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En su vigésimo segunda versión el Premio Nacional de Literatura recaería sobre Benjamín Subercaseaux. Al contrario de la mayoría de los galardones antes entregados, en que la categorización genérica del escritor o escritora era relativamente fácil de discernir, el caso del ganador de 1963 fue el de un autor multifacético: eminentemente prosista, la naturaleza de sus escritos se disgregaba en innumerables crónicas de prensa redactadas durante años para la revista Zig-Zag y el diario La Nación, ensayos sui generis de divulgación científica, sicológica y antropológica, así como numerosas novelas148

Al igual que en el caso recién consultado de Marta Brunet, la recepción del Premio a Benjamín Subercaseaux permite, en la voz de sus comentaristas, apreciar el paulatino desplazamiento de los motivos de una importancia y una calidad en el seno de la imagen pública del escritor; al igual, también, que con Marta Brunet, sería el novelista José Donoso de 39 años quien aportaría los más sugerentes comentarios a propósito de esta nueva designación. Abre su reporte informando de la reunión del Jurado, de cómo la votación encontró solo una voz disidente en el crítico Alone, mientras los cuatro miembros restantes se inclinaron sin mayor discusión por Subercaseaux. Estos eran: Pablo Neruda y Ricardo Latcham por la Sociedad de Escritores, el historiador y profesor de la Universidad de Chile Guillermo Feliú Cruz por el Ministerio de Educación y, finalmente, el rector de la Universidad, Juan Gómez Millas. Donoso se declara acorde con el fallo, y para justificar su adhesión, aporta con datos sobre la circulación de los libros de Subercaseaux dentro del país. Las cifras son elocuentes:

. Así mismo, las etapas de su vida intelectual y laboral informan de varias paradas en distintas disciplinas: interrumpió sus estudios de medicina en Chile, para seguir con sicología en la Sorbona, realizó numerosos viajes por Europa, África y Asia, ejerció más tarde como profesor en la Universidad de Concepción, y entre una y otra estación, no dejó nunca de escribir. El año en que recibía el máximo galardón nacional, era el número 61 de su vida.

“Gran parte del público está de acuerdo con el fallo; siendo uno de los escritores ‘serios’ de Chile (cuyas obras rara vez tiran menos de diez mil ejemplares), los libros de Subercaseaux han sido verdaderos ‘best-sellers’: Chile

148 El libro más importante escrito por Benjamín Subercaseaux corresponde a 1940 y se tituló Chile o una loca geografía. Se trataba de un largo ensayo en que, partiendo en la punta norte del país y bajando hasta el extremo sur, el autor recorría la geografía chilena deteniéndose en descripciones de sus caracteres regionales, reflexiones sobre la producción económica, diferencias entre los espacios del campo y la ciudad, proponiendo tipologías de los habitantes locales.

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o una loca geografía, cerca de cuarenta mil ejemplares; Tierra de Océano,

veinticinco mil. Ninguno menos de dos ediciones.” (Donoso, 2004, p. 87)

Esta es la primera vez que, hablando del Premio Nacional literario, se apele al término anglosajón del “best-seller” (denominación que volverá a desaparecer, para ser rescatada casi medio siglo más tarde en la premiación de Isabel Allende). Desde sus consideraciones iniciales, el párrafo se vuelca a la representación del escritor como uno distinguido con justeza, cuyos motivos son inapelables: el apoyo del público, el número de ediciones, la contundente materialidad de los ejemplares vendidos. Si bien es cierto hubo anteriormente ocasiones donde se apeló a la figura del público y los lectores para refrendar el premio entregado, su invocación fue frecuentemente emparentada con la dimensión periodística de los escritores (Joaquín Edwards Bello y Daniel de la Vega), donde la masividad era la de diarios y revistas y no la de libros vendidos; o bien dicho público era representado bajo el velo de la comunidad nacional a la que el escritor hablaba (Mariano Latorre y Víctor Domingo Silva), y no como un colectivo de lectores con intereses diversos. Un último caso se ofrece como posible antecedente: el de Manuel Rojas en 1957, a quien el Jurado insistió en atribuirle una legitimidad anterior basada en su aceptación por parte del público; dicha aceptación, no obstante, fue cuidadosamente internacionalizada, desplegada en su representación más allá de las fronteras nacionales (“el favor del público internacional”, “los más exigentes públicos de América y Europa”, “los grandes públicos”)149. A la luz de este breve informe de versiones anteriores de

la comprensión y representación del público y su rol, son de apreciar los contrastes con la opinión de José Donoso: la localidad del circuito de lectores es irrelevante ante su capacidad de agotar ediciones sucesivas de la obra del autor, de absorber el caudal literario que de él emanaba. El público es, en tal sentido, y un poco como en Brunet cuando explicitaba que la gente iba a comprar sus libros, concebido como una entidad comprobable en su dimensión material, lo que constituía una transformación en su representación: ya no se trata de la masa ignorante que debe ser educada, ni de los participantes de un afecto nacional, sino de un grupo de lectores que ha elegido voluntariamente leer a Subercaseaux, optando por él dentro de un universo disponible de obras y autores150

149 Rescato la cita, pues es elocuente de la diferenciación que implicarán los argumentos de José

Donoso: “(Manuel Rojas) se ha hecho acreedor no solo del aprecio de la crítica nacional sino de la más amplia aceptación de los entendidos y el favor del público internacional.” (recogida del acta, cfr. II.3.3) Es de observar cómo para los redactores del acta, dentro de Chile vale la opinión de la crítica, y fuera de Chile la del público.

