ESQUEMA-RESUMEN
INTRODUCCIÓN
OBJETIVOS
CONTENIDOS:
• El desarrollo cerebral durante el proceso de hominización: la filogénesis
• Comparación entre el desarrollo cerebral humano y el de otros primates
• El desarrollo postnatal del cerebro humano: la ontogénesis • La importancia de las asimetrías neuropsicológicas • Las bases neuronales del desarrollo cognitivo • La importancia del desarrollo del córtex frontal ACTIVIDADES
SOLUCIONES A LAS ACTIVIDADES
ESQUEMA-RESUMEN
El desarrollo cerebral durante el proceso de hominización: la filogénesis
La aparición de la especie humana es fruto de un complejo proceso de evolución. Cono- cer este proceso nos ayuda a comprender mejor el desarrollo individual. El ser humano indi- vidual está en continuo cambio al igual que la especie a la que pertenece. Ésta, a su vez, pro- viene de un conjunto de transformaciones que la condujeron a su estado actual. Si bien no hay constancia alguna de que de nuestra especie pudiera surgir otra, de lo que si hay cons- tancia es de los cambios culturales acaecidos a lo largo de la historia. Desde el punto de vis- ta cultural, al menos, la evolución prosigue.
Comparación entre el desarrollo cerebral humano y el de otros primates
El hombre y los otros primates comparten algún antepasado común. Esto explica cier- tas similitudes entre nuestra especie y las suyas. Por ejemplo, el desarrollo de los grandes simios en ciertos aspectos como el conocimiento físico y social, algunas habilidades lógico- matemáticas, la inteligencia sensoriomotora (relativa a los sentidos, al movimiento y a su coordinación) y la comunicación simbólica es equiparable al de un niño de entre 2 y 4 años. En unos dominios el desarrollo llega más lejos que en otros.
El desarrollo postnatal del cerebro humano: la ontogénesis
El cerebro, en general, está dividido en áreas. La corteza cerebral, neocorteza o neo- córtex es la capa neuronal de la superficie externa cerebral del hombre. Las áreas neocor- ticales son las últimas en desarrollarse desde el punto de vista filogenético y son las últi- mas en madurar durante el desarrollo individual. La cognición humana descansa, en buena medida, en el crecimiento cerebral general y en el área pre-frontal, en particular. Las habi- lidades cognitivas están relacionadas tanto con el tamaño como con la complejidad del neocórtex. En la medida que éstos aumentan las construcciones mentales se hacen más complejas. A medida que nuestro complejo cerebro madura (sinaptogénesis, mieliniza- ción), especialmente el lóbulo pre-frontal, nuestra habilidad general para pensar, o lo que es lo mismo, para manipular ideas, objetos y palabras se despliega.
La importancia de las asimetrías neuropsicológicas
Los hemisferios izquierdo y derecho se desarrollan de forma diferente y con distinta velocidad. El hemisferio izquierdo comienza estableciendo diferenciaciones (especificacio- nes) a pequeña escala y avanza hacia la integración o conexión de lo que está más separa- do. El hemisferio derecho sigue una dirección opuesta: va de la integración a larga distan- cia a la diferenciación a corta distancia. Estas tendencias parecen reflejar, por un lado, la especialización del hemisferio izquierdo en el procesamiento analítico y secuencial de la información y, por otro, la especialización del derecho en la integración o síntesis de la infor- mación, lo que implica una tendencia más holística o global que analítica. Mediante el aná- lisis se separa una cosa en las partes que la componen. Mediante la síntesis se reagrupan los elementos constituyentes.
Las bases neuronales del desarrollo cognitivo
Algunos estudios han puesto de manifiesto la relación entre ciertas medidas cerebra- les y determinados avances cognitivos. La coherencia del electroencefalograma (EEG) establece la sincronía en la actividad de dos o más regiones neurales. Los cambios obser- vados en la coherencia del EEG parecen reflejar cambios en el número y en la fuerza de las conexiones sinápticas entre las distintas regiones neuronales. Con esta metodología se han podido identificar ciertas pautas en el desarrollo cerebral que son paralelas a las obser- vadas en el desarrollo cognitivo. (Por desarrollo cerebral se entiende los cambios anató- micos y funcionales producidos en el cerebro, mientras que por desarrollo cognitivo enten- demos los cambios de índole intelectual que se van sucediendo). Habría tres ciclos: un primer ciclo entre el año y medio y los 5 años; un segundo entre 5 y los 10 años y otro entre los 10 y los 14 años. Entre los 5 y los 7 años y entre los 9 y los 11 se producen los mayores acelerones en el desarrollo.
