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CHAPTER 6 Challenges of Optimizing Phase-change Contrast Agents for Extravasation

6.2 Data

Así como las máquinas facilitadoras de los trabajos domésticos

funcionaban como los puntos terminales y visibles de las instalaciones

de suministro de nuevas formas de energía al interior moderno, algo semejante comenzó a ocurrir con dos recintos de la casa en Chile, a partir de al menos la década de los años veinte: el baño y la cocina. En tanto recintos que dependían para su funcionamiento del suministro

y evacuación de las aguas; la ritualidad, la significación sociocultural

y el espacio físico de baños y cocinas; comenzaron a sufrir profundas transformaciones durante el período que siguió a las celebraciones del

Centenario. Estas transformaciones, - propiciadas en gran medida por la construcción de nuevas infraestructuras urbanas e instalaciones, e impregnadas del discurso higienista- , fueron percibidas por algunos fabricantes y comerciantes como una oportunidad de negocio, por lo que rápidamente se desató una carrera publicitaria para tratar de construir la

nueva significación socialcultural del baño, la cocina y sus componentes. Me refiero no sólo al baño y la cocina como recintos, sino sobre todo a los

artefactos que contenían: cocinas, bidet, lavamanos, excusados, tinas de empotrar-e indirectamente- califonts y calderas. Estos artefactos encarnaban materialmente argumentos más abstractos acerca de la

higiene, la eficiencia, la innovación tecnológica, el progreso y el confort. Al igual que las máquinas facilitadoras de los trabajos domésticos, la introducción de estos artefactos modificaba profundamente algunas prácticas

cotidianas e introducían otras nuevas. Eran –como las máquinas- los signos de una nueva cultura material, pero a diferencia de ellas, estos artefactos

redefinían de un modo bastante más directo la configuración espacial de los

recintos que los contenían así como la posición de éstos en la planta de la casa.

Durante la década de los años treinta en Chile, los rituales vinculados al aseo

diario fueron presentados por la publicidad como la práctica moderna por excelencia, asociados no sólo a la salud sino también a la belleza, mientras el recinto del baño fue vinculado frecuentemente a la idea de confort y progreso.

Algunos fabricantes y comerciantes anunciaron sus productos a través de

avisos publicitarios en los que simplemente se mostraban dibujos o fotografías

de los aparatos sanitarios sobre un fondo negro, (IMG_26), mientras los

textos se centraban en destacar algunas características físicas como las

llaves cromadas de los lavamanos de pedestal y los bidet, o especificaciones

técnicas como los accesorios internos de bronce de algunos retretes: la

“taza de doble acción sinfónica” o el “bidet con combinación y desagüe automático” de la firma Kohler50 son ejemplos claros de ello. (IMG_27).

50 Ver aviso de Kohler publicado en “Arquitectura y Construcción” No. 3. 1946.

IMG_26

Aviso publicitario de artefactos sanitarios que

muestra dibujos o fotografías de los aparatos sanitarios sobre un fondo negro para destacar algunas características físicas, como las llaves cromadas de los lavamanos de pedestal y los bidet.

Fuente: revista “Arquitectura y Construcción” Nº3, 1946.

IMG_27

Aviso publicitario de artefactos sanitarios para el baño de la marca KHOLER, que

muestra algunas características técnicas como la “taza de doble acción sinfónica” o el “bidet con combinación y desagüe automático” .

Fuente: revista “Arquitectura y Construcción” Nº3, 1946.

Estos avisos que podían tratar sobre calderas, califonts, válvulas de mezclador, nuevos sistemas de cañerías, tinas de empotrar, etc., intentaron construir un imaginario de la innovación tecnológica que estaba implicada en la fabricación del artefacto. En muchos de estos avisos se utilizó la estrategia de hacer visible aquello que en la construcción del baño quedaba oculto. Para esto, se mostraban detalles y dibujos de equipos y mecanismos, que se acompañaban con frases que enfatizaban en el componente de innovación tecnológica del elemento. Este fue el caso, por ejemplo, del “Estanque súper-silencioso Kelly”, promocionado a finales de los años treinta como “El invento revolucionario en el ramo de los artefactos sanitarios”51. (IMG_28). Una variación de esta línea argumental, consistió en presentar una escena en cuyo foco principal se encontraba un nuevo equipo –una caldera o un califont- como estrategia de monumentalización. Este fue el caso de un

51 Aviso publicado en “Urbanismo y Arquitectura” No. 06. 1939. Segunda versión.

IMG_28

Aviso publicitario del Estanque súper silencioso “ Kelly” : El invento revolucionario

en el ramo de los artefactos sanitarios.

Fuente: revista “Urbanismo y Arquitectura” Nº6, 1939. Segunda versión.

aviso de la “Cía. de Gas de Valparaíso”, (IMG_29) que circuló a mediados

de la década de treinta en las publicaciones periódicas, en el que una caldera ocupaba el foco principal de una escena, mientras tres personas la contemplaban con gestos corporales de asombro y aprobación. El tratamiento dramático de la luz en la escena, colocaba al artefacto en el mismo nivel de una pieza de arte religioso dispuesta en el nicho de un templo, era como si se

quisiera significar que había nacido un nuevo tipo de culto: el culto al confort.

