3. REASEARCH METHODOLOGY
3.4. Data collection and analysis techniques
3.4.3 Data analysis strategies
El principio termodinámico de entropía evidentemente implica escasez energética. Puesto que la economía es la ciencia de la escasez, la entropía resulta trascendental desde la óptica económica. Por tanto, la relación economía/ciencia física y termodinámica es mucho más directa de lo que podría parecer. Sin embargo, este tipo de debate es habitualmente soslayado desde la pureza disciplinar de la ciencia económica, debate que no es posible evitar desde una óptica racionalista en el uso de los recursos.
Pensemos que toda nuestra civilización occidental basada en el capitalismo de mercado se sustenta sobre la idea de crecimiento. Todos los agentes políticos y económicos reconocen en la actualidad el crecimiento como primer y único objetivo identificable y sinónimo de progreso. Por otro lado, la ausencia de criterios globalmente aceptados acerca de la cuantificación del progreso implican una simplificación que identifica progreso con crecimiento, éste con crecimiento económico, y éste con aumento anual porcentual de PIB. Todas las teorías económicas dominantes, y en especial las de corte clásico y neoclásico identifican así el objetivo del crecimiento económico basado en aumento anual del PIB como objetivo prioritario de las naciones. La disciplina arquitectónica es cómplice absoluto de esta situación, teniendo en cuenta el fenomenal aporte en términos de movilización de recursos y crecimiento cuantitativo que el patrimonio construido supone19. Cualquier avance en este
sentido no tiene más remedio que considerar la compleja triple relación construcción-crecimiento económico-entropía energética.
Fue un economista, Nicolau Georgescu-Roegen20, quien
puso en cuestión el paradigma de crecimiento económico indefinido apoyándose en la idea de entropía. La cuestión de base, para Georgescu-Roegen, es la falacia presente en los análisis de teoría económica desde Adam Smith, consistentes en considerar la economía como un sistema cerrado (también desde el punto de vista termodinámico), donde la mano invisible descrita por Adam Smith cumple exactamente la misma función que la primera ley termodinámica, para asignar recursos allí donde fueran necesarios para reequilibrar un sistema económico en permanente crecimiento. El crecimiento se produciría, por utilizar la terminología marxista, mediante la acumulación de capital, que se forma al componer conjuntamente el aporte y transformación de materias primas y la productividad de la mano de obra. Si bien materias primas y mano de obra serían recursos limitados en un sistema planetario cerrado, los economistas neoclásicos identificarán en el indefinidamente creciente progreso tecno-científico el factor de corrección necesario para alimentar la formación de capital perpetua, y así la máxima del crecimiento se sostiene, y con ella la simple identificación con el crecimiento económico y monetarista en base PIB.
19 Algunos autores cifran en un 30% del total la cantidad de energía utilizada en actividades directamente asociadas con la construcción. Ver Materials and the Environment: Eco-Informed Material Choice, M. F. Ashby, 2009
Para Georgescu-Roegen este planteamiento no tiene sentido pues obvia la entropía, que se manifiesta en el consumo desmedido de recursos y materias primas, y en la acumulación de desechos y deterioro medioambiental. El sistema económico no es un sistema cerrado que contiene en su interior al sistema medioambiental como parte o porción del capital total, sino que es éste último sistema medioambiental el que contiene al sistema económico. El buen funcionamiento del sistema económico depende de su compatibilidad con el sistema medioambiental que lo alimenta. Este sistema medioambiental es finito, y por tanto el crecimiento perpetuo del sistema económico no es posible, sino que debe llegar, como los sistemas termodinámicos, a un sistema de equilibrio abierto basado en un consumo limitado de los recursos disponibles.
Según G-R, el ritmo de crecimiento económico alcanzado en el capitalismo de mercado el s. XX sólo fue posible debido al enorme consumo de materias primas y energía fósil. Puesto que la ley de entropía supone irreversibilidad en el uso del capital medioambiental, por tanto, un sistema basado en el crecimiento económico perpetuo implica la formación de capital a costa de la dilapidación de materias primas y energía fósil, lo que obviamente hace a este proceso insostenible a medio o largo plazo. Es el concepto de brecha metabólica descrita por Marx21.
Lo más trascendente es que, con la introducción de la consideración termodinámica, se introduce por primera vez un elemento ‘ajeno’ al purismo ideológico de la disciplina económica. De esta forma desvela el uso, por parte de la teoría económica clásica y neoclásica, de un argumento falaz basado en su propio metalenguaje, donde la apariencia de racionalidad oculta la racionalidad. Así, el argumento físico una vez más desmonta la posibilidad del mecanicismo económico del crecimiento perpetuo, como desmonta la posibilidad de un ‘proyecto’ de orden y control. Sólo un uso frugal de los recursos naturales renovables sería compatible con la ley de entropía, lo que lleva a G-R a postular la economía del decrecimiento, con desarrollos posteriores como los de Schumacher, Daly o Latouche. Estamos ante la idea de una arquitectura y una ciudad que implosionan sobre sí mismas. Si el paradigma mecanicista de la primera ley postula la posibilidad del uso a perpetuidad de los recursos, entonces el crecimiento de la ciudad a expensas de la relación dialéctica de sometimiento hacia un entorno que la abastece, está en la base del surplus que alimenta el correcto funcionamiento de la mano invisible del capitalismo. Sin este aliciente, una vez cuestionado el crecimiento cuantitativo, la ciudad sólo puede alimentarse de sí misma, mediante la reutilización, la puesta en valor, la mejora cualitativa, y en último término, como ocurre actualmente en Detroit, la aceptación del decrecimiento, la decadencia y muerte. Las consecuencias ideológicas de la aceptación del principio de entropía así lo determinan.
6. El orden surge desde el desorden: las estructuras