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“Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros…” Santiago 5:17

Un relato del Antiguo Testamento narra la experiencia de abatimiento y postración en que cayó el profeta Elías después de una extenuante jornada vivida en el Monte Carmelo, cuando tuvo que enfrentar solo a varios centenares de enemigos religiosos que estaban conspirando para imponer sus creencias fenicias y manejar políticamente el gobierno de Israel. El texto de 1 Reyes 19:3-18 lo describe en los siguientes términos:

“Elías se levantó y se fue para salvar su vida. Al llegar a Beerseba en Judá, dejó a su criado allí. Y él se fue por el desierto un día de camino. Al llegar, se sentó debajo de un enebro, y deseando morirse, dijo: ‘Basta ya, oh Eterno, quita mi vida, que no soy mejor que mis padres’. Se echó debajo del enebro y se quedó dormido. Pero un ángel lo tocó, y le dijo: ‘¡Levántate, come!’ Elías miró y vio a su cabecera un pan cocido sobre las ascuas y un vaso de agua. Comió, bebió y se volvió a dormir. Por segunda vez el ángel del Eterno lo tocó, y le dijo: ‘¡Levántate, come!, porque un largo camino te resta’. Entonces Elías se levantó, comió y bebió. Y con la fortaleza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta Horeb, el monte de Dios. Allí entró en una cueva, donde pasó la noche. Y el Eterno vino a él, y le dijo: ‘¿Qué haces aquí, Elías?’ El respondió: ‘Sentí un vivo celo por el Eterno, Dios Todopoderoso, porque los israelitas han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a tus profetas. Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida’. El Eterno le dijo: ‘Sal fuera, y ponte en el monte ante mí’. En eso, el Eterno pasaba, y un grande y poderoso viento rompía los montes y quebraba las peñas delante del Eterno. Pero el Señor no estaba en el viento. Tras el viento hubo un terremoto. Pero el Eterno no estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego. Pero el Eterno no estaba en el fuego. Y tras el fuego, un silbo apacible y suave. Cuando Elías lo oyó, cubrió su rostro con su manto. Salió y se paró a la entrada de la cueva. Y llegó a él una voz que dijo: ‘¿Qué haces aquí, Elías?’ El respondió: ‘Sentí un vivo celo por el Eterno, Dios Todopoderoso. Porque los israelitas han dejado tu alianza, han derribado tus altares y han muerto a cuchillo a tus profetas. Sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida’. El Eterno le dijo: ‘Vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco. Cuando llegues unge a Hazael por rey de Siria. Unge a Jehú hijo de Nimsi, por rey sobre Israel. Y a Eliseo hijo de Safat, de Abel Meula, ungirás para que sea profeta en tu lugar. El que escape de la espada de Hazael, Jehú lo matará. Y el que escape de Jehú, Eliseo lo matará. Y yo conservaré en Israel siete mil hombres, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, ni sus bocas lo besaron’.”

La narración de la depresión de Elías es clara, precisa y concisa, aunque muy expresiva a la hora de describir la experiencia del profeta. Hay un registro muy definido de la sintomatología del cuadro que cursó. Para una mejor presentación, vamos a enumerar sus rasgos distintivos:

1. Estado de ánimo triste. Se observa en su actitud, y especialmente en sus palabras de hastío, cansancio y deseos de morir.

2. Disminución evidente del interés o la capacidad de desarrollar actividades. Dejó a su ayudante y se fue al desierto evitando compromisos y responsabilidades.

3. Hipersomnio. Se acostó debajo del árbol y durmió hasta que el ángel lo despertó para comer, volviéndose a dormir.

4. Sentimiento de inutilidad o autorreproche. Lo expresa cuando declara: “No soy mejor que mis padres” y posteriormente cuando protesta por las persecuciones.

5. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse o tomar decisiones. Parece estar padeciendo cierta inhibición del pensamiento al hablar tan poco y repetir las mismas palabras cuando Dios le pregunta qué estaba haciendo en la cueva.

6. Pensamientos recurrentes de muerte o temor a la muerte. Huye porque teme la persecución de Jezabel, quiere morir e insiste en la idea de muerte en la cueva.

7. Pérdida de autoestima. Elías era un hombre vigoroso y osado. Enfrentó al rey y a los 450 profetas de Baal y Astarté. Si ahora huía y se escondía en una cueva, era porque se sentía incapaz e impotente.

