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5.6 Realizing Subset Reasoning

5.7.2 Use-case Evaluation

Conversación con Paul Shippee

PS: En sus libros El viaje del corazón y Love andAwakenin^ usted subraya la importancia de la relación consciente. ¿Qué es lo que le parece tan novedoso?

JW: Mientras sigamos creyendo que la capacidad de establecer una relación próxima y amorosa está programada genéticamente y que todos sabemos, de modo instintivo, lo que es eso, la intimidad personal seguirá siendo una idea muy novedosa en la historia humana. Hasta hace muy poco, el ideal del matrimonio no incluía el establecimiento de relaciones personales realmente íntimas. De hecho, la mayor parte de las parejas de la historia humana han compartido sus vidas sin hablar en serio de sí mismos y de lo que ocurría en su relación. La familia y la sociedad se encargaban de determinar las reglas y los roles del matrimonio, y el individuo no tenía que ser muy consciente de ello. Es verdad que, con mucha frecuencia, el matrimonio ha sido contemplado como una unión sagrada pero no, por ello, como algo personal.

Ahora estamos empezando a comprender lo que ocurre en la intimidad entre dos personas y sólo ahora, en consecuencia, podemos empezar a hablar y a pensar claramente al respecto.

PS: ¿Y qué me dices de los grandes amantes de la historia y de la leyenda, del amor cortés o del amor tántrico?

JW: El ideal del amor romántico del siglo XII aspiraba a consumirse a la distancia en una pasión por la persona amada, en una especie de proceso de purificación y de perfeccionamiento espiritual.

PS: Como ejemplifica la historia de Dante y Beatriz.

JW: Así es. Y, aunque se trate de una invención extraordinaria, era algo muy distinto de nuestra concepción actual de la intimidad. En esos casos, el amado era el mero vehículo de las proyecciones del amante. El amor cortés no tenía nada que ver, pues, con la relación cotidiana entre dos seres humanos reales, sino que originalmente se consideraba como un goce celestial incompatible con el matrimonio y sus exigencias terrenales.

PS: De modo que el amor romántico no necesariamente está ligado a la intimidad.

JW: No, como tampoco lo está el tantra. que no se centra tanto en la intimidad personal como en el ritual y la realización espiritual. Manifestarse personalmente a la persona amada -en lugar de enamorarse de un hermoso rostro es algo bastante nuevo en la historia.

Durante miles de años, la conciencia de la pareja se ha mantenido en un estadio subdesarrollado e infantil, en el que la pareja vivía en el seno de una familia extensa y sus miembros hacían lo que les estaba impuesto. Este estado de cosas comenzó a cambiar con el advenimiento de la revolución industrial, cuando la familia empezó a desintegrarse y los niños buscaron más libertad, lo que condujo a una figura completamente nueva, el noviazgo.

Esta nueva libertad permitió que la conciencia de la pareja avanzara de la niñez a la adolescencia, un avance -que alcanzó su punto álgido en la década de los años sesenta con la revolución sexual y el extraordinario aumento de la tasa de divorciosque se vio jalonado por la rebelión contra la tradición y el idealismo romántico. Pero, en los años sesenta, hubo dos importantes aspectos que asentaron los cimientos e hicieron posible un estadio más adulto a la conciencia de la pareja que sólo ahora está empezando a manifestarse. Me refiero al movimiento feminista, que se desembarazó de los viejos estereotipos y abrió las puertas a relaciones más igualitarias, y a la divulgación de la psicología, que proporcionó conceptos y lenguaje de los que no disponían las generaciones precedentes para hablar sobre lo que realmente sucede en el mundo de las relaciones.

Es por esto por lo que sólo hoy en día podemos comenzar a vislumbrar el potencial transformador de las relaciones conscientes entre personas que valoran su vínculo como un vehículo para cultivar sus capacidades más profundas y despertar de la prisión impuesta por el pasado.

PS: De modo que este nuevo paso hacia delante supuso un cambio que nos emancipó de las formas externas y asentó la relación en valores espirituales internos.

JW: Así es. Mientras que el estadio infantil de la evolución de la pareja estaba jalonado por las obligaciones y su estadio juvenil se caracterizó por la libertad y la rebelión, el rasgo distintivo del estadio maduro y adulto de la relación de pareja es la conciencia y la responsabilidad.

PS: ¿Tal vez sea por ello que las relaciones actuales sean hoy en día tan difíciles?

JW: ¡Lo cierto es que existe ninguna razón por la que debamos saber lo que es tener una relación íntima y consciente con otra persona, porque tal cosa nunca ha ocurrido antes! No tenemos ninguna historia, ninguna guía ni ningún modelo. Se trata de algo que la familia y la escuela jamás nos enseñaron y es por esto por lo que, en este sentido, somos pioneros en la exploración de un mundo completamente nuevo.