La importancia del desarrollo del córtex frontal
Dentro de esta región la parte anterior o pre-frontal es la encargada de la conducta orga- nizada temporalmente, mediante tres funciones coordinadas entre sí: una memoria provi- sional, una memoria prospectiva o de anticipación y un control de la interferencia a través de los procesos de inhibición. (Cuando un proceso psicológico interfiere en otro, es nece- sario inhibirlo o interrumpirlo para que no interfiera en él). El lóbulo pre-frontal es el «toni- ficador» de las áreas sensoriales, motoras, somáticas y polimodales. Retiene los rasgos más generales de los estímulos (externos e internos), de las configuraciones, de las acciones. Está implicado en la generación de planes, la definición de objetivos; reúne esquemas disjuntos y discontinuos para integrarlos en esquemas ejecutivos de superior alcance.
Hay dos aspectos complementarios que se dan la mano cuando tra- tamos de entender el desarrollo humano en toda su complejidad. Por una parte, tenemos el proceso evolutivo que condujo a la aparición de nues- tra especie (el Homo Sapiens Sapiens) a partir de otras especies anterio- res, y, por otra, tenemos el proceso evolutivo que conduce desde una célu- la formada a partir de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide a un ser humano a través de una serie de etapas (intrauterinas y extrau- terinas). El primer proceso se conoce con el nombre de filogénesis (la evo- lución de la especie). El segundo proceso se denomina ontogénesis (la evolución del individuo). ¿Cómo están conectados estos dos procesos? ¿Qué aporta el conocimiento del primero sobre el segundo?
Durante algún tiempo, se concedió cierta relevancia a la llamada ley de la recapitulación, según la cual el proceso ontogenético sería una sín- tesis (o recapitulación) del proceso filogenético, esto es, de alguna mane- ra el desarrollo del feto humano se correspondería en sus distintas fases con el embrión de las especies que están en nuestra línea evolutiva. La ley de la recapitulación se formuló a principios del siglo XX, mucho antes de
que se iniciara en 1953 la revolución genética con el desvelamiento de la estructura del ADN. Aunque actualmente los biólogos no aceptan una for- mulación tan simple, sigue teniendo un cierto atractivo aunque sólo sea como una bella metáfora evolutiva. De hecho Piaget se inspiró en ella al considerar que el niño en la construcción de sus esquemas de conoci- miento pasaba por etapas que recordaban a las fases por las que había atravesado la construcción histórica de tales conocimientos. El niño, entonces, resumía en su desarrollo intelectual el largo camino histórico de elaboración del conocimiento por parte de la sociedad.
Una de las cosas más llamativas o enigmáticas desde el punto de vista filogenético es la ausencia o desaparición de especies intermedias entre la nuestra y las más próximas a nosotros como el chimpancé o el gorila. Sin embargo esas especies sabemos, por una gran cantidad de vestigios, que
existieron. No hay mejor manera de conocer una realidad, en nuestro caso la realidad humana, que conocer el proceso por el que esa realidad ha lle- gado a ser lo que es; es lo denominamos el conocimiento de su génesis, esto es, de su formación. Por tanto, conocer de qué modo, por qué proce- dimientos, mediante qué procesos nos hemos convertido en lo que somos arrojará mucha luz sobre el conocimiento de nosotros mismos. En este sentido, entre los hechos mejor documentados del proceso de hominiza- ción, es decir, el proceso evolutivo que condujo a la aparición de la espe- cie humana a partir de otras más primitivas, se encuentra el aumento del tamaño del cerebro, que casi triplicó su tamaño desde el Australopitecos hasta el Homo Sapiens. De ahí que no sea aventurado postular que la emer- gencia de la conducta compleja se produce a partir del desarrollo cerebral, tanto desde un punto de vista filogenético como ontogenético.
