Chapter 4 : Fishing at the Edges
4.6. Decisions to diversify
De acuerdo con la metodología cualitativa por la que habíamos optado para esta investigación, decidimos realizar entrevistas etnográficas semiestructuradas (Burgess, 1988; Saville-Troike, 1989; Spradley, 1979), también llamadas entrevistas cualitativas (Mason, 1996), para profundizar en los sistemas de creencias, tanto de los alumnos como de los profesores de enseñanza secundaria. La entrevista semiestructurada se encuentra en un punto medio de un continuum entre la entrevista estructurada, formal o dirigida, que sigue un patrón fijo de preguntas cuyas respuestas se registran de forma estandarizada, y la entrevista no dirigida, en la que el entrevistador pasa totalmente a un segundo plano, dejando total libertad al entrevistado para que desarrolle sus pensamientos y su discurso (Cohen y Manion, 1989). Entre los investigadores hay opiniones muy diferentes sobre qué tipo de entrevista es el más conveniente para fines de investigación; mientras que algunos se decantan claramente por la entrevista estructurada (Cohen y Manion, 1989), otros abogan por la entrevista no estructurada, por la conversación que nos permita entender mejor la vida del entrevistado (Burgess, 1988).
Para las entrevistas disponíamos de una guía de preguntas-tema flexible, que la entrevistadora podía formular de otra manera, secuenciar de una u otra forma, así como explicar o aclarar lo que considerara necesario. La investigadora-entrevistadora se identifica con la siguiente definición que David Nunan formula para las entrevistas semiestructuradas:
The interviewer has a general idea of where he or she wants the interview to go, and what should come out of it, but does not enter the interview with a list of predetermined questions. Topics and issues rather than questions determine the course of the interview. (Nunan, 1992: 149)
Las entrevistas constituyen un instrumento de investigación que goza ya de una amplia tradición en el mundo de la investigación educativa, especialmente cualitativa y etnográfica (Biddle, 1986; Bisquerra, 1989; Bruner, 1990; Brüsemeister, 2000; Burgess, 1988; Caspari, 2001, 2003; Cohen y Manion, 1989; Demazière y Dubar, 1997; Duranti, 1997; Fontana y Frey, 1994; Hammersley y Atkinson, 1983; Huber, 1992; Kvale, 1996; Latorre, Del Rincón y Arnal, 1997; Mason, 1996; Maykut y Morehouse, 1994; Saville -Troike, 1989; Spradley, 1979; Woods, 1986). Su principal ventaja es que es un método de recogida de datos muy abierto, que permite una interacción extremadamente rica entre entrevistado y entrevistador, de forma que no sólo es posible analizar lo que se dice, sino, muy importante también, cómo se dice, pudiendo deducir y describir con detalle el posicionamiento del entrevistado ante los temas planteados. A esta ventaja podemos añadirle otra, no desdeñable: la entrevista es una forma de comunicación con la que estamos familiarizados, lo que la hace un instrumento accesible (Kallenbach, 1996).
Una entrevista es básicamente un diálogo entre dos personas interesadas en uno o varios temas. Es una conversación basada en la participación y con un propósito determinado (Burgess, 1988). La entrevista etnográfica se trata de una situación comunicativa participativa e igualitaria en la que el entrevistador y el entrevistado dan cuerpo a un proceso de construcción de conocimiento (Kvale, 1996). Es decir, la entrevista no es un mero instrumento para recopilar información, sino un proceso de construcción de la realidad al que tanto entrevistador como entrevistado contribuyen, resultando ambos afectados pro dicho proceso (Woods, 1992).
Por todo ello, es esencial que el entrevistador establezca una relación de confianza con el entrevistado, que dé pie a la interacción y que deje que el entrevistado, a través de su discurso, vaya dándole forma a su pensamiento, intentando no influir en su perspectiva. Podemos considerar con Peter Woods (1986) que tres atributos importantes del entrevistador son: la confianza, la curiosidad y la naturalidad. El entrevistador puede ser "minero" o "viajero", según dos metáforas utilizadas por Kvale (1996), en el sentido de que puede intentar entrar con el entrevistado en su mundo interior para explorarlo o emprender un viaje con él buscando una construcción común de conocimiento. No obstante, el hecho de que una entrevista sea una conversación no obsta para que haya de ser cuidadosamente planificada, realizada y analizada, tal como subrayan Cohen y Manion (1989) antes de proponer una secuencia de trabajo con entrevistas. Mason (1996) habla de una preparación social (que contribuya a enriquecer la interacción entre entrevistador y entrevistado), intelectual (que garantice la construcción de conocimiento a partir de la entrevista) y práctica (que asegure la calidad de los aspectos técnicos de la
entrevista). Por su parte, Kvale (1996) distingue y describe siete pasos en el transcurso de un estudio realizado a base de e ntrevistas:
1. Tematización: se formula el propósito de la investigación y el tema que va a ser estudiado.
2. Diseño: se planifica el estudio para llegar al conocimiento que se pretende teniendo en cuenta las implicaciones morales pertinentes.
3. Realización de las entrevistas: para ello, se toma como base una guía orientativa, atendiendo en todo momento a la relación con la persona entrevistada.
4. Transcripción: se traslada el discurso a un texto escrito, de forma que quede preparado para su análisis.
5. Análisis: se decide y se aplica el método de análisis que mejor se ajuste al propósito de la investigación y a las características del material obtenido. 6. Verificación: se comprueba la fiabilidad y la validez del análisis realizado. 7. Redacción del informe final: de esta forma, se dan a conocer los resultados
del estudio de forma comprensible y rigurosa, que cumpla los criterios que impone la investigación científica.
En la bibliografía pertinente se pueden encontrar sugerencias y orientaciones prácticas para la investigación basada en entrevistas referentes a todas las fases arriba mencionadas, desde cómo plantear el tema hasta el informe final, pasando por informaciones tan útiles desde el punto de vista del investigador que emprende la tarea de entrevistar como recomendaciones técnicas para la grabación y para la posterior transcripción de los datos (Bisquerra, 1989; Breakwell, 1990; Brüsemeister, 2000; Cohen y Manion, 1989; Dilley, 2000; Duranti, 1997; Fontana y Frey, 1994; Hammersley y Atkinson, 1983; Kvale, 1996; Mason, 1996; Maykut y Morehouse, 1994; Parkinson, 1993; van Lier, 1988; Woods, 1986).
La obra de Kvale sobre entrevistas (1996) es extensiva y cubre aspectos teóricos, técnicos, metodológicos y éticos en torno a la actividad de entrevistar como actividad científica y de construcción de conocimiento. Dada la amplitud y profundidad con la que trata el tema, consideramos relevante ofrecer aquí los seis criterios de calidad que propone este autor para las entrevistas y que hemos tenido presentes al realizar las nuestras:
- Que las respuestas de la persona entrevistada sean espontáneas, ricas, específicas y relevantes.
- Cuanto más cortas sean las preguntas del entrevistador y más largas las respuestas del entrevistado, mejor.
- Que el entrevistador siga y clarifique el significado de los aspectos relevantes de las respuestas.
- La entrevista ideal es aquélla que va siendo interpretada a lo largo de la propia entrevista.
- El entrevistador intenta verificar sus interpretaciones de las respuestas del entrevistado a lo largo de la entrevista.
- La entrevista habla y se explica por sí misma ("self-comunicating"), es decir, es un documento integral que se entiende por sí mismo y que apenas precisa de descripciones o aclaraciones adicionales.
Este autor describe también al "buen entrevistado", aquél que, por sus características personales, hace aumentar la calidad de la entrevista. Reproducimos aquí la cita original, por considerarla lo suficientemente elocuente:
Good interviewees are cooperative and well motivated, they are eloquent and knowledgeable. They are truthful and consistent, they give concise and precise answers to the interviewer's questions, they provide coherent accounts and do not continually contradict themselves, they stick to the interview topic and do not repeatedly wander off. Good subjects can give long and lively descriptions of their life situation, they tell capturing stories well suited for reporting. (Kvale, 1996: 146)
Teniendo en cuenta que no existe el entrevistado ideal, ya que cada persona puede ser adecuada para un determinado tipo de entrevista, la tarea del entrevistador es motivar a la persona que entrevista y facilitar la interacción con ella.
