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Decoding Algorithm of Generalized Helberg Codes

No hay nada en el mundo que no tuviera una explicación. Angel Osorio

Entre los campesinos de Irlanda se han conservado, a través de los milenios, curiosas tradiciones, entre las cuales existen algunas poco conocidas, y que permiten descorrer un poco el velo que nos separa de los tiempos prehistóricos.

En tiempos remotos, el rey de Galway era el más poderoso soberano del mundo. El ceñía una triple corona, una de las cuales era elocuente testimonio de que también go- bernaba el Africa. Este rey había mandado al continente negro a su hijo, para formar allí un enorme imperio, el cual existió durante miles de años. Y otro de sus hijos vivió en los países del sol poniente, a donde van a parar todos los hombres justos que mueren. En aquellos tiempos no existían barcos, pues bastaban botes para atravesar los lagos y

los ríos que existían en aquellos tiempos. Y todo este territorio era denominado Eirie.

En aquellos tiempos, los seres humanos eran bondadosos, comprensivos y pacíficos. Ellos danzaban en el aire como hojas al viento, cuando se escuchaba la melodía pre-

Satanás estaba celoso, porque toda la gente estaba alegre, y demostraba honradez y bon- dad. Entonces éste hizo aparecer una gran cantidad de serpientes venenosas, pero San Patricio (Patrick) vino y quemó a las serpientes junto con Satanás.

Si se compara esta leyenda con las que se encuentran en la isla de Trinidad, sorprende encontrar una serie de parecidos que evidencian que antiguamente tiene que haber habido una intercomunicación entre los dos pueblos.

En la llanura central de la isla mencionada cuentan los aborígenes que Trinidad fue en tiempos antiquísimos parte de un gran continente, el más grande de la tierra.

s tiempos en que no existía el océano. Este continente antediluviano llevaba el nombre de Iere, o sea, casi igual al que mencionan los irlandeses. El oro era llevado allí desde un país del suroeste (América del Sud) y en carretas. Algo sucedió que dividió este continente en pedacitos. Y el océano irrumpió sobre el Continente desde el Norte y desde el Sur. Pero gente nueva llegó desde otras partes. Esta gente no necesitaba ascender escalones ni montañas, pues golpeaban sencillamente unos discos metálicos y cantaban al mismo tiempo, con lo que ya no necesitaban caminar, sino que volaban. Y cada cual podía bailar y flotar en el aire a su regalado gusto. Eran tiempos felices, en los que se desconocían los esclavos.

Como se puede apreciar, existe una gran analogía entre estas tradiciones, tanto en el nombre del continente, como en el aspecto de que sus habitantes sabían volar. Ambas leyendas ponen énfasis en que los primitivos habitantes habían descubierto una fuerza natural que les permitía flotar en el aire, siempre que golpearan un disco metálico y tañeran instrumentos musicales o cantaran al mismo tiempo.

Aun durante la Edad Media, en Europa eran legión las personas que afirmaban que las brujas podían volar.

¿Es tan imposible suponer que alguna vez hubo una civilización prediluvial que ya conocía máquinas volantes? No lo sabemos ni lo podemos afirmar, mientras no tengamos una prueba concreta para ello.

A pesar de todo es digno de recordar que en las leyendas griegas aparece Icaro, y en las nórdicas, Wieland, ambos inventores de alas que les permitieron volar.

Lo que llama la atención, además, al comparar las leyendas irlandesas y las de la isla Trinidad, es que en ambas se hace especial mención de los tiempos en que no existía el

océano, sino que sólo ríos y lagos, no habiendo necesidad de navegación. Entonces, allí

tenemos el puente terrestre, del que tanto han escrito los antiguos y que explicaría tantas cosas que actualmente no tienen una explicación razonable. Este puente terrestre podía haber estado desplazando el actual océano Atlántico, por lo que el intercambio entre los continentes europeo y americano en tiempos remotos habría sido muy fácil y

seguramente intenso. Probablemente, el continente africano también ha estado unido a Eirie, lo que explicaría la existencia de representantes de la raza blanca, cobriza y negra en América, cuando llegaron los españoles.

Seguramente, el continente Eirie o Atlántico fue segmentado a través de los milenios, por fuerzas volcánicas, o desplazado por el océano, como lo explico en los últimos capítulos de este libro. Que el continente atlántico sufrió un desmembramiento paulatino, se desprende tanto de las leyendas de Trinidad, como de los demás documentos existentes, tanto de parte de los Mayas de Yucatán, como de parte dé Platón. Así, hace 11.534 años, aproximadamente, desaparecieron los últimos vestigios (10 países fueron separados y tragados por el mar), de lo que se llamó Poseidonis o

Atlantis. Es muy probable que los restos de este continente atlántico primitivo que puede haber sido muy extenso, sean Irlanda y Trinidad.

Los isleños de las islas del Caribe cuentan de un hombre bondadoso que salvó a sus antepasados remotos y que este anciano se llamaba Parr. Parr es en realidad muy parecido a Patrick. Además, en Irlanda y en Escocia existe una figura legendaria

llamada Old Parr. No hay que olvidar que la iglesia cristiana, en sus tiempos primitivos, se aprovechó siempre de las leyendas de los pueblos paganos, para crear simpatía a su religión, facilitando así la conversión de los mismos al cristianismo, como lo demuestra el caso de San Jorge, el destructor del dragón mitológico, que encarna seguramente la figura de uno de los mata dragones de las leyendas que he descrito detalladamente en un capítulo anterior.

Los caribes relatan también que el rey se ceñía una corona triple. Tenía tres hijos y tres hijas que formaron tres parejas matrimoniales. Matrimonios entre hermanos era

costumbre tanto en Egipto, como en Perú y en otras civilizaciones antiguas.

Así se amontonan las evidencias que demuestran que han desaparecido continentes e islas, porque el mar las separó y las cubrió con sus olas verdosas y traidoras. De ninguna manera puede suponerse que haya habido un diluvio de fuego y un diluvio de agua, sino que han sido muchos diluvios los que ha tenido que soportar el género humano a través de los milenios. La geografía que conocemos hoy en día puede haber sido muy distinta en milenios anteriores y no sería imposible que en unos cuantos miles de años más se produjeran nuevos cambios que pudieran significar la desaparición de países y pueblos enteros que quedarían sepultados en la profundidad del mar,

comenzando así una nueva etapa para los peces y crustáceos, que encontrarían refugio entre las ruinas de palacios, iglesias y casas que se consideraban bien fundamentadas sobre terrenos seguros.

Que ha habido trascendentales cambios en épocas prehistóricas, está demostrado por múltiples pruebas, entre las que se destacan los hallazgos de flora fósil en Spitzbergen, que corresponden a especies que van variando de las especies tropicales hasta las árticas.

Estos especímenes fosilizados son una prueba elocuente de los dramáticos cambios climatéricos que ha sufrido esa región.

¿Aún puede discutirse que estos cambios climatéricos y orográficos no han sido presenciados por seres humanos dotados de inteligencia y que supieron transmitir los respectivos relatos a sus hijos y nietos?

El pasado nos hace un patético llamado a través de las leyendas y de tantas evidencias de que lo único inmutable es, paradoja incomprensible, el cambio constante; todo fluye, todo oscila, todo se modifica. Nada es eterno.

¿Y cuál es la causa de tantos cambios en las condiciones climatéricas, en la posición de los océanos, en la formación de las capas polares, y de las erupciones volcánicas? Este , apasionante tema será tratado en uno de los próximos capítulos.

DECIMO CAPITULO

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