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Appendix 4 Delphi consensus process round 2 questionnaire

Los efectos secundarios y los incidentes pueden ser ocasionados por los medicamentos administrados o por el modo de administraciónxxxix. Su

aparición puede ser precoz o tardíaxl. Otros autoresxli prefieren clasificar el riesgo terapéutico de dos formas: mecánico, debido al carácter ciertamente agresivo de la técnica, o tóxico, dependiente de la naturaleza de los productos administrados.

4.1.1. Dolor

Cronológicamente es el primer efecto no deseado que se presenta en cualquier acto mesoterápico. Se debe a la vía de administración parenteral que hemos adoptado, viéndonos obligados a romper la piel para acceder a capas más profundas.

Para contrarrestar en parte este efecto no deseado, los primeros mesoterapeutas idearon multiinyectores que permitían efectuar numerosos pinchazos con una sola percepción dolorosa o elementos de asistencia (pistolas de inyección) que dan al paciente

un cierto grado de confort. Con el mismo fin se emplearon sprays de cloruro de etiloxlii y más modernamente, cremas formuladas con anestésicos locales

(EMLA) que se aplican mediante curas oclusivas una hora antes de realizar el acto mesoterápico. De cualquiera de las formas, nosotros seguimos prefiriendo la práctica de “técnicas de distracción” o la denominada “analgesia verbal”.

Una vez eliminado el factor subjetivo, hay otras muchas causas que pueden ocasionar dolor.

Hemos visto que el acto mesoterápico obliga a la realización de una efracción cutánea y por tanto, dolor debido a la picadura. Este dolor puede ser

más o menos intenso según sea el tipo de aguja empleado: la aguja clásica de Mesoterapia, la aguja de Lebel, de un calibre de 0’4 mm (27G) es peor tolerada que la aguja más moderna de calibre 0’3 mm (30G), menos traumática. En sesiones muy amplias, de 700-900 dosis en pacientes con una piel dura o sobre zonas queratinizadas, es preciso verificar de forma periódica que la repetición de los pinchazos no estropee el filo de la aguja y en ese caso, no podemos dudar en cambiar la aguja las veces que se precisen en el transcurso de la sesión, siempre buscando el beneficio del paciente.

Si realizamos Mesoterapia manual, la introducción de la aguja debe hacerse con un movimiento seco y rápido.

También hay que considerar el líquido inyectado, no solamente en cuanto a su pH, que debe encontrarse entre 5 y 8 para no desbordar los sistemas fisiológicos de tamponamiento, sino también en lo referente a su viscosidad y al volumen administrado por unidad de mesoinyección, así como la velocidad y la profundidad de inyección.

Una pequeña cantidad administrada rápidamente a nivel dermo- epidérmico, va a ocasionar un dolor importante por una distorsión brusca de los elementos receptores algógenos; volúmenes más importantes pueden ser administrados sin dolor en mesoperfusión lenta y/o en mesoinyección a nivel de la dermis reticular.

Topográficamente, las manos, los pies, la cara interna de los muslos y las rodillas, el codo..., son zonas de inyección dolorosas; por el contrario, ciertas zonas dorsales, el cráneo, ciertas localizaciones faciales, son prácticamente indoloras si empleamos una buena técnica, que se adquiere con la práctica.

Es conveniente distraer al paciente durante la sesión; así, es bueno entablar una conversación divertida, anodina y superficial para no entrar en situaciones más específicas de terapias psicoanalíticas que farmacológicas. Podemos aprovechar este tiempo para informar a nuestro paciente sobre la enfermedad consultada o para hacerle alguna recomendación específica sobre su tratamiento.

Hay que advertir al paciente que puede tener un incremento de la sensación dolorosa cuando realizamos picaduras en zonas sensibles.

4.1.2. Eritemas

Los eritemas banales, visibles incluso en punturas secas, debidos a la liberación local y autolimitada de mediadores químicos, son frecuentes, pero también las fases iniciales de algunas lesiones cutáneas relacionadas con la mala praxis de la técnica o las reacciones alérgicas pueden presentarse en forma de enrojecimiento cutáneo. El mesoterapeuta atento sabrá si se trata de una manifestación benigna que no implica más que una actitud expectante y algunas palabras para tranquilizar al paciente o si se requiere una actitud más intervencionista.

