Chain’s Approach to and Implementation o f RM, and Managers’ Perspectives on Customers
6.3 The Decision Support System
En el control de la correspondencia se presentaron múltiples irregularidades y problemas: protestas de los empleados por el exceso de trabajo, los malos tratos de los superiores, los des- cuentos indiscriminatorios de salarios, las multas pecuniarias. Las reclamaciones de ciudadanos que acudían personalmente a las oficinas de correo aumentaban; lo que creó inquietud y temor dentro del personal que trabajaba para los servicios de Inteligencia.
Ante tal desorganización y falta de confianza en los em- pleados bolivianos y del Ministerio del Interior, la estación CIA, sin consulta ni acuerdo previo con las autoridades bolivianas, tomó la decisión de controlar directamente el trabajo de che- queo de la correspondencia. A sus agentes Julio Gabriel Gar- cía, Luis Suárez, Miguel Nápoles y Hugo Murray les orientaron que se ocuparan de esta tarea. Ellos estructuraron un plan que comenzó con la vigilancia de todos los empleados para deter- minar a cuáles debían despedir o cambiar de actividad. Tam- bién la investigación se llevó a cabo contra Alfredo Viricochea, jefe de grabaciones de la central telefónica.
Los agentes de la CIA, a partir de ese momento, enviaron las instrucciones de forma directa al personal infiltrado dentro de esos organismos, sin comunicarlo primero a los funciona- rios del Ministerio del Interior, tal como lo tenían establecido. Algunas de esas instrucciones eran a través de tarjetas, notas manuscritas y anotaciones.
El trabajo para el personal de censura en las oficinas de correo fue intenso, porque tenía que separar cientos de cartas,
y luego informar mensualmente de dónde procedían. Uno de los agentes de la CIA envió una propuesta para tratar de racio- nalizarlo y hacerlo más efectivo, textualmente dice:
De acuerdo al trabajo realizado hasta el presente, se ha visto conveniente sugerir el siguiente plan de trabajo para su mayor efectividad:
Se ha visto que es imposible poder sacar toda la corres- pondencia que llega por vía aérea, tomando en cuenta que so- lamente en nuestro trabajo de correspondencia que nos inte- resa más de los cuáles se puede detener en su totalidad son: Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú, Brasil y Chile, dejando seguir su curso del resto de valijas de los demás países y po- der hacer nuestro trabajo sin dar a entender alguna suscepti- bilidad al público sobre nuestra labor; debo indicar que esto sería solamente para la correspondencia por vía aérea que es lo que más nos interesa, por cuanto se refiere al correo por vía terrestre, debo manifestar que con las empleadas que están a nuestro cargo y nosotros mismos, se realiza una labor más efectiva, por lo cual en esta sección no sería necesario sacar la correspondencia.
Para que todo este plan de trabajo se realice en forma efec- tiva y el público no se dé cuenta, debo sugerir el cambio de algu- nas empleadas de la sección aérea en vista a estar muy vinculadas con algunas personas del público y evitar que den datos.
Una de las empleadas del correo propuesta para cam- biarla de funciones fue la señora María Benquique de Sattori, el motivo fue la confección del siguiente informe a las instan- cias superiores:
El día de ayer a hrs. 11 a.m., el señor José Luis Cueto se hizo presente en esta oficina y buscó personalmente a la Sra. María de Sattori empleada de la Sección Certificadas Aéreas, para pre- guntarle por su correspondencia que no le llega regularmente. En la misma tarde de ayer la buscó también personal- mente el Sr. José María Alvarado, para preguntarle sobre una carta de Cuba dirigida al Sr. Gilberto Pedraza, requerimien- to al cual la Sra. De Sattori buscó en forma interesada y a la vez manifestó que dicha carta debe aparecer porque no puede perderse ni extraviarse ninguna correspondencia.
Esta Señora María de Sattori en charla con una emplea- da que está a nuestro servicio le indicó en forma textual que —Es esposa de Jorge Sattori, que ahora se hace llamar José Sattori, cambio de nombre que se hizo para así poder recibir su correspondencia y propaganda comunista que hace tiempo no recibe—, por lo cual ella está tratando de averiguar el moti- vo porqué no le llega dicha correspondencia.
De acuerdo a su manifestación textual anterior vemos que es un elemento muy peligroso para nuestra labor y segu- ridad del servicio.
Debemos indicar que el nombre del señor Gilberto Pe- draza se halla consignado en nuestra lista de censura.
Es cuanto se informa para fines consiguientes.
La Paz, 2 de junio de 1967. El control telefónico por órdenes de la CIA se les estable- ció a las embajadas y funcionarios de Francia, México, Argenti- na, Perú, Uruguay y Brasil; a altos oficiales de las fuerzas arma- das y el Ministerio del Interior. En nota manuscrita del oficial Hugo Murria, se orientó controlar a los coroneles Fernando
sus cuentas bancarias. Se alegó que eran hermanos de los di- rigentes comunistas Jorge Sattori Rivera y Jorge Kolle Cueto, y medio hermano de Juan Lechín Oquendo, respectivamente.
Dentro de la correspondencia que le interceptaban al se- ñor Eduardo Olmedo López Muñoz, encontraron una carta pro- cedente de Lima, remitida por el doctor Víctor Paz Estenssoro, expresidente boliviano. Los expertos de la CIA le falsificaron la firma y le cambiaron el texto con el propósito de desanimar a López Muñoz, desmoralizarlo y trasladarle la impresión de que estaba repudiado por el doctor Paz y crearle resentimiento hacia este. Cuando se analiza la carta se descubre que, además de la falsificación de la firma, modificaron el segundo párrafo, le añadieron uno nuevo que al leerse detenidamente el original y compararlo con el suplantado, se aprecia con claridad.
Los agentes de la CIA alquilaron apartados postales con nombres falsos o de personas sin su autorización. Uno de es- tos casos fue el de Rodolfo Quevedo, con residencia en la calle Illimani Nº. 1476 y cédula de identidad 305719. La gestión la realizó el agente de la CIA, de origen cubano, Luis Suárez.
El desprecio de los oficiales y agentes de la CIA hacia los funcionarios bolivianos que estaban bajo sus órdenes, era tan notorio, que dos de ellos, Ricardo Aneiva Torrico y Max Jaldin, acordaron formar un frente común para no entregarles algunas informaciones que afectaban la moral de muchos bolivianos, porque a través de las conversaciones grabadas o la correspon- dencia censurada, los oficiales de la CIA pretendían conocer hasta las intimidades de esas personas. El propio Antonio Ar- guedas manifestó que los norteamericanos querían manejar el Ministerio del Interior de Bolivia como si fuera un consulado de los Estados Unidos.