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Decíamos que entre los movimientos liberacionistas, comunidades de base son la masa organizada con tendencia a la Iglesia Popular con- trapuesta cada vez más a la Iglesia institucional, teología de la liberación es la superestructura ideológica, la teoría exigida por la praxis pastoral revolucionaría, y Cristianos por el Socialismo es el conjunto de cuadros militantes para articular al movimiento liberacionista y transformar la sociedad en sentido cristiano-marxista. Vimos en un capítulo anterior como había nacido Cristianos por el Socialismo, con vocación de movimiento mundial, en el Chile de Allende entre los años 1971 y 1972, bajo el patrocinio simultáneo del dictador cubano, Fidel Castro. Cristianos por el Socialismo es un movimiento clerical, aun con participación de laicos; clérigos son quienes le idearon y lanzaron en Chile, clérigos quienes le trasplantaron, al año siguiente, 1973, a España. Este trasplante español se logró y anunció en el encuentro de Calafell, Barcelona, en marzo de 1973, aunque para desorientar a la Policía española (que no prestó excesiva atención al caso) el documento base se presentó como documento de Ávila, redactado en enero de ese mismo año.

Allí, en Calafell, estaban los tres José María del neoclericalismo revolucionario de izquierdas en España, los portavoces del nuevo constantinismo rojo, José María de Llanos S. J., ahora comunista, antiguo fascista y director espiritual fascista de la juventud universitaria madrileña en la postguerra civil; el antiguo totalitario, ahora ya marxista y votante futuro del PCE, José María Diez Alegría, exclaustrado y luego expulsado de la Compañía de Jesús, en la que había desempeñado importantes cargos de confianza en la formación de los jesuitas jóvenes y llegó a ser profesor en la Universidad Gregoriana; y el canónigo socialista y dilettante revolucionario, José María González Ruiz. Allí estaba el cristiano comunista Alfonso Carlos Comín, líder de Bandera Roja, adaptador de Mounier en España, que pronto se pasaría con armas y bagajes al PCE. Allí representantes de la ORT, de la USO, del PCE y socialistas no adscritos. Aunque los promotores del encuentro serían los comunistas catalanes cristianos del jesuita, con residencia en Barcelona, Juan García Nieto, cuyo fichaje más importante sería su hermano en religión J. I. González Faus, uno de los autores más prolíficos en el liberacionismo. Cristianos por el Socialismo nacía en España no solamente marxista, sino

vinculado al partido comunista, como puede verse en la relación de nombres citados dominada por los militantes del PCE. Quedaron encargados de la organización el jesuita García Nieto y el publicista Comín en Barcelona, Alberto Vidal y Rafael Aguirre en el País Vasco, Félix Galindo en Andalucía, José Sánchez en Madrid (Cfr. Reyes Mate, El País, 18-XII-81, p. 37). La nueva organización montó varios números espectaculares en aquella época, como la ocupación de la Nunciatura en Madrid, noviembre de 1973, o el encierro en el seminario de la capital, «de donde pasaron a la cárcel» como recuerda Mate, miembro de C.P.S. y jefe del gabinete, desde 1982, del ministro marxista José María Maravall.

El documento programático de Calafell dice en su punto 3: «Cada día somos más los cristianos que adoptamos una clara opción socialista y que lo hacemos no precisamente adoptando posiciones de mera colaboración o como compañeros de viaje, sino como simples y verdaderos militantes en las organizaciones de clase marxistas». «Nuestra fe —afirmaba el vital punto 26— no tiene sentido si no se vive en la historia de un pueblo en marcha y dentro de una realidad de lucha de clases, que necesariamente comporta una llamada apremiante a la militancia política». El punto 27 profería el siguiente disparate: «Constatamos en primer lugar que la convergencia fe cristiana compromiso revolucionario se encuentra precisamente en la raíz misma del mensaje evangélico, y que en definitiva se expresa en una esperanza la historia de la liberación ». En el punto 29 se explica la adopción del marxismo: «Y es aquí donde el marxismo nos ha ayudado a comprender con profundidad científica la tarea histórica de la liberación y a optar por el único camino posible para nosotros en las actuales circunstancias: la opción socialista como única alternativa para hacer eficaz la exigencia liberadora del Evangelio». En el punto 35, «nuestro compromiso revolucionario nos hace comprender también que la lucha de clases pasa por la misma Iglesia descubriendo así la trampa que se esconde en la proclamación de la unidad en el nombre de la fe». Para C.P.S. el mandato evangélico «Para que todos sean uno», es sencillamente una trampa. Y por fin, en el punió 54: «Los cristianos que estamos comprometidos en una lucha marxista-revolucionaria proclamamos nuestra carta de ciudadanía en el seno de la Iglesia y no aceptamos ser reducidos a posiciones marginales que nos obligan a actuar en la clandestinidad dentro de la propia Iglesia».

