien- tes, de acuerdo con las normas, valores y niveles del solucionador del problema o de otras personas signifi- cativas que son responsables de evaluar la ejecución del que ha solucionado el problema.

Puesta en práctica de la solución: ejecución de la

respuesta de solución, que no es sólo una función de la SP, sino de otros factores relacionados con la historia de aprendizaje del individuo, como déficit de habili- dades de ejecución, inhibiciones emocionales y déficit motivacional (reforzamiento).

Competencia social: es un amplio rango de habilidades

sociales, competencias conductuales y conductas de afrontamiento que capacita a un individuo para enfren- tarse de manera efectiva con las demandas de cada día. En este contexto, la ejecución de la SP efectiva es sólo uno de los componentes de la competencia social, aun- que uno muy significativo.

En la primera fase del entrenamiento en SP, orien- tación general hacia el problema, se prentende que el sujeto (D’Zurilla y Goldfried, 1971) acepte el hecho de que las situaciones problemáticas forman parte de la vida diaria y de que es posible hacerles frente de forma eficaz, reconozca las situaciones pro- blemáticas cuando ocurren e inhiba la tendencia a responder de forma im- pulsiva o sin hacer nada. Por ello, el sujeto debe reducir o, al menos, dis- traer la atención de los pensamientos negativos que puedan interrumpir el pensamiento de SP social y centrarse en aquellos estímulos que puedan fa- cilitar una buena conducta de SP en lugar de los estímulos determinantes de las respuestas negativas (D’Zurilla y Nezu, 1982). Lo anterior se consi- gue adoptando una actitud de SP.

Los objetivos y pasos de esta fase son (D’Zurilla, 1986): a) in- crementar la sensibilidad hacia los problemas y decidir la ocasión A través de la etapa de solución de problemas un

individuo o un grupo identifi can o descubren medios efectivos para enfrentarse con los problemas que encuentran en su vida cotidiana.

para la actividad de SP, b) centrar la atención sobre expectativas de SP positivas y evitar preocupacio- nes improduc tivas y pensamientos autopreocupantes, c) maximizar los esfuerzos y la persistencia en vista de los obstáculos y del es trés emocional y, d) minimizar la angustia emocional perjudicial mientras intenta maxi- mizar la probabilidad de estados emocionales positivos facilitadores.

Las variables más destacadas de la orientación hacia el problema son la percepción del problema (reconoci- miento y etiquetación del mismo), atribución del pro- blema (atribución causal que la persona tiene de los problemas en su vida), valoración del problema (signifi- cado que un problema posee para su bienestar personal y social) y compromiso, tiempo y esfuerzo (probabi- lidad de que quiera dedicarle tiempo y esfuerzo para solucionar el problema).

La segunda fase (definición y formulación del pro- blema) es una parte básica del proceso de SP, ya que, como afirma D’Zurilla (1986), no es exagerado decir que si tenemos un problema bien definido la mitad del mismo la tenemos resuelta. Si el problema está bien de- finido, los otros elementos (por ejemplo, la generación de alternativas) son mucho más sencillos.

Dado que es común que los problemas no estén bien definidos y, más bien, sean vagos, ambiguos, irrelevan- tes, con información inadecuada o metas poco claras, con esta fase se pretende obtener información relevante acerca del problema, clarificar la naturaleza del mismo, establecer una meta realista de solución del problema y reevaluar la importancia de éste para el bienestar perso- nal y social de esa persona. Si no se cuenta con suficiente información sobre el problema, es necesario buscarla, para poseer toda la información necesaria y poder llegar, posteriormente, a una alternativa para solucionarlo.

Establecer la meta es una parte indispensable de la formulación del problema que luego va a posibilitar generar soluciones alternativas así como el modo de evaluar la solución. Así, es esencial definir la meta en términos específicos y concretos y evitar afirmaciones no realistas o metas inalcanzables. Hay que estudiar si el pro- blema es real, si es tal problema o es la causa de un proble- ma antecedente y si el problema es parte de un problema mucho más amplio. Esto debe conducir a reflexionar en la utilidad de empezar por el problema general o por uno específico. Si éste es el caso, será necesario dividir el problema general en subproblemas.

