RESEARCH METHODOLOGY 3.1 Introduction
3.6. Data analysis
Odio la mayoría de las películas, tardan dema- siado en desarrollar una trama, cuando lo que en verdad busco es la proeza cinematográfica del director, la marca del cincel y no la escultura. Ten- go la fantasía (y esta palabra cobrará importan- cia dentro de poco) de que un frustrado Lacan decía lo mismo de sus pacientes, me lo imagino saliendo de la Sorbona y quejándose: “odio a mis pacientes, pierden demasiado tiempo, cuando lo que en verdad busco es el significado”. Recalco, es una fantasía, porque Lacan nunca diría eso, nunca diría nada, permitiría decir.
José Manuel Cardona Les Enfants du Paradis es una película filmada en la Francia ocupada por los nazis, clandesti- namente, con un sustancial número de judíos sirviendo en la producción. Es una película de amor, más que eso, es una película del arte de la interpretación y de esa manera, reflejo de su pro- ducción. Entiéndase la imposibilidad de no hacer una película y se comprenderá porque Baptiste soportaba el sol de mediodía para actuar en el mercado o porque Garance aun siendo hones- ta actuaba o porque Frédérick no podía hacer otra cosa que actuar. La necesidad de actuar los compelía y, pues, así mismo es el Edipo, es como una película, una fantasía que se juega en la cabeza del niño y a la cual sus padres están forzados a participar.
Los personajes del Edipo son tres: la madre, el niño y el falo; y siendo tres son cinco: la madre, el niño, la ley, el padre encarnado y la castración. Al alcanzar la fase fálica, el niño engendra tres fan- tasías, que son derivadas de las investiduras de objeto -que como ya se ha explicado, es un proce- so normal derivado del narcicismo primario. Nasio (2010) resume estas tres fantasías de esta manera: “Así es como en el varón de cuatro años y en todo ser humano en posición masculina, sea cual fuere su edad, están presentes tres deseos fundamen- no ores al dios indolente
Han todos los pájaros...
tales: el deseo de poseer sexualmente el cuerpo del Otro, particularmente de la madre; el deseo de ser poseído por el cuerpo del Otro, particular- mente el padre y el deseo de suprimir el cuerpo del Otro, particularmente el del padre. Deseo de poseer, deseo de ser poseído y deseo de suprimir, he aquí los tres movimientos fundadores del de- seo masculino.” (pg.31)
Una observación por cada fantasía. El varón desea poseer el cuerpo de la madre, porque él, en el pro- ceso de identificación con el padre desea ser ese falo, que le puede ser otorgado solamente por la madre. El varón tiene el deseo de ser poseído por el otro, es esto una feminización y conduce, como la primera y la tercera fantasía, a la angustia de cas- tración. La tercera fantasía, la de suprimir al otro, es la fantasía de ser falo, al estar el padre ausente de la casa, el niño adopta un tono autoritativo y hace berrinches por cosas que al padre enfurecería -que la casa esté desordenada, que las puertas hayan sido dejadas sin seguro-, el niño desea ser falo. De los tres roles del Edipo, el niño es el director, la fantasía es vivida a través de su cámara de cuerpo atomizado, buscando siempre darle sentido a las imágenes externas cuando, en sentidos técnicos estas están diseminadas en su interior, atomiza- das, como células de una película; la madre es la actriz principal, aquella que refuerza la fantasía que toda una vida mintió tu esperanza
José Manuel Cardona narcisista del niño siendo ahora investidura de ob- jeto, y como en este narcicismo primario el falo cobró la investidura, la madre es ahora donadora de falo; el padre es el productor, es aquel cuya presencia causa ansiedad en el set de filmación, por ser el vínculo directo con el financiamiento, y un intruso entre la realización de la fantasía -la película- y el director.
La madre es el nexo al falo, o como lo expresa Lacan (1956):
Arriba: falo
Abajo izquierda: madre Abajo derecha: niño
Han todos los pájaros...
Esto devendrá en la elección de objeto del sexo opuesto, después de una genitalización hete- rosexual y con el descarte de la figura materna como posibilidad de la realización sexual. Hay un proceso que se encuentra en Freud y al que no se le ha dado mucha importancia, pero que, al explicar el destino de las pulsiones, se debe de mencionar. El padre se sublima y la madre se idealiza. Así de sencillo. El padre se sublima y ya no es padre, es súper-yo, es ley, es el falo y la ma- dre se idealiza, hay una especie de regresión a la creencia pre-fálica en la que solamente las muje- res buenas tienen pene y las malas lo han perdido. Y esta idealización condicionará la búsqueda de objeto, un objeto como la madre fálica.