Habían pasado ya dos años desde el comienzo de la actividad académica y todavía no se había recibido la notificación de la autorización para el funcionamiento a través del Boletín Oficial.
Aparentemente, se habían cumplido todos los requisitos exigidos y se había actuado dentro de la más estricta legalidad; incluso, se habían llegado a colocar tanto la bandera española y el retrato de Franco como la Inmaculada y el crucifijo.
Como es habitual en estos casos, el inspector, después de realizar los trámites iniciales, permitió la apertura provisional y al cabo de un cierto tiempo hizo una visita oficial para comprobar personalmente cómo se estaba procediendo. El resultado de la visita había sido enteramente positivo, a juzgar por el favorable informe que se había enviado a Madrid.
¿Qué había sucedido después para que tardara tanto en llegar el ansiado permiso oficial?
Por de pronto, estaba a la vista que mucho habían cambiado los procedimientos en los despachos de la Administración vizcaína de educación, desde que había dejado de ser inspector-jefe Pablo Sánchez; su sucesor en el cargo, José Mª Zapater, estaba dispuesto a poner toda clase de trabas para que aquello no funcionara: Era, al parecer, contrario a la legalización de la ikastola e, incluso, llegó a negarles los libros de escolaridad, so pretexto de que el centro no se hallaba aún reconocido. Sus intenciones estaban claras, ya que les había dicho,
«Uds. tendrán que llevar a examinar a los niños a la escuela pública más cercana»
Juliana Berrojalbiz, que llevó personalmente la gestión de todas estas cuestiones en la Delegación y fue testigo de excepción de lo que estaba sucediendo, recurrió al Sr. Sánchez en busca de una explicación a estos hechos, y éste, al mismo tiempo que le hizo ver las dificultades que tendría en Bilbao, le recomendó acudir directamente a Madrid, para hablar con el director general de Enseñanza Primaria. Y así se hizo (8). Sin pérdida de tiempo viajaron a la capital de España Juliana Berrojalbiz, Alfonso Irigoyen y Tere Rotaetxe, el 17 de abril de 1968, con algunas dudas en cuanto a los resultados, pero plenamente convencidos de la justicia de lo que pretendían. Irigoyen describe así el encuentro que tuvieron con J. Tena Artigas y el diálogo que mantuvieron con él:
«De allí a dos años, en cambio, todavía no había aparecido la autorización en el Boletín Oficial del Estado y eso creaba algunos problemas; Juliana y yo decidimos ir a Madrid, a visitar al Director General de Enseñanza Primaria. Entonces era Joaquín Tena Artigas. También nos acompañó Tere Rotaetxe, aunque no intervino en la gestión. (7) Miguel Angel Astiz: Se bendijo ayer el primer colegio bilingüe: Se enseñará en castellano y vasco, e n
La Gaceta del Norte, 9-V-1966, pág. 4.
(8) Al parecer, Sánchez quería sacar adelante el tema de la ikastola, a juzgar por lo que le había dicho a Juliana:
«(..) No sabe Ud. lo que tengo que luchar con éstos, cada vez que sale a palestra la cuestión de la legalización de «Azkue»; estoy luchando a brazo partido en su defensa».
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA. 1957-1972 Era el 17 de abril de 1968. Le hablamos con todo respeto, pero cuando nos mostró los problemas que conllevaba el contenido de nuestra petición le dije, claramente, que los vascos no teníamos por qué ser ciudadanos de segunda y que se nos trate en consecuencia. Fernando Ibarra y Antonio Arrue se encontraban también en Madrid y hablamos con ellos por si había algún modo de dar un empujón a esto. Cuando llegamos a Bilbao, mucha gente que estaba a la espera vino a la estación a recibirnos» (9).
Aunque en el encuentro se había invertido toda una mañana, en modo alguno había quedado asegurada la autorización; el director general les había manifestado que existían algunas dificultades para la apertura de un centro vasco, ya que tampoco se había permitido el funcionamiento de un centro inglés. Fue entonces cuando ellos le hicieron ver que el vascuence era una lengua española y que no se debía comparar con el inglés; de todas formas, volvieron de Madrid sin muchas esperanzas y con el ánimo bastante decaído.