Cuando ya se ha definido y formulado el problema, lo que procede es reevaluar el significado del problema para su bienestar personal y social.

El propósito de la tercera fase (generación de so- luciones alternativas) es tener tantas soluciones alter- nativas como sea posible, para que así maximicemos la probabili dad de que la mejor solución esté entre ellas. Para la generación de soluciones alternativas se mane- jan tres principios: el de cantidad, el de aplazamiento del juicio y el de variedad. En esta parte del proceso debe considerarse que la angustia emocional, el há- bito de llegar siempre a la misma solución y la falta de información, son los principales factores que interfie- ren o impiden llegar a formular alternativas de solución apropiadas. Si ése fuese el caso, sería preciso recurrir a otras técnicas como la de reestructuración cogniti- va, autoinstrucciones o el entrenamiento en relajación (Nezu et al., 1989).

Una vez que se ha generado una lista de soluciones alternativas con las reglas anteriores, la cantidad y varie- dad de las soluciones disponibles puede incrementarse generando combinaciones, modificaciones y elabora- ciones a partir de tales propuestas, o bien, imaginando cómo otra persona afrontaría el problema (D’Zurilla, 1986; Nezu et al., 1989).

El objetivo de la cuarta fase (toma de decisiones) es evaluar (comparar y evaluar) las alternativas de solu- ción disponibles y seleccionar la mejor (o mejores) para ponerla(s) en práctica en la situación problemática. En esta fase, se indican a corto y a largo plazos los costos y beneficios para cada solución alternativa, se evalúa el resultado esperado o la utilidad de cada alternativa, se comparan éstas y se selecciona la solución o combi- naciones de soluciones con la mejor utilidad esperada. El juicio de la utilidad esperada se basa sobre todo en cuatro criterios costo/beneficio: a) resolución del pro- blema (probabilidad de alcanzar la meta de solución del problema), b) bienestar emocional (calidad del resultado emocional esperado), c) tiempo/esfuerzo (cantidad de tiempo y esfuerzo esperado que se re- quiere), y d) bienestar personal y social en conjunto (razón costo/beneficio esperado total). Aun utilizando los criterios anteriores, la persona que toma la decisión puede variar en sus evaluaciones de los resultados de la solución a causa de diferencias en normas, valores y compromisos personales.

Con base en su evaluación de los resultados esti- mados de las alternativas de solución disponibles, la persona debe responder a estas tres preguntas: a) ¿el problema es resoluble?, b) ¿necesito más información antes de que pueda seleccionar e implantar una so- lución?, y c) ¿qué solución o combinación de ellas de- bería elegir para poner en práctica? Si la respuesta

a la primera pregunta es afirmativa, a la segunda negativa y podemos con- testar la tercera, entonces ya tenemos una solución para el problema. En caso de que no sea así, debe volverse a fases previas del proceso de SP para que, con su cambio o reformulación, nos permita llegar a conseguir una so- lución satisfactoria. Si las respuestas a a) y b) son afirmativas, entonces debe prepararse un plan de solución que debe caracterizarse por tener la mejor probabilidad de maximizar la utilidad esperada. El plan puede ser simple o complejo. Uno simple implicaría un solo curso de acción; uno com- plejo consistiría en combinar varias soluciones alternativas.

En la última fase o puesta en práctica y verificación de la solución, se evalúa el resultado de la solución y se verifica la efectividad de la estrategia de la misma elegi- da en la situación problemática de la vida real. Esto se hace primero de manera simbólica y luego, en la situa- ción de la vida real.

La ejecución se refiere a la implementación de la solución. Es importante tener en cuenta que, en la vida real, la ejecución de una solución elegida puede estar influida en forma significativa por otros factores además de la capacidad de SP. Por ejemplo, tener déficit en otra habilidad (aptitud académica), déficit en la habilidad de ejecución (habilidad social), inhibición emocional y déficit motivacional (reforzamiento). A continuación, la persona debe autoobservarse; esto es, la observación de la propia conducta de solución y/o sus productos (resultados). La ejecución de la solución debe evaluarse de modo objetivo. Y, en la autoevaluación, se compara el resultado de la solución observado con el resultado predicho o esperado para ella, basado en el proceso de toma de decisiones. Si la solución ha sido satisfactoria, entonces sólo queda el último paso del autorreforza- miento, en donde uno mismo se refuerza por “un tra- bajo bien hecho”. Dicho refuerzo puede ser tanto una autoafirmación positiva como un refuerzo más tangi- ble como comprarse un objeto o realizar una actividad. Pero no cabe duda de que la resolución del problema en sí misma constituye un importante reforzador.

