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CHAPTER 3 – RESEARCH METHODOLOGY

3.5 Research procedures

3.5.4 Data analysis procedures

A continuación presentaremos a la producción textil como un elemento fundamental para comprender el proceso del desarrollo capitalista en el Ecuador del siglo XX, pues, “estudiar la modernización es estudiar el capitalismo y para estudiar el capitalismo se vuelve indispensable investigar a su sector más dinámico: la industria”145. En nuestra investigación abordaremos de manera especial y más profunda al ramo textil industrial, por ser el sector más fuertemente desarrollado de las industrias de Jacinto Jijón.

Tradicionalmente en el territorio del actual Ecuador se desempeñaron tareas artesanales vinculadas a esta rama, prueba de ello es el testimonio expresado por Jacinto Jijón y Caamaño, quien afirma que “la industria textil del Ecuador actual es tan solo el desarrollo de la de los indígenas. Las modernas fábricas de tejidos, aún cuando pequeñas, son la evolución del obraje colonial y éste, a su vez, tiene su raigambre en las comunidades indígenas”146.

En resumen, comprender la lógica productiva y la importancia del trabajo textil en varios momentos históricos permitirá una aproximación más completa al despliegue industrial del siglo XX, que es una de las variables de mayor interés para la presente investigación.

a) Los textiles precolombinos y los obrajes coloniales

Desde la época colonial, e inclusive antes, la región que actualmente ocupa la Sierra ecuatoriana dedicó su economía a dos ejes fundamentales: la producción agropecuaria y la textil. Siendo la segunda, en determinado períodos históricos, el eje estructural. Para los siglos XVI y XVII la Audiencia de Quito y la región dedicó su fuerza productiva la rama textil.

La estructura geográfica y el clima de la serranía posibilitó la producción de alimentos, por otro lado, las grandes extensiones de páramo sirvieron como pastizales para los rebaños de ovejas, la lana de ahí proveniente sirvió como materia prima para los obrajes. Al interior de las haciendas en términos de dinero, los salarios y los precios de alimentos y materia prima fueron bajos. Por ello, los obrajes se extendieron como un rentable negocio para los propietarios de tierras. Se ve, dado este contexto, que la economía obrajera fue dual: dependía de la producción textil pero al mismo tiempo de la agraria147.

145 Milton Luna, ¿Modernización…?, p. 9.

146 Jacinto Jijón y Caamaño, “Las industrias en el Ecuador”, en Dios y Patria, Revista Cultural

General, año III, vol. III, No. 9, enero de 1926, p. 96, en Milton Luna, Orígenes de las políticas

147 Robson Brines Tyrer, Historia Demográfica y Económica de la Audiencia de Quito: Población

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El sector obrajero de la Audiencia de Quito se compuso en torno al mercado de Potosí, la mayoría de paños y lienzos fueron “exportados” hacia otras zonas del virreinato de Perú. Entre 1570 y 1760 existieron mayoritariamente relaciones salariales al interior de los obrajes, lo cual demuestra una holgura económica148.

La vida en el campo facilitaba la creación de relaciones laborales al interior del núcleo familiar. La formación de una familia extensa significaba la creación de mano de obra infantil que posibilitaba la supervivencia económica. Más que una responsabilidad o gasto doméstico, los hijos representaban una ayuda a la dinámica productiva, al menos en la producción a domicilio. Las mujeres, además de encargarse de las tareas domésticas, trabajaron en las parcelas familiares y, en el área textil, el hilado que fue una actividad tradicionalmente realizada por mano de obra femenina149.

La producción textil colonial fue de importancia capital no sólo por los ingresos económicos que ella generaba, sino porque fomentó la creación de formas de organización social del trabajo, es decir, además de la presencia de la producción artesanal para la economía familiar, se estructuraron manufacturas que posibilitaron que las elites efectivizaran el control de la mano de obra indígena, especialmente. Además, permitieron que los indígenas poseyeran un salario con el cual pagar los tributos, ya sea en dinero o en productos.