. Dicho en otros términos, el público se mueve desde su lugar de

150 A pesar del entusiasmo de Donoso, y de la elocuencia de las cifras, el problema de la escasez habrá

también de perpetrarse en la situación económica de Subercaseaux. En entrevista con el diario El Siglo a propósito de su premio, expresaría: “Mi situación económica no es buena. No vivo en un barrio pobre solo por esnobismo. Mis entradas no ascienden a más de 200 escudos. Por eso el Premio Nacional es bienvenido por su contenido material” (Gómez Bravo, 2005, p. 177) Esta declaración, no obstante, informa de un desequilibrio entre los ingresos producidos por la venta de libros frente a los costos de la vida, y no niega el éxito atribuido por Donoso a Subercaseaux.

173 receptor dentro del flujo legitimador nacional, hacia uno de transmisor de legitimidad como parte del campo literario.

La exposición de José Donoso no se contentará con estos motivos en el dibujo de una premiación acertada, y será consecuentemente complementada con un segundo argumento de interés: al respaldo de las masas locales de lectores habrá de sumarse el desacuerdo despertado por la obra de Subercaseaux entre los críticos del país. El debate, el desacuerdo, la capacidad de una obra de producir y alimentar la discrepancia, son factores acogidos por Donoso como positivos en la existencia del producto literario, donde la unanimidad como medida de su valor es desestimada:

“Escribe Subercaseaux, y se producen escándalo, polémicas, protestas. ¿Por qué? Unos, Subercaseaux es un ególatra que solo quiere hacerse autobombo y llamar la atención. Otros, Subercaseaux es franco y audaz, como ojalá lo fueran todos. Pocos, en todo caso, han mantenido durante tanto tiempo una producción de tanta categoría… / ¿Qué queda de todo esto? / El arrastre de

sus libros. Daniel, Niño de Lluvia151

A partir de estas afirmaciones, la exposición de José Donoso vuelve a hacer eco de un caso anterior, mas introduciendo nuevamente distinciones. En 1953, Hernán Díaz Arrieta había sabido reconocer a propósito de la premiación a Daniel de la Vega, el potencial polémico del galardón y, no sin lucidez, lo había planteado como su verdadera fuente de legitimidad (“Para saber lo que significa el Premio hace falta una mirada a las víctimas”, en su acertada formulación). Atendiendo a esto, la columna escrita por Donoso 10 años más tarde desplaza el radio de influencia de dicha dinámica desde su rol en la construcción de la legitimidad del Premio a la del escritor y su obra. Donde la lección podría ser expresada en los siguientes términos: es la capacidad de una literatura de

despertar el disenso dentro de su circuito de recepción, la que le garantiza un impacto y una continuidad (“¿Qué queda de todo esto?... El arrastre de sus

libros”). De acuerdo a esta lógica, son por lo tanto la obra y la figuración públicas del escritor Benjamín Subercaseaux las que repercuten sobre el Premio – y no al revés –, transmitiéndoles aquellas su legitimidad a éste. De esta forma, y en nota escrita a propósito de la premiación del año 1963, el análisis propuesto por José Donoso excede la consideración exclusiva del galardón, y reflexiona en torno al

, acaba de reeditarse…” (2004, p. 89)

151 Se trata de una novela autobiográfica del año 1938, que llegó a tener hasta 4 reediciones, la última

en 1973. En una extensa nota dedicada al nuevo Premio Nacional, su amigo el escritor Fernando Santiván – igualmente galardonado en 1952 – alaba el texto, destacando componentes que anuncian la atmósfera de las novelas del mismo José Donoso: “Solitario en su gran casona de Santiago antiguo… repudia tanto a las sirvientas numerosas, ‘con olor a humo y a moño’, según la expresión de Daniel, como a los incomprensivos miembros de su familia. /…/ El niño Benjamín crece aislado en la casa señorial. Vaga por los salones suntuosos como pequeño fantasma inquisitivo y huraño, molesto por las atenciones que le prodigan sus mayores, disconforme con la vida social que lleva su madre, hermosa y elegante, quizás demasiado apegada al brillo mundano. Solo encuentra relativo asilo en sus dos abuelas y en la romántica tía que vive encerrada en su cuarto leyendo versos de Musset. El espíritu en formación del niño sale al encuentro de lo desconocido y escudriña los misterios de la naturaleza.” (Santiván, 1963, p. 82)

174 circuito literario local en su conjunto: la comprensión de un sistema unilateral de legitimación, donde el éxito de las obras dependía del grado de adecuación que presentasen a las expectativas de las instancias locales de sanción del gusto, es superada por una bilateral y contingente, que permite integrar y explicar la posibilidad del cambio152, y de la que, tras la discusión y la polémica, lo que queda es “el arrastre de sus libros.”153

Finalmente, y para no aflojar en sus intenciones, José Donoso incluirá un comentario evaluativo de la calidad estrictamente literaria de la obra de Subercaseaux, donde aprovechará de expresar su admiración por la novela

Jemmy Button154