Si existen discrepancias entre el resultado de la solu- ción observada y el esperado, debe buscarse la fuente de tal discrepancia, en especial si está en el proceso de SP o en la ejecución de la solución (por ejemplo, déficit de

habilidades, inhibición emocional). Si después de llevar a cabo todas las eva- luaciones y las correcciones se realiza ade cuadamente la solución al proble- ma, el proceso habrá finalizado; si no se encuentra una salida al problema y no pueden aplicarse exitosamente las estrategias, habría que ayudarle al pa- ciente a concluir que el problema es irresoluble y centrarse en otro tipo de técnicas. El perfeccionismo en la SP y la incapacidad de aceptar que algunos problemas son irresolubles tal como están formulados son a veces carac- terísticas de personas con el patrón tipo A y tras tornos relacionados con el estrés, que conducen a no resolver los problemas.

Como ya hemos comentado, el entrenamiento es- pecífico en SP es una parte básica de una intervención cuando aplicamos esta técnica, pero no hay que olvi- darse de la fase previa de evaluación y de la posterior de mantenimiento y generalización. Para ésta, resultan de gran ayuda las distintas tareas que el paciente ha llevado a cabo en las sesiones de terapia y en las tareas para casa. Otro modo de favorecer la generalización es proporcionar al paciente material distinto en las se- siones, que luego puede seguir usando una vez que el tratamiento concluya, como el manual para el paciente (Becoña, 1993) o los que habitualmente se incluyen en los manuales sobre esta terapia.

En un nivel práctico, la aplicación del entrenamien- to en SP se puede ejecutar de dos modos: 1) con en- trenamiento secuencial en las distintas fases a lo largo de las sucesivas sesiones del tratamiento, y 2) entre- nando al individuo en todas las fases de SP, desde las primeras sesiones, e ir profundizando en la SP comen- zando con problemas hipotéticos, solucionando los problemas del sujeto simbólicamente y, por último, remediando sus problemas en las situaciones reales. El número de sesiones para el tratamiento de SP oscila entre 4 y 6 (Hawton y Kirk, 1989), 6 y 10 (Heppner y Killerbrand, 1991), 10 (Nezu et al., 1989) y entre 14 y 16 (D’Zurilla, 1986).

Aplicaciones

El entrenamiento en solución de problemas sociales de D’Zurilla ha sido utilizado en un amplio conjunto de conductas (Becoña, 1993; Becoña y Gutiérrez-Moyano, El refuerzo puede ser tanto una autoafi rmación

positiva o algo más tangible como comprarse un objeto o realizar una actividad.

1987; D’Zurilla, 1986; Nezu y Nezu, 1991), como: intervención en crisis, sustancias adictivas (alcohol, drogas, tabaquismo, obesidad, juego patológico), tras- tornos de ansiedad y estrés, depresión, problemas de pareja, malos tratos, problemas comunitarios, bajo ren- dimiento académico e indecisión vocacional, control de la ira y de la agresividad en niños normales y retra- sados, pacientes con esquizofrenia, entre otros. En los últimos años, destaca su aplicación a la depresión, en particular por parte del grupo de Nezu (Nezu, Nezu y Perri, 1989).

Desde su aparición, la terapia de SP ha sido considera- da como una de las que mayor futuro tienen en el campo del tratamiento. Parece que los años han confirmado esta predicción. Hoy se aplica a gran número de problemas y tiene una gran aceptación entre los terapeutas. Esto ha sido debido, tal como más de un autor ha indicado, a que “tiene la ventaja de basarse en principios de sentido común, y es por lo tanto atractiva tanto a los pacientes como a los terapeutas. La solución de problemas es, a veces, el único tratamiento que se necesita utilizar. Sin embargo, puede ser un adjunto a otros tratamientos psi- cológicos o físicos” (Hawton y Kirk, 1989, p. 425).

