Participant I poignantly expressed how pessimistically she sees her future She had a very bleak future vision of her future, which she expected to be filled with fatigue,
DISCUSSION OF FINDINGS
5.7. Recommendations for further research
5.7.5. Finally, social action research should also be done within the elderly
idealización de la madre
Morazán está muerto, cántenlo, declámenlo, perenne declaración, Morazán ha muerto, está muerto y repítanlo, una y cien y mil veces, para que no regrese, miedo a que regrese, porque Morazán no ha muerto, está allí, sombra inmensa del padre que acecha con castrarnos.
Puede que el lector esté un poco confundido en este momento, después de todo, le pedí que si- guiera el movimiento del falo y resulta que el falo nunca se movió, nunca cambió de lugar. Es has- ta en la sección anterior que indiqué el momento exacto en que lo hace, a mediados de la década de 1870, con la entrada del capitalismo y fue de- positado en Francisco Morazán, padre simbólico del capitalismo y en la república democrática, la madre idealizada. De eso trata esta sección. El poema de Neruda:
Alta es la noche y Morazán vigila. ¿Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.
La sublimación del padre ocurre con la entrada del capitalismo, como observa Oscar Rápalo (2007):
Han todos los pájaros...
“Es hasta la Reforma Liberal que se logra el avan- ce del proceso de consolidación del proyecto de nación. Esta se fijó como objetivos entre otros: la secularización definitiva de la sociedad que se emprendió desde las esferas del poder del Estado -para excluir la competencia que aun conservaba la iglesia en algunos asuntos políticos y civiles... Este proceso de elaboración histórica, los ideó- logos liberales construyeron una versión sobre la identidad y la cultural nacional.” (pg. 136-137)
Cinta central, América angostura que los golpes azules de dos mares
fueron haciendo, levantando en vilo cordilleras y plumas de esmeralda:
territorio, unidad, delgada diosa nacida en el combate de la espuma.
Morazán triunfó, que se sepa, Morazán mató al padre, mató al feudalismo, lanzó la flecha que ter- minó de desangrar a los explotadores en 1876: “Para comprenderla requiérese también cono- cer y juzgar aquella edad heroica que sucedió a la independencia, en que el espíritu de libertad y de reforma, que muchas veces extraviado, supo obrar milagros de constancia, de abnegación y patriotismo.” (Ramón Rosa, 1996, pg.9).
De esta manera Ramón Rosa, el genio de la Re- forma Liberal, el hombre que con su pluma jus-
José Manuel Cardona tificaría al capitalismo, institucionaliza al padre. Morazán ha traído el fuego y nosotros le hemos matado.
“Voy a escribir la Historia de aquel grande hom- bre, obra dificilísima que declaro ingenuamente, excede, con mucho, a mis fuerzas. Escribir la His- toria de Morazán no es redactar los preparativos, combinaciones y resultados de las batallas de un héroe que supo imponerse a la fortuna; es más que todo esto; es juzgar, en una época de vaci- laciones, de dudas, y aún de escepticismo y con el difícil criterio de la Filosofía de la Historia, a un hombre de ideas, de principios; es apreciar, con la mayor exactitud posible, todo un sistema político, si se quiere exótico, en una tierra virgen, y para un pueblo nuevo, planteado y desarrollado, durante una dilatada época, en medio de la exaltación de los ánimos, del desbordamiento de pasiones, ino- centes o aviesas en su origen y entre el choque de opuestas e irreconciliables ideas, y entre el horri- ble fragor de los combates.” (pg.11)
Sigamos el ejemplo del padre, escribe Rosa, per- manezcamos bajo su sombra:
“He aquí la cuestión de los hombres abyectos, pero no la cuestión de los hombres dignos forma- dos bajo la inspiración de las enseñanzas y de los ejemplos de Francisco Morazán.” (pg.21)
Han todos los pájaros...