El promotor del encuentro de Calafell, el jesuita Juan García Nieto, afirma que el documento original de Cristianos por el Socialismo en Chile «pretendía recoger la experiencia teológica de la Teología de la Liberación

articulada con las diversas formas de luchas populares», frase preciosa para mostrar la conexión de los tres movimientos liberacionistas. Continúa: «Luego vino el golpe (de Chile), la represión en todo el Cono Sur. También la dispersión y para muchos el exilio. Sectores cristianos de Europa y también de Canadá y Estados Unidos se habían sentido fuertemente inter pelados por la aportación teológica que nos llegaba de América Latina. En diversos países europeos se constituyen movimientos de Cristianos por el Socialismo, Comunidades Populares. Con el intento de coordinar estas experiencias se constituyó en París (1974) el Centro Ecuménico de Enlaces Internacionales (COELI)» [J. García Nieto, Cristianos en las luchas populares de liberación, «Iglesia Viva 109» (1984), p. 89 y ss].

Ya por iniciativa del COELI se convocó un encuentro internacional de Cristianos por el Socialismo en Quebec, Canadá, en abril de 1975 (fecha del documento, el encuentro es del mes de marzo). «A partir de entonces —prosigue García Nieto— se establecieron contactos con experiencias similares de otros continentes, sobre todo Africa del Sur, Fili- pinas, India, Corea, Oriente Medio, etc. Poco a poco fue madurando la idea de convocar una asamblea mundial más representativa, a fin de valorar la evolución de las distintas formas de participación cristiana en los movimientos de liberación en el contexto de la actual estrategia imperialista y de crisis, y sobre todo para analizar la evolución de la propia teología de la liberación y de los diversos movimientos cristianos, como Cristianos por el Socialismo, Comunidades Populares, etc.». En diciembre de 1980 se tuvo en Bélgica una reunión preparatoria para el montaje de esa Asamblea mundial que, como veremos, se celebró por fin en Barcelona en 1984.

El II Encuentro Internacional de Cristianos por el Socialismo se celebró, por tanto, en Quebec, y su documento lleva fecha de 13 de abril de 1975. En él se destaca el «constante aumento del movimiento-corriente Cristianos por el Socialismo en todo el mundo». No pretende constituir un partido político cristiano sino insertarse en el movimiento obrero mundial, que se reconoce como único. Afirma el documento que después de Chile el movimiento C.P.S. cobró primero auge en España, y luego en todo el mundo. La respuesta de C.P.S. al imperialismo se refiere exclusivamente al imperialismo USA, ni una palabra sobre el imperialismo soviético. «Se constata la importancia que tiene el marxismo en esta tarea de reformulación de la inteligencia y de la práctica de la fe. Surge así una teología militante.» Un punto esencial del documento se refiere al

nacimiento de una «Iglesia popular» que de una nueva forma a las iglesias «que tienen su origen en el subversivo de Nazaret». «Se constata —afirma el resumen de prensa del documento— que una forma de Iglesia en verdad nueva sólo podrá desarrollarse plenamente dentro de una sociedad que haya quebrado las relaciones estructurales de la dominación, instaurando las condiciones objetivas de la libertad y de la justicia, que sólo se dará en la sociedad socialista. Y que ya se dan, por supuesto, en la sociedad socialista de la Unión Soviética o de Vietnam o de Afganistán o de Cuba y Nicaragua, países —los cuatro primeros— sobre los que no hay una sola línea en el documento de Quebec. El documento es, por otra parte, un alegato contra las empresas multinacionales. El documento de Quebec es valioso para demostrar una vez más las raíces, métodos y objetivos comunes de los tres movimientos liberacionistas, que no son más que tres frentes del mismo movimiento