Su rango de aplicación a distintos problemas es am- plio; pero aunado a ese importante rango de aplicacio-

nes va adquiriendo más importancia conocer para qué problemas comportamentales es más efectiva, ya sea sola o dentro de un paquete de tratamiento, junto con aquellos factores que impiden una adecuada aplicación de esta terapia. Distintos autores se han detenido en el análisis de aquellos factores que impiden a los sujetos “funcionar” de manera apropiada en el entrenamiento en SP (por ejemplo, Chiauzzi, 1991).

Un aspecto en el que debe profundizarse en los próximos años con las terapias de SP es demostrar su mayor eficacia que otras terapias que tienen buenos resultados en trastornos específicos, como es un buen ejemplo aplicada al tratamiento de la depresión, don- de el entrenamiento en SP es superior a un grupo de no tratamiento o lista de espera, pero debe dar un paso más para demostrar que, si se emplea sola, ob- tiene resultados semejantes a la terapia cognitiva de Beck.

No cabe duda de que la facilidad y racionalidad de este entrenamiento continuará añadiendo adeptos en el futuro. Ello redundará en un mayor análisis y va- lidación de la eficacia de esta técnica para solucionar problemas humanos.

AVANCES

RECIENTES

EN

LAS

TERAPIAS

COGNITIVAS

S

on muchos los que podríamos apuntar como avan- ces y desarrollos recientes en las terapias cognitivas, como tipos de terapias, de las que se contabilizan 20, características, entre otros. Sin embargo, en nuestra consideración, los aspectos más relevantes en el mo- mento actual y para los próximos años son los siguien- tes: la aparición con fuerza del constructivismo; la ex- pansión de las intervenciones con terapias cognitivas a todo el campo clínico; la reaparición del inconsciente; las nuevas perspectivas del self y las propuestas de inte- gracionismo con otras orientaciones teóricas.

E

LCONSTRUCTIVISMO

El constructivismo se basa en una concepción activa de la mente humana (Reda y Mahoney, 1984), con funda- mento en tres principios básicos (Craighead, Craighead,

Kazdin y Mahoney, 1994): 1) la afirmación de que el conocimiento es proactivo y participativo; 2) el reco- nocimiento de procesos tácitos (inconscientes) de todo aprendizaje y conocimiento; y 3) el reconocimiento de que el aprendizaje y el conocimiento se componen de procesos autoorganizacionales complejos, en desa- rrollo y dinámicos.

La afirmación más relevante en un nivel teórico y en sus consecuencias para el tratamiento es la de que las personas “crean” activamente sus propias realidades y que los modelos de realidad que cada persona origina determinan, a su vez, el modo en que la realidad pueda ser percibida (Botella, 1991). Esto implica que la reali- dad no es estática e invariable, sino que es creada cada vez y de forma única según las estructuras cognitivas de cada persona. Su fundamentación conceptual es comple- ja, se basa en modelos dispares y muy probablemente,

como afirma Anderson (1990), “la terapia constructiva no es tanto una técnica como un contexto filosófico dentro del que se hace la terapia, y más un producto del zeitgeist que el inven- to de un teórico” (p. 137).

La epistemología constructivista es claramente distinta del objetivismo (Neimeyer, 1993), que es en lo que se basan casi todas las terapias, en el sentido de que para éstas el conoci- miento es una representación directa del mundo real, a diferencia del constructivismo en el que el suje- to construye ese mundo y lo inter- preta. Esto implica toda una serie de cambios en la conceptualización de la evaluación, de ahí el papel otorgado a la metáfora, a la exploración, a la na- rración, a la historia, a las imágenes. Asimismo, el tratamiento se caracteri-

za por ser reflexivo, elaborativo e intensamente perso- nal, más que los tradicionales cognitivo-conductuales identificados por ser persuasivos, analíticos y técnica- mente instructivos.

En la actualidad, el constructivismo no constituye un tratamiento o un modelo homogéneo, sobre todo por su novedad y por su salto cualitativo sobre las previas terapias cognitivo-conductuales y por las implicacio- nes filosóficas que lo sustentan. El futuro nos dirá si

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