PS: El subtítulo de su libro Lave and Awakening es Discovering the Sacred Path of intimate Relationship, lo que parece querer decir que aspira a explicar el modo de integrar la dimensión sagrada en nuestra vida cotidiana y expresarlo en las relaciones.

JW: Durante miles de años, la religión institucional situó lo sagrado en el centro de la vida humana. Ahora que lo sagrado ha perdido el rumbo. Pero, aunque ya no sigamos confiando en la religión, los individuos pueden entablar una relación más consciente con lo sagrado.

PS: Es como si el individuo -que no las instituciones estuviera destinado a convertirse en depositario de lo sagrado.

JW: Sí. Y la relación consciente es uno de los modos en que podemos empezar a restablecer nuestra relación con lo sagrado e integrarlo en la comunidad. La cultura, en general, ya no alimenta al alma, pero podemos seguir conectados con ella en el ámbito de nuestra relación con las personas a quienes amamos.

PS: ¿Qué es para usted el alma?

JW: Las diferentes tradiciones han utilizado este término de modos muy distintos. Desde mi punto de vista, el alma no es una entidad metafísica -no es una cosa que habite el cuerpo.

El alma es una forma de hablar de la modalidad específica en que nuestro ser superior se manifiesta en nosotros, a través de nosotros y como nosotros. El alma es el elemento más distintivamente humano, el intermediario entre lo absoluto o lo divino (que es nuestra naturaleza última) y el ego condicionado (al que las tradiciones espirituales consideran la fuente de toda ilusión). A diferencia de nuestra naturaleza divina -que es universal e idéntica en todos nosotrosel alma es nuestra conciencia individual. El alma es nuestra auténtica naturaleza tal y como se despliega y desarrolla en el tiempo y el espacio, durante el curso de una vida. A diferencia del absoluto -que es eterno y que «como era en un principio, es ahora y siempre será»-, el alma es el principio del devenir.

El alma tiene un doble anhelo. Por una parte, aspira a lo absoluto, como la gota que aspira a disolverse en el océano. Pero, como dijo Rumi, «el océano también se convierte en gota», el individuo también es un vehículo de la verdad superior. Otro poeta sufí, Yunus Emre, describe del siguiente modo esta cualidad individual del alma: «Yo soy la gota que contiene el mar. ¡Qué hermoso ser un océano inmerso en una sota infinita!».

Son muchas las tradiciones sagradas que han dicho que nuestra naturaleza absoluta es la que hace posibles el amor y la compasión universal. Pero. en un nivel personal, en el nivel del alma. no amamos a todo el mundo del mismo modo. Cuando establecemos una relación profunda del alma con alguien, amamos a esa persona de un modo muy diferente al modo como amamos a los demás. Y esta particularidad es, precisamente,

eros.

PS: El cristianismo describe el amor universal que nos lleva a «amar por igual a todo el mundo» como

ágape. ¿Tienden acaso las tradiciones espirituales a infravalorar eros, el amor individual?

JW: Algunas tradiciones espirituales desdeñan la experiencia individual y la consideran como un sueño que carece de toda importancia. Una de las principales contribuciones de la moderna cultura occidental -y ello es especialmente cierto en los Estados Unidoses la valoración de la experiencia personal, la intimidad, el encuentro genuino y personal entre los seres humanos. Y es que, en tal caso, la relación íntima se convierte en un vehículo de lo sagrado, en el crisol en donde se forja nuestra alma.

PS: ¿Cuál es la relación que existe entre eros y el sexo?

JW: Eros es la totalidad de la interacción dinámica entre dos amantes, de la que el sexo no es sino una expresión. El sexo es naturalmente sagrado, porque es una expresión de la fuerza sutil de la vida que alienta en el cuerpo y en la totalidad del universo. Cuando hacemos el amor, nuestras energías sutiles se entremezclan de un modo mucho más sutil que el que tiene lugar en cualquier otro intercambio ordinario. Sólo los seres humanos hacen el amor a través del sexo, porque sólo los seres humanos yacen y se relacionan cara a cara, con las partes más blandas de nuestro cuerpo -el vientre y el corazón plenamente expuestas y en contacto mutuo.

Cuando la mentalidad moderna reduce el sexo a una función corporal ordinaria o a un instinto animal subordinado al ego racional incurre en una forma de sacrilegio. Cuanto más tratamos de capturar o manipular la experiencia sexual, más nos desconectamos de su capacidad de develar el misterio de la experiencia humana. Como escribió, a este respecto D.H. Lawrence: «el acto sexual no aspira a depositar una semilla, sino a dar un salto a lo desconocido, como Safo lanzándose al océano desde el borde del precipicio».