8. Fatiga o pérdida de energía. Se evidencia en sus ansias de descanso y en las fuerzas que obtuvo al comer.

De los diez síntomas que presenta el manual de Criterios Diagnósticos de Investigación, en su versión décima, el CIE-10, de la Organización Mundial de la Salud, en el cuadro de Elías aparecen los ocho mencionados. El CIE-10 clasifica las depresiones como “leve” cuando hay un mínimo de 4 de los 10 síntomas. Se define como “moderada”, cuando hay 6 de los 10 síntomas y se considera una depresión de nivel grave cuando hay 8 o más indicadores. En consecuencia, podemos diagnosticar la alteración del ánimo de Elías como “grave”. Los otros dos síntomas del CIE-10 son pérdida de peso y agitación o enlentecimiento. Es probable que estos síntomas también hayan estado presentes, pero no tenemos registro directo de los mismos, por eso no los incluimos.

Además de los indicadores del CIE-10, otras características que se observan en el relato, que también son compatibles con la depresión, aunque no aparezcan como indicadores diagnósticos, son las siguientes:

1. Retracción social. Aislamiento, movimiento de alejamiento de la gente yendo al desierto, y enclaustramiento en sí mismo.

2. Vivencia de la cueva o de estar en un pozo.

3. Ideas de ser el único que padece el mal. Aparecen en el discurso que trasmite Elías cuando está en la cueva, donde dice ser objeto privilegiado del complot organizado por Jezabel para matarlo, considerando que es el único que ha quedado con vida. Es la idea de sufrir de alguna maledicencia o injusticia especial que se abate sobre el paciente.

4. Pensamientos obsesivos. “Las obsesiones se definen como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes de carácter persistentes que el individuo considera intrusas e inapropiadas y que provocan una ansiedad o malestar significativos” (DSM-IV, 428). Se aprecia en la recurrencia de las ideas de los versículos 10 y 14. Aunque este síntoma es característico de los estados de ansiedad, también suelen apreciarse en las depresiones.

¿Cómo este hombre tan vigoroso, de personalidad avasallante y fuerte, sucumbió en la depresión? ¿Acaso las personas religiosas, que tienen una relación intensa con Dios, pueden deprimirse? Es evidente que la depresión de Elías no se debió a la falta de fe o de un castigo divino. En todo momento aparece en estrecha relación con el Ser Divino. Tampoco Dios lo censura o lo reprocha por estar deprimido, al contrario, lo asiste, ayuda y acompaña para superar el difícil trance, como un terapeuta comprensivo y eficiente. Entonces, ¿por qué se deprimió Elías? Probablmente se deprimió por un desgaste excesivo de energías, un cuadro de ansiedad generalizada que lo llevó al agotamiento y sucumbir en un estado depresivo mayor. Se debió al cansancio y la fatiga acumulada, especialmente durante la jornada agobiante y desgastante que vivió en el Monte Carmelo (ver 1 Reyes 18:20-46).

EL TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN. ¿Cuáles fueron las intervenciones terapéuticas para que Elías se recuperara? El relato describe una serie de acciones específicas orientadas a la asistencia del profeta, en un tratamiento que duró alrededor de un mes y medio, que concluyó con total éxito. Podemos enumerarlas de la siguiente manera:

1. Dietoterapia. Describe el relato que un ángel le preparó la comida. Parece una dieta sencilla y sana, ya que menciona, por lo menos una vez, pan cocinado al fuego y agua. La dieta juega un rol importante en el tratamiento de la depresión.

2. Terapia del sueño: Se hace descansar al paciente, permitiendo que duerma y recupere las energías consumidas.

3. Actividad física: Este es otro componente importante en el tratamiento. Dios le prescribe una actividad aeróbica, de caminatas durante cuarenta días, sin otras exigencias.

4. Psicoterapia: Es la terapia a través de la palabra o de la comunicación, cuando el terapeuta divino trata la depresión de Elías utilizando diferentes procedimientos técnicos:

a) Pregunta reflexiva. La primera intervención fue una pregunta repetida en dos ocasiones: “¿Qué haces aquí, Elías?” Se trata de un “procedimiento que consiste en activar intencionalmente las reflexiones” (Ochoa, 1995, 97). Hay diferentes tipos de preguntas reflexivas. Aquí se trata de una que convierte al interrogador en observador de sí mismo (Ídem, 100-101). La finalidad es crear un nuevo contexto donde la persona pueda examinar la situación que experimenta y descubrir nuevas conductas, percepciones y eventos que no había percibido antes. En otros términos, en esa intervención Dios está sugiriendo varios mensajes, cuestionando sus temores y exhortándolo a cumplir sus funciones, compromisos

y misión de vida. Es cómo decirle: “Éste no es tu lugar”, “estas aquí sin hacer nada, cuando tienes mucho que realizar”.

b) Prescripciones conductuales. Dios le ordena, “Sal fuera”. Esta directiva tiene un alcance que va más allá de salir de la cueva, también es un llamado a abandonar esa actitud timorata y evasiva para asumir sus responsabilidades. Posteriormente le da otra orden: “Vuélvete por tu camino”, que es como decir, “retoma tu camino”, “deja el extravío y recupera tu misión”.

