Appendix 2.B Commands in EViews
3.4 Model Estimation
3.4.2 Data and Prior Densities
A mediados de los sesenta, Nicholas John Habraken, era apenas un joven arquitecto con poca experiencia práctica. Había publicado un libro de arquitectura que no incluía ni una sola gráfica. De dragers en de mensen (1961) era un libro para imaginar en un momento en el que los jóvenes arquitectos se animaban a soñar. En su caso particular, proponía una metodología para abordar la construcción de viviendas como un hecho multiactoral, donde los residentes tenían un rol fundamental.
Es interesante tener en cuenta que, en las traducciones de sus textos hay una reticencia explícita al término “usuario”. Dado que la palabra determina, de por sí, un alejamiento del proceso constructivo, el “usuario” se limita a “usar” la obra. Es decir que, considerando la arquitectura como un proceso, el usuario se incorpora cuando ya está todo construido.
Por el contrario, para Habraken los residentes siempre formaron parte del proceso de conformación de sus viviendas, incluso cuando los arquitectos y los mecanismos burocráticos hacen todo lo posible por impedirlo. Las primeras apariciones de los textos de Turner dentro de la prensa especializada, le daban indicios de que avanzaba por el camino correcto. No tenía experiencia en construcción, pero pronto se convirtió en director del grupo S.A.R. (Stichting Architecten Research, traducida como Fundación para la Investigación en Arquitectura). El texto de su primer libro se fue enriqueciendo en base a los esfuerzos
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del S.A.R. por conformar un corpus teórico para abordar proyectos de arquitectura participativa durante la década del setenta.
Para entender por qué un joven de treinta y siete años, sin experiencia en construcción se convierte en líder de una fundación que nucleaba estudios de arquitectura, figuras del ámbito académico,
empresas constructoras y de la producción de componentes, hay que lograr situarse en el convulsionado contexto de la década del sesenta. Muchas de las experiencias contraculturales de principios del siglo veintiuno tienen su origen en la década del sesenta, más que restar méritos a estas expresiones actuales, corresponde destacar el carácter pionero de aquella década cargada de cambios y rupturas.
La arquitectura tomaba un color similar a otros campos de la cultura, donde la juventud asumía el protagonismo como nuevo sujeto de la historia. La Guerra Fría sirvió como marco para lograr encuadrar una multiplicidad de conflictos paralelos, que por momentos permanecieron latentes, para estallar posteriormente de manera repentina expandiendo sus repercusiones por todo el mundo.
La Guerra Fría se destaca por ser un conflicto que estructuraba el mundo desde un punto de vista ideológico. Con esto no deben pasarse por alto algunas facetas importantes del conflicto, como por ejemplo: la industria bélica como motor económico, el dominio de los mercados mundiales y la
innovación tecnológica. Sin embargo, el componente ideológico parece teñir toda la época, exigiendo un posicionamiento dentro del contexto internacional. Las ideas de los sesenta no eran pensamientos fragmentarios, implicaban una cosmovisión del mundo. De allí que esa década fuera un campo fértil para el pensamiento utópico, para la planificación a grandes plazos y para transformaciones radicales.
Algunos sucesos de finales de la década del cincuenta daban la sensación de que las colosales y antiguas estructuras que regían la vida humana podían tambalear, e incluso caer y ser reemplazadas por
proyectos inacabados, en estado de gestación y transformación permanente.
La Revolución Comunista China de 1949 y la independencia de las colonias en África comenzada a mitad de los cincuenta ayudan a entender un mundo abierto a grandes cambios. Finalmente, la
Revolución Cubana, en la que un grupo de 82 jóvenes se embarcan en un yate para derribar un gobierno protegido por Estados Unidos, permite avizorar que la aparente estabilidad de posguerra recibirá el impulso transformador de una juventud soñadora, ansiosa de protagonismo.
En el ámbito de la arquitectura, esta aparente estabilidad puede notarse en el consenso, y posterior expansión, que recibe la arquitectura moderna durante la década del cincuenta. Los rascacielos de las corporaciones como el Seagram de Mies, el Lever House de S.O.M. y el Panam Building del grupo dirigido por Gropius son una muestra de la adecuación de la expresión moderna a los requerimientos del
mercado. Una arquitectura moderna despojada de sus ideales de transformación social, donde las principales búsquedas se concentraban en la fruición espacial que producían las nuevas posibilidades industriales. Surgen así, por ejemplo, las Case Study Houses en la costa oeste de Estados Unidos, creando ambientes de lujo con materiales industrializados.
