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Appendix 2.B Commands in EViews

3.3 The Basic Framework

3.3.1 Household

había ganado fama por ser muy buen docente y con una óptica progresista. Como siempre pasa, en la última clase previa a la entrega todos nos acumulábamos para obtener al menos una última corrección por parte del docente. Ahí estábamos con mi compañero de grupo, mal dormidos, con mucho calor, formando una fila eterna detrás de varios grupos que esperaban para que el docente los vea. Adelante nuestro, esperaba también un grupo de chicas cuya maqueta cautivaba la mirada del resto. Era un proyecto realmente muy disonante con respecto al resto de los trabajos. Todos trabajábamos con el mismo programa: una escuela, en un mismo terreno en desnivel que ocupaba tres cuadras del barrio Bella Vista. Sin embargo nadie había tomado un partido similar al que habían hecho estas chicas. Eran recursantes, unas chicas más grandes, que habían ubicado tres edificios totalmente distintos en cada una de las manzanas. En la primera había un edificio similar a una villa palladiana, en la segunda manzana ubicaron un claustro que materializaba los bordes de la manzana, y en la última cuadra pusieron dos bloques que atravesaban todo el terreno en diagonal. Todos mirábamos el proyecto y nadie se animaba a preguntar nada. A mí me intrigaba cómo haría el profesor para corregirles, cómo poder hacer una crítica sin herir sus sentimientos. Habitualmente en esas instancias no hay tiempo que perder, las observaciones se expresan de manera muy frontal, sin ambigüedades. En este caso se trataba de un profesor que se caracterizaba por ser comprensivo y por tener muy buen trato con los alumnos, no las dejaría libres sin buenos argumentos, ni se atrevería a reprenderlas en público.

Evidentemente éramos muchos quienes nos preguntábamos lo mismo, porque cuando llegó el turno de corregirlas, todos nos amuchamos alrededor de la maqueta. El profesor permaneció mirando el

proyecto más de un minuto sin hacer una mueca, casi sin parpadear. Callado, con la mano en el mentón. Yo, que siempre fui un poco inmaduro, estuve a punto de largarme a reír. Pero el docente permanecía serio, concentrado, buscando las palabras precisas. Cuando éstas llegaron describieron la situación con admirable pericia pedagógica. Puso la mano flotando sobre la maqueta, recorriendo las tres manzanas donde se desarrollaba el proyecto y dijo: “Acá hay tres arquitectos. Y, entre ellos, se odian”.

Introducción capítulo 3

La participación, como incorporación de los usuarios en los procesos de gestión, diseño y construcción de la obra de arquitectura, no es en realidad el tema central de la propuesta de John

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Habraken. En efecto, su propuesta apuntaba a cambiar la concepción sobre la vivienda colectiva de mitad de siglo, herencia de los primeros C.I.A.M. (Congreso Internacional de la Arquitectura Moderna). La propuesta de los primero “maestros” modernos puede sintetizarse en un planteo básico: grandes bloques de vivienda asentados sobre el verde. Frente a esta manera de entender la vivienda, Habraken buscaba contraponer la lógica de los tejidos tradicionales, destacando toda una serie de aspectos que la arquitectura moderna había dejado de lado. La participación del usuario como posibilidad de que los residentes construyan parte de su ambiente era uno de los aspectos presentes en la arquitectura vernácula que enriquecían el ambiente construido. Pero sólo un aspecto más. Un aspecto entre otros, como: la posibilidad de cambio en la arquitectura; la variedad formal; la transición de dominio público y privado; la transición de escalas; etcétera.

Es necesario decir que a finales de los sesenta, cuando la participación comenzó a instalarse como un tema principal del panorama cultural europeo, cobró también más importancia en los textos de Habraken. Con lo cual, podemos afirmar que la participación está implícita desde los primeros escritos del autor, sólo que cobra mayor importancia a principios de la década del setenta. En ello parece tener una importancia primordial el impacto del Mayo Francés, pero también el auge de los textos de John Turner, uno de los pocos autores arquitectos que Habraken nombra en entrevistas y discursos. Sería injusto pensar que se montó a la moda de la participación aprovechando el impulso que cobró este tema a partir de Hábitat I. Sin embargo, no es menos cierto que a mitad de los setenta, cuando los textos de Turner alcanzaron gran relevancia, la participación cobró más peso dentro de su propuesta.