Con relación al desarrollo ontogenético es del máximo interés cono- cer los datos que nos aporta la neuropsicología evolutiva. Este área de conocimiento intenta comprender mejor la función del sistema nervioso a lo largo de la vida, y lo hace (1) observando la maduración (y el dete- rioro) del sistema nervioso y comparándola con el desarrollo (o el decli- ve) de funciones específicas; (2) observando el desarrollo psicológico y realizando inferencias sobre la presunta maduración neuronal y (3) rela- cionando los daños o las disfunciones cerebrales con los desórdenes o los déficit cognitivos. El desarrollo del sistema nervioso y de la conducta están ordenados secuencialmente del mismo modo, lo que sugiere que, a igual- dad de alimentación, salud, cultura y educación, la correlación entre madu- ración neuronal y psicológica es estrecha. Podemos decir, entonces, que hay una vinculación profunda entre desarrollo ontogenético y desarrollo neuronal.
Cuando hablamos de correlación entre desarrollo neuronal y desa- rrollo psicológico no estamos abogando por una postura reduccionista de lo psicológico a lo cerebral, ni siquiera por la afirmación de la identi- dad entre cognición y cerebro. Esto entrañaría un profundo error con- ceptual. Efectivamente para realizar las funciones psicológicas (imaginar, razonar, memorizar, hablar...) necesitamos un cerebro desarrollado, orga- nizado y sano; pero por mucho que se desarrollen y mejoran las técnicas de investigación del sistema nervioso, por muy bien que lleguemos a cono- cer qué partes del cerebro son las encargadas de ejecutar cada función específica, hay algo que nunca será transparente para nosotros: el conte- nido de nuestra vida psicológica. Por ejemplo, la función lingüística se realiza a partir de unas estructuras cerebrales muy determinadas, pero nunca una determinada configuración neuronal (por muy bien que la conozcamos) nos dirá, entre otras cosas, qué lengua en concreto estamos hablando, ni cuál es su gramática, ni que evolución tendrá con el paso del tiempo. Por ejemplo, cuando dos hablantes nativos alemán y español pro-
nuncian una frase activan las mismas estructuras cerebrales. Aunque pudiéramos conocer el estado neuronal en el que se encuentran ambos cerebros (observar al cerebro en acción) no podríamos deducir qué idio- ma está empleando cada uno.
Por otra parte, no debería extrañarnos que una misma función psico- lógica se compute neuronalmente de formas distintas según la particular historia evolutiva de la persona de que se trate. Ni que dos estados neu- ronales iguales den lugar a experiencias psicológicas diferentes. Por todas estas cosas, y algunas más, no deberíamos caer en una postura grosera- mente materialista, identificando sin más ni más cerebro y mente. Del mismo modo, sería absurdo considerar la posibilidad inversa, esto es la existencia de vida mental sin cerebro. Las relaciones entre ambas ins- tancias son algo muy complejo que escapa a nuestra disciplina y exige para su clarificación el concurso de varias otras disciplinas.
OBJETIVOS
1. Conocer la relación entre el proceso de hominización y los cambios cerebrales que le acompañan.
2. Superar una concepción simplista del desarrollo cerebral en la infan- cia como una mera acumulación, adición y suma de elementos neu- ronales, cuando lo que se produce es un complejo juego de pérdi- das y ganancias.
3. Superar la muy extendida creencia de que la comprensión de los procesos mentales (el software) se estudia mejor sin hacer referen- cia al hardware cerebral o estructuras cerebrales donde se asientan. 4. Conocer una de las particularidades del funcionamiento cerebral humano como es la existencia de asimetrías entre el hemisferio izquierdo y el derecho a la hora de realizar funciones específicas. 5. Familiarizarse con la importancia atribuida al córtex frontal en la
explicación de los progresos acaecidos durante la primera parte de la vida y el declive que parece tener lugar en la segunda parte de la vida.
6. Conocer los datos fundamentales sobre los aspectos más impor- tantes de la relación entre los cambios neuronales y el desarrollo cognitivo.