Con Ramón Rosa y la Reforma Liberal, Morazán pasa a ser efectivamente el fundador del capitalis- mo hondureño, el Jesucristo del feudalismo: “Mas una verdadera revolución no puede hacer- se sin bandera, y el patriotismo centro americano para moverse revolucionariamente debe levantar, muy alto, la bandera de Francisco Morazán, que simboliza estos dos grandes principios: Unidad de la Patria y efectividad de sus instituciones re- publicanas.” (26)
Morazán, en el Edipo colectivo (que es el Edipo de cada individuo de un pueblo, el Edipo individual), ocupa el lugar del falo, el que condiciona las rela- ciones (el capitalismo) y estas relaciones son diri- gidas por la madre (las instituciones republicanas). Y a pesar de que Morazán nos libró de la tiranía del padre, lo matamos, porque era él como su pa- dre, imperfecto:
“Pero si hay errores en la vida del guerrero y del político, nunca pueden hallarse crímenes en la vida del repúblico. El error no rebaja la dignidad del hombre: el crimen la mancha y la degrada. Morazán, aunque equivocado algunas veces, no en el fondo de su sistema, si en la apreciación de sus aplicaciones, es y será un gran modelo; más no podría serlo si el crimen hubiese viciado
José Manuel Cardona su carácter y tornándolo en adulterador de prin- cipios, en falso apóstol, y en encubierto o desca- rado dictador, que hubiese servido a sus egoís- tas intereses, que hubiese asaltado el poder para convertirlo en medio de opresión y en objeto de especulaciones, y que hubiese, en suma, concul- cado los principios y desnaturalizado los fines de las instituciones republicanas”. (pg.29)
Como se aprecia, Morazán es presentado aquí como el padre del sistema que Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto impulsaban, es el modelo a seguir y como tal se transforma en súper yo de la sociedad capitalista. Remarco en este punto, que todo este proceso es inconsciente y como plan- tee en el marco teórico, el capitalismo solamen- te instucionaliza las ideas prevalentes de la clase productora, es decir, Morazán era héroe antes de ser padre.
Te desmoronan hijos y gusanos, se extienden sobre ti las alimañas y una tenaza te arrebata el sueño y un puñal con tu sangre te salpica mientras se despedaza tu estandarte. En 1926, se reúne el Congreso Nacional para de- batir acerca del nombre de la moneda, Lempira es elegido al final, por las cuestiones raciales que im- peraban en el discurso de la época, de las cuales
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Euraque ha realizado ya una exposición detallada y que han sido mencionadas ya en el marco refe- rencial de este trabajo. El contrincante de Lempi- ra era Francisco Morazán, y transcribe Euraque (1996) en su trabajo, un curioso discurso de un diputado innombrado, que convendría reproducir aquí:
Desde que niños empezamos a hablar, oímos el nombre de Morazán y en las escuelas ese nom- bre se nos hace repetir. En el cielo azulado de la Patria hemos oído ese nombre, y las hazañas glo- riosas de ese genio de la guerra que defendía la federación Centroamericana con su espada. En su testamento dijo: la posteridad me hará justicia. Y nosotros somos la posteridad y hay que hacerle justicia a ese nombre que fue grande”. (pg.145) Los hijos del padre.
Alta es la noche y Morazán vigila
Incluso Argueta (1999), cuyo trabajo había esta- do, hasta el momento, libre de toda pasión y sen- timentalismo, degenera en admiración al héroe: “Muchos calificativos se han usado para describir a Morazán: heróico, generoso, audaz, entre otros. Yo agregaría, si acaso aún no han sido emplea- dos, la claridad y la tenacidad. Claridad de propó-
José Manuel Cardona sitos: la edificación de una sociedad democrática, igualitaria, en la que no fuera el privilegio de clase y la posición el que determinara el avance social, sino que la igualdad de oportunidades permitiera la superación individual.” (pg.110)
Ya viene el tigre enarbolando un hacha. Vienen a devorarte las entrañas.
Vienen a dividir la estrella. vienen,
Pequeña América olorosa, a clavarte en la cruz a desollarte, a tumbar el metal de tu bandera.
El culto a Morazán es el culto mismo al capitalis- mo, su figura heroica es utilizada para perpetuar la explotación. Y los capitalistas representan su muerte, cada 21 de septiembre: se coronan las estatuas de Francisco Morazán, para quien Hon- duras era un estado de la nación centro america- na (Rodolfo Fasquell; 2002, pg.302). La muerte de Morazán, así como la muerte de Cristo, no es celebrada en su día, sino en una fecha simbólica.
Alta es la noche y Morazán vigila.