PS: ¿Puede hablamos de su visión de la psicología sagrada del amor? ¿De dónde proviene y cómo la han utilizado las tradiciones espirituales?

JW: Como casi todos nosotros, yo comencé estableciendo relaciones inconscientes. Mi primer matrimonio estaba basado en el amor, pero yo no llegué a comprender la dinámica de nuestra relación. Cuando concluyó, sentí una gran necesidad de comprender qué eran, en realidad, las relaciones. Entonces indagué en varias tradiciones, tanto orientales como occidentales, pero no encontré ninguna enseñanza sobre la psicología sagrada de la pareja. Es cierto que descubrí mucha psicología mundana -cómo mantener relaciones sexuales, cómo comunicarnos, cómo luchar, etcétera pero nada acerca del juego sutil y multidimensional que va entretejiendo misteriosamente el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu de dos individuos. También descubrí la existencia de enseñanzas espirituales que se centraban en principios universales como la compasión, la amabilidad y poner al otro por delante de uno mismo, pero no encontré gran cosa acerca de la dimensión sagrada de eros o de los problemas concretos que supone establecer una auténtica relación íntima con otra persona.

En la elaboración de mi visión de la psicología sagrada de la pareja he tratado de utilizar, adaptar y unificar principios procedentes de las tradiciones sagradas orientales y occidentales.

PS: El título de su libro, Love and Awakening, parece casi tautológico, porque uno podría decir que no existe ninguna diferencia entre amar y despertar.

JW: No, no creo que sea así. Es cierto que nos gusta creer, como los Beatles, que «todo lo que necesitas es amor», pero amar no es todo lo que necesitamos y, por otra parte, amar no es nada sencillo. Al obligarnos a

ver el modo en que actualizamos continuamente nuestras pautas inconscientes con las personas a las que amamos, la relación íntima nos brinda la posibilidad de cobrar conciencia de esas pautas.

PS: ¿Ése es el trabajo espiritual?

JW: En un sentido amplio. Pero yo establezco una distinción entre el trabajo espiritual en su sentido más puro (que implica comprender nuestra naturaleza absoluta) y el trabajo del alma (que supone encamar esa naturaleza superior en nuestra vida personal a través del vehículo del cuerpo-mente). Desde esta perspectiva, la relación es un tipo de trabajo del alma, que también es sagrado.

PS: Ya hemos definido el alma y el espíritu. ¿Podría ahora definir lo sagrado?

JW: Lo sagrado es el movimiento hacia una verdad más profunda, una conexión más profunda, una comprensión más profunda y todo lo que nos ayude a movemos en esa dirección. Es el encuentro entre lo humano y lo divino. En este sentido, la relación de pareja está llena de posibilidades sagradas.

PS: Lo sagrado, pues, se pone de relieve cuando lo divino se muestra en la experiencia personal aquí y ahora. Conectar con lo sagrado significa reconocer en nuestro interior el flujo de algo que nos trasciende.

JW: Así es. Si usted simplemente descansa en el ser puro y absoluto, lo sagrado no aparece porque, en tal caso, el yo y el otro no están actuando ahí en modo alguno. Usted simplemente es «Eso». Lo sagrado sólo aparece cuando asumimos nuestra vida y nos relacionamos con nuestra esposa, con nuestro marido o con nuestros hijos. Y es que, en la relación, lo sagrado se manifiesta como comunión entre el yo y el tú.

Para descubrir lo sagrado en las relaciones personales es necesario trabajar con nuestro condicionamiento interpersonal del pasado -lo que yo denomino configuración yo/los demás- que obstruye y distorsiona la comunión mucho más profunda entre dos seres humanos. Cuando dos personas utilizan su amor y su conciencia para movilizar las pautas condicionadas que bloquean su amor, la relación puede convenirse realmente en un vehículo que ayude a encamar lo sagrado en sus vidas.

PS: ¿Unificando el cielo y la tierra?

JW: Sí. Ahí precisamente, en ese punto de encuentro, es donde entra en juego lo sagrado. PS: ¿De modo que el amor, por sí mismo, no necesariamente conduce al despertar?

JW: El amor es una de las capacidades del despertar, pero no siempre disuelve nuestras defensas. El amor es como la luz y el calor del sol que empieza a despertar una semilla que permanece aletargada dentro de nosotros. El alma es esa semilla que quiere crecer, florecer y aportar frutos para devenir realmente todo lo que puede ser. Pero a menudo la cáscara que encierra la semilla es tan dura que bloquea todas esas posibilidades expansivas.

Estos potenciales más profundos suelen estimularse a través de una relación del alma -una relación amorosa que alienta el reconocimiento de lo que realmente es posible en esta vida-, ya sea con un amante, con un maestro o con un amigo.