c) Lenguaje metafórico. El relato informa que luego Dios empleó un método de comunicación basado en tres fenómenos naturales poderosos y destructivos: huracán, terremoto, fuego y un cuarto, de una naturaleza muy distinta, ya que era suave y delicado, un “silbo apacible”. ¿Qué mensaje quiere trasmitirle? Elena de White lo interpreta así: “Deseaba enseñar a Elías que no es siempre la obra que se realiza con la mayor demostración la que tiene más éxito para cumplir su propósito” (White, 1957, 124). Parecería como si los tres potentes eventos naturales representaran sendas etapas de su historia, y que ahora Dios le augurara una etapa más tranquila o “apacible”. El mensaje sería: “No te asustes, lo peor ya pasó, lo que viene es mejor. Confía en mí”.

d) Terapia del sentido: Dios le da nuevas directivas a cumplir. Construye nuevos horizontes de vida. Hasta ese momento Elías había realizado una tarea revolucionaria, de lucha contra el dominio extranjero, con importantes repercusiones sociales y políticas. Ahora debía convertirse en líder espiritual y conductor. Debía reconstruir el sistema educativo y reparar los valores quebrantados. Había que restaurar los centros educativos y formar nuevos maestros. Elías reorganizó las escuelas devastadas, erigiendo tres centros de educación en lugares estratégicos de Israel, Gilgal, Bet-el y Jericó (2CBA, 848). A partir de entonces, empezó la etapa del “silbo apacible”, irradiando las enseñanzas afables del aula en lugar de ser la voz clamando en el desierto o lanzando los gritos atronadores del Monte Carmelo, reprendiendo el pecado y rechazando la marea del mal.

HACIA UN DESTINO GLORIOSO. La historia posterior de Elías descubre que superó totalmente la depresión sin producir recaídas, consumando un tratamiento exitoso. No sólo recuperó la normalidad sino que el futuro fue excepcional, de un carácter tan portentoso que resulta inigualable. Su depresión podría interpretarse como un estado de quiebre de su experiencia pasada, donde la adversidad lo llevó a reencontrar un nuevo camino, una ruptura que fundó la estética de lo nuevo. Precisamente, la información bíblica registra algunas escenas que lo tuvieron como protagonista, como fueron ciertos asuntos de estado que exigieron su intervención, teniendo que administrar justicia en el caso del abominable crimen de Nabot (1 Reyes 21:17-29) e impedir la influencia del culto idolátrico a Baalzebub que pretendía imponer el rey Ocozías (2 Reyes 1). Pero, la mayor parte del tiempo postdepresión, Elías lo transitó en otros escenarios, en los campus de los colegios desarrollando un magisterio inspirado e

inspirador. En dos lugares donde habían florecido la idolatría, Gilgal y Bet-el, erigió sendas instituciones educativas, además de otra escuela levantada en la estratégica ciudad de Jericó. Elías fue el rector de esas instituciones. El mensaje que antes proclamaba para que el pueblo cambiara y mantuviera su lealtad incondicional a Dios ahora se pronunciaba en las aulas y desde allí se multiplicaba por medio de centenares de portavoces al resto de la comunidad. “Como resultado de esos esfuerzos fervientes y unidos, se pusieron en acción poderosas influencias para el bien, que refrenaron firmemente la idolatría”, declara al respecto el Comentario bíblico adventista (1980, t2, 848).

Cuando su ministerio estaba por culminar, realizó la última gira por los colegios (2 Reyes 2), dictando sus clases finales y presentando a su sucesor, el profeta Eliseo. De esa manera, reafirmó la reforma educativa que había iniciado y le dio continuidad. Finalmente, Dios recompensó a este singular personaje de una forma milagrosa, siendo llevado “al cielo en un torbellino” (2 Reyes 2:11, BJ), fue arrebatado por Dios en una visión ígnea, trasladado a la inmortalidad sin ver la muerte. Es una curiosa y sugestiva paradoja, quien en momentos de desánimo había suplicado morir, al superar la depresión, se le concedió el privilegio extraordinario y único de no experimentar la corrupción fatal, constituyendo una excepción casi única en la historia humana.

