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Una de las razones por las que anteponemos en esta parte de nuestro libro a la Iglesia española respecto de las demás, es que gracias al cardenal Primado de Toledo, monseñor Marcelo González Martín, la Iglesia española fue la primera en plantearse seriamente el problema de la teología de la liberación cuando el movimiento se estaba iniciando. Sabemos que el liberacionismo nace de forma expresa y con pretensiones universales al comenzar los años setenta, pues bien, el cardenal de Toledo ya convocó un primer encuentro sobre el problema en 1972, y un segundo, de gran envergadura, en junio de 1973, que se celebró en el palacio toledano de Fuensalida, y cuyas actas se publicaron en 1974 por «Ediciones Aldecoa», de Burgos, con el título «Conversaciones de Toledo, junio de 1973. Teología de la Liberación». Es un libro muy importante que debemos analizar en este momento

Un selectísimo grupo de prelados y teólogos de España, Iberoamérica y Alemania se reunió, a invitación del cardenal, para estudiar a fondo, desde el punto de vista teológico, la entonces novísima forma de teología. En su alocución introductoria, el cardenal de Toledo alude al encuentro de El Escorial en el año anterior, que «fue como la gran presentación en sociedad de este gran tema». Que si bien «puede aportar mucho a la doctrina y a la pastoral, también puede dar, y parece que ha dado, origen a algunas y graves confusiones». Dos obispos alemanes se excusaron, pero enviaron representación a la conferencia. Entre los teólogos españoles que, tras haber sido invitados, no asistieron, están los profesores Alfaro y Ruiz de la Peña

El doctor Teodoro Jiménez Urresti hizo una importante introducción al problema, y demostró una gran capacidad de información pese a lo reciente del fenómeno liberacionista. Estudió el despegue de la TL respecto de la teología política, y respecto de la teología del desarrollo. Marcó algunos antecedentes teológicos, y aunque reconoció que algunos de sus cultivadores utilizan a fondo el análisis marxista, no consideró a este análisis como esencial para la TL, en lo que se equivocaba flagrantemente. En general, los participantes en las Conversaciones de Toledo se muestran excesivamente comprensivos con los liberacionistas y no entran nunca de forma directa en el estudio sobre el carácter cons- tituyente del marxismo en los planteamientos del liberacionismo; la his-

toria del movimiento en la década siguiente vendría a poner las cosas en su lugar. Aun así, el doctor Jiménez Urresti reconoce «la influencia del pensamiento marxista centrado en la praxis y dirigido a la transformación del mundo» en los planteamientos de la TL (Conversaciones de Toledo, en adelante CT, p. 41). Es muy luminosa la ponencia del mismo autor sobre la teología de la liberación en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que aborda el problema desde el doble plano espiritual y temporal, pero sin degradar la solución hacia opciones revolucionarias de clase. En el mismo sentido se expresa el profesor Maximiliano García Cordero, O. P., uno de los grandes teólogos españoles contemporáneos, al estudiar la teología bíblica de la liberación.

El profesor Nicolás López Martínez, de la Facultad de Teología del Norte de España, en Burgos, expone una lúcida ponencia sobre encarnacionismo y escatologismo, pero cede afortunadamente a su intuición de la actualidad, fundada en una magnifica información directa, cuando afirma: «Muchos ven el punto de partida (de la TL) en el Concilio Vaticano II y su concreción en los documentos de Medellín, pero creo que se trata de una ocasión más que de una causa; lo verdaderamente determinante, a mi juicio, ha sido la nueva política comunista de mano tendida hacia los católicos, que ha constituido el mayor éxito de penetra- ción del marxismo» (CT, p. 216).

El profesor Wilhelm Weber, de la Facultad de Teología de Munster, que ostentaba además la representación del cardenal de Colonia, Joseph Hoffner, analizó a fondo la teología política que en buena parte había nacido en su propia Facultad. Apuntó que «la gran debilidad de esta Teología política es su contenido indeterminado» (CT, p. 261). Afirma después, con hondura: «Ya hemos dicho que la Teología política debe su rápido éxito principalmente a que la total critica social neomarxista — sobre todo la de la llamada Escuela de Frankfurt, con Max Horkheimer, Teodoro W Adorno y Jurgen Habermas, así como en América la del profesor Herbert Marcuse— ha conquistado progresivamente las universidades de Alemania y de otros países» (CT, p. 262). Por ello la teología política «desemboca así en una politización progresiva de la Teología y de la Iglesia» (ibíd).

En el diálogo siguiente, el cardenal González Martín alude muy cer- teramente a que con esta nueva moda teológica la Iglesia podría producir «una invasión de la autonomía del orden temporal y por consiguiente una especie de clericalismo funesto para la sociedad moderna», porque entonces el teólogo se convertiría «en una especie de especialista en todas

las cuestiones de orden temporal» (CT, p. 275). El profesor Weber confirma que en efecto, los teólogos de esta tendencia, «cada vez juegan menos con categorías eclesiológicas y cada vez más con categorías sociológicas» y su palabra clave sería la democratización de la Iglesia, lo que afecta en primer término a la Jerarquía.