Kvale también formula criterios extensivos de calidad para el entrevistador: que disponga de amplios conocimientos sobre el tema sobre el que versará la entrevista; que sea capaz de estructurarla; que formule preguntas simples y concisas en registro estándar y de forma retóricamente adecuada; que sea cortés y de trato agradable, sin interrumpir al entrevistado y dejándole seguir su propio ritmo al pensar y al hablar; que sea sensible y escuche de forma activa y diferenciada, intentando llegar a una posición de empatía con el entrevistado y tratando de captar matices; que tenga una actitud abierta con el fin de captar aspectos nuevos que vayan surgiendo en la entrevista, aunque no estén previstos de antemano; que tenga en mente el propósito de la entrevista y controle su transcurso para evitar digresiones y para llegar a tratar los temas previstos; que cuestione de forma crítica lo que dice el entrevistado en términos de fiabilidad y validez; que tenga siempre en mente lo que el entrevistado va diciendo a lo largo de la entrevista, con el fin de poder establecer relaciones; por último, que intente aclarar y ampliar, en una palabra, interpretar a lo largo de la entrevista lo que dice el entrevistado, para que éste pueda mostrar su acuerdo o desacuerdo con dichas interpretaciones.
Además de caracterizar a las personas implicadas en el proceso y plantear criterios de calidad, Kvale repasa todos los demás pasos del proceso de investigación basado en entrevistas, como cuestiones de validez y fiabilidad y elección y desarrollo del método adecuado de análisis. No nos extendemos aquí en más explicaciones sobre los procedimientos, puesto que explicamos de forma detallada el proceso de investigación de las entrevistas que realizamos con profesores y alumnos en el apartado siguiente.
Al margen de consideraciones prácticas o metodológicas sobre las entrevistas como instrumento de investigación, nos parece importante destacar el aspecto ético de las mismas (Burgess, 1988; Kvale, 1996; Mason, 1996). Como en toda investigación cualitativa o etnográfica, será fundamental conseguir el consentimiento informado del entrevistado, principio que hemos respetado escrupulosamente en la presente investigación. Por otro lado, es absolutamente necesario preservar el anonimato del entrevistado y respetar su función como participante en la investigación y como "experto" en el tema planteado. El entrevistador tendrá que adoptar una actitud atenta, abierta y sensible al transcurso de la interacción, dotándola de la estructura necesaria, pero sin presionar en ningún momento al entrevistado.
Igual que ocurre con los diarios, cuya escritura tiene una función catártica, la entrevista no sólo es considerada como instrumento para generar datos que luego serán investigados, sino que constituye también un importante medio de reflexión con efectos terapéuticos en algunos ámbitos, como muestra la larga tradición de la psicología, el psicoanálisis y la psiquiatría, comentados por Kvale (1996) y Cohen y Manion (1989), e incluso pedagógicos en otros (Byram, 1996). Podemos considerar pues que el mero hecho de reflexionar y construir su discurso a lo largo de una entrevista puede servir para que el aprendiz de LE sea más consciente de cómo aborda su proceso de aprendizaje.
Un obstáculo de la investigación basada en entrevistas es la enorme cantidad de datos que éstas generan y la complejidad de su análisis (véase crítica en Brüsemeister, 2000). Kvale (1996) se refiere a esta dificultad como "la cuestión de las 1.000 páginas", es decir, el hecho de enfrentarse de repente a 1.000 páginas de transcripciones de entrevistas y no saber por dónde empezar su análisis. Para solventar esta dificultad es importante que la preparación de las entrevistas haya sido exhaustiva y, como señala este autor, que el investigador-entrevistador tenga en mente el tipo de análisis que desea aplicar antes de realizarlas. De esta forma, podrá tenerlo en cuenta a la hora de prepararse para la interacción e incluso podrá realizar una cierta forma de análisis a lo largo de la entrevista, pidiendo que el entrevistado ratifique o aclare las interpretaciones que va haciendo el entrevistador.
No obstante, toda la preparación y todas las precauciones que se tomen no evitarán el considerable esfuerzo y la importante inversión de tiempo y energía que supone la grabación, transcripción y análisis meticuloso de documentos con los que precisamente se pretende generar abundancia de datos, complejidad discursiva y riqueza de interacción. Sin embargo, estamos convencidos de que tanto cantidad como calidad de información, de reflexión y de introspección que nos proporcionan las entrevistas realizadas merecen con creces el esfuerzo que han supuesto.