La mano de obra indígena fue muy empleada en la producción textil debido a su contacto pasado con esta actividad. Los trabajadores no necesitaron de capacitación técnica especializada para la producción textil en algodón, pues desde épocas prehispánicas ya habían incursionado en esta empresa. No así para la producción en lana, pues las ovejas fueron introducidas a partir de la conquista y los trabajadores indígenas desconocían las técnicas óptimas para la creación de textiles a partir de este material150.

Si los trabajadores indígenas consiguieron pervivir la herencia de sus técnicas de producción al modelo colonial, es también posible que consiguieran trasladar la carga

148Vicente Albornoz, “Del colapso de la industria textil en la Época Colonial al aparecimiento del

concertaje”, en Ensayos de Historia Económica, Quito, Banco Central del Ecuador (BCE), 2010,

pp. 53-54.

149 Manuel Miño, “Capital comercial y trabajo textil: tendencias generales de la protoindustria

colonial latinoamericana”, en Heraclio Bonilla (editor), HISLA: Revista Latinoamericana de Historia Económica y Social, No. 9, Lima, 1987, p. 59. El trabajo a domicilio o verlagssystem hace

referencia a una organización abierta del trabajo, en el que no era necesario concentrar a la mano de obra en industrias, sino que un intermediario repartía el trabajo a los obreros en sus domicilios. Esta forma laboral se encuentra en fases del capitalismo de transición, pues al realizarse el trabajo en los hogares muchas veces implicaba el trabajo no reconocido de mujeres y menores, pues el salario era individual. Para una explicación más profunda del sistema de trabajo verlag ver Peter

Kriedte, Hans Medick, Jürgen Schlumbohm, Industrialización antes de la industrialización,

Barcelona, Crítica/Grijalbo, 1986, especialmente, pp. 152-160. 150Ver Manuel Miño, “Capital comercial…”, pp. 62-63.

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cultural que implica el establecimiento de un modelo productivo. Es decir, la incidencia de las costumbres y hábitos en torno a la orientación y la organización interna del trabajo textil, en resumen, las prácticas culturales que se hallan inscritas en el modelo productivo previo151. La autora Eni de Mesquita realiza una observación muy importante para nuestro interés investigativo, no solamente para la contextualización temporal sino para la argumentación general.

La producción textil colonial fue mucho más desarrollada en el contexto rural, aquellas ubicadas en las ciudades fueron más bien pequeñas y categorizadas como “obrajuelos” o “chorrillos”. Los obrajes rurales de la Audiencia de Quito se clasificaron en aquellos vinculados con la encomienda152, categorizados como “obrajes de comunidad” y aquellos que fueron propiedades de particulares. Durante el siglo XVIII la primera categoría fue desapareciendo por la presión del sector privado, la concentración de la propiedad territorial y el decaimiento general de la producción y comercialización de textiles.

Los obrajes de hacienda y de pueblos eran fundamentalmente diferentes en carácter ya que la mayoría de estos últimos fueron obrajes de comunidad y, por lo menos

teóricamente, “empresas pública”. Los obrajes de las haciendas, en cambio, operaban

bajo la jurisdicción exclusiva del hacendado y no eran molestados con interferencias reales o con incómodos y costosos aparatos administrativos153

La economía obrajera quiteña entró en crisis hacia mediados del siglo XVIII. Múltiples son los factores que determinaron este suceso, entre ellos la apertura del comercio colonial a varias potencias europeas, generado a través de las Reformas borbónicas, el decaimiento de la extracción minera en Potosí y las políticas proteccionistas promulgadas por Lima154. Uno de los principales elementos que condicionó a la poca posibilidad de competencia que tuvieron los textiles quiteños frente a los europeos se debe al desarrollo técnico y tecnológico de la producción.

La industria criolla no pudo resistir la competencia europea, habíase desarrollado bajo un proteccionismo exagerado, que volvió innecesario el mejoramiento de la producción y los métodos de trabajo; sin rival serio en los mercados, el obrajero sólo debía preocuparse de producir mucho, la baratura de la mano de obra le dispensaba de perfeccionar el mecanismo del trabajo155.