Habraken no necesita hacer una justificación política de la participación. Por el contrario, para él la participación es un condicionante estrictamente disciplinar. Era parte de la profesión, por el simple hecho de incorporar múltiples actores en el proceso continuo de la construcción del ambiente. Una verdad fáctica como la ley de la gravedad. Algo inevitable: la gente transforma los conjuntos en los que habita. Ya sea a favor o en contra de lo que el diseñador haya planificado.

Una diferencia con respecto a Turner, es que Habraken no va a perder energías en la argumentación para concentrarse en pulir una propuesta mucho más acabada en cuanto a lo metodológico y lo espacial. En ese sentido, Habraken rescata la participación pero no la vincula con las ideas del anarquismo que Turner había heredado de Geddes. Del mismo modo, va a destacar el tejido “low-rise high-density” sin relacionarlo con la base económica de la ciudad, como hizo Jane Jacobs. Hay en Habraken, una excesiva circunscripción a los límites formales de la disciplina arquitectónica. Dentro de estas fuentes, Turner no va a ser el único que va a influir sobre su visión de la participación. Habría que sumar a Cristopher Alexander, Bernard Rudolfsky y Amos Rapoport, entre otros autores que hablaban sobre la capacidad creadora de la gente común y la sabiduría milenaria escondida detrás de los ambientes construidos de manera tradicional, sin arquitectos. Sin embargo, mientras algunos arquitectos, como Turner, van a ir disminuyendo el protagonismo del arquitecto dentro del proceso de toma de decisiones de la

arquitectura, Habraken va a reservarle un rol fundamental e incuestionable.

Otra diferencia con respecto a Turner tiene que ver con la evolución de sus ideas a lo largo de los años. Mientras Turner, fue enriqueciendo y variando sus ideas sobre la participación, Habraken se destacaba por la constancia. Sus ideas, que paradójicamente buscaban introducir la posibilidad de transformación en la vivienda, van a constituir un discurso estable, que no cambia drásticamente a lo largo de su carrera. Esto puede deberse a que Habraken siempre se mantuvo en un plano conceptual, a veces esquemático, incluso cuando formaba parte de un grupo de investigadores que buscaban

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ámbito teórico, no dependía de los vaivenes propios que implica llevar las ideas a la materialidad. En lugar de ir reajustando sus planteos en función de los resultados prácticos, Habraken fue profundizando su teoría y aplicándola a diferentes escalas.

La evolución de sus ideas puede leerse como una constante experimentación sobre la fecundidad arquitectónica de unos pocos conceptos. Ideas que nacieron a principios del sesenta como respuesta práctica a la vertiginosa construcción masiva de vivienda estatal y cobraron profundidad en la década del setenta, en la comodidad de los campus universitarios. Allí profundizó aquello que había pensado para la arquitectura de vivienda canalizándolo hacia el ámbito de la ciudad y la experimentación morfológica. Ya a partir de los ochenta abordó el tema de la complejidad de la información a través de la informática.

Desde este trabajo de constante profundización y refinamiento sobre su teoría es que sus escritos, mirados en perspectiva, constituyen un todo coherente. Los conceptos aparecen relacionados y se van retroalimentando mutuamente. Es por eso que en este capítulo, además de repasar el concepto de participación que proponía Habraken -bastante acotado y estricto-, se propone ver cómo la totalidad de sus ideas ayudaron a transformar el concepto más general y amplio de la participación en arquitectura. Es necesario aclarar que durante el periodo comprendido entre 1965 y 1975 es difícil distinguir las ideas propias de Habraken de las ideas del S.A.R. (Stichting Architecten Research), la fundación para la investigación en arquitectura que dirigió durante diez años. En este capítulo no se profundiza sobre las diferencias entre los distintos profesionales que integraban el S.A.R., por el momento se propone tomar los textos de Habraken como muestra representativa que refleja el pensamiento del S.A.R. como

conjunto.

Partiendo del contexto europeo de mitad de siglo, se analizarán: sus principales ideas; algunos ejemplos materializados siguiendo sus propuestas; las críticas que recibieron; sus principales aportes y, por último, una serie de conclusiones con respecto a la participación y los cambios que produce a nivel de la práctica profesional, como así también la concepción política que implica y las transformaciones que posibilita dentro de la tipología de vivienda.

Continuidades e influencia del contexto en la propuesta teórica de John Habraken

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