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Defining New Types

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En la última década, la expansión de la ESTNU coincidió con una mejora de la estructura educativa de los ocupados en el mercado laboral. Esto es producto tanto del aumento progresivo de la escolarización de la población, como de las demandas por personal cada vez más califi cado frente al avance tecnológico. En Brasil, los ocupados con alto nivel educativo19 duplicaron su representación entre 1992 y el 2009; el aumento fue menor en México y casi no presentó variación en Colombia. No obstante, Colombia tiene la estructura más califi cada en términos educativos de los tres mercados laborales analizados (Cuadro 5.12).

Cuadro 5.12 Evolución de la distribución de los ocupados según nivel educativo. Brasil, Colombia y México. 1992 y 2008 (aprox.)

Países y años Bajo Medio Alto

Brasil 1992 77,5 16,4 6,2 Brasil 2009 49,6 36,6 13,7 Colombia 1992 31,7 47,8 20,6 Colombia 2007 36,3 42,6 21,1 México 1992 59,9 28,9 11,1 México 2008 41,5 43,1 15,4

Fuente: SEDLAC (CEDLAS y Banco Mundial), 2011.

En los informes nacionales mencionados, particularmente en el caso de Brasil, se señala la demanda de trabajadores con mayor nivel educativo como uno de los motivos que empujan a los jóvenes de los sectores socioeconómicos de menores ingresos a continuar sus estudios en el nivel superior. Alcanzar ese nivel no solo les permitiría acceder con mayor probabilidad a un puesto laboral, también garantiza que este pertenezca al sector formal de la economía. En efecto, por un lado, la tasa de empleo es más elevada entre los que tienen más alta educación en Brasil, Colombia y México (Cuadro 5.13).

19. El nivel educativo alto corresponde a los que han alcanzado más de 13 años de escolaridad. El nivel educativo bajo corresponde a los que tienen entre 0 y 8 años de escolaridad; y el medio, entre 9 y 13

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Cuadro 5.13 Tasa de empleo por nivel educativo. Adultos de 25 a 64 años. Brasil, Colombia y México. 2008 (aprox.)*

Países Educación alcanzada

Baja Media Alta

Brasil 68,3 76,6 84,3

Colombia 64,2 71,0 80,5

México 62,9 72,9 82,7

* Las fuentes de los datos son las encuestas permanentes de hogares correspondientes a 2009-Brasil, 2007-Colombia y 2008-México.

Fuente: SEDLAC (CEDLAS y Banco Mundial), 2011.

Por otro, la proporción de los que se desempeñan en el sector informal de la economía y en empleos no registrados es notablemente más baja entre los asalariados de Brasil, Colombia y México que tienen alta educación (Cuadro 5.14).

Cuadro 5.14 Asalariados en el sector informal y no registrados según nivel educativo. Brasil, Colombia y México. 2008 (aprox.)*

Países

Proporción Asalariados Informales

Proporción Asalariados no Registrados Educación Alcanzada Educación Alcanzada

Baja Media Alta Baja Media Alta

Brasil 67,7 36,0 8,8 38,3 15,7 7,6

Colombia 77,5 60,1 16,3 73,4 41,6 11,6

México 64,8 41,1 12,6 76,9 48,3 30,7

* Las fuentes de los datos son las encuestas permanentes de hogares correspondientes a 2009-Brasil, 2007-Colombia y 2008-México.

Fuente: SEDLAC (CEDLAS y Banco Mundial), 2011.

Cabe destacar que la producción de indicadores laborales en América Latina se realiza centralmente a partir de la información provista por las encuestas permanentes de hogares. El bajo número de egresados con formación técnica y tecnológica superior impide construir indicadores para comparar la posición relativa de esos egresados respecto de otros graduados con educación superior y con egresados del nivel medio. Los informes nacionales, no obstante, aportan información sobre los puentes que se tienden entre las IES dedicadas a la formación técnica y tecnología de nivel superior y el sector productivo. También, incluyen apreciaciones de

las autoridades de estas IES, los egresados y los empleadores, respecto de la utilidad del aprendizaje adquirido y sobre las posibilidades de inserción en el mercado laboral.

