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3.7 Experimental Design

3.7.1 Datasets

MEDIDAS CORRECTORAS

Dadas sus características particulares debe hacerse una diferenciación, discutiendo por separado los impactos de cada uno de los tres agentes causantes de degradación considerados.

4.1 Impacto de ocupación

Su evaluación o predicción es directa a través de la medición de la superficie afectada o a ser ocupada por un proyecto. Para la valoración puede usarse como indicador la medición de la superficie ocupada ponderada con la calidad de la tierra, expresada ésta en términos de clases agrológicas.

En cuanto a medidas correctoras, considerando que no es posible regenerar si no se desplaza la actividad perturbadora, en la mayoría de los casos este tipo de impacto es irreversible. En razón de lo cual si se trata de la predicción de impactos previo a la ejecución de proyectos, se recomienda la aplicación de metodologías

disponibles como el sistema Land Evaluation and Site Assessment, LESA (Wright et

al., 1983) que permite, de una manera objetiva, proteger los suelos de mejor calidad, de la pérdida perenne que implica su sellado por la construcción de obras de infraestructura lo cual reduce la multifuncionalidad del suelo a solo un uso, de manera prácticamente irreversible.

La condición de pérdida irreversible que se señala con relación al impacto de ocupación admite la excepción de las prácticas extractivas que caracterizan la industria minera donde la acción correctora se apoya en la retirada previa y almacenamiento del suelo superficial sobre el cual se desarrolla la vegetación.

Cuando las actividades de extracción del yacimiento van progresando, de manera gradual, se van aplicando los tratamientos de recuperación que incluyen la aportación del suelo almacenado con lo cual se trata de dar al sitio condiciones adecuadas para el reestablecimiento de la vegetación (Loch y Orange, 1997; Gualdrón, 1997).

4.2 Impacto por contaminación

La evaluación o previsión del impacto por la contaminación se dificulta, si se considera la medición de la concentración de los contaminantes que se aportan ya que muchos de ellos llegan al suelo de manera indirecta, a través del agua o del aire. Inclusive la contaminación puede llegar a zonas alejadas de su sitio de origen por medio de variados mecanismos tal como ha sido discutido en los puntos antecedentes. La técnica más segura de evaluación es la experimental y la de escenarios comparados (DGMA, 1984).

Para 1981, de acuerdo a información presentada por el U.S. National Soil

Erosion - Soil Productivity Research Planning Committee (USDA/SEA-AR, 1981) ya había grupos de investigación en EE.UU, trabajando en la simulación de problemas vinculados a la contaminación proveniente de fuentes no localizadas. Un ejemplo,

producto de tales esfuerzos, es el modelo Chemicals, Runoff, and Erosion from

Agricultural Management Systems, CREAMS (USDA-SEA, 1980) que simula el transporte de sustancias químicas a escala de campo, y el cual ha sido implementado con éxito en EE.UU, para la evaluación de alternativas en el uso de prácticas y medidas de conservación (De Coursey, 1985). De acuerdo a lo señalado por Blum (1996), la acción filtrante, amortiguadora y transformadora que ejerce el suelo sobre los contaminantes que lo afectan, la cual representa una de sus más importantes propiedades ecológicas, con los conocimientos y recursos actuales, ya puede muy bien ser investigada y modelada.

Las medidas correctoras del impacto de contaminación varían según se dirijan a la fuente o al efecto (DGMA, 1984). Por supuesto las prácticas dirigidas a los efectos en el suelo deben ir precedidas de acciones que contrarresten la fuente de contaminación. Algunos comentarios se han hecho en los puntos precedentes en este capítulo acerca de las medidas correctoras que se aplican en las fuentes generadoras de la contaminación sean estas asociadas a la industria, la agricultura, los residuos urbanos y de centros poblados, etc.

Las medidas correctoras dirigidas a los efectos, aparte de ser costosas y poco eficaces, son de difícil justificación desde el punto de vista económico, más no si se considera un enfoque teniendo en cuenta los beneficios sociales (DGMA, 1984). Algunos ejemplos de técnicas correctoras de este tipo son las siguientes:

• La biorremediación de suelos contaminados con hidrocarburos (Adams y

Rodríguez, 1997; Soto et al., 1997; Torres, 1997).

• El tratamiento de suelos ácidos mediante programas de encalado (Kamprath,

• La limpieza y rehabilitación de suelos contaminados por sustancias tóxicas (Comis, 1996; Deelen et al., 1997).

• El lavado de suelos afectados por exceso de sales mediante la aplicación de

riego en exceso (Pla y Dappo, 1975; Shainberg y Oster, 1978).

4.3 Impacto por sobreexplotación

Cualquiera sea el proceso de degradación generado por la sobreexplotación, la predicción se orienta hacia la evaluación o estimación de la pérdida de la calidad y/o productividad del suelo, lo cual, a fin de cuentas, afecta la clasificación agrológica de la tierra.

Tomando como referencia la evaluación del impacto a través de la erosión que se desencadena en el suelo como consecuencia de la sobreexplotación o inadecuado uso del mismo, existen actualmente varios modelos matemáticos de distintos tipos (empíricos, causales) que permiten predecir los daños que el proceso de degradación pudiera causar al suelo en términos de pérdida de su espesor o profundidad efectiva. Tal es el caso de la Ecuación Universal de Pérdida de Suelo “USLE” (Wischmeier y Smith, 1965) modelo empírico ampliamente utilizado para la predicción a largo plazo de la pérdida de suelo debido a la erosión laminar y en surquillos, así como para la evaluación de los efectos de diferentes prácticas de conservación de los suelos. Un

modelo de tipo causal o basado en procesos, de más reciente data es el European

Erosion Model, EUROSEM (Morgan et al., 1992) el cual tiene la capacidad de evaluar riesgos de erosión y de ser usado como herramienta para la selección de medidas de protección del suelo.

Otros modelos como el Erosion Productivity Impact Calculator, EPIC (Williams

et al., 1983) y el Indice de Productividad del Suelo, IP (Neill, 1979) permiten establecer relaciones y hacer predicciones de los efectos de la erosión sobre la productividad del suelo.

La corrección es difícil y costosa y debe orientarse primeramente a la identificación y control de los procesos de degradación, cuya discusión se presenta en la Segunta Parte de este documento. Las técnicas y procedimientos para el manejo conservacionista de los suelos son variadas y de diferente naturaleza y van desde el uso y manejo de la vegetación pasando por diversas prácticas culturales y agronómicas hasta el uso de técnicas mecánicas e ingenieriles de protección (Foster, 1977; Suarez, 1982; Delgado, 1987; López, 1991).

Aún cuando en este último punto de discusión se habla de medidas correctoras es importante destacar que el medio más efectivo para combatir la degradación es la prevención. En este sentido Blum (1998) establece tres prerequisitos necesarios:

Es importante un buen conocimiento acerca del estado actual de los problemas,

incluyendo causas e impactos, lo cual, si bien es cierto, se dificulta considerando el problema de la usual carencia de indicadores.

Como siguiente paso, es necesario el seguimiento de la evolución de los problemas para la comprensión de su desarrollo en escala de tiempo y para conocer si el problema es estable, o se encuentra en condición creciente o decreciente. La carencia de mediciones u observaciones en este sentido dificultan este procedimiento.

El control de los efectos adversos de los usos competitivos del suelo debe ser

el principal concepto para combatir la degradación del suelo. La prevención ayuda a evitar la aplicación de medidas de rehabilitación, corrección o remediación. Tales medidas deben ser consideradas únicamente como último recurso o alternativa, ya que usualmente resultan demasiado costosas o simplemente imposibles de implementar.