En efecto, en muchos avisos es posible descubrir una intención argumental que buscaba ir más allá de simplemente destacar las características técnicas de los artefactos. Se trataba de construir relaciones entre la práctica social asociada al uso de estos nuevos artefactos del baño y una muy particular noción de confort que ya no derivaba directamente de las innovaciones tecnológicas, sino de una nueva atmósfera que se construía en el espacio del baño en torno al uso de los nuevos artefactos. Estos anuncios difundieron una idea de lo confortable que ya no se articulaba en la esfera de lo público -como había ocurrido en el período

inmediatamente anterior -1872-1910- sino en torno a una nueva significación

social de la privacidad y la intimidad, nociones para las cuales, el rito del

aseo personal que se escenificaba en el baño, venía a ser en cierto sentido su epítome. Así, el rito del aseo personal no solamente estaba vinculado

a discursos más o menos abstractos -como la higiene y la innovación tecnológica-, sino también a un nuevo tipo de experiencia que se asociaba al hogar moderno: la experiencia de la privacidad y de la intimidad. Un ejemplo de aviso que a mediados de los años treinta exploraba con la asociación entre el ritual del aseo personal y la noción de intimidad propia del hogar moderno fue el de la compañía “Purcell & Fritzsche Ltda.”,

(IMG_30) especialista en artefactos sanitarios. El aviso mostraba la imagen

de una mujer joven y vestida (posiblemente una madre), sentada junto a una bañera en la que una niña desnuda (posiblemente su hija) estaba

IMG_29

Aviso publicitario de la “Cía de gas de Valparaíso”. El tratamiento dramático de la luz colocada al artefacto en el mismo nivel de una pieza de arte religioso.

Fuente: revista “Urbanismo y Arquitectura” Nº6, 1936.

tomando un baño. El espacio del baño era amplio y luminoso. La madre estaba sentada en un piso. Se observan también el lavamanos de pedestal y un fragmento del excusado. No había cortinas, pero la tela estaba presente en el vestido lleno de pliegues de la madre y en la toalla que colgaba

en su regazo. Al fondo de la escena se ven unos frascos (posiblemente

perfumes). El piso, con un diseño de cuadrícula, parecía ser de parquet (madera) y había un felpudo para apoyar los pies cuando se salía de la tina. Este tipo de anuncios, encuentran una explicación en los intentos llevados

a cabo por una parte de la publicidad, para construir una significación

social del ritual del aseo personal a través del cual se proponía una monumentalización de lo íntimo y lo privado, es decir, una exaltación de la vida hogareña. En cierto sentido las asociaciones entre el rito del aseo personal, el espacio del baño, las nociones de intimidad y privacidad y con ellas la noción de hogar moderno, resultaban más o menos directas. En el otro extremo, en un aviso de “Artesanit” (IMG_31) que circuló en la

década de los años cuarenta, se mostraba a una mujer semidesnuda que de espaldas al observador y con parte de su cuerpo cubierto por una toalla,

estaba saliendo de una tina empotrada. Además de la tina, se podía observar

la mitad de un lavamanos de pedestal, los pliegues de la cortina de la ducha que estaba recogida, una toalla, algunos frascos de vidrio (perfumes), un espejo, un mueble bajo con ropa de baño doblada y un piso oscuro sobre el cual había un tapete de salida de baño, de color más claro, ligeramente rotado. En este caso se trataba de una escena cargada de sensualidad.

IMG_30

Aviso publicitario de la compañía “Purcell & Fritzsche Ltda.” Intimidad, privacidad y

confort en el espacio del baño.

Fuente: revista “Urbanismo y Arquitectura”, Nº4, 1936.

Entre la primera y la segunda imagen han transcurrido doce años. Si el tiempo lento y el tono “romántico” del primer aviso remiten a una casa suburbana burguesa, posiblemente de estilo, el tiempo veloz y el tono “estándar” del segundo remite a un departamento urbano. Pero además, entre uno y otro, el espacio del baño parece haber visto disminuida su condición de recinto de permanencia. Si en el primer aviso el baño aparece representado como un lugar para permanecer, en el segundo el baño ya es representado como un lugar de paso. Es posible que en esos doce años, el rito del aseo personal haya cambiado

y el baño como espacio de la casa haya visto modificada su significación social.

Por lo tanto, es posible aseverar que fue a través de la publicidad y su

construcción de significaciones sociales que durante la década de los

años treinta y cuarenta en Chile el baño se convirtió en un símbolo, en el sentido que Barthes ha otorgado al término; vale decir, un contenedor de

múltiples significados. El baño fue presentado como una pieza terminal

de un sistema que comenzaba en las grandes infraestructuras urbanas, continuaba en las instalaciones y terminaba en los aparatos sanitarios. El baño fue presentado como un lugar para la celebración del ritual del aseo personal y con ello se convirtió en una pieza arquitectónica clave del discurso higienista. El baño fue presentado como un lugar de recepción de innovaciones tecnológicas, un lugar donde se podía comprobar el progreso y el confort material que ofrecía la “primera era de la máquina”52. El baño

fue presentado como un lugar que ejemplificaba de manera emblemática

prácticas modernas del habitar como la privacidad y la intimidad.

52 Según la terminología propuesta por Rayner Banham en su libro “Teoría y diseño en la primera era de la máquina”.

IMG_31

Aviso publicitario de la firma “Artesanit” .

A mediados de los años cuarenta, el tiempo

veloz y el tono estándar de la escena, podrían remitir a un departamento o a una casa más compacta.

Fuente: revista “Arquitectura y Construcción”, Nº12, 1948.

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