El rigor y la apariencia calma de esta versión depurada de la arquitectura moderna entraron en conflicto con los primeros cuestionamientos del Team X, un conjunto de arquitectos jóvenes que
criticaban los resultados y el funcionamiento de los últimos C.I.A.M.. Los miembros de este grupo habían participado en los C.I.A.M. con un papel secundario. Se trataba principalmente de jóvenes relegados a la sombra de los pioneros, de “los maestros” de la arquitectura moderna.
Dentro de las críticas al funcionamiento de los C.I.A.M., el Team X se enfrentaba a las visiones dogmáticas y a la rigidez en cuanto a la exposición y evaluación de los proyectos. Si bien el Team X
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criticaba la vocación universalista de la arquitectura implícita en la Carta de Atenas, retomaba muchos de sus elementos, como por ejemplo los bloques de vivienda.
En ese sentido, es un grupo que propone un cambio en el enfoque, como si se tratara de un cambio generacional. Es por eso que el Team X puede considerarse el antecedente de una serie de grupos de arquitectos jóvenes que convulsionaban el panorama arquitectónico en base a propuestas radicales. Pueden nombrarse grupos como el GEAM (Groupe d'étude d'architecture mobile), los metabolistas japoneses, Archigram, Superstudio, etcétera. Todos ellos se destacan por cuestionar la arquitectura forjada desde los estudios consagrados de arquitectura. Son la expresión de la juventud en un momento en que el panorama cultural del mundo contemplaba perplejo el surgimiento de una juventud con fuertes posturas ideológicas.
Dentro de este contexto general deben destacarse Mayo del 68, el movimiento de Tlatelolco, la primavera de Praga e incluso el Cordobazo, en 1969. Todas experiencias que sintetizan una década de rebeldía.
En el caso específico del Team X, Habraken es continuador tanto de la necesidad de brindar
respuestas colectivas para el problema de la vivienda, como también, de su particular sensibilidad por los tejidos históricos. Es necesario destacar esta combinación tan sencilla dado que en algunas propuestas actuales de arquitectura participativa, esta combinación de masividad y respeto por el tejido se desdibuja.
Probablemente, la magnitud del problema desde el punto de vista del derecho a la vivienda, impide abordarlo correctamente a nivel urbano. La participación en vivienda se contempla como una “lucha por la casa propia”, enfatizando la propiedad individual por sobre la construcción, la redistribución espacial y el re-uso de la ciudad. Esta concepción del problema desentendido de la lógica colectiva de la ciudad conduce a la multiplicación de viviendas individuales en lotes mínimos que tardan décadas en consolidar un tejido con características de barrio.
La arquitectura del grupo GEAM tiene mayor influencia en las propuestas específicas de Habraken por su tendencia a considerar la arquitectura desde el cambio y sus transformaciones. El GEAM, donde destacaba la figura de Yona Friedman, considera la arquitectura como un proceso, pero no se va a concentrar sobre los aspectos antropológicos que condicionan el cambio constante sino en la condición inacabada, incompleta y móvil de las estructuras físicas que van pautando el espacio.
El GEAM precede a grupos de arquitectos como Archigram, los metabolistas y Superstudio, de Adolfo Natalini. Todos ellos profesaban una relación dual con respecto a la tecnología: por un lado evidenciaban una fe mesiánica en las posibilidades industriales, aunque también evocaban una sensación bucólica, e incluso irónica, de un ser humano sumergido en un entorno tecnificado. En los proyectos de Archigram, la tecnología sirve al ser humano en cuanto le permite modificar las condiciones espaciales necesarias a lo largo del desarrollo de su vida. Hay una exaltación de las posibilidades de transformación que permite el ensamblaje de elementos industrializados. Esta didáctica constructiva va a tener continuidad en las propuestas de Habraken y en algunos estudios que trabajan en arquitectura participativa a principios del siglo veinte (ver Recetas Urbanas de Santiago Cirugeda en Barcelona, Basurama y PKMN en Madrid, Matéricos Periféricos en Rosario, Argentina). La arquitectura funciona como una interfaz que puede adaptarse según los cambiantes requerimientos de sus habitantes. La tecnología es, por ende un instrumento liberador, pese a que en muchas ocasiones aparezca ocupando un rol neutro, como las escenografías infinitas y constantes de los fotomontajes de Superstudio.