Brasil

La creciente demanda laboral por mano de obra con mayor escolarización ha dado impulso a la diversifi cación de la oferta de educación superior tecnológica. Se crearon nuevos cursos, principalmente en áreas vinculadas con el desarrollo tecnológico, por ejemplo, en tecnologías de la información. Por otro lado, ocupaciones tradicionales, como cocinero, organizador de eventos, agente de viaje, guía de turismo, en la actualidad demandan formación de nivel postsecundario. Todo esto también forma parte de una política que busca universalizar el nivel medio y ampliar el grado de escolarización general de la población.

Las dos instituciones analizadas en el informe nacional presentan una larga historia de vinculación con el mundo del trabajo. Parte de la oferta de los cursos subsecuentes y de los cursos superiores de tecnología tiene su origen en actividades educativas que ya se impartían en los niveles básicos. En otras palabras, estas instituciones reconocen competencia histórica en estos campos.

En otras ocasiones, son las propias instituciones las que, al crear nuevas carreras, han incidido sobre la confi guración de ocupaciones en el mercado laboral, promoviendo innovaciones en la provisión de los servicios. Un ejemplo de ello es la formación de técnicos en refrigeración. Los profesionales formados en el IF/SC crearon pequeñas empresas para la prestación de servicios en este campo, cambiando los patrones prevalecientes en el área metropolitana de Florianópolis. Casos semejantes se observaron en el área de hotelería y alimentación. Los mecanismos de articulación entre las instituciones estudiadas y el mundo del trabajo son variados. En primer lugar, ambas instituciones poseen consejos consultivos con representación de empresarios y trabajadores. Estos consejos son principalmente ámbitos de discusión de las políticas institucionales. En segundo lugar, existen contactos informales entre las unidades académicas o los cursos con los empresarios en relación con cambios en el plano curricular o sugerencias en términos de requerimientos de equipamientos y laboratorios necesarios para promover estos cursos. En tercer lugar, la realización de pasantías constituye el mecanismo más efectivo para llevar a cabo ajustes curriculares y vínculos con el mercado laboral.

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Hay dos formas de pasantías, una curricular y otra de oferta de empleo por un tiempo determinado. En el primer caso, los estudiantes deben cumplir una carga horaria de pasantía determinada por el programa del curso; esta forma no es necesariamente remunerada y algunas veces puede ser sustituida por un curso creado por la propia institución. La segunda forma de pasantía no tiene carácter obligatorio y constituye una oferta remunerada de trabajo temporario en los términos de la ley brasilera sobre pasantías. Dada la calidad de los programas ofrecidos por IF/SC y el SENAC/SC, los alumnos tienen facilidad para conseguir pasantías laborales. En cuarto lugar, en el caso del IF/SC se genera información para el planeamiento educativo a través de la confección de indicadores que contribuyen a tomar anualmente decisiones sobre cambios en la oferta curricular. Finalmente, ambas instituciones son referentes en la formación de profesionales en el campo técnico y tecnológico y funcionan como polos difusores de tecnología. Ello refuerza la relación estrecha que mantienen con el sector productivo. Los empresarios entrevistados en ambas instituciones dan cuenta de la ventaja relativa de sus graduados en cuanto a su capacidad para desenvolverse con rapidez en el ejercicio de su trabajo.

En cuanto al tipo de cursos ofrecidos, la modalidad de nivel técnico subsecuente tiene una duración corta, de dos o tres semestres (800 a 1.200 horas). Se forman, por ejemplo, técnicos en hotelería, eventos, recursos humanos, administración, alimentos, manutención y soporte informático, enfermería, óptica, estética, podología, higiene dental, radiología, masoterapia, moda, etc. En general, estos cursos atraen a quienes no desean o no pueden acceder a la universidad. Estos jóvenes y adultos buscan reacomodarse dentro del mercado laboral, capacitándose para una nueva actividad, o bien quieren progresar dentro del puesto de trabajo o la actividad que vienen realizando a través de la adquisición de una credencial educativa. Ejemplos de la primera alternativa son aquellos estudiantes que trabajan en el área administrativa pero que siguen cursos técnicos subsecuentes en óptica o prótesis para iniciar una nueva actividad autónoma en estos campos. Como ilustración del segundo caso, encontramos los cursos para auxiliar de enfermería, al cual asisten trabajadores que ya se desempeñan en esta actividad sin contar con título de nivel superior. Las nuevas condiciones de trabajo exigen precisamente la credencial educativa para el ejercicio profesional. Esto ocurre especialmente en aquellas actividades profesionales reguladas por consejos profesionales o agencias reguladoras.