Francisco Morazán en la literatura hondureña (1995), por Helen Umaña, comprende un exten- so análisis de la figura morazánica tanto en la lí- rica, como en la narrativa, en la dramaturgia y el
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ensayo literario. Umaña rescata un párrafo de la obra Destacamento Rojo (1962) por Ramón Ama- ya Amador, uno de los novelistas más relevantes de la historia de Honduras, la cual muestra hasta dónde ha penetrado el mito morazánico:
“Te equivocas cuando díces que a Morazán, el re- volucionario, lo han olvidado, que nadie le hace justicia. ¡Si hay! Precisamente quienes le hacen justicia entre nosotros, la clase obrera revolucio- naria. Nosotros hemos recogido el legado del gran Paladín y luchamos por la misma causa, sólo que en otras condiciones: por la independencia nacional, la unidad de nuestro pueblo, contra el coloniaje (...) Y cuando nosotros luchamos contra el imperialismo y contra los reaccionarios del país, estamos precisamente haciendo justicia a Mo- razán, siguiendo su ruta libertadora, levantando banderas.” (pg.58)
Punto de reflexión. ¿Acaso este personaje invoca a Morazán el héroe, cuando dice: “el revoluciona- rio” o ha caído en la falsa conciencia del capita- lismo que sostiene la ingente figura de Morazán, el padre? No me atrevo a formular una respuesta, siquiera una suposición. Escribiré, solamente, que denota esta última cita como en la cabeza del no- velista había penetrado el mito morazánico hasta en los obreros comunistas.
José Manuel Cardona Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta, y otros sellaron sobre tus espaldas los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos cargando sangre sobre tus dolores.
Solamente dos trabajos se encontraron que reco- nocieran el proceso de sublimación del padre e idealización de la madre, por supuesto que no en esos términos sino en que Morazán es utilizado como figura por el capitalismo para mantenerse. Primero, el trabajo revisionista de Pastor Fasquelle (2002) ¿Quién engendró la patria?, del cuál ya he tratado. Y segundo, De la patria del criollo a la pa- tria compartida(2005), por Marcos Carías. De este último trabajo tomaré los argumentos finales para cerrar este apartado.
Edipo transforma al individuo en sujeto. Escribí esto en la introducción a este trabajo y lo he sa- cado hasta ahora. De haberlo hecho antes, estas palabras no hubiesen tenido sentido. El individuo que ha pasado por Edipo, estará sujeto por toda su vida al trauma que causó la represión de los deseos sexuales y a la angustia inmensa de la castración. Su vida estará dirigida a conseguir el objeto ausente, el falo, a lograr aquello que con su cuerpo de infante no pudo. La sociedad capi- talista hondureña, al haber pasado por su Edipo
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por la figura de Morazán, el parricida, en la trama edípica morazánica, estará siempre en duelo. En otras palabras: la sociedad hondureña, en su ni- ñez intentó establecer el capitalismo, fracasó ante el feudalismo, reprimió estos deseos y ahora que está en su madurez, puede al fin cumplir su deseo de ser padre explotador. La sublimación de Fran- cisco Morazán es el establecimiento del súper-yo, del padre asesinado por la horda primordial. Marcos Carías explica:
"El título del héroe, por antonomasia, recae en Francisco Morazán. La muy citada frase de Ál- varo Contreras: "Suprimid el genio de Morazán y habreís aniquilado el alma de la historia de Cen- troamérica" se inscribe en la tendencia impulsada en el siglo XIX por el inglés Thomas Carlyle según la cual los héroes, las individualidades sobresa- lientes, son los privilegiados que hacen avanzar la Historia. (pg.172)
"Políticos, más que historiadores, han venido manteniendo hasta nuestros días el Culto a la Per- sonalidad, justificador de dictaduras de derecha y izquierda, que no son más que maneras irraciona- les y ventajistas para manipular a las masas. Con el Morazán Héroe Epónimo, sin cuya presencia la historia de Centroamérica carecería de sentido, se pretende simbolizar un ideal de política perfección,
José Manuel Cardona un dechado absoluto de virtudes y con ello se ha logrado sentarlo en un sitial impoluto pero expul- sarlo del campo real de la Historia adonde tales súper-hombres son inexistentes. O sea, que con fines patrióticos se ha construido un mito, porque abundan, desde los tiempos de Platón, quienes creen que los mitos son excelentes recursos para formar buenos ciudadanos." (pg.173)
"Entre el mito y esa política patriotera la figura del General Morazán corre el peligro de volverse cada vez más fantasmagórica e incomprensible." (pg.173)
¿Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes. Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila).
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