2.2 Literature search strategies and results
2.2.3 Instruments to evaluate partograph utilisation
institución figuraba como la entidad promotora, no llegó a intervenir después en la organización y marcha del centro, limitándose su acción a las funciones de tutela y ayuda. Los encargados de la gestión del centro eran los propios padres de familia, quienes, al matricular a sus hijos, se comprometían a prestar al colegio su colaboración en todo lo que respecta a la educación y a acudir al centro cuando su presencia fuera requerida.
Entre las madres que más directamente se preocupaban de la administración y el funcionamiento, se había constituido un núcleo de unas 20 personas, que actuaban englobadas en la llamada Junta de Señoras. Sus funciones iban más allá de la mera administración y financiación, para tomar una parte activa en toda clase de actividades docentes, limpieza, vigilancia, etc.
Los nombres de las componentes de la Junta son los siguientes: - Juliana Berrojalbiz y Berrojalbiz
- Tere Rotaetxe - Argi Irarragorri - Asun Kandina - Ana Mª Echevarría - Karmele Goñi - Begoña Rotaetxe - Josune Cearra - Josune Arkotxa - Begoña Insunza - Arantza Zubizarreta - Begoña Ezpeleta - Esperanza Zabala - Miren Olarteechea - Miren Goitia - Charo Múgica - Agurtzane Zigorraga - Irune Astorqui - Carmen Inchausti - Begoña Landáburu
colaborando, posteriormente, en Olerti, Zeruko Argía, Aurrera. En 1967 publicó la biografía de Balendin Uriona. Es autor también de Errien Aurrerakuntza, trad. de Populorum progressio del Papa Paulo VI; al aparecer Agur escribió los editoriales de esta revista. Gotzon se distinguió por su notable espíritu sacerdotal e idealismo. Su herencia espiritual quedó expresada, de alguna manera, en la frase: Ezi maitasunean maitasunerako.
A su muerte, producida en 1970, fueron varios los escritos en los que se ensalzó su figura humana y su actividad cultural; también Zipitria se hizo presente con el escrito titulado: Donostiako Orixe Ikastolan, en Agur, 1970-Arila-30, pág. 12.
LAS IKASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
En el seno de esta Junta informal reinaba una notable armonía; se ponían de acuerdo, sin gran dificultad, a la hora de repartirse las cargas, a pesar de que algunas de ellas no tenían hijos en la ikastola.
Entre las demás características de la agrupación se puede señalar que se trataba de personas pertenecientes, en su mayoría, a la clase media social de Bilbao; se comunicaban entre sí en castellano, debido a que no todas conocían el euskera.
Por su preparación intelectual había entre ellas quienes habían hecho carreras superiores, junto a algunas otras que se desempeñaban como amas de casa; pero esto no era óbice para que todas pusieran a disposición del centro tanto su tiempo como su trabajo, dedicando a esta actividad un día entero cada semana, además de tener una reunión semanal, generalmente, los jueves por la tarde.
Por lo que se ha podido averiguar, en estas reuniones se trataba de todo: De la ikastola, las andereños, el dinero, la marcha de la Iglesia y la política etc. Pero, sobre todo, les preocupaban una serie de problemas importantes, tales como:
- La forma de encontrar los maestros titulados, con conocimiento del euskera. - Hallar los medios económicos que necesitaban
- La organización de las primeras Comuniones - Efectuar las matrículas de los alumnos
- La elaboración de las fichas y el teatro infantil, además de otras actividades complementarias que se ponían en marcha durante el curso.
Con esta desinteresada y eficaz dedicación, se hizo casi innecesaria la contratación del personal de oficina, si bien el centro disponía, desde 1967, de una secretaria en la persona de Mertxe Sagarna.
A la cabeza de la Junta estaban Juliana Berrojalbiz y Tere Rotaetxe, cuyos nombres han aparecido ya en repetidas ocasiones, a lo largo de esta historia.
Juliana era la directora pedagógica y en cuanto tal permanecía, prácticamente, todo el día en la ikastola, a fin de atender a las cuestiones diarias propias de su cargo, además de la elaboración de cuantos informes y documentos se pedían desde la Delegación de Educación.
Había nacido en Ajánguiz (Bizkaia) en 1922, en el seno de una familia abertzale y euskaldún; su padre estuvo encarcelado durante tres años, a raíz de la guerra. Hizo el bachillerato superior antes de seguir la carrera de magisterio. Casada y madre de tres hijos, no ha ejercido de maestra, si bien, de una u otra forma, ha entregado su vida entera al desarrollo de la pedagogía y la cultura vasca.
Su nombre ha quedado, inconfundiblemente, unido a los orígenes mismos de las ikastolas de Bizkaia, por sus largos años de dedicación y resistencia al frente de las mismas.
Por su parte, Tere Rotaetxe es otra de las personas que no ha escatimado esfuerzos cuando se ha tratado de trabajar en favor de las ikastolas; ha sido una de las incansables impulsoras de las mismas. Además de ceder su casa para la instalación del centro, le ha tocado hacer de verdadera administradora de la institución, preocupán- dose, en cada momento, por hallar los medios económicos necesarios para su acondicionamiento y la adquisición de muebles, así como para efectuar las reformas y obras en las instalaciones.
Miembro de una familia numerosa y abertzale, durante la guerra civil vivió con los suyos en San Juan de Luz (Francia), entre 1936 y 1939, fecha ésta última en la
que, por motivos de la guerra mundial, se trasladó a Venezuela, pasando más tarde por Estados Unidos y Portugal. Hacia 1942 pudo regresar a Bilbao en compañía de su madre y de sus hermanos. Su padre, Ignacio de Rotaetxe, distinguido ingeniero y notable político en la preguerra, quedó viviendo en el extranjero unos años más y murió en 1951.
5.1. Los medios económicos
La situación económica fue una de las constantes preocupaciones de la citada Junta administrativa, como se ha indicado un poco antes. Para hacer frente a los gastos derivados del traspaso del local de la calle Elcano, 6, hubo que pedir dinero de puerta en puerta: La cifra de 800.000 pts., que era la suma que se debía, se recaudó a través de las ayudas recibidas de particulares.
Se habían acostumbrado al déficit de cada fin de curso, déficit que podía ascender, en ocasiones, a la suma de 100.000 a 200.00 pts., dependiendo siempre de las obras realizadas en el inmueble y el pago de los maestros durante los meses de verano.
En el capítulo de los ingresos, las cuotas que pagaban los padres representaban una entrada nada despreciable; su cobro se verificaba a través del banco.
Por lo demás, y con el mismo objetivo de recaudar dinero, se recurría a las rifas y las actuaciones teatrales, en torno a la Navidad: Aprovechando la concurrencia de familiares y amigos en el teatro, se rifaba un gran cesto casero, lleno de regalos navideños característicos de Euskal Herria.
Según manifiestan los interesados, se recogía una suma considerable a través de estas actividades. La generosidad de los abertzales de Bilbao permitía hacer frente a los gastos contraídos y mirar el futuro con esperanza.