Por último, las transformaciones de algunos campos, como informática, comunicaciones, infraestructura y agronegocios, dieron lugar a la demanda de nuevas funciones y capacidades20.

Con relación a los cursos superiores en tecnología, tras un comienzo vinculado con los programas de ingeniería operacional, su expansión posterior se dio en la rama de los servicios. Esto empujó a una diversifi cación de los cursos ofrecidos. En primer lugar, los programas comenzaron a orientarse hacia la formación en tecnologías de punta, como biotecnología, medio ambiente y tecnologías de la información. En estas áreas, los cursos de tecnólogo forman a profesionales para actuar como operarios de estas tecnologías. En segundo lugar, algunos campos de actividad profesional elevaron los requisitos en términos de credenciales educativas, dando lugar a la creación de cursos de tecnólogos. Esto ocurre en las áreas de turismo, hotelería y alimentación. En tercer lugar, se elaboraron programas tras la sistematización y la profesionalización de algunas actividades de servicios, particularmente respecto de aquellas que incorporaron nueva tecnología, como es el caso de la salud. En estas, además, las corporaciones profesionales emplean la credencial educativa como mecanismo de control del ingreso al mercado de trabajo y para la elevación del status de sus asociados. Finalmente, se jerarquizó la formación en tareas relacionadas con la gestión administrativa, antes realizadas por personal sin capacitación específi ca.

Todos estos nuevos cursos apuntan a una redefi nición de lo que se entiende por tecnología, alejándose de la tradicional visión que solo la asociaba con la producción y los “trabajos ingenieriles”, para acercarse cada vez más a una capacitación profesional en el campo de las tecnologías blandas de las ramas de los servicios.

20. Barato (capítulo 2) brinda un ejemplo ilustrativo que expresa el desarrollo del curso técnico subsecuente en prótesis en el SENAC de San Pablo, como respuesta a los cambios en la demanda del mundo laboral. La formación de técnico en prótesis comenzó como un curso práctico a fi nes de los años 50, sin amparo alguno de la legislación de enseñanza. Las decisiones respecto al currículo, condiciones de enseñanza, laboratorios y equipamientos eran tomadas por especialistas en prótesis de reconocida experiencia. Los cursos eran de unos quince estudiantes. Tras el nuevo marco regulatorio puesto en marcha en 1971, se convierte en un curso supletivo de nivel medio. Progresivamente fueron mejorando las instalaciones y los laboratorios y el perfi l del cuadro docente. A los saberes artesanales se fueron incorporando el aprendizaje científi co y el manejo de las nuevas tecnologías empleadas en este campo. En parte, esta transformación fue facilitada por la integración vertical de la formación

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Estos cursos superiores en tecnología permitieron aliviar la presión sobre el nivel de educación superior tradicional, formando a profesionales de nivel intermedio entre los ingenieros, volcados a la concepción y al planeamiento, y los operarios técnicos, centrados en las tareas de ejecución.

Otro aspecto por destacar de estos cursos superiores de tecnología es su vinculación con cursos equivalentes en el nivel medio. De acuerdo con Barato (capítulo 2), aproximadamente 60% de los cursos superiores de tecnología tiene su homónimo en el nivel medio. Esto crea cierta confusión en el mercado laboral. Un estudio realizado sobre la situación de los graduados de los cursos de tecnología (Peterossi, 1999, citado en Barato, capítulo 2) muestra que muchos empleadores piensan que los tecnólogos son formados en el nivel medio. Su status

de nivel superior es puesto en duda en los procesos selectivos de las grandes empresas, las cuales llegan a excluir a los tecnólogos en el reclutamiento de los cargos que exigen formación universitaria.