151Eni de Mesquita Samara, “Las relaciones sociales y las formas de trabajo en la América Latina

del siglo XVIII”, en Enrique Tandeter (director), Historia General de América Latina, volumen IV,

Madrid, UNESCO/Trotta, 2007, p. 93.

152 “Casi no hay duda de que los encomenderos fueron los primeros empresarios de la industria textil. Utilizaron los obrajes como medio para recuperar los tributos que no pagaba el cada vez más escaso número de indios y también para asegurar un futuro ingreso que no dependiera en

nada del pago de impuestos per cápita de un grupo cada vez más presionado de campesinos”,

Robson Brines Tyrer, Historia…, p. 96. 153 Robson Brines Tyrer, Historia…, p. 90. 154Vicente Albornoz, “Del colapso…”, pp. 53-54.

155 Federico González Suárez en Jacinto Jijón, “Las industrias en el Ecuador”, en Dios y Patria…, p. 102.

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Todos los factores que hemos señalado sobre la crisis obrajera podrían clasificarse en

internos, es decir, intrínsecos a la forma de producción llevada a cabo por los industriales

quiteños, tales como la falta de desarrollo técnico, el aprovechamiento de las redes y círculos de consumo locales, etc. Sin embargo, también se hallan aquellos factores

externos, tales como la apertura al libre intercambio desigual con las potencias europeas

o la imposición de “derechos a pagar” a manera de impuestos sobre la producción local. Además el hecho de que “el Gobierno español jamás se interesó por el desarrollo industrial de su colonia, incluso lo miró de reojo”156. En otras palabras, el autor encuentra que el afán de la metrópoli era crear una dependencia total, por ello efectuaba medidas para frenar el desempeño industrial.

Aunque los factores mencionados afectaron a la producción textil obrajera que era de “gran escala”, no eliminaron el trabajo a domicilio. Además, sobrevivió la práctica artesanal de confeccionar textiles, la población pobre nunca dejó de consumir este tipo de producción porque era más barata ya que no implicaba los fuertes gastos de proporcionar un salario fijo a un número considerable de trabajadores ni la construcción de un local destinado únicamente a la maquinaria157.

No se puede discutir que los costos de producción de insumos como la lana, sus colorantes, y el propio proceso productivo de paños o bayetas en los obrajes fue mucho más costoso que encargar al tejedor y su familia el tejido de una materia que, como el algodón, incluso de la propia lana para tipo de tejidos angostos, no necesitaba costosos o complejos instrumentos, ni regulación, como requería la transformación de tejidos finos de lana158

Pero el trabajo a domicilio posee altos grados de explotación para los tejedores porque, como se ha mencionado, no se reconocía salarialmente el trabajo femenino o infantil. Además, generalmente estos trabajadores se encontraban de alguna manera aislados y estuvieron excluidos de las organizaciones gremiales que suponían un nivel de respaldo social y espacio para la pugna por algunos beneficios, aunque se hallaban vinculados a la satisfacción de necesidades rituales como las fiestas patronales.

Al tratarse de una producción no especializada ni diferenciada de la economía agraria podemos determinar que durante la colonia se experimentó un fenómeno de protoindustrialización capitalista, es decir, es un momento en el cual la industria no es la rama de la producción más importante, sin embargo, las dinámicas de comercio y la

156Jacinto Jijón y Caamaño, “Las industrias en el Ecuador”, en Dios y Patria… p., 102. Éste no fue el único historiador que señaló la falta de apoyo desde el régimen monárquico, ver Robson Brines Tyrer, Historia…, p. 123.

157Manuel Miño, “Capital comercial…”, p. 68. En la Audiencia de Quito los espacios de producción doméstica y artesanal fueron conocidos como chorrillos.

158 Manuel Miño “De la manufactura a la protoindustria”, en Enrique Tandeter (director), Historia

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presencia misma de una división social del trabajo están completamente influenciada por la dinámica industrial.