Este prócer bíblico, figura emblemática de la historia sagrada, era un hombre sujeto a las mismas pasiones y emociones que cualquiera de nosotros, dice Santiago 5:17, sin embargo, ocupó y ocupa un sitio trascendental. Actualmente, en algún lugar de los espacios infinitos del universo, Elías goza de la bienaventuranza eterna, como primicia de aquellos que serán trasladados sin ver la muerte. Desde más allá de las estrellas sus obras y mensajes continúan. A pesar de los siglos y milenios transcurridos, continúa vigente el ejemplo de su vida, la pasión por el servicio, la voluntad por afirmar las convicciones y retornar a ellas cuando se han perdido, por proclamar lealtad a Dios. Nadie lo recuerda por haber sufrido de estrés, padecer una crisis y sucumbir en la depresión, sin embargo, hay que pensar que ese momento coyuntural de su existencia marcó un hito trascendente. Lo recordamos como una figura benemérita del pasado y como un signo del porvenir (Malaquías 4:5-6). De alguna forma, el registro sobresaliente de su voz será reproducida poderosamente en el futuro. Elías es un camino de entrada a la eternidad para imitar, aunque sea necesario atravesar derroteros críticos y oscuros para llegar a la luz esplendorosa de la gloria inmarcesible.

DEPRESIÓNYCOSMOVISIÓN. ¿Cómo operan los variables de la cosmovisión enunciada en el capítulo anterior en el caso de la depresión y tratamiento de Elías? Es relevante señalar que todas las dimensiones de la cosmovisión están presentes en el texto de 1 Reyes 19, asumiendo expresiones que son específicamente afines a las funciones y roles psicológicos, de acuerdo al siguiente análisis:

(1) LA PRESENCIA ACTIVA Y EFECTIVA DEL SER DIVINO. Dios interviene a lo largo de toda la experiencia de crisis del profeta, administrando los recursos del tratamiento, enviando el ángel para alimentarlo y actuando personalmente en ocasión de enclaustrarse en la cueva.

(2) LA RELIGIOSIDAD HUMANA O LA INTERRELACIÓN CON EL SER DIVINO. El rol que ocupa el Ser Divino en los textos estudiados es el rol de terapeuta o de psicólogo clínico, ubicando al protagonista humano en el rol de paciente. Dios dispone el tratamiento y realiza la psicoterapia en forma personal, haciendo intervenciones efectivas que conducen a la recuperación del paciente, abriéndole nuevos horizontes de vida que le concedió un porvenir extraordinario.

(3) EL CONFLICTO. La depresión de Elías acontece en un contexto de conflicto ideológico, social y político muy intenso y de amplias proyecciones para toda la nación. La figura de la reina perversa Jezabel personifica el mal, que finalmente quebranta la moral y las fuerzas anímicas del profeta, haciéndolo desfallecer y hundirse en la depresión. Allí el conflicto se traslata al ámbito intrapsíquico, donde el mal parece triunfar a través de las ideas suicidas de Elías. El tratamiento y la recuperación del profeta representa el éxito del bien, que va a dominar durante el resto de la existencia terrena de Elías.

(4) EL SABER PSICOLÓGICO PROVIENE DE DIOS. En el texto de 1 Reyes 19 no sólo el saber psicológico proviene de Dios, también su empleo o el ejercicio del mismo. El Señor es la fuente del saber y el operario de los conocimientos de la psicología humana, utilizándolos con fines sanitarios.

(5) AUTOGESTIÓN. Si bien Elías, en el rol de paciente, asume un comportamiento un tanto pasivo, adoptó una actitud colaborativa, que es muy importante para alcanzar buenos resultados en los tratamientos psicológicos. Podía haberse resistido, por ejemplo, negándose a caminar tanto, como suelen hacer muchos depresivos, sin embargo, puso su voluntad al servicio de la cura. También se revela la autogestión, en la etiología del cuadro, ya que llegó a ese estado de agotamiento por exceso de “celo”, como el mismo Elías lo reconoce en dos ocasiones (1 Reyes 19:10,14).

(6) TRANSFORMACIÓN. Todo este episodio de la vida de Elías deviene en cambios, en un salir de la cueva para ascender a nuevos niveles de vida, desprendiéndose de ligaduras anímicas y mentales, para ser convocado a desarrollar potencialidades para asumir una nueva aventura existencial, de mayor proyección social y religiosa. Es un relato donde se opera una transformación terapéutica que trasmuta a un paciente timorato en un ser dotado de vigor y coraje, que finalmente llega a producir la milagrosa metamorfosis de la inmortalidad.

(7) ESPERANZA. La idea de esperanza aparece aquí bajo la fórmula: “lo mejor está por venir”, “en el porvenir está el pináculo de la vida, lo más glorioso”. El huracán, el terremoto y las pruebas del fuego quedaron atrás, lo que me espera en el futuro es “el susurro de una brisa apacible” (1 Reyes 19:12; NVI), una etapa deliciosa y placentera. En síntesis, la depresión es la enfermedad de la desesperanza, por lo tanto, su tratamiento es la terapia de la esperanza.

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