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Deficient allocation of economic, human and technical resources in multiple

3. The Health Care System and Ageing Population in Greece

3.8 Weaknesses/ Challenges of the Greek Health Care System: Efficiency and

3.8.3 Deficient allocation of economic, human and technical resources in multiple

Con la novela se podía observar cómo la literatura, y en específico la novela, ha servido para brindar otras perspectivas desde el plano de lo ficcional, que contribuyen a repensar y reescribir nuestra historia como seres humanos, en este sentido, se puede afirmar que cuando un lector se acerca a una obra literaria, encuentra allí rasgos esenciales que pertenecen o pertenecieron a su contexto más cercano. Por consiguiente, en este apartado miraremos cómo históricamente se ha presentado la relación entre literatura y sociedad, además, se analizará en específico el caso de

nuestra cultura latinoamericana, reconociendo que la literatura en esta parte del continente, se ha convertido en un espacio para la resistencia y la denuncia social.

En concordancia con lo anterior, encontramos que: “Ante todo, la literatura refleja costumbres, ambientes, modos de pensar, creencias y problemas colectivos. Por lo tanto, la literatura es, según la fórmula clásicamente aceptada, la expresión de una sociedad concreta.” (Amorós, 1980, p. 59) Es decir, en las obras literarias encontramos la expresión de una colectividad transmitida, en este caso, por un escritor, que intenta a partir de su visión del mundo brindar una mirada particular a su contexto, evaluándolo y escribiéndolo para que sus contemporáneos tengan la posibilidad de reflexionar sobre las acciones que se desarrollan en un punto particular de la historia.

En este sentido, se puede notar cómo el escritor (en este caso miraremos en específico al novelista) es el encargado de establecer esa relación entre un sentir colectivo y una sociedad concreta, pero, para traducir en palabras esta unión tiene que necesariamente reconocer los aspectos que son conocidos para así poder enunciar los aspectos desconocidos que hasta el momento no se le habían brindado mayor importancia en el plano de la historia, de ahí que el papel del novelista sea algo de gran importancia, ya que este contribuye a fortalecer la memoria histórica de una sociedad concreta.

Sin embargo, tendría que pensarse ¿cuáles son los alcances reales que tiene la literatura en la sociedad? Y es que sería muy idealista considerar que a partir de las obras literarias, toda la sociedad cambia sus formas de ser (políticamente, ideológicamente, económicamente, etc.) Al respecto nos señala Amorós (1980):

Una obra literaria de signo social casi nunca suele producir un cambio político inmediato. Lo que sí puede hacer —de hecho, muchas veces lo hace— es contribuir a cambiar la

sensibilidad colectiva, creando un clima de creencias que hará posible, quizá, el día de mañana, el cambio político concreto (pág. 60)

Es decir, el novelista toca en el fondo del alma colectiva para resignificar esas sensibilidades de nuestra historia, aportando un dato, un hecho, una acción, que genera una reacción en nosotros, y es a partir de ese proceso de recepción en el cual empezamos a descubrir otros escenarios que habían sido apartados o dejados en el olvido y que traídos al presente llenan de sentido la existencia.

Por este motivo, Eduardo Galeano (1977) reconoce que una labor que realiza el novelista es devolver la voz a aquellos pueblos que en el transcurrir de su historia no han sido escuchados por distintos motivos, llámese exclusión, explotación, colonización etc. En esta medida, él se

cuestiona si con la literatura “¿Podemos hacernos oír en medio de una cultura sorda y muda? Las nuestras son repúblicas del silencio. La pequeña libertad del escritor, ¿no es a veces la prueba de su fracaso? ¿Hasta dónde y hasta quiénes podemos llegar?” (pág.2)

Consideremos la primera pregunta que Galeano realiza, en la cual afirma que nuestra cultura tiene dos características, que es sorda y muda, es decir, por más intentos que se realicen para alzar la voz es difícil ser escuchados, pero, ¿Por qué no podemos ser escuchados? Una probable respuesta es que nuestra sociedad moderna impulsada por el proyecto de la globalización es demasiado acelerada, por consiguiente, no se da un tiempo necesario para la reflexión, sino que intentamos abordar todo al mismo tiempo, y ese estar apurados no nos permite tener la

concentración necesaria al momento de abordar una obra literaria, por el contrario, entre más se lee menos se comprende la sensibilidad que está expuesta allí.

Por otra parte, encontramos que aquellos que tienen la posibilidad de tener voz en nuestra sociedad no son precisamente las minorías, sino que son los mismos monopolios que han conservado el poder de la sociedad desde tiempo antaño, además, el posicionamiento de un

ecosistema comunicativo que está al servicio de estos oligopolios lo que hace es resaltar la voz de estos sobre los otros que históricamente no han tenido la posibilidad de expresarse, es por esto que, es importante el esfuerzo que realizan ciertos novelistas para tratar de denunciar y devolver la voz a aquellos que necesitan ser comprendidos y escuchados, por eso la literatura debe abogar por un espacio en la sociedad, ya que desde allí se puede hacer una reflexión constante de nuestro tiempo.

