En segundo término, una gubernamentalidad involucra la producción de sujetos afines17. El problema del sujeto en Foucault, toma una relevancia fundamental hacia el final de su obra, llegando el autor a plantear que su trabajo nunca estuvo dedicado al poder, como comúnmente se creía, sino al sujeto (Foucault, 1988a). Para indagar en este concepto tomaré dos
definiciones. La primera, de El sujeto y el poder; en este texto Foucault (1988a) plantea que lo común a todas las prácticas subjetivantes es que todas son una:
“…forma de poder que se ejerce sobre la vida cotidiana inmediata que clasifica a los individuos en categorías, los designa por su propia individualidad, los ata a su propia identidad, les impone una ley de verdad que deben reconocer y que los otros deben reconocer en ellos. Es una forma de poder que transforma a los individuos en sujetos. Hay dos significados de la palabra sujeto: sometido a otro a través del control y la dependencia, y sujeto atado a su propia identidad por la conciencia o el conocimiento de sí. Ambos significados sugieren una forma de poder que subyuga y somete” (p. 7)
Esta definición rescata el doble sentido que tiene una práctica de subjetivación; por una parte es una ley que el sujeto debe reconocer, un elemento que es externo a él, por otra parte, este elemento externo se vuelve interno, es una norma para su relación con sí mismo. El sujeto se crea a sí mismo en dicho acto de interiorización (no es que exista un individuo al que le sigue una norma que luego interioriza, como plantean las teorías de la socialización), sino que el sujeto se crea a sí mismo en el acto de reconocerse y actuar según una norma, ley, código o prescripción. La norma crea el espacio privado, la esfera íntima del self (Foucault, 2002a, 2005).
17 Varios estudios que se enmarcan dentro de los estudios de gubernamentalidad enfatizan estos procesos subjetivantes, por ejemplo, investigaciones sobre los esfuerzo de líderes indígenas de la Amazonía ecuatoriana por dar forma a los miembros de su organización (Erazo, 2010), el uso del ranking para calificar las cualidades de emprendimiento (Wee, 2011), la construcción de ciertos tipos de voluntarios afines a distintos tipos de
gubernamentalidades (Pick, Holmes, & Brueckner, 2010) y el pánico moral como una forma de regulación moral (Hier, 2011). Todos estos estudios tienen como objeto común el modo en que se da forma a un individuo o una parte de él, para que sea compatible con un modo de conducir las conductas en un contexto de libertad.
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La segunda definición la he rescatado de la última entrevista a Foucault en 198418: “…Llamaré subjetivación al proceso por el cual se obtiene la constitución de un sujeto o, de manera más precisa, una subjetividad, la que solo es una posibilidad de organización de la autoconciencia”19 (Foucault, 1988b, p. 253). En esta definición se puntualiza que un sujeto es producto (lo que en otra parte Foucault (2005) nomina efecto) de un proceso de subjetivación, la aclaración puede sonar evidente, no obstante, lo que intento rescatar es el carácter performativo de la
subjetivación: no hay sujeto antes de dicho proceso (hay otras formas de organización de la autoconciencia). Es en el acto mismo de subjetivación que se crea/fabrica el sujeto.
¿En qué consiste el proceso de subjetivación? De manera sucinta, en la imposición de una ley de verdad en la que el sujeto se debe reconocer.
Inicialmente Foucault (1990) nomina estos procesos como técnicas del self, no obstante, en sus trabajos posteriores estudia otras formas de subjetivación que permiten pensar que las técnicas del self son una modalidad de fabricar un sujeto entre otras posibles. Foucault (2005) les dedica una especial atención en el estudio de la función psy, y en el rol que cumplen la psicología y la psiquiatría para instalar estos dispositivos. Las tecnologías del yo son aquellas que:
“permiten a los individuos efectuar por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad.” (Foucault, 1990, p. 48)
La psicología y la psiquiatría instalan un saber en que el sujeto se reconoce a sí mismo, y partir del cual realiza una serie de operaciones sobre su sí mismo. Esta línea de indagación luego será continuada por Nikolas Rose (1998, 1999). Las tecnologías del yo presuponen una moral específica.