Sin embargo, a los cinco días, exactamente, se recibió un telegrama en el que el director general de Enseñanza Primaria decía lo siguiente:
«Fecha hoy firmóse Orden autorizando funcionamiento Colegio no estatal enseñanza primaria Resurrección María Azcue (sic) esa capital» (10).
Con fecha de 7 de mayo de 1968 se publicó también en el Boletín Oficial la Resolución de la Dirección General de Enseñanza Primaria por la que se autorizaba su funcionamiento legal con carácter provisional.
La notificación escrita de la Orden de la Dirección General, con fecha en Madrid de 20 de abril, se recibió un mes más tarde, a través de la Delegación Administrativa de Bizkaia; en este documento se especificaban las principales características del reconocimiento:
«(,..) Visto el expediente instruido a instancia de Don Alfonso Irigoyen Echevarría, en súplica de que se autorice el funcionamiento legal del centro de enseñanza primaria no estatal denominado Colegio Resurrección María de Azcue (sic), establecido en la calle Elcano, número 6, en Bilbao, provincia de Vizcaya, a cargo de Don Alfonso Irigoyen Echevarría» (...).
Esta Dirección General ha resuelto:
«1º).- Autorizar, con carácter provisional, durante el plazo de un año, el funcionamien- to legal, supeditado a las disposiciones vigentes en la materia y a las que en lo sucesivo pudieran dictarse por este Ministerio, del centro docente denominado Colegio Resurrección María de Azcue (sic)»...
De esta forma, los esfuerzos realizados se habían visto coronados con un éxito rotundo: Irigoyen reconocía con verdadero orgullo:
«Fue la primera (ikastola) que se abrió oficialmente en Euskal Herria, con capacidad para enseñar en dos idiomas. Todavía no estaba admitido el euskera en la ley de educación, como lo está ahora de alguna manera. Más tarde surgió una nueva ley» (11).
(9) Cfr., Alfonso Irigoyen: Sorterriaren alde, págs. 75-76.
(10) No se esperaba una tan rápida resolución y menos, a través de un telegrama; en carta remitida al director general, con fecha de 6 de mayo de 1968, le agradecieron ambos gestos, al mismo tiempo que le adjuntaban la nota del depósito del papel de pagos al Estado en la Inspección Provincial de Enseñanza Primaria.
(11) Alfonso Irigoyen: Sortearriaren alde, pág. 76.
La calle Elcano de Bilbao, en cuyo nº 6 se organizó la ikastola Resurrección Mª Azkue
Juliana Berrojalbiz fue la princlpal Impulsora de la Ikastola de Elcano. Ante la exigencia de la cartilla de escolaridad decidió proceder a la legalización de la ikastola.
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
La familia Andia-Berrojalbiz al completo.
La veterana andereño Julia Egia explicando una lección a los alumnos (1966).
La dirección y la organiza- ción de la Ikastola estaban a cargo de una Junta de Señoras, entre cuyos miem- bros podemos citara: Julia- na Berrojalbiz, Tere Rotae- txe, Argi Irarragorri, Asun Kandina, Ana Mª Echeva- rria, Karmele Goñi, Begoña Rotaetxe, Josune Cearra, Josune Arkotxa, Begoña In- sunza, Arantza Zubizarreta, Begoña Ezpeleta, Esperan- za Zabala, Miren Olartee- chea, Miren Goitia, Charo Múgica, Agurtzane Zigorra- ga, Begoña Landáburu, Iru- ne Astorqui, Carmen In- chausti.
Abajo. Una clase de la Ikas- tola (1966).
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
Dos instantáneas de la actividad en las aulas del centro de Elcano (1969).
Las primeras comuniones del centro se hacían con gran solemnidad.
Una primera Co- munión de la Ikas- t o l a d e Deusto
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
Los coros de Sta. Agueda, formados en la Ikastola, actuaban por las calles de Bilbao.
Un programa de la actuación teatral
El teatro infantil, representado con gran asistencia del público, tenía lugar en la semana anterior a la Navidad.
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
Títulos de algunos libros y mate- riales escolares utilizados en la Ikastola.