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RESEARCH METHODOLOGY 3.1 Introduction

3.4. Method of data collection

El Edipo está antecedido por lo que Lacan llamó el Estadio del Espejo, que mejor puede definirse como momento de las identificaciones dentro de la fase oral, y que en Freud se puede encontrar en trozos diseminados, en sus pasajes acerca del narcicismo.

Lacan (1966), con su bagaje estructuralista, se preocupa por la cuestión en que, un nenito, que es superado en inteligencia instrumental por un chimpancé de la misma edad, logra asimilar su imagen en un espejo:

“…le petit d’homme à un âge où il est pour un temps court, mais encore pour un temps, dépas- sé en intelligence instrumentale par le chimpanzé, reconnaît pourtant déjà son image dans le miroir comme telle.”7 (pg.93)

7. Traducción: el pequeño hombre, en una edad por la cual pasa por un corto tiempo, pero tiempo es, superado en inteligencia ins- trumental por un chimpancé, reconoce ya su imagen en el espejo como tal

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La criatura de aproximadamente dieciocho meses se ve en el espejo y reconoce una discrepancia, ¿cómo es posible que aquella unidad que se re- presenta en la imagen sea yo, si mi cuerpo está desunido? Lacan nos aclara esto en su L’aggresi- vite en psychanalyse (1966):

Ce que j’ai appelé le stade du miiroir a l’intérêt de manifester le dynamisme affectif par où le sujet s’identifie primordialement à la Gestalt visuelle de son propre corps : elle est, par rapport à l’incoor- dination encore très profonde de sa propre motri- cité, unité idéale, imago salutaire; elle est valorisée de toute la détresse originelle, liée à la discordance intra-organique et relationnelle du petit d’homme, durant les six premiers mois,où il porte les signes, neurologiques et humoraux, d’une prématuration natale physilogique.”8(p.133)

“C’est cette captation par l’imago de la forme hu- maine, plus qu’une Einfühlung dont tout démontre l’absence dans la premier enfance, qui entre six

8. Traducción: eso que yo he llamado el Estadio del espejo tiene por interes manifestar el dinamisno afectivo por donde el sujeto se identifica primordialmente a la Gestalt visual de su propio cuer- po: esta es, por relación a la incordinación, todavía muy profunda de su propia motricidad, unidad ideal, imago salvadora; esta es valorizada de toda la angustia original, ligada a la discordancia in- tra-orgánica y relacional del hombrecito, durante los primeros 6 meses, en donde porta los signos neurológicos y de humor, de una premaduración natal fisilógica.

José Manuel Cardona mois et deux ans et demi domine toute la dialecti- que du comportement de l’enfant en présence de son sem blable.

l’absence dans la premier enfance, qui entre six mois et deux ans et demi domine toute la dialec- tique du comportement de l’enfant en présence de son sem blable. Durant toute cette période on enregistrera les réactions émotionnelles et les té- moignages articulés d’un transitivisme normal. L’enfant qui bat dit avoir été battu, celui qui voit tomber pleure. De même c’est dans une identifica- tion à l’autre qu’il vit toute la gamme des réactions de prestance et de parade, dont ses conduites révèlent avec évidence l’ambivalence structurale, esclave identifié au despote, acteur au spectateur, séduit au séducteur.”9 (pg.113)

El niño interioriza esta Gestalt y se identifica con ella, pero debe expulsar esos trozos de los que

9. Traducción: Es esta captación por la imago de la forma humana, más que un Einfühlung en el cual todo demuestra la ausencia en la primera infancia, que entre seis meses y dos años y medio domina toda la dialéctica del comportamiento del infante, en presencia de su semejante. Durante todo este periodo se registrará las reaccio- nes emocionales y testimonios articulados de un transitivismo nor- mal. El niño que golpea, dice haber sido golpeado, aquel que va a alguien caer, llora. Igualmente, es en una identificación a el otro que él vive toda la gama de reacciones de prestancia y de desfile, en los cuales su conducta revela con evidencia de ambivalencia es- tructural, esclavo identificado con el déspota, actor al espectador, seducido al seductor.

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está compuesto, ya que el esfuerzo de mantener reprimido su verdadero cuerpo despedazado es demasiado, de allí la agresividad. Esta acción es sustentada por la madre, como agrega Masot- ta (2012): “el Ministro mirándose en el espejo y la Reina mirándolo mirarse y diciendo: “Si, eres lindo”. El decía: “Soy omnipotente”. Y la Reina lo confirmaba: “Eres omnipotente”. (pg.61) Lo que en verdad sucede es que el Ministro dice tengo falo, estoy completo” y la madre le dice “sí, tienes falo, estás completo” y de allí se nutre el narcicis- mo primario, del que se hablará ahora.