No obstante, el mercado de trabajo reconoce cada vez más la importancia de los tecnólogos dentro de las estructuras productivas. En un estudio sobre el mercado de trabajo de los ingenieros y tecnólogos en Brasil, se analiza la percepción de los empleadores sobre la actuación de estos profesionales en sus empresas y sobre su proyección futura. Los empleadores señalan como ventajas de los tecnólogos frente a los ingenieros su tiempo de formación más corto, lo cual origina un ajuste más rápido a los cambios tecnológicos, su mayor adaptación a las necesidades cambiantes de la demanda laboral y su menor costo. Del total de empresas entrevistadas, la media de contratación de tecnólogos era de 7,5 por empresa en comparación con 12,7 ingenieros. Sin embargo, entre los entrevistados, 34% señaló que la demanda futura de tecnólogos aumentará considerablemente, frente a 22% que opinaban de igual modo respecto de la demanda de ingenieros. En términos de la evaluación de la calidad de los tecnólogos para satisfacer las necesidades del mercado, la encuesta dio lugar a una media de 7; los tecnólogos fueron más reconocidos en los campos de la mecánica, informática y construcción civil (CNI et al., 2008).

Colombia

A partir de la creación del Observatorio Laboral para la Educación es posible obtener información comparativa sobre la situación de los graduados con formación técnica y tecnológica respecto del resto de

los que poseen educación superior. Según estos datos, el 78,1% del total de la población de graduados entre 2001 y el primer semestre de 2009 se encuentra vinculado al sector formal de la economía. Dicho porcentaje se incrementa a medida que se alcanzan niveles de educación superiores (94,2%, respecto de los graduados con títulos de doctorado). En el caso de los graduados técnicos profesionales y los tecnólogos, los porcentajes que se desempeñan en el sector formal (66,4% y 73,6%, respectivamente) son algo inferiores a los graduados universitarios (76,7%) (Observatorio Laboral para la Educación, 2011a).

En cuanto a la evolución de los ingresos percibidos por las distintas modalidades de educación superior, aun cuando sus niveles promedios son inferiores a los que obtienen los graduados de niveles más altos de educación superior, los ingresos de los técnicos profesionales y los tecnólogos crecieron un poco más que el resto entre los años 2005 y 2007 (Gráfi co 5.6).

Gráfi co 5.6 Incremento real en ingresos para los graduados con más de tres años en el mercado laboral. Colombia. 2005-2007. (En pesos colombianos)

Fuente: MEN-Colombia, 2007.

El análisis del salario de los recién graduados según modalidad de formación y sexo muestra, como es de esperar, que cuanto más alto es el nivel educativo, mayor es el ingreso promedio inicial. También se observa que, en todos los casos, el salario promedio de las mujeres es inferior al de los varones. En conjunto, las recién graduadas que trabajan en relación de dependencia ganan 12,6% menos que los hombres.

$ 3.000.000 $ 2.500.000 $ 2.000.000 $ 1.500.000 $ 1.000.000 $ 500.000 $ 0 Técnica profesional Técnicológica

Graduados con más de 3 años en el mercado (2005) Graduados con más de 3 años en el mercado (2007)

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En el nivel de formación técnica, un recién egresado obtenía en 2008 un salario inicial promedio de $ 981.252 y una egresada $825.55721. Con formación tecnológica, los varones recibían un salario promedio de $1.110.299 y las mujeres $ 57.194. Por último, alcanzar el título universitario signifi có para los varones obtener un salario inicial 52% superior a un egresado técnico y 34% superior a un tecnólogo. En el caso de las mujeres universitarias, la brecha entre el salario inicial que reciben respecto del que obtienen las egresadas tecnólogas es semejante a la existente entre los varones de ambas modalidades, pero respecto a las egresadas técnicas es aún superior. Una graduada universitaria obtiene como salario inicial promedio 56% más que una técnica (Gráfi co 5.7).

Gráfi co 5.7 Salario de entrada de recién graduados de la educación superior por sexo. Colombia. 2008. (En pesos colombianos)

Fuente: Observatorio Laboral de Educación, 2011b.

En suma, estos datos muestran que el mercado de ocupaciones y de ingresos de los graduados en técnica y tecnología no es equiparable a las condiciones que logran los universitarios. No obstante, el porcentaje de ocupados en el sector formal es elevado y sus salarios han tendido a aumentar en mayor proporción que los de otros graduados con educación superior.