Monseñor Alfonso López Trujillo, entonces obispo auxiliar de Bo- gotá y secretario general de la CELAM, trazó un primer panorama de la teología de la liberación en Iberoamérica. Es una primera formulación que contrasta con las mucho más firmes que luego publicaría, hasta nuestros días, el mismo prelado. Aunque ya en esta primera manifestación subraya algunos puntos en los que siempre se mantendrá con coherencia. Apunta la tergiversación de la Conferencia de Medellín y las influencias europeas del liberacionismo. Reconocerá el pleno carácter marxista de las teorías de Asmann, aunque trata de salvar, con excesiva generosidad, a Gustavo Gutiérrez. Reconoce que el empleo de algunos elementos del análisis marxista —que no concreta— «pueden ser útiles para una mejor captación de la dinámica social» (CT página 308), lo cual es una benévola exageración, que no tiene en cuenta el radical anacronismo de ese análisis desde nuestra perspectiva, y que afecta a todos sus elementos, aunque reconoce que el empleo del análisis marxista en su conjunto, como hacen los teólogos de la liberación, condiciona gravemente toda su obra (ibíd). Desenmascara claramente las pretensiones de optar por los pobres, interpretando a los pobres de Cristo como los proletarios de Marx (CT, p. 317).

El cardenal de Santiago, monseñor Silva Henríquez, demuestra en una sorprendente comunicación todas sus bondades de pastor y todas sus carencias de político. Sus palabras, pronunciadas el 13 de junio de 1973, pocos meses antes del golpe militar que derribó al Gobierno Allende, incluyen un equivocado pronostico de que al Gobierno marxista sucederá como alternativa a la democracia cristiana que, como revela el cardenal, fue decisiva para el advenimiento de ese régimen marxista. Hace historia —muy interesante— de los dos fracasos de la Iglesia chilena, primero al alentar un partido conservador, luego al partido democristiano que se empezó llamando de la Falange. Se complace en las promesas de Allende sobre ayuda a los colegios de la Iglesia y se queja contradictoriamente del adoctrinamiento marxista de la nación desde el Gobierno. Pinta con trazos idílicos su entrevista con Fidel Castro, que justifica con el ejemplo de Juan XXIII al recibir al yerno de Kruschev. Reconoce que —como ya hemos recordado— por la presencia de los portavoces liberacionistas en Chile —

Comblin, Asmann, Gutiérrez— «se puede decir que ahí es el nido donde se incuban todas estas cosas» (CT p. 341). Y reconoce también el clericalismo de los movimientos de izquierda en Chile, aunque echa la culpa a la mayoría de extranjeros que han invadido al clero chileno

El profesor de la Universidad Gregoriana José A. de Aldama S. J., profesor también de la Facultad de Granada, habla sobre secularización. El profesor Cándido Pozo, S. J. de las Facultades teológicas de Granada y la Gregoriana, que ha intervenido profundamente en la discusión de las ponencias anteriores, traza una convergencia muy sugestiva entre las teologías de los protestantes Cox y Moltmann en relación con el ocaso de la teología liberacionista, que cree efímera como todas las modas teológicas; desgraciadamente no lo ha sido, por su entronque con un movimiento estratégico a escala mundial. «Propondría como nota de la teología de la liberación —dice, profundamente en CT, p. 422— una teología unilateral que mira como único ideal al homo faber que construye una ciudad secular mejor». No cabe —en 1973— una definición más elegante y real del fenómeno. Todos los teólogos participantes firman unas importantes conclusiones en que rechazan la acusación marxista de la religión alienante —la clave del pensamiento de Marx sobre la religión— y consideran «teológicamente problemática la posición que atribuya a la mera mecánica de un cambio de estructuras o al simple progreso material un influjo positivo en el acercamiento del Reino definitivo de Cristo» (CT, p. 444). Rechazan también el condicionamiento humano de la venida de Cristo, y piden más seriedad en el tratamiento teológico de la liberación. «Proclamando abiertamente —afirman— la obligación del cristiano de construir una ciudad terrena más humana afirmamos que ello no agota en modo alguno toda la grandeza y magnitud del mensaje evangélico, ni debe oscurecer la primacía de la glorificación de Dios ni de la dimensión vertical del Evangelio. Sería, por tanto, minimizar la predicación del mensaje de salvación reducirla a una exhortación al compromiso temporal.»

Las Conversaciones de Toledo son, por tanto, la primera voz de alerta de la Iglesia en España —y seguramente de la Iglesia universal— sobre los peligros del liberacionismo. No se poseía entonces perspectiva suficiente para enjuiciar las conexiones estratégicas de los movimientos y no se penetró en Toledo de forma suficiente en la entraña marxista de la teología de la liberación, que hubiera sido factible en un análisis completo del ya publicado libro de Gustavo Gutiérrez. Pero en Toledo ya se aludió al movimiento Cristianos por el Socialismo (en la intervención del cardenal

de Santiago) y se apuntaron sospechas y críticas profundas que el tiempo se encargaría de matizar y de concretar. Las Conversaciones reflejan la extraordinaria capacidad de información del cardenal González Martín y son, desde nuestra perspectiva un hito muy valioso para comprender la actitud de la Iglesia ante los movimientos de liberación en estado naciente