PS: De modo que el amor es una de las formas de despertar del trance, del sueño y de la herida del ego. JW: Sí, a través de la relación, dado que fue precisamente en las relaciones con los demás donde aprendimos a cerrarnos. En la medida en que ampliamos nuestro amor, inevitablemente reaparecen nuestras viejas tendencias a cerramos y a jugar sobre seguro.

PS: ¿Y ése es el obstáculo?

JW: Estar atrapado en la configuración condicionada yo/los demás es una prisión, una especie de jaula para el alma. Tal vez usted aprendió a acorazarse para sobrevivir en su familia o para ganar su respeto o su aprobación. Así es como acabó pensando en sí mismo como «quien está al mando de la situación» y ello acabó convirtiéndose en la jaula de su alma. Pero, cuando usted quiere establecer una relación amable y amorosa con alguien, descubre el modo como esa identidad dificulta el encuentro abierto y directo con la persona amada. Su compulsión a mantener el control de la situación le separa de un amplio abanico de recursos internos, como la espontaneidad, la confianza, la receptividad al amor el abandono, la verdadera fortaleza y la capacidad de afrontar le desconocido. Por esto, si quiere estar completamente presente a la vida y a otra persona, deberá acabar disolviendo esa identidad.

Pero es muy probable que, en este punto, usted experimente una gran resistencia, porque su sensación global de identidad -ligada a la supervivencia, la fortaleza y la autoaprobación tiene que ver con mantenerse firme y controlar la situación.

PS: ¿Qué podemos hacer, pues. cuando topamos con los muros de nuestra prisión interior y aparecen las resistencias?

JW: Uno debe comenzar precisamente en el lugar en que se encuentra. Para ello es necesario sentir y abrirnos al dolor de estar atrapados en la prisión de los viejos conceptos que configuran nuestro yo y también debemos reconocer que el amor es una invitación a liberarnos de esa prisión y a convertimos en el ser inmenso que realmente somos.

A menudo experimentamos una tremenda resistencia al amor, porque el amor puede romper la cáscara de nuestro falso yo. Entonces pensamos: «¡nunca más entablaré una relación que ponga en peligro mis preciosas estrategias para mantener la seguridad y la supervivencia!» Ahí es cuando creemos que algo funciona mal en nosotros, en nuestra pareja o en la relación cuando, en realidad, ésa es una excelente oportunidad para abrirnos a una sensación más completa y verdadera de lo que somos.

PD: ¿Acaso está usted diciendo que el sufrimiento es la llave que puede abrir la puerta de nuestra prisión?

JW: No tanto el sufrimiento -porque, de algún modo, todos sufrimos como el sufrimiento consciente. Tenemos que cobrar conciencia de nuestro sufrimiento. Mantener el control es sufrir, pero uno no puede comprender eso hasta que el amor por otra persona le muestre cuan atrapado se halla en esa identidad. El amor

nos hace expandirnos y conectar con los demás y, en ese mismo movimiento, pone de relieve lo que nos mantiene contraídos y aislados.

PS: Así que, aunque todos sufrimos, no todo el mundo vive conscientemente su sufrimiento.

JW: Lo más frecuente es que las pautas de respuesta condicionada se activen inconscientemente. Pero ahora tenemos la oportunidad de ver que la actitud de control nos cierra al amor, la luz del sol que nos ayuda a convertimos en auténticos seres humanos.

PS: ¿Y cómo se hace eso?

JW: Necesitamos desarrollar la capacidad de ver y abrimos a lo que realmente somos a través de la

presencia incondicional, cuyos dos rasgos distintivos son la toma de conciencia y la amabilidad, en este caso,

cobrar conciencia de nuestras pautas condicionadas inconscientes y de las creencias que las sustentan.

PS: Así pues, las estructuras de la identidad están hechas de creencias. Éste me parece un punto muy importante, porque muchas personas no lo ven así.

JW: Cuando colocamos a la estructura de nuestra identidad bajo el microscopio de la conciencia nos damos cuenta de que está creada por varias pequeñas creencias que deben ser descubiertas. ¿Qué creencias, por ejemplo, alientan la necesidad de tener que mantener el control de la situación? Tal vez uno crea, por ejemplo, que si no controla las cosas, otros lo harán por usted, o quizás piense que el hecho de controlar es el único modo de conseguir que los demás le respeten. Para liberarse de esa estructura es muy interesante comprender la función con la que cumplió, en algún momento del pasado, esa identidad controladora.

PS: En Love and Awakening usted dice que, cuando uno topa con los muros de la identidad condicionada, es muy probable que aparezcan sentimientos amenazadores, como la impotencia, por ejemplo. Y también afirma