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Habraken destaca esa noción de la tecnología liberadora, sin estridencias, pero abandona el dejo bucólico de las propuestas del grupo de Natalini. Todos estos grupos influyeron en el surgimiento de las megaestructuras, como un tema recurrente a mitad de camino entre la arquitectura y el urbanismo. Principalmente los Metabolistas que planteaban el crecimiento de la ciudad en función de grandes estructuras, como tallos vegetales, donde se insertaban unidades más pequeñas siguiendo una disposición aleatoria.
Las megaestructuras buscaban resolver temas diversos desde centros urbanos, como en el caso de Cumbernault hasta conjuntos de vivienda. Destacando no sólo por su escala sino por este criterio orgánico de crecimiento que divide entre elementos rígidos de difícil transformación y una serie de elementos de mayor dinamismo. Estas características son tan cercanas a Habraken, que Christopher Alexander, cuando analice distintas posibilidades de soluciones colectivas de vivienda incluye a Habraken como un ejemplo de las megaestructuras. Sin embargo, puede verse una clara diferenciación de
Habraken con respecto al uso retórico de la tecnología que percibía en sus contemporáneos seguidores de los Archigram y los Metabolistas.
Para Habraken, las utopías tecnológicas no sólo ignoraban las verdaderas condiciones de la industria sino que, además confundían los verdaderos alcances de sus posibilidades. Es decir que, fascinados por las posibilidades técnicas, se olvidaban de preguntar cuáles eran las necesidades de la sociedad y la arquitectura. Con respecto a esto, hay toda una serie de arquitectos que buscan implementar la
participación a partir de las posibilidades que brinda la informática y las telecomunicaciones. Tanto ayer como hoy, es necesario preguntarse hasta qué punto las posibilidades que ofrece la tecnología se vinculan a auténticos requerimientos de las personas, y en qué momento comienzan a transformarse en imposiciones tecnológicas. Con lo cual no se busca cuestionar la viabilidad de las propuestas
tecnológicas, pero sí advertir que muchas imposiciones tecnológicas prosperan en función de condiciones de mercado favorables, y su viabilidad no significa que constituyan una alternativa de calidad dentro de la arquitectura de vivienda.
Dentro de esta corriente puede destacarse el proyecto WikiHouse de Alastair Parvin, que plantea crear una plataforma abierta en internet que democratice el acceso a la vivienda en base a la descarga de moldes que mediante tecnologías de corte y moldeo informatizado de los materiales, permite construir viviendas en cualquier lugar del mundo, con mano de obra poco especializada. Es una
arquitectura que focaliza el problema de la vivienda en el hecho físico del ensamblaje de los materiales, aunque es un enfoque que está más motivado por las posibilidades técnicas de la informática que por los desafíos que atraviesa la población al tratar de conseguir alojamiento digno. Además, es una solución parcial, que no tiene en cuenta los aspectos más conflictivos de la construcción, como la provisión de infraestructuras, las aislaciones, la implantación geográfica, el vínculo con las estructuras físicas existentes, etcétera.
Retomando el contexto de los sesenta, todos estos grupos de jóvenes con posturas utópicas y radicales van a tener una influencia directa, tanto en las ideas puntuales de Habraken como en la gestación del S.A.R. A diferencia de otros grupos, el S.A.R. evitaba toda postura retórica. Mientras los otros grupos salían a la luz mediante un manifiesto o una publicación que planteara sus sueños y aspiraciones, el S.A.R. adopta una actitud pragmática. Este grupo nace inserto en el proceso de
producción de viviendas, tratando de resolver una situación conflictiva existente (la monotonía opresiva de los grandes conjuntos de vivienda), adecuándose a las condiciones del contexto (la creciente
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procesos involucrados en la construcción de viviendas. Sin embargo, para terminar de entender el contexto cultural donde se forjan las ideas de Habraken y el S.A.R. es necesario ahondar en su situación geográfica, es decir en las particulares condiciones que experimentaba la arquitectura en la región neerlandesa.