En cuanto al segundo cuestionamiento que plantea Galeano, en el cual se pregunta hasta dónde y a quiénes puede llegar un escritor, es necesario indicar que en los últimos tiempos, y en concordancia con el proyecto globalizador, alguna literatura se ha puesto al servicio del mercado, esto es, se escribe lo necesario para vender, dejando de lado el compromiso social que se

propone podría llegar a tener una obra literaria, en este sentido, se afirma que:

el público busca lo que ya conoce, lo que no le molesta, lo que no contradice sus hábitos mentales: es decir, lo consabido, tanto en visión del mundo como en estilo. En ese sentido, la mayoría de los best—sellers serían obras de técnica literaria más o menos «clásica», tradicional, y no radicalmente revolucionaria; por eso, las obras de signo vanguardista o renovador no parecen estar llamadas a suscitar un amplio éxito popular (Amorós, 1988, pág. 63)

Por lo tanto, en este tipo de obras literarias, no podemos encontrar esa labor de sensibilizar a la sociedad sobre su historia particular, por el contrario, se escribe teniendo como objetivo una retribución monetaria no social, y esto genera que se desconfíe del valor semántico de las obras literarias que están al servicio del mercado.

En este sentido, se puede observar como una parte de la literatura actual tiene como finalidad una ambición comercial, y en este caso, el novelista también se asume desde allí, por este

ganan rápidamente un espacio dentro de lo más leído, ahora, la pregunta de fondo es si realmente este tipo de literatura ayuda a la construcción de nuestra historia como sociedad, porque

pareciera que si el interés es monetario, estaríamos apartados del compromiso que en una época anterior había tenido la literatura, y en este sentido, esa labor de resistencia para el no olvido no se estaría cumpliendo. Por este motivo, se dice que:

para un novelista de éxito, por ejemplo, la cuestión es especialmente urgente y grave: si se dedica a halagar los gustos de la gran masa o adormecerla con historias edulcoradas y tranquilizantes, obtendrá fácilmente grandes éxitos y notables beneficios económicos. Pero, ¿habrá cumplido su misión como escritor y como hombre? (Amorós, 1988, pág. 74)

Es decir, el novelista debe replantearse y reflexionar sobre su quehacer como sujeto portador de sentido, ya que de lo contrario, los alcances de la literatura quedarán subsumidos al imperio comercial de las editoriales, que lo único que quieren en la sociedad es mantenerla entretenida por medio del espectáculo, para que esta no se cuestione sobre su situación en el mundo.

Pese a la situación anterior, encontramos grandes esfuerzos de algunos escritores por seguir manteniendo viva esa pasión por la literatura, es por esto que, aunque en la época actual es muy complejo aceptar ideas que se salen de lo convencional, siguen apareciendo obras con un

contenido social y semántico muy fuerte, que abogan por una concientización de nuestra sociedad ante los cambios que ha traído para el hombre la modernización y la idea

globalizadora, además, exigen en el lector una dedicación espacial para entender su contenido, es decir, las ideas que allí aparecen sobrepasan la facilidad del consumo.

En concordancia con lo anterior, se tiene que ir resignificando la labor de los escritores, para que esto se dé es necesario entender que:

la posibilidad del aporte depende del grado de intensidad de la comunidad del escritor con las raíces, los andares y el destino de su pueblo. También de su sensibilidad para percibir el latido, el sonido y el ritmo de la auténtica contracultura en ascenso (Galeano, 1977, p.7) Por lo tanto, si se quiere en realidad ejercer un contrapeso a la idea comercial de la literatura, el escritor naciente deberá comprender el papel crucial que puede llevar a cabo al despertar el espíritu de búsqueda en el lector, ya que desde ese escenario se puede pensar en esa relación entre literatura y sociedad, que se ha venido desarrollando desde mucho tiempo atrás.

Por ejemplo, cuando leemos la obra Tungsteno de César Vallejo, comprendemos la necesidad que tenía el escritor de denunciar todo el abuso al cual había estado sometido su pueblo peruano bajo el dominio de las multinacionales mineras, en esta obra, el autor regresa a sus raíces para presentar otra parte de la historia, la voz de los dominados pervive en esas páginas, en las cuales, se evidencia una profunda relación entre literatura y sociedad, ya que la invitación es a alzar la voz de protesta, exigiendo mejoras para las condiciones actuales de inequidad.

En conclusión, se puede afirmar que todo novelista cumple la función social de retratar su sociedad, no importa el lugar en que se escribe, siempre se busca mostrar esos elementos poco trabajados, pero, para lograrlo es necesario identificar el contexto, sus raíces, ya que de lo contrario, se recaerá en una novelística para el mercado, que no busca la reflexión de nuestra existencia sino que tiene por objeto la distracción del mundo.