Algunos de estos elementos protoindustriales fueron conservados a lo largo de los siglos y se encontraron en los nuevos regímenes industriales, por ejemplo, la intervención laboral de otros miembros de la familia para compartir el peso del trabajo. Nuestro interés en el presente estudio es analizar todos estos factores que sobrevivieron y se hicieron efectivos en la industria textil del siglo XX

El complejo hacienda-obraje fue la unidad económica típica de la región andina y enfatizaba la creación de patrones. Tanto las fábricas como las haciendas solían tener nombres de santos patronos que cohesionaran socialmente a la mano de obra en torno al lugar de trabajo.

Muchos de los hacendados obrajeros lograron concentrar todo el sistema y la producción; por lo general, tenían rebaños de ovejas para extraer materia prima, el equipo del taller (telares, cardos, ruecas y toda la maquinaria) era producida por carpinteros que eran sirvientes de los obrajeros. Además, los hacendado obrajeros poseían sus propios almacenes e incluso algunos de ellos se convirtieron en comerciantes que vigilaban el transporte de la mercadería a otras regiones.

De esta manera, la economía del obraje contribuyó al fortalecimiento del sistema de castas colonial en la que aquellos españoles o criollos propietarios de la tierra lograron apoderarse de otras áreas de la economía. En contraste, los mestizos vinculados normalmente al artesanado seguían trabajando subyugados a los primeros. Por último, los indígenas fueron mano de obra aparentemente desprovista de beneficios159.

Es posible deducir que la historia de la industria y la historia de la consolidación de la hacienda tradicional se encontraron entrelazadas y en una relativa relación de dependencia. En este sentido, cuando se estudia el proceso industrial, es indispensable realizar un análisis que integre tanto los elementos tradicionales de la estructura hacendataria como los elementos modernizantes que implicaba la creación de industrias. Jacinto Jijón encontró en la hacienda, precisamente, no sólo el beneficio agrícola sino la organización social que dio origen y vida a la producción manufacturera, como veremos adelante, la producción agrícola en la Casa Jijón no fue significativa sino que era una herramienta para el autoabastecimiento y la configuración de una estructura social y proveedora de mano de obra para la sección fabril. “La hacienda, con sus peones, con

159 Para profundizar el análisis de la mano de obra indígena empleada de forma obligatoria y voluntaria en los obrajes ver Robson Brines Tyrer, Historia…, p. 125-134.

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sus conciertos súbditos no de un hombre sino adheridos a una parcela, fue el núcleo de una organización económica; y con la hacienda vio la luz el obraje, de progenie aborigen, que el español supo organizar”160.

En el análisis del autor citado saltan a la vista tres elementos que se consideraron como fundamentales para la constitución de una organización económica y social manufacturera. En primer lugar, el apego de los peones a la tierra-territorio más que al carisma o dirigencia de un líder. En segundo lugar, la predisposición indígena al trabajo textil. Por último, el aporte metódico y organizacional de los españoles.

Después del colapso de los obrajes, se evidenciaron nuevos escenarios económicos, por ejemplo, la desindustrialización, desmonetarización y la desurbanización provocadas porque, al entrar en crisis la producción manufacturera, los trabajadores retornaron al campo con sus tareas agrícolas y a la producción artesanal161.

Al generarse inicialmente un pequeño fenómeno de “proletarización” los terratenientes aprovecharon la expansión urbana para concentrar las tierras en haciendas. La escasez de tierras para la pequeña producción produjo una imposibilidad de autoabastecimiento en la población que no pertenecía a las elites hacendatarias y recurrieron al trabajo obrajero para percibir un salario y poder comprar alimentos162. El fenómeno de desurbanización es analizado por Albornoz mediante cifras y porcentajes.

Hacia 1750 antes de la crisis, la población sumada de Quito, Cuenca, Ambato y Latacunga era de 58.000 personas. Eso significaba que de un total de 400.000 personas que habitaban en la Sierra, estas cinco ciudades más grandes representaban el 14.5% de la población serrana.