18 La entrevista fue realizada por Gilles Barbadette and André Scala con ocasión de la publicación francesa del último volumen de La Historia de la Sexualidad.
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No obstante, Foucault en sus últimos años propuso otras formas de subjetivación. La variación corresponde a otras formas morales, lo que tiene como efecto otro sujeto moral. Así, en La Historia de la Sexualidad propone la noción de artes de la existencia, estas son aquellas:
“…prácticas sensatas y voluntarias por las que los hombres no sólo se fijan reglas de conducta, sino que buscan transformarse a sí mismos, modificarse en su ser singular y hacer de su vida una obra que presenta ciertos valores estéticos y responder a ciertos criterios de estilo…” (Foucault, 2002a, pp. 13-14)
Al igual que en las técnicas del yo, suponen la transformación de sí mismo en función de una regla, pero esta es de otra naturaleza: el objetivo no es alcanzar un estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad, sino ajustarse un canon estético, respondiendo a cierto estilo. Es un objetivo más acotado, sin una gran promesa en su estado final o un compromiso de
trascendencia, pero es moralizante en el sentido que impone una regla moral en la que el sujeto se reconoce a sí mismo (Veyne, 1997)20.
20 En varios de sus análisis Foucault estudia la moral de la Antigüedad (Véase por ejemplo La hermenéutica del sujeto (2002b) y La historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres (2002a)), no obstante, no encontramos estudios que refieran sobre la moral contemporánea. Ello podría interpretarse como falta de interés por parte del autor y/o que su trabajo se vio interrumpido por su muerte en 1984. Sin embargo, en Las palabras y las cosas
(1968), desde un análisis de la relación entre lenguaje y pensamiento en la modernidad, Foucault concluye que no es posible una moral. Revisemos este asunto: en las ciencias humanas modernas, en el orden del pensamiento, el lenguaje pierde su capacidad de representación: el lenguaje habla sólo de sí mismo. Esto es lo que Derrida (2005) luego explicará como que un significante siempre refiere a otro significante. No existe un orden del significado, algo fuera del lenguaje. Ello tiene implicancias para pensar una moral, Foucault (1968) plantea que en Occidente ha habido dos formas éticas:
La antigua, que se articulaba en el orden del mundo. Era una moral vinculada al conocimiento de la naturaleza; se buscaba descubrir en la ley natural un principio moral. Esta forma moral presupone una relación representativa entre pensamiento y lenguaje, es decir, en el lenguaje se representa algo que está afuera, más allá del pensamiento, puntualmente, algo que está en la naturaleza.
