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L u v i n a / i n v i e r n o / 2 0 1 1 9 3 9 2 L u v i n a / i n v i e r n o / 2 0 1 1

He cruzado

cargando 20,000 wons en mercancía

ella es perseguida por la policía ¡ah!, ¡esta vida! ah, ¡este paso a desnivel! ah ah ah ah se le pandea la columna vertebral a la vida

ah ah ah ah ah a esta vida le tiemblan las piernas no se mira sobre la calle el futuro

al futuro se le mira claramente ignorándolo todo balbuceando

parloteando, suspirando, respirando trabajosamente, jadeando Las calles supuran deseo sexual como un hervor antes que reviente poderoso

músculo

una grúa carga una viga de acero 100 metros cielo adentro ah ah ah ah ah ah ah miro la audacia, la diligencia y la locura la sinceridad y la ceguera miro y miro

a un martillo neumático ferozmente abrir hoyos en el asfalto en las piedras, en las rocas

una excavadora implacablemente desentierra capas de sedimento pero el hecho de que la excavadora inesperadamente esté levantando pura, blanca, fina tierra

que está 20 metros por debajo

no es una pasión o un credo sino compasión como una persona que la conoce, yo

debo de dejar de ver el mundo con los ojos de la compasión, como una persona que la conoce, yo pero

ah ah ah ah ah ah ah, qué lástima! un joven

que irrumpió en el banco con una bomba casera y se voló a sí mismo (Sept. 2,

Jungang Ilbo)

la desnuda hostess del bar fue estrangulada por su amante secreto (Junio 15,

Hankook Ilbo)

un guardia nocturno que a medianoche se convierte en un ladrón de casas (Dic. 12, Diario de Kyunghyan)

un hijo le dio una paliza a su padre hasta matarlo (Abril 11, Diario de Seúl) un policía atracó un antro de juegos y se robó las apuestas (Julio 26, mbc

[radio) un profesor acosó a una colegiala (Nov. 30, Chosun Ilbo)

altos sacerdotes blandieron espadas y garrotes en el Templo Shinheung [(Agosto 3, kbs radio II)

un grupo de adolescentes murieron calcinados en una discoteca (Abril 14, [Noticiero de Yonhab) un exdiputado jefe de la cia coreana estafó 1 billón de wons (Marzo 6,

[Donga Ilbo)

ah el tiempo fluye bien los días ciegos fluyen bien

los días en que ni siquiera levanto un dedo fluyen bien

los días en que nada pasa —sin accidentes, eventos, romances, sucesos, autosucesos, e infortunios aun esos días

fluyen bien

Trazo iii-1980 (5.18 x 5.27 cm) por Lee, Youngho

El camino es recto

como decir que el tiempo puede representarse en el espacio. El camino está cubierto de negro asfalto

como decir que es una desolada medianoche cuando hasta la transmisión [nocturna ha terminado. Una línea amarilla en medio del camino se dibuja para indicar dónde el

[diafragma de la vida como si fuera el punto más hondo de la Primera Avenida, ennegrecida por

[mortal silencio, donde gente cuyas mentes muertas pero con cuerpos que aún palpitan

[yacen bocabajo y escuchan las pisadas, o como si fuera el abismo sin fondo de mi fiebre y grito.

Una X blanca dibujada

sobre la blanca ↓ junto a la línea amarilla,

y la luz de la calle derrumbada en pedazos sobre la cruz. Desde la luz de la calle hasta la X blanca, o

más allá de ella, o

sobre el borde de la lona hasta la pared blanca, impresos trazos de botas militares apurándose, como diez, cientos, miles de sellos.

Como decir que es el último camino en el cual no has de volver.

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Los días posterioresa nuestro viaje a Tailandia fueron increíblemente serenos, casi de manera inquietante. Poco tiempo después de empezar en mi nuevo empleo me asignaron a un equipo a cargo de la producción de videos promocionales corporativos. De forma gradual me di cuenta de que en el proceso de ser transportado de aquí para allá como a un loco por un torbelli- no de turnos nocturnos y viajes de negocios, la pesada sombra de la soledad que me oprimía comenzaba lentamente a disiparse. Hice mi mejor esfuerzo a cada instante por concentrarme en ese sentimiento, y no dejar que se fuera. Mientras esperaba iniciar su empleo como maestra, Mun-hui trabajaba medio tiempo en un restaurante de Bucheon. Ya que sólo trabajaba de lunes a viernes, nos seguíamos viendo en Seúl los fines de semana. Era un sábado por la tarde, el último sábado de mayo. Yo estaba esperando a Mun-hui en la entrada al metro, en la estación del Ayuntamiento. Era nuestro habitual punto de encuentro. Un chubasco comenzó a caer unos 10 minutos antes de la hora acordada. Por alguna razón, el vendedor de paraguas que yo siempre veía alrededor de la estación había decidido no presentarse ese día. Mun-hui llegó puntual, pero la lluvia estaba cayendo a cántaros. Claro, ella tampoco había traído paraguas. Por un rato vimos caer la lluvia en la pared de piedra del Palacio de Deoksu, y entonces Mun-hui hizo una sugerencia inesperada.

«Vamos a Dongdaemun a visitar a tu madre».

Las palabras fueron tan repentinas, que tardé un rato en contestar. «Siempre me he preguntado cómo es ella».

Todo tipo de ideas pasaron fortuitamente por mi cabeza. Parece que ya llegó el día, pensé. El día de caminar al altar con Mun-hui. Bajamos por las escaleras de la estación y subimos al tren hacia Dongdaemun. Quería ha- blarle primero a mi madre para avisarle que íbamos en camino, pero Mun- hui me detuvo. Pretendamos que estábamos en el vecindario y decidimos