• No results found

Un mapa sellado

En tiempos cuando la Tierra y la Luna estaban mucho más cerca que ahora y la Luna se veía más grande

en tiempos cuando un año duraba ochocientos días y un día duraba once [horas, arrastrabas los animales que caían en tus trampas,

había un día en que la nieve caía intentando borrar el camino que habías [hecho y todas las cosas se congelaban bajo el cielo.

En cuanto el hielo volvió a derretirse, el mundo creció triste, entonces esa noche sin nombre volvió a congelarse, igual que el río, y una vez que la gente en el otro lado de esa noche helada, preocupada,

[reunida a la orilla del río,encendía fogatas, la gente en este lado de la noche también encendía fogatas, preocupada por [aquellos en el otro lado. Al pensar uno en el otro esa noche oscura

finalmente te cortaste un dedo.

En tiempos cuando la Tierra y la Luna estaban mucho más cerca y la Luna [se veía más grande, en tiempos cuando un año duraba quinientos días y un día duraba dieciséis [horas viniste para llevarme.

Con poca disposición a revelar la promesa que habías hecho a Dios, dijiste: nadie sobrevive ahora temporadas como ésas,

así que volvamos a caras arrugadas de 120, 90, 82 años de edad. Sin embargo, la promesa que debo mantener

significa avanzar hacia el oscuro y silencioso punto de fuga.

L u v i n a / i n v i e r n o / 2 0 1 1 7 3

La mariposa

Una mariposa se acerca— ¿qué será eso en su espalda?

No lo sé; ¿quizá un trozo de sombra de mediodía en la esquina del patio de una casa vacía? ¿Podría ser el llanto de un niño abandonado que babea

el arroz y la sopa con kimchi que ha comido?

¿Podría ser un sollozo como capas de mugre surgiendo, acumulándose en la quijada y el mentón?

Lleva en su espalda, mientras vuela, un mediodía al que nadie le importa, una cegadora soledad. ¿Hasta dónde,

mariposa, hasta dónde llegarás? Antes de su presencia, hubo días

en los que tuve ganas de arrodillarme en silencio.

Lo profundo de un paisaje

Las rachas de viento

estremecen a las plantas de tallo corto y nadie pone atención.

Debido al temblor solitario

de un momento de la vida de esas breves cosas

una tarde en el universo finalmente se convierte en noche.

Kim Sa-In

Entre este lado y el otro de ese temblor, en la brecha

existente entre principio y fin de aquel momento, una quietud de tiempos antiguos, o quizá su infancia

destinada a pertenecer a un tiempo que aún no llega, es enterrada superficialmente, visible y no visible,

mientras dentro de la luz primaveral de ese silencio apático yo, preocupado, espero dormir durante un siglo o dos, o tres meses o por lo menos diez días.

Entonces, al lado de mi infinitud, que lleva el nombre de tres meses o [diez días, mariposas o abejas, insectos que no tienen demasiado de qué alardear, podrían pasar inadvertidamente, sin dirección alguna;

y ante ello, como en un sueño,

debería reconocer el olor familiar surgido de las antenas, alas o patas de esas pequeñas creaturas

como tu mirada que tanto profundizó en alguna otra vida.

Dormido en la calle

Te quito la ropa como periódicos viejos.

Te tiendo desnudo sobre el colchón húmedo, y te miro. Tus manos y pies nudosos han perdido vigor,

qué fatigados se ven tus delgados miembros y costillas. Lo siento.

Me gané la vida usándote. Conseguí mujer e hice un hogar.

Queda ahora sólo el sudor rancio y un camino de pesadilla. De nuevo tendí esa cosa pura que eres tú

en un rincón apartado de un terreno desconocido. ¡Ay!

No diré que no hubo días muy buenos, pero

pagarte, aunque fuese un magro salario, es muy lejano. Me pregunto si me gustaría irme de manera tranquila, dejándote simplemente ahí dormido.

¿Qué opinas, cuerpo?

L u v i n a / i n v i e r n o / 2 0 1 1 7 5

Mentiras telegráficas

Cuando era una joven graduada de la escuela comercial, vivía en las colinas de Ahyeon-dong rodeada de insectos de grandes y largas antenas, era una huérfana; aunque no realmente una huérfana, trabajaba de vendedo- ra para ganar la renta mensual, la ración mensual de arroz, y por eso vendía mi juventud. Mi juventud como una flor; ¿quién dice que estaba triste? Al encontrarme con mis amigos de la escuela tartamudeaba, no era la pobreza lo que me evitaba ir a la escuela, era una huérfana aunque en realidad no una huérfana. También tartamudeaba cuando los insectos, con sus largas ante- nas, salían del clóset tan pequeño como un bikini, oo-oooh-, los domingos comía un tazón de salchicha en el mercado de Ahyeon, nadie me preguntaba porque siempre estaba sola, porque siempre iba sola, y yo comía entre un silencio agradecido, una huérfana aunque en realidad no una huérfana.

Cuando era una joven graduada de la escuela comercial, trabajaba en un alto, alto edificio y pasaba mi juventud en flor dándome cuenta de que no era yo la que era alta, pero, ¿quién dice que estaba amargada? En la oscura re- cámara los insectos con sus largas, largas antenas prosperaban, se escurrían entre espacios ciegos, de maneras no diferente de las mías, eran mi familia pero en realidad no eran mi familia. Mis ojos parpadeaban mientras encendía el carbón y pensaba en la desaparición de la moda setentera mientras los hu- mos invisibles del carbón subían; sin embargo las antenas de los insectos se- guían haciendo cloc cloc sobre mi frente, ooh-oooh- eran mi familia pero en realidad no eran mi familia, mi juventud en flor sabía a insectos. En una vieja librería de Ayheon conocí a un hombre que una vez se levantó convertido en insecto, golpe de suerte de una sola vez en la vida, ahora he formado una verdadera familia con los insectos con sus largas, largas antenas ooh-oooh- mira cómo tecleo mis mentiras telegráficas, tap tap, ¡mis mentiras de poema!