“…En cambio la moderna no formula ninguna moral en la medida en que todo imperativo está alojado en el interior del pensamiento y de su movimiento para retomar lo impensado” (Foucault, 1968). Esta afirmación tiene al menos dos implicancias, en primer término que no existe una moral en tanto que no hay nada fuera del lenguaje a lo cual pueda referirse. Es, en palabras de Derrida (2005), una cadena infinita de significantes, pues para explicar un significante siempre debe recurrir a otro(s) significante (s) y así sucesivamente. No hay un fundamento último para sostener o asentar un imperativo moral (Dios o la naturaleza, por nombrar algunos ejemplos). La segunda implicancia es un límite a la primera, en términos simples, lo que Foucault propone es que existe una ética sin moral (pues está describiendo la ética moderna). ¿Cómo puede entenderse algo como una ética sin una moral? La respuesta simple, es remitiendo la moral al orden del pensamiento: dado que el lenguaje es siempre un tránsito dentro del orden pensamiento (y nada fuera de él), no se puede fundamentar ahí una moral. No obstante, se puede fabricar una moral en un orden distinto al del pensamiento (y para estos efectos, del lenguaje)20. Foucault dejó abierto este asunto, para retomarlo en sus últimas contribuciones (particularmente en el segundo tomo de La Historia de la Sexualidad). En estos trabajos se puede esbozar la naturaleza de una moral o una ética
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Rose (2001) sintetiza este carácter moralizante de algunas prácticas en el concepto de ‘ethopolítica’, esta sería
“…las políticas de la vida misma y sobre cómo debe ser vivida (Rose, 1999). Por ethopolítica [se busca] caracterizar modos a través de los cuales los ethos de la existencia humana – los sentimientos, la naturaleza moral o guiar las creencias de las personas, grupos o instituciones – han venido a proveer un “medio” a través del cual el auto gobierno de individuos autónomos puede ser conectado con imperativos de buen gobierno. En ethopolítica, la vida misma, como es vivida en todas sus manifestaciones cotidianas, es el objeto de adjudicación. Si la disciplina individualiza y normaliza, y el biopoder colectiviza y socializa, la ethopolítica se concentra en el sí mismo con las técnicas del yo por las cuales los seres humanos deben juzgarse a sí mismos y según las cuales deben actuar para ser mejores de lo que son…21” (p. 18)
Esta definición si bien es interesante, no parece agregar algo que no esté incluido en la
teorización de subjetivación. Ello quizás explica el escaso impacto que ha tenido este concepto en las ciencias sociales en general y en los estudios de subjetivación en particular.
La tesis que guía este trabajo es que en la construcción de la solidaridad se aporta a un proceso de subjetivación específico (esto es, a construir sujetos afines a una gubernamentalidad
neoliberal). Específicamente, propongo que en la publicidad de ayuda se contribuye a instalar una moral en la que el sujeto se reconoce a sí mismo.
que no ocurre en el orden del pensamiento. En su última entrevista (25 de abril de 1984), ante la pregunta por su interés por la moral en la Antigüedad, parte de la respuesta del autor es la siguiente:
“De la Antigüedad al Cristianismo, pasamos de una moralidad que era esencialmente la búsqueda de una ética personal a una moral como la obediencia a un sistema de reglas. Si estuve interesado en la Antigüedad fue por un conjunto de razones, la idea de la moralidad como obediencia a un código de reglas está desapareciendo, de hecho ya ha desaparecido. Y a esta ausencia de moralidad corresponde, debe corresponder, la búsqueda de una estética de la existencia” (p. 49).
En continuidad con lo planteado en Las palabras y las cosas, el autor propone una ética sin moral; es justamente una ética que no ocurre en el orden del pensamiento, que no se realiza como la obediencia a un código de reglas, sino que es una estética de la existencia. Esta noción Foucault (2002a) la define en La Historia de la sexualidad como un arte de la existencia. En consecuencia, propone una estética moralizante o una moral estética. Es una ética fuera del orden del pensamiento, pero una ética al fin
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En los últimos años ha tomado especial relevancia la sociología del individuo, principalmente desde los aportes de Danilo Martuccelli (véase Araujo & Martuccelli, 2012; Martuccelli & de Singly, 2012; Martuccelli, 2007). En su preocupación por la incorporación de los individuos al pensamiento sociológico, Martuccelli y de Singly (2012) consideran las teorías de la
subjetivación y la noción de sujeto de Foucault para pensar a los individuos en la sociología, no obstante, las eluden por motivos que no serán discutidos en profundidad en este trabajo22. Los autores optan por la noción de individuación.