Narcicismo, como aflicción, es el proceso en el cual las investiduras libidinales sobre el objeto se regresan al yo, y este es investido en su lugar, tornándose en objeto de placer. Como proceso primario, Freud (1914) lo explica de esta manera: “...nuestras observaciones y concepciones so- bre la vida anímica de los niños y de los pueblos primitivos. En estos últimos hallamos rasgos que, si se presentasen aislados, podrían imputarse al delirio de grandeza: una sobrestimación del po- der de sus deseos y de sus actos psíquicos, la «omnipotencia de los pensamientos», una fe en la virtud ensalmadora de las palabras y una técnica dirigida al mundo exterior, la «magia», que apare- ce como una aplicación consecuente de las pre- misas de la manía de grandeza.” (pg.73)

José Manuel Cardona Explica Freud, que originalmente existe una libido yoica, y que, por las limitaciones físicas del infante, luego es cedida a los objetos, como sucede con el otro en el Estadio del Espejo de Lacan.No sirve a los intereses de este trabajo de introducir en este momento las observaciones hechas en Más allá del principio del placer (1920), en las que las pul- siones yoicas son relegadas -no a su totalidad- a la auto conservación, mientras que las pulsiones sexuales a la exteriorización, todo para culminar en un síntesis placentera, es decir, el regreso a la placenta. Sin embargo, sí debo de señalar que es- tas observaciones tienen su correspondencia con el Estadio del Espejo de Lacan, quizá mejor que las expuestas en Introducción al narcicismo, no obstante, no persiguen el objeto narcisista como en este último trabajo, por lo que, aparecerán a su tiempo dentro del presente ensayo.

Continua Freud apuntando:

“Así como al comienzo la libido yoica quedó oculta para nuestra observación tras la libido de objeto, reparamos primero en que el niño (y el adolescen- te) elige sus objetos sexuales tomándolos de sus vivencias de satisfacción. Las primeras satisfac- ciones sexuales autoeróticas son vivenciadas a remolque de funciones vitales que sirven a la au- toconservacíón. Las pulsiones sexuales se apun- talan al principio en la satisfacción de las pulsiones no hubo hombre amado, salud, alegría,

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yoicas, y sólo más tarde se independizan de ellas; ahora bien, ese apuntalamiento sigue mostrándo- se en el hecho de que las personas encargadas de la nutrición, el cuidado y la protección del niño devienen los primeros objetos que que puede lla- marse el tipo del apuntalamiento [tipo anaclítico]” (pg.84)

Aclara Freud que no existe una separación preci- sa entre ambos grupos, no hay humanos nacidos narcisistas y otros de apuntalamiento, ya que to- dos aquellos que han arribado a esta etapa del desarrollo tienen ante sí la posibilidad de dirigir su pulsión yoica, formulando también los siguientes tipos (pg.87):

1. Según el tipo narcisista:

a. A lo que uno mismo es (a sí mismo), b. A lo que uno mismo fue,

c. A lo que uno querría ser, y

d. A la persona que fue una parte del sí-mismo propio. 2. Según el tipo del apuntalamiento:

a. A la mujer nutricia, y b. Al hombre protector Según como se ama.

Una última cita de Freud, la más extensa hasta ahora, tras la cual se proporcionará una síntesis de esta sección:

José Manuel Cardona “El narcisismo primario que suponemos en el niño, y que contiene una de las premisas de nues- tras teorías sobre la libido, es más difícil de asir por observación directa que de comprobar me- diante una inferencia retrospectiva hecha desde otro punto. Si consideramos la actitud de padres tiernos hacia sus hijos, habremos de discernirla como renacimiento y reproducción del narcisis- mo propio, ha mucho abandonado. La sobresti- mación, marca inequívoca que apreciamos como estigma narcisista ya en el caso de la elección de objeto, gobierna, como todos saben, este vínculo afectivo. Así prevalece una compulsión a atribuir al niño toda clase de perfecciones (para lo cual un observador desapasionado no descubriría motivo alguno) y a encubrir y olvidar todos sus defectos (lo cual mantiene estrecha relación con la des- mentida de la sexualidad infantil). Pero también prevalece la proclividad a suspender frente al niño todas esas conquistas culturales cuya aceptación hubo de arrancarse al propio narcisismo, y a re- novar a propósito de él la exigencia de prerroga- tivas a que se renunció hace mucho tiempo. El niño debe tener mejor suerte que sus padres, no debe estar sometido a esas necesidades objeti- vas cuyo imperio en la vida hubo de reconocerse. Enfermedad, muerte, renuncia al goce, restric- ción de la voluntad propia no han de tener vigen- cia para el niño, las leyes de la naturaleza y de la sociedad han de cesar ante él, y realmente debe tu vida fue triste, vieja María.