Podemos adentrarnos un poco más en la relación entre la formación técnica y tecnológica de nivel superior y el mercado de trabajo a partir de la información que aportan los casos seleccionados

21. La cotización promedio del dólar para el año 2008 fue: 1 USD = col $1966. 981.252 1.110.299 1.490.146 2.620.344 3.251.224 5.194.980 825.557 957.194 1.291.004 2.243.655 4.306.622 1.523.594 Técnica Tecnología Universitaria Especialización Maestría Doctorado Total Mujeres Varones 1.742.706 2.712.926

en el informe nacional22. Según la encuesta realizada a los egresados en ese informe, 31,3% consideró que su remuneración se corresponde con sus aspiraciones, 25% estimó tener un salario justo y sentirse satisfecho, y 23% afi rmó que la remuneración le parecía bien, pero esperaba que mejorara en el futuro. Con relación al tipo de vinculación laboral, un cuarto de los entrevistados tenía contratos a término fi jo, con prestaciones sociales, y solo 21% estaba con contratos a término indefi nido.

En los testimonios de los egresados es clara la contribución que la formación técnica y tecnológica brinda en términos de oportunidades para la movilidad ocupacional ascendente. Al respecto, el informe nacional consigna los siguientes resultados de las entrevistas a los graduados:

• Al ser indagados por las posibilidades de ascenso dentro de la empresa que les brindó la carrera, 70,8% respondió afi rmativamente.

• 75% se muestra satisfecho con el mejoramiento del reconocimiento social que han recibido en comparación con el de los profesionales. • 85% considera que la formación técnica y tecnológica es pertinente

para responder a las necesidades y los desafíos del país.

• 91,7% considera que haber recibido este tipo de formación les generó benefi cios en su vida personal, su visión de la vida, habilidades sociales y culturales.

• 58% considera que mejoró su vinculación laboral.

• 33% estima que sus ingresos mejoraron signifi cativamente; 29%, parcialmente; 18%, que siguió igual; y 4,2%, que empeoró (Turbay, capítulo 3).

En relación con el aprendizaje alcanzado en las IES analizadas, 89,6% valoró positivamente la educación recibida en cuanto a calidad y actualización de los contenidos para su campo de especialización. En particular, señalaron que la formación recibida les había aportado bases adecuadas para el aprendizaje y que los conocimientos adquiridos

22. Como ya señalamos, las tres IES estudiadas corresponden a instituciones de alta calidad dentro de la oferta de esta formación. Por otro lado, en cada institución se seleccionaron dos carreras a fi n de aplicar los instrumentos de recolección de datos (entrevistas en profundidad, grupos focales, cuestionarios autoaplicados, análisis documental y observaciones no sistemáticas). Las carreras seleccionadas fueron: en la ECCI, técnico en electromedicina y en desarrollo empresarial; en la UDFJ, tecnología en electricidad e industrial; y en la ETITC, técnico en electromecánica y en procesos

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les habían servido para continuar estudios avanzados. En cuanto a la preparación específi ca para el trabajo y el dominio de las técnicas y tecnologías de su campo, 93,8% consideró que recibió un buen manejo al respecto. Finalmente, al indagar sobre la pertinencia de la formación recibida para el mercado laboral, la mitad estimó que esta fue acorde y fl exible, y apreció que era relevante y pertinente para su ocupación.

Las principales debilidades detectadas por estos egresados fueron la formación en campos como el “emprendedurismo”, los idiomas, el manejo de tecnologías específi cas y avanzadas de algunos sectores productivos, la falta de práctica sufi ciente en entornos laborales y productivos. Estas mismas falencias surgieron en las entrevistas a los empleadores, quienes también manifestaron críticas a la pertinencia y la calidad de los programas frente a los requerimientos del sector productivo; y señalaron otras defi ciencias de la formación: falta de actualización de los programas, vacíos en la formación práctica y en competencias en la lectura y la escritura y habilidades comunicativas en general, y en el manejo de equipos. No obstante, 87,5% de los empleadores encuestados afi rmaron estar satisfechos con el desempeño de estos egresados. Frente a los graduados universitarios, los empleadores valoran a los técnicos y tecnólogos para la realización

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