4.6 Efficient Hierarchical Reasoning
4.6.1 Data structure
En cierta ocasión el poeta Rilke escribió: «amar a otra persona es la más difícil de todas las empresas, el preludio de muchas otras actividades, una invitación a acometer empresas colosales». Con esas pocas palabras Rilke resume el significado de la relación de pareja, la más difícil de todas las tareas y. al mismo tiempo, una invitación a afrontar grandes retos. Y es que toda relación profunda y amorosa nos empuja en dos direcciones diferentes que resultan imposibles de separar, expandiéndonos en todas direcciones y alentándonos simultáneamente a acometer grandes empresas.
Ahora que parecen haberse marchitado las motivaciones dl matrimonio tradicional y que es evidente que el sueño moderno de vivir felices para siempre en la beatitud romántica no ha dado el fruto esperado, debemos reconsiderar el objetivo de la relación de pareja. Ha llegado el momento de replanterrmos, pues, qué es una pareja y cuál es el objetivo y el significado de la relación de pareja..
Pero, para responder a estas preguntas, convendrá comenzar reconsiderando lo que confiere una importancia tan extraordinaria a la experiencia de estar enamorados. En este sentido, las personas suelen valorar cualidades tales como la verdad, la pasión, la aceptación, la vitalidad, la entrega, la inocencia, el poder, la magia, la apertura, la curiosidad, la creatividad, el despertar, el propósito, la autenticidad, la confianza, la estima y la expansión, facetas diferentes, todas ellas, de nuestra auténtica naturaleza. Es evidente, por tanto, que el enamoramiento representa una apertura que no permite vislumbrar nuestra auténtica naturaleza. Abrirnos al amor de otra persona nos ayuda, pues,a degustar el sabor de estar completamente presentes y despiertos, y la posibilidad de acceder al amplio espectro de los recursos que dimanan de la profundidad de nuestro ser. Enamorarse es un acto de gracia que despierta nuestras potencialidades latentes. Hay quienes consideran al enamoramiento como una forma de ilusión o de psicosis temporal, pero ello sólo es cierto cuando creemos que nuestra pareja es la fuente de esas cualidades y concluimos erróneamente que el otro está dándonos algo que en realidad ya es nuestro.
Para la mayoría de nosotros, nuestros potenciales más profundos son como semillas que permanecen aletargadas o se han ido deformando con el correr de los años. Y es que cuando, en nuestra infancia, los demás no nos aceptaron incondicionalmente o no nos sentimos vistos y alentados a ser nosotros mismos, acabamos desconectándonos de nosotros mismos para protegernos así de la inmensidad del sufrimiento que amenazaba con desbordarnos. En uno de sus poemas, Emily Dickinson escribió
:
Existe un dolor tan absoluto que devora nuestro Ser.
Entonces el abismo se cubre con el manto del trance para que la memoria pueda caminar
en torno a él, a través de él y sobre él.
El sufrimiento que solemos experimentar en nuestra infancia cuando no somos respetados ni amados es tan intenso que acabamos contrayéndonos y desconectándonos de la apertura primordial de nuestro ser. Y esta pérdida deja tras de sí un vacío que debe cubrirse con el manto del letargo, de las creencias, de las imágenes y de las «narraciones» acerca de lo que creemos ser. El ego es una estrategia para sobrevivir en un mundo que no nos ve ni nos sustenta, un caparazón protector que desvía nuestra atención del abismo de la pérdida de ser para que nuestra mente pueda caminar, parafraseando a Dickinson, «en trnno a ella, a través de ella y sobre ella» sin llegar a perder pie .Pero la misma cáscara de nuestra identidad construida se convierte en un obstáculo que nos impide acceder a los potenciales más profundos -la pasión, la sabiduría, la alegría, el poder, la sabiduría y la presencia de nuestra naturaleza esencial..
Cuando, más tarde establecemos una relación profunda con alguien -ya sea una pareja, un maestro espiritual o un ami goes como si el calor del sol hiciera germinar las semillas que yacen aletargadas dentro de esa cascara. Pero. en tal caso. su desarrollo nos lleva a topar con los barrotes de la estructura condicionada de nuestro ego que acaba así convirtiéndose en una jaula para nuestra alma .