Hacia 1830 la población de la Sierra era cercana a 550.000 habitantes (…) a pesar del

crecimiento en la población total, los habitantes de las cinco ciudades más grandes se reduce a únicamente 51.000 lo que representa el 9,3% de la población serrana total163

La tesis central de Vicente Albornoz, aplicando la teoría de la firma164, indica que el concertaje surgió debido al fenómeno de desmonetarización pues, cuando el dinero se volvió escaso, las relaciones retornaron a un sistema similar al trueque165. En este sentido, el concertaje y las relaciones hacendatarias mediante el huasipungo implicaron

160Jacinto Jijón y Caamaño, “Las industrias del Ecuador”, en Dios y Patria…, p. 110. 161Vicente Albornoz, “Del colapso…”,p. 55

162Manuel Miño, “Capital comercial…”, p. 66. 163 Vicente Albornoz, “Del colapso…”, p. 55.

164Ibíd., p. 52: “La teoría de la firma es una parte de la organización industrial que, a su vez, es parte de la microeconomía. En realidad la teoría de la firma es una serie de teorías económicas que describen la naturaleza de una firma o empresa incluyento su existencia, su comportamiento y

su relación con el mercado (…) analiza desde la óptica económica cuatro cosas: ¿Por qué existen

empresas? ¿Por qué y cómo se organizan las empresas? ¿Por qué las empresas son tan distintas entre sí y por qué empresas tan distintas obtienen resultados tan diferentes? y ¿Cuáles son los

límites de la firma?”

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un acuerdo que excluía las transacciones monetarias porque “los costos de transacción, es decir, el costo de tener una transacción laboral normal (…) se vuelven demasiado altos”166.

Existen, sin embargo, otros criterios acerca del surgimiento y propagación de los sistemas de trabajo obligatorio como mecanismos de apropiación de la fuerza de trabajo. Más allá de la escasez de circulante, los obrajes en los que se utilizaba mano de obra voluntaria poco a poco pactaron con la Corona, planteaban la necesidad de los indígenas de recibir un salario ya sea en metálico o en especies para cubrir los costos de tributos. Entonces, la Audiencia estableció concesiones de mano de obra forzada para los obrajes privados. Una vez que los indígenas “obligados”, es decir varones entre los 18 y 50 años, ingresaban al trabajo en un obraje, automáticamente su familia nuclear (esposa, hijos) y, en algunos casos ampliada (parientes “arrimados”) también brindaban su mano de obra al patrón167.

b) La transición del siglo XIX y el fenómeno de protoindustrialización Durante el siglo XIX la forma de producción textil hegemónica fue la trabajo artesanal a domicilio y las necesidades de los grupos de las elites fueron satisfechas a través de la importación de textiles europeos, especialmente ingleses y franceses168. Sin embargo, para varios historiadores, el origen de la industrialización se halla en el siglo XIX, pues allí se crearon las condiciones que hicieron posibles que durante el XX se desplegaran múltiples pequeñas industrias nacionales. “Ni el obraje hispanoamericano ni la expansión del trabajo doméstico y a domicilio con base en el algodón constituyeron el embrión de la fábrica moderna, pues ésta tuvo bases políticas y económicas distintas, que sólo aparecerán en el transcurso del siglo XIX”169.

A partir del gobierno de Gabriel García Moreno, que duró aproximadamente 10 años no consecutivos, se crearon condiciones que, posteriormente, beneficiaron a la creación de industrias. Ejemplo de ello fue la cohesión nacional a partir de la creación de mercado interno, mejoramiento de vías de comunicación, desarrollo administrativo, entre otros170.

166Ibíd.

167 Sobre el origen del concertaje, el huasipungo y otras formas de explotación laboral se profundizará en el Capítulo 2, sección Hacienda tradicional.

168Manuel Miño, “Capital comercial…”, p. 72. 169Manuel Miño, “De la manufactura…”, p. 191.

170 Yves Saint-Geours, “Orígenes de la Industria en el Ecuador (1860-1914)”, en Revista