En el capítulo anterior como en el siguiente se toman los aportes de Martucelli y Araujo
(2012), principalmente por su caracterización de la sociedad chilena. El uso de estos trabajos se realiza considerando los puntos de convergencia entre ambas investigaciones: Martuccelli y de Singly (2012) definen como pregunta clave para la su proyecto “¿Qué tipo de individuo se fabrica estructuralmente?” (p. 97), para responder dicha interrogante, proponen la prueba como operador analítico. Toda prueba se caracteriza por:
1. El hecho de que el actor percibe que está sometido a una prueba.
22 La lectura que realizan Martuccelli y de Sinlgy (2012) descartan los aportes de Foucault para pensar a los individuos en la sociología, sin embargo, la lectura que realizan del filósofo francés, en muchos casos no se ajusta al sentido de sus contribuciones. Esto al menos en dos aspectos: cuando Martuccelli y de Singly (2012) describen las teorías de la subjetivación definen esta última como “…una estrategia que utiliza un actor cuando desempeña un rol social”.(p. 54). Sería aquello que supuestamente escapa a lo social, que finalmente está regulado
socialmente. Para los autores “…la subjetividad moderna no es otra cosa que el alma secularizada de los
cristianos” (p. 55). Si bien las teorías de la subjetivación no están referidas directamente a Foucault, la descripción que realizan tiene un tinte foucaultiano (sobre todo en la noción de alma secularizada). No obstante, el alcance de la subjetivación se aleja del sentido propuesto por Foucault; si bien nunca profundizó en la magnitud de los procesos de subjetivación (esto es, de una relación socialmente regulada con el sí mismo), la constitución del individuo en sujeto se extiende mucho más allá de una mera estrategia de un rol social. Por ejemplo, cuando el sujeto se subjetiviza, valga la redundancia, desde el saber de la psiquiatría y la psicología como un ser con psique, ello tiene implicancias mayores, por ejemplo a nivel político, es más que una dimensión de rol interpretado socialmente. Por otra parte, Foucault de hecho rescata la idea de un sujeto intrínsecamente dividido, elemento que Martucelli y de Singly (2012) extrañan en la teoría social.
En segundo lugar, Martuccelli y de Singly (2012) ubican a Foucault dentro de las teorías de la emancipación, enfatizando las últimas contribuciones del autor. Si bien esta lectura de las últimos aportes de Foucault no es única (Páez, 1992), en general no goza de mayor consenso, pues Foucault es tradicionalmente ubicado dentro de los autores postmodernos justamente por la imposibilidad de una emancipación. Para Foucault la política se monta sobre una diversidad de relaciones y dispositivos, donde lo constatado en sus últimos estudios son formas más estéticas de dominación, pero no por ello apolíticas y asociales. Las prácticas de resistencia tienen un valor en sí mismas, pero tienen como efectos formas de dominación más sofisticadas (Foucault, 1988a).
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2. El actor tiene la posibilidad de enfrentar la prueba percibida. 3. Toda prueba supone un proceso de selección entre los individuos
4. La noción de prueba es inseparable de un conjunto de desafíos estructurales, que se pueden denominar como el syllabus de una sociedad.
Con una diferencia paradigmática importante, la pregunta de Martucelli se asemeja a la que planteo en este trabajo en al menos dos aspectos: primero porque vincula la esfera, por él nominada individual, con la estructural. La noción de sujeto, justamente conecta esos procesos; interesa de qué manera se encuentra socialmente normada la relación con el sí mismo para dar cuenta de un estado general de las cosas. Y, en segundo lugar, en ambas contribuciones se destaca el carácter vinculante e ineludible de un problema que tiene importantes efectos para quien la enfrenta: la prueba de Martuccelli es inexcusable para quien la afronta, lo mismo ocurre para la moral desde la cual se subjetiva, la adherencia a dicha moral es compleja e intrincada, pero es subjetivante en la medida en que es vinculante para quien está sometido a ella, es decir, no tiene posibilidad de ser ajeno o desentenderse de dicho código ético. En palabras simple, dada la vinculación de las pruebas de Martuccelli a desafíos estructurales, estas son moralizantes (esto quedará más claro en el capítulo siguiente), y por tanto, tienen como efecto un sujeto (o, dicho de otra forma, son subjetivantes). En base a estos puntos de encuentro se toma la sociología del individuo, en este trabajo que versa sobre subjetivación. III.2 CONCLUSIONES
En síntesis, en este estudio asomo que para la gubernamentalidad chilena se requiere de la fabricación de un tipo particular de sujeto, y que en la construcción de la solidaridad en la publicidad de ayuda, se contribuye a fabricarlo.