En marzo de 1975 Cristianos por el Socialismo (sección española) comunicaba un informe sobre la situación de España. Estudiaban la dependencia española del imperialismo USA, resaltaban el papel del partido comunista en sus diversas agencias españolas, en los momentos de transición que vivía España en vísperas de la muerte de Franco, y afirmaban que el PCE era el partido obrero que más capacidad de convocatoria poseía en aquellos momentos, contra la realidad que en 1977 se mostraría en las primeras elecciones generales de la democracia. Afirmaba el informe que «frente a los partidos comunistas se dan también las diversas formaciones socialistas clásicas, vinculadas en distinto grado a las socialdemocracias europeas, pero con poco arraigo en las masas y que lógicamente están en contra de un sindicalismo unitario», clara demostración de que Cristianos por el Socialismo era la cara cristiana del comunismo español, y no del socialismo. Exalta el documento el impacto de la Junta Democrática, creación del PCE en 1974, rechaza el intento de la democracia cristiana, y de la «Iglesia centrista», y destaca el papel de la «nueva Iglesia del Pueblo caracterizada por la aparición de Comunidades Populares, y la celebración de actos como la Asamblea Cristiana de Vallecas y las Asambleas de Comunidades populares en Barcelona y Portugalete (Bilbao), la de Valencia, las Comunidades rurales y urbanas de Zaragoza. C.P.S., en su análisis de la coyuntura española, alaba la aproximación de algunos obispos —Iniesta, Osés— pero critica el «progresismo» engañoso (es decir, no suficientemente marxista) de otros, como Yanes y Setién. Endosa en cambio, con entusiasmo, la cálida acogida que hacen a C.P.S. los partidos comunistas españoles, el PSUC en su

declaración de Treball (18 de marzo de 1975) que reconoce a los cristianos comunistas «una notable aportación para el avance de la teoría y de la practica marxista»; el PCE, en su declaración del Comité Central publicada en Mundo Obrero del día siguiente, en que el PCE «asume la presencia de los comunistas cristianos y su promoción a los diversos órganos de dirección del partido». La siguiente explicación histórica del PCE no tiene desperdicio: «El encuentro entre fuerzas que tienen su raíz en el primer movimiento igualitario conocido por la Humanidad, el cristianismo y el socialismo científico moderno, es un hecho de importancia histórica que viene a reforzar el frente de la lucha de clases y a abrir perspectivas más claras de victoria de los oprimidos».

Ya tenemos, pues a los Cristianos por el Socialismo instalados plenamente dentro de la militancia comunista en España. El 7 de junio de 1975 C.P.S. emitió un nuevo documento de trabajo (que como los anteriores fue captado y distribuido a sus suscriptores por la agencia «Europa Press» en España) en el que se resumía el objetivo del movimiento: «Desbloquear ideológicamente a los cristianos y hacer posible, por tanto, su inserción en la militancia popular y revolucionaria».

En setiembre de 1975 se celebro el II Encuentro de C.P.S. en España con un documento fechado falsamente en Burgos, en el que se protestaba contra las penas de muerte, contra la violencia institucionalizada del Estado y contra una declaración de los obispos españoles. La muerte de Franco estaba próxima y la actividad de C.P.S. se corresponde exactamente con la nerviosa actividad del PCE, convencido de que las masas trabajadoras españolas iban a seguirle en masa. C.P.S. comunica un nuevo documento en octubre de 1975, en que insiste de nuevo en su objetivo primordial: «La lucha ideológica en y desde la Iglesia y en el campo específico de la religión, para ir consiguiendo el desbloqueo de los cristianos y su movilización hacia frentes de militancia marxista». Por ultimo, el 20 de noviembre de 1975 C.P.S. inspiró en Madrid —el día de la muerte de Franco— una reunión de «representantes de comunidades cristianas, movimientos apostólicos, parroquias e instituciones eclesiales» —sin concretar nada— desde la que se dirigió a los obispos un escrito en que se exigía que la Iglesia no legitimase una transición por vía de reforma sino que se instalase en la ruptura plena con la situación política: «Por todo ello —decían los cristianos comunistas— pedimos a la Jerarquía que se abstenga de aparecer en las solemnidades de la proclamación de don Juan Carlos. Todo lo que hasta ahora se viene afirmando sobre la pretendida mentalidad democrática de don Juan Carlos carece de pruebas efectivas».

Cristianos por el Socialismo actuaba pues, en la transición, como la agencia cristiana del PCE, los mismos líderes, los mismos objetivos, las mismas consignas. Por eso resulta natural la reacción de los obispos más avisados sobre C.P.S.. «Hubo en el año 1976 —dice Reyes Mate— un primer encuentro entre cuatro cristianos por el socialismo y cuatro obispos Díaz Merchán, Dorado, Roca y Yanes. Tras cuatro horas de discusión, Elías Yanes, que no paró de tomar notas, entendía las honradas motivaciones de C.P.S. pero hizo este resumen: “Esto es un montaje de los comunistas. Y los comunistas españoles obedecen a Moscú, que no esta por la democracia ni por la libertad”. Allí se acabó la sesión» (R Mate, El País, 18-XI-81, p. 37). Monseñor Yanes tenía, desde luego, toda la razón