El comienzo de una relación representa, pues, un proceso de expansión hasta el momento en que topamos con el caparazón limitador de las ideas que tenemos acerca de nosotros mismos, ideas basadas, por otra parte, en la interacción que mantuvimos, en nuestra infancia, con los adultos: «soy malo», «soy una buena chica», «soy especial», «no necesito a nadie», «estoy desvalido», «soy inapropiado», «debo mantener el control» o «tengo que agradar a los demás» .
Cuando la fuerza expansiva del amor pone en peligro estas identidades obsoletas caemos sobre el filo de la navaja -esa zona incierta que aparece cuando pasamos de lo conocido a lo desconoci doy dejan de serrnimos las viejas pautas, pero todavía no estamos en condiciones de utilizar las nuevas. Entonces es cuando tenemos la oportunidad de experimentar el ser, sin necesidad de aferrnamos a ninguna idea preconcebida. Se trata de un lugar que puede resultar sumamente incómodo, un punto en el que las personas suelen empezar a sentir «no sé si puedo seguir con esta relación; esto no es lo que había previsto» .
Un maestro jasídico citado por Martin Buber describía esta zona crepuscular del siguiente modo: «nadie en el mundo puede cambiar de una realidad a otra a menos que antes pase por el estadio intermedio de nada. Sólo entonces se convierte en una nueva criatura y el huevo se transforma en polluelo. El momento que
que el huevo ha dejado de existir pero todavía no puede hablarle de polluelo es la nada, un estado primordial inasible, una fuerza que precede a la creación, un momento que recibe el nombre de caos». Todos nosotros experimentamos esos momentos de caos cuando vemos amenazada una vieja identidad y, con ello, la sensación de seguridad que nos proporcionaba. Se trata de uno de los momentos más creativos de una relación, el único
momento en que puede aparecer algo nuevo. Como señaló Chógyam Trungpa en cierta ocasión: «el caos es una oportunidad extraordinariamente positiva» .
Cuanto más profunda es una determinada relación, más ilumina las facetas anteriormente oscuras y dolorosas. La verdadera relación entre dos personas siempre pone en cuestión todo aquello que dificulta el libre flujo del amor (como, por ejemplo, la creencia de que «yo no puedo tener esto» o de que «no me lo merezco»). Aun cuando hayamos descubierto un nivel de profundidad anteriormente desconocido, la creencia subconsciente de que no nos lo merecemos no tardará en llegar a su fin. Y es que el verdadero amor exige la muerte del falso yo. Como dijo el poeta sufí Ibn Al Faradh
:
Morir a través del amor es vivir;
agradezco a mi amada haberme ofrecido esta oportunidad, porque quien no muere por su amor
es incapaz, de vivir por él .
Obviamente, la perspectiva de renunciar a nuestra vieja y querida identidad alienta todos nuestros temores y resistencias. Pero si dejamos que nuestras resistencias -indicadores, a fin de cuentas, de aquellos aspectos en los que permanecemos identificados con una vieja identid adse manifiesten y trabajamos con ellas, podremos dar un gran paso hacia delante. Y es que todo avance -tanto el de las ruedas de nuestro vehículo sobre el pavimento como el de nuestros pies sobre el sue loexige superar la correspondiente resistencia. Es por esto por lo que los problemas pcologicos que acompañan a una determinada relación representranan una extraordinaria oportunidad espiritual para superar los obstáculos propios de nuestras pautas condicionadas y conectar más profundamente con los recursos internos de nuestra esencia .
Los sufíes establecen una interesante distinción entre lo que ellos denominan «estados» y «estaciones». Un «estado» es un momento de acceso provisional a una cualidad humana esencial -como la vitalidad, la alegría, la fuerza o la amabilid adque aparece y se desvanece de manera espontánea más allá de nuestra capacidad de invocarla o mantenerla. En cambio, una «estación», consiste en la integración de esa misma cualidad esencial a la que, en consecuencia, podemos acceder de continuo siempre que lo necesitemos .
Durante el estado provisional de gracia que acompaña al enamoramiento podemos experimentar el
estado de amor y presencia, pero todavía no estamos instalados en la estación del amor y la presencia. Así. si
bien ya podemos vislumbrar el oro de nuestra auténtica naturaleza, todavía no podemos acceder plenamente a él, porque aún se halla mezclado con la ganga de nuestras pautas condicionadas. Para que el amor -o cualquier otra cualidad de nuestro ser esenci aldeje de ser un estado pasajero y se convierta en una estación debemos estar dispuestos a emprender el necesario proceso de purificación que acabe separando el oro de la ganga. Este proceso es, precisamente, el viaje del amor consciente.