La noción de gubernamentalidad nos permite entrar en una red de asociaciones que se generan a propósito de la publicidad de ayuda, no obstante, como todo concepto no está exento de dificultades. El principal obstáculo para trabajar con el constructo de gubernamentalidad, es que ha sido una tesis para interpretar la realidad europea y de Estados Unidos. Cuando Dean (2010) y Vázquez (2005) realizan un recorrido por las distintas formas de gubernamentalidades están atendiendo principalmente a la realidad política de países desarrollados. Ramos (2012)
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por su parte, si bien realiza una revisión breve sobre el devenir de las formas de gubernamentalidad, presenta algunas aristas propias del caso chileno.
En general existe consenso en trazar la historia de la gubernamentalidad pasando por tres etapas: el liberalismo clásico, el liberalismo social y el neoliberalismo (Dean, 2010; Ramos, 2012; Vázquez, 2005).
El liberalismo clásico se caracterizó por la fabricación de sujetos libres, para ello se introdujo la idea de que la práctica de gobierno debía reducirse a su mínima expresión, gobierno frugal lo llamó Foucault (2007), instalando al mercado como lógica de veridicción o falseamiento del ejercicio de gobernar. Para ello, y contrariamente a lo que se piensa tradicionalmente, se requirió de una fuerte intervención estatal, tanto para crear sujetos libres como para instalar al mercado próximo a las lógicas de gobierno (Ramos, 2012). Este liberalismo, en tanto que libera a los individuos de sus compromisos tradicionales (y por tanto de su protección) fue
acompañado inevitablemente de una cultura del peligro (Foucault, 2007). El devenir de esta cultura ha sido teorizado, entre otros, desde la noción de sociedad de riesgo (Beck, 1998). La segunda fase es denominado por Ramos (2012) como la etapa de generalizada
institucionalización de sistemas de protección, que se materializa principalmente en el Estado de Bienestar. En este tipo de gubernamentalidad se perfecciona el trabajo sobre los riesgos, tanto en su cálculo como en su intervención, administrativamente ello se traduce en una acción estatal protectora de diferentes tipos (Ramos, 2012). En este tipo de arreglo social el sujeto es un ciudadano social, es decir, es quien se debe solidariamente a un colectivo para asumir los riesgos propios de su existencia (Dean, 2010; Petrella, 1997; Vázquez, 2005).
El neoliberalismo presupone una gran transformación a nivel del rol del Estado:
“Es un nuevo tipo de gubernamentalidad, completamente distinta a la lógica normativo-administrativa del Estado de Bienestar que, sin embargo, en la práctica, no significa necesariamente un desmantelamiento de su maquinaria, aunque sí un rebalanceo significativo en su forma de funcionamiento, con la incorporación de nuevos principios de funcionamiento que hacen hincapié en que las medidas estatales se apoyen en formas de agencia descentralizada, en la coordinación de la autorregulación, en el fomento del libre juego de los intereses privados, en el sustento de las relaciones heterárquicas…” (Ramos, 2012, p. 158)
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Ramos (2012) luego concluye que los resultados serían diferentes lógicas de hibridación, donde en algunos países han predominado lógicas más protectoras (como Francia, Alemania y
Argentina), mientras que en otros ha prevalecido una lógica descentralizada de regulación indirecta (como Estados Unidos y Reino Unido). Chile ha sido situado en este segundo grupo (Boyer 2003, citado en Ramos 2012), no obstante, para Ramos (2012) dicha clasificación es cuestionable dada la permanencia de un sistema administrativo protector, altamente legitimado,