En 1977 se celebraron las primeras elecciones generales y C.P.S., como el PCE, se llevó un gran chasco, el pueblo español rechazaba de plano al partido comunista como opción mayoritaria y en cambio endosaba al PSOE como principal partido de la oposición. Entonces tanto el PCE como el movimiento C.P.S. iniciaron una nueva táctica: la infiltración marxista radical en el PSOE. Cristianos por el Socialismo se convirtió en uno de los principales cauces subterráneos para la infiltración del PCE en el socialismo español rampante. El éxito de tal operación se ha visto en 1982, al formar el ministro marxista de Educación José María Maravall su equipo, dominado por C.P.S., su jefe de gabinete Reyes Mate, su secretaria de Estado para Universidades Carmina Virgili. En las elecciones rectorales de 1984 en toda España se vio claramente la conjunción PCE PSOE, lograda en buena parte gracias a C.P.S. El candidato C.P.S. al rectorado de Madrid, profesor Fernández Rañada, combinó sus esfuerzos con los del candidato «tapado» del PSOE, profesor Pérez Prendes, de la Asociación de Propagandistas, contra el candidato del centroderecha Amador Schuller, mientras el candidato comunista, profesor Gil Novales, trataba de cooperar a la maniobra del Ministerio de Educación, que fracasó de plano ante la unión del centroderecha. Los jesuitas de la Casa de Escritores apoyaron la maniobra Pérez Prendes, que no anduvo lejos de hundir a la candidatura del centroderecha, como pretendía la secretaria de Estado de Universidades. En este importante momento universitario español, se puso de manifiesto el progreso que había hecho dentro del PSOE la línea C.P.S. que al principio de la transición apoyaba abiertamente al PCE (Experiencias del autor en las elecciones universitarias de 1984).

El lamentable fracaso del PCE en las dos primeras elecciones generales, y la crisis del comunismo español que le ha puesto al borde de la desintegración, afectaron profundamente a C.P.S., que en su V encuentro

nacional, celebrado en Zaragoza en noviembre de 1981, llegó a plantearse su propia razón de ser en un contexto democrático. De momento su nueva razón de ser ya estaba definida, aunque no se debatió en ese congreso la infiltración en el PSOE dominante entonces en la oposición, y pronto en el Poder. Pero aunque los sectores universitarios, y algunos políticos, cumplían eficazmente esa consigna, el movimiento como tal parecía mortecino. Para revitalizarle, los mismos promotores del encuentro primordial de 1973 —los jesuitas marxistas de Barcelona— organizaron en esa ciudad la Asamblea Mundial de Cristianos en las Luchas Populares de Liberación, que se celebro del 2 al 8 de enero de 1984 (Documentación en el citado artículo de J. García Nieto en Iglesia Viva, 1984).

Acudieron a Barcelona ciento veinte representantes de treinta países Entre ellos varios grandes del liberacionismo: Giulio Girardi, el teólogo protestante francés G. Casalis, el jesuita chileno hoy exiliado Gonzalo Arroyo, el teólogo chileno también exiliado Pablo Richard, G. Dietrich de la India, los liberacionistas españoles J. A Gimbernat y J. I González Faus, fray Betto de Brasil, J. Fraser de Escocia, Fr Houtart de Bélgica. «En cierta medida —reconoce el promotor— esta Asamblea Mundial ha sido una continuación de lo que al inicio de la década de los setenta se comenzó en Santiago de Chile durante la época de la Unidad Popular». Richard y Arroyo plantearon las cuestiones fundamentales, junto con Girardi, quien dirigió a la Asamblea una pregunta-reto: «¿Continúa siendo el marxismo una fuente de inspiración y un método de análisis valido de la realidad actual?»

En el documento final se «explica» la falta de críticas de la Asamblea al bloque socialista: «Ante la amenaza mortal del imperialismo real una crítica al socialismo sería dar armas a los enemigos y desalentar a muchos cristianos en la lucha por la vida».

La Asamblea formuló una clara respuesta a la pregunta básica de Giulio Girardi, como ya hemos anticipado.

En el «combate por el socialismo, el marxismo a pesar de la crisis que atraviesa, continúa siendo una teoría fecunda para el análisis de nuestra sociedad y para la elaboración de nuestra estrategia». Una de- claración capital, que demuestra la vigencia, en nuestros días, de la amenaza histórica liberacionista. Confirmada, por otra parte, por la presencia de Cristianos por el Socialismo en dos números-encuesta seguidos de la revista liberacionista de los Claretianos rebeldes españoles, Misión abierta, el numero 2 y el numero 3 de abril y junio de 1984.

Recientemente C.P.S. ha iniciado la publicación de una revista portavoz, que confirma su trayectoria revolucionaria

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