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ser de nuevo el centro y el núcleo de la creación. His Majesty the Baby, como una vez nos creímos. Debe cumplir los sueños, los irrealizados deseos de sus padres; el varón será un grande hombre y un héroe en lugar del padre, y la niña se casará con un príncipe como tardía recompensa para la madre. El punto más espinoso del sistema narci- sista, esa inmortalidad del yo que la fuerza de la realidad asedia duramente, ha ganado su seguri- dad refugiándose en el niño. El conmovedor amor parental, tan infantil en el fondo, no es otra cosa que el narcisismo redivivo de los padres, que en su trasmudación al amor de objeto revela inequí- voca su prístina naturaleza.” (pg.88)

En síntesis, el Estadio del Espejo de Lacan expli- ca cómo, por primera vez un ser humano pue- de interiorizar una imagen -que sin embargo no le pertenece- identificándose con ella, esto crea una disonancia en su interior que debe de ser ex- pulsada y que se manifiesta posteriormente en la agresividad sexual durante la etapa fálica, al asu- mir el varón el papel del padre. En ambos, Freud y Lacan esta agresividad tiene forma de líbido y se expulsa revistiéndose en los objetos edípicos -según el desarrollo normal del infante. En Edipo sucede una disonancia análoga, con consecuen- cias catastróficas.

José Manuel Cardona

Yo falo, tu falo, el/ella falo,

ellos/ellas falo, nosotros falo,

vosotros falo

Si el lector puede procurarse en los instantes que lee estas líneas un infante de la edad adecuada y mostrarle este escrito, tenga por seguro que el niño piensa que este libro tiene pene, al igual que la superficie en la que está usted sentado y que el televisor lo tiene en alguna parte, además, la computadora en la que estoy escribiendo lo tiene también. Ahora bien, el falo no es el pene, es la noción en la niñez temprana de que todos poseen un pene. El falo es inicialmente real, luego imagi- nario, sin sustancia en la realidad, y pasa pues por el lenguaje, deviniendo en símbolo.

En la presente sección se tratará el objeto fálico des- de la perspectiva de un varón, con el propósito de mantenerse en línea con las observaciones de Freud y complementarlas con Lacan, Masotta y Nasio, no obstante, para no dejar esta cuestión suelta, inclu- yo como anexos los dos cuadros acerca del Edipo femenino presentes en el libro El Edipo, concepto crucial del psicoanálisis (Nasio, 2010), además de recomendar, vehemente, la lectura de su trabajo. La obra más famosa de Freud es La interpreta- ción de los sueños, su trabajo más importante es enturbia el dolor de tus pupilas,

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Tres ensayos de teoría sexual (1905). No es de extrañar entonces, que un pequeño apéndice a este contenga una crucial idea que serviría para al fin sistematizar el Edipo, y cristalizar una de sus famosas fase, la fase fálica. En la organización ge- nital infantil, Freud (1923), afirma que:

“Hoy ya no me declararía satisfecho con la tesis de que el primado de los genitales no se consuma en la primera infancia, o lo hace sólo de manera muy incompleta. La aproximación de la vida se- xual infantil a la del adulto llega mucho más allá, y no se circunscribe a la emergencia de una elec- ción de objeto. Si bien no se alcanza una verda- dera unificación de las pulsiones parciales bajo el primado de los genitales, en el apogeo del proce- so de desarrollo de la sexualidad infantil el interés por los genitales y el quehacer genital cobran una significatividad dominante, que poco le va en zaga a la de la edad madura. El carácter principal de esta «organización genital infantil» es, al mismo tiempo, su diferencia respecto de la organización genital definitiva del adulto. Reside en que, para ambos sexos, sólo desempeña un papel un ge- nital, el masculino. Por tanto, no hay un primado genital, sino un primado del falo.” (pg.146)

En este párrafo se encuentran tres cuestiones: la vida sexual (interna) de los niños es análoga a los adultos, el falo no es un genital, y el falo tiene pri- cuando tus manos de perpetua fregrona

José Manuel Cardona macía en ambos sexos durante su etapa propia. La primera cuestión se tratará con el desarrollo del Edipo más adelante, para las otras dos reser- vo esta sección.

Al igual como en el estadio del espejo, el pene es desdoblado desde una imago de pene, como mejor lo explica Nasio:

“...a los cuatro años, el pene no es solamente el órgano más rico en sensaciones. También es el objeto más amado y el que reclama toda la aten- ción.” (pg.26)

“La fuerza imaginaria del pene es tal que el niño lo convierte en su objeto narcisista más preciado, en lo que más valora y se siente orgulloso de poseer. En consecuencia, semejante culto del pene eleva el pequeño órgano al rango de símbolo del po- der absoluto y de emblema de la fuerza viril. Pero, ¡atención!; “Por estas mismas razones, el niño también lo siente como un órgano frágil, dema- siado expuesto a los peligros y, por lo tanto, como símbolo, no sólo de poder sino también de vulne- rabilidad y de debilidad. Pues bien, cuando ese apéndice, eminentemente excitable, netamente visible, eréctil manipulable y alto grado valorizado se transforma a los ojos de todos —varones y ni- ñas— en el representante del deseo, lo llamamos “Falo”. El Falo no es el pene en su condición de órgano. es el pene fantaseado, idealizado, símbo- absorban la última ingenua caricia,

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lo de la omnipotencia y su reverso, la vulnerabili- dad.” (pg.26)

En tanto que el niño se identifica con el otro, le otorga pene, su objeto narcisista.

La fantasía se fisura por primera vez con la dife- renciación de los sexos, como explica Freud: “En el curso de estas indagaciones el niño lle- ga a descubrir que el pene no es un patrimonio común de todos los seres semejantes a él. Da ocasión a ello la visión casual de los genitales de una hermanita o compañerita de juegos; pero niños agudos ya tuvieron antes, por sus percep- ciones del orinar de las niñas, en quienes veían otra posición y escuchaban otro ruido, la sos- pecha de que ahí había algo distinto, y luego in- tentaron repetir tales observaciones de manera más esclarecedora. Es notoria su reacción frente a las primeras impresiones de la falta del pene. Desconocen esa falta; creen ver un miembro a pesar de todo; cohonestan la contradicción en- tre observación y prejuicio mediante el subterfu- gio de que aún sería pequeño y ya va a crecer,” y después, poco a poco, llegan a la conclusión, afectivamente sustantiva, de que sin duda es- tuvo presente y luego fue removido. La falta de pene es entendida como resultado de una cas- tración, y ahora se le plantea al niño la tarea de piensas en ellos... y lloras,

José Manuel Cardona habérselas con la referencia de la castración a su propia persona.” (pg.147)

Pero la fantasía del niño nunca termina de quebrar- se, permanece así, con múltiples fisuras, por las cuales se escapa, en los momentos de debilidad del yo, el significante. Aparece un nuevo elemento, la amenaza de castración y esta conduce a la an- gustia de castración. Al igual que el falo, estas dos son fantasías, de cuyo papel se tratará cuando se hable del desarrollo del Edipo. Es, menester, en- tonces, que se atienda la cuestión de cómo arribar al falo, para esto cedo la palabra a Lacan (1966): “La phallus ici s’éclaire de sa fonction. Le phallus dans la doctrine freudienne n’est pas un fantas- me, s’il faut entendre par lá un effet imaginaire. II n’est pas non plus comme tel un objet (partiel, interne, bon, mauvais etc...) pour autant que ce terme tend á apprécier la réalité intéressée dans une relation. II est encore bien moins l’organe, pe- nis ou clitoris, qu’il symbolise. Et ce n’est pas sans raison que Freud en a pris la référence au simula- cre qu’il était pour les Anciens.”10 (pg.690)

10 Traducción: Aquí se aclara la función del falo. El falo en la doc- trina freudiana no es un fantasma, si hace falta entender por ello un efecto imaginario, no es tampoco un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc...), por lo tanto que este término tienda a apreciar la realidad interesada en una relación. Tampoco es el organo, pene o clitoris, que simboliza. Y no fue sin razón que Freud haya tomado la referencia al simulacio que era este para los antiguos.

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La historia del falo es la de un objeto ausente, por esta ausencia en el otro el varón teme perderlo y la niña lucha por recuperarlo. Si bien esta es una sobre simplificación de la noción fálica -una fase, recuerdo, que le sigue a la fase anal y antecede la latencia-, queda claro que falo es alcanzable so- lamente por lo simbólico, por el lenguaje. El falo es el significante lacaniano, que ocupará toda la tercera sección de este ensayo y al cual le reservo la penúltima sección de este marco teórico, pa- sando ahora a discutir los personajes del Edipo y la sola dirigente del destino del falo, que es la