Un eritema local muy evidente, de aparición casi inmediata, se obtiene con los vasodilatadores potentes. Estos pueden llegar a convertirse en eritemas generalizados o en flush facial.

El rutósido asociado a meliloto es responsable de reacciones eritematosas y/o pruriginosas aproximadamente en un cuarto de los pacientes, apareciendo incluso en la primera sesión de Mesoterapia, es decir, en el primer contacto con el medicamento; estas reacciones parecen ser debidas a la simple irritación local, más que a un proceso alérgico, y se solucionan diluyendo esta asociación de principios activos antes de su utilización. Algo similar puede observarse con los extractos de alcachofa, y la solución del proceso es la misma que la apuntada para el caso anterior.

Los enzimas despolimerizantes provocan placas eritematosas muy pruriginosas dosis-dependientes. Pueden surgir inmediatamente, en algunos minutos, como si se tratase de una reacción producida por la histamina, o aparecer al cabo de algunas horas o pocos días. Se acompañan de prurito intenso que comienza frecuentemente de forma brusca durante la noche, con el calor de la cama. Son lesiones eritematosas, calientes, a veces sobreelevadas

en forma de placas, de contornos nítidos, a veces dolorosas y más o menos de aspecto inflamatorio. Después de algunos días durante los cuales se les prescribe una loción antipruriginosa, se observa una normalización de la zona afectada, salvo en algunas pieles obscuras en las que puede quedar una zona de hipocromiaxliii. En estos pacientes sería una imprudencia repetir la administración de este medicamento.

El mayor temor del mesoterapeuta es la aparición de una reacción alérgica grave, que, afortunadamente, son excepcionales. Aunque hasta el momento nunca se han descrito casos de shock anafiláctico relacionados con la técnica es obvio que debemos investigar antecedentes alérgicos o un terreno atópico en nuestros pacientes, y evitaremos, en todos los casos todo contacto con antígenos conocidos en un paciente sensibilizado. Por prudencia, aunque las alergias a medicamentos administrados por la vía intradérmica sean poco probables, tomaremos en consideración los tests de alergia aportados por el paciente, y lo mejor de todo es no utilizar vías de administración parenteral o emplear medicamentos “alternativos” como los homeopáticos. Sin embargo, la realización de tests alérgicos no se hace de forma sistemática en todo paciente que va a ser sometido a esta técnica terapéutica. Solamente se realiza en casos particulares y con principios activos concretos en pacientes que presenten una historia alérgica anterior a ellos y, cosa excepcional, estos principios activos no puedan ser sustituidos por otros similares o por productos de naturaleza homeopática.

La alergia inmediata es el shock anafiláctico; es una reacción de tipo I de la clasificación de Gell y Coombs, provocada por la liberación masiva y el paso al sistema circulatorio general de histamina o de sustancias afines, dotadas de gran efecto vasodilatador en el transcurso de la reacción antígeno-anticuerpo, produciendo una importante alteración del retorno venoso que puede ocasionar la muerte del paciente en algunos instantes. Por ello, como podemos comprender, en la consulta de Mesoterapia debe existir material de reanimación en buen estado, a fin de poder comenzar una RCP básicaxliv, y el personal

auxiliar debe estar asimismo entrenado para poder afrontar este hipotético desastre.

Afortunadamente, en Mesoterapia, las reacciones de hipersensibilidad más frecuentes son autolimitadas y únicamente localizadas en la zona cutánea tratada, y no se han descrito casos de alergias graves. Aunque en principio cualquier medicamento puede provocar reacciones alérgicas, se sabe que existen algunos de ellos con mayor capacidad alergizante. El poder alergizante atribuído a la procaína es discutible aunque es cierto que su molécula contiene el grupo para. Cuando se propuso sustituir este anestésico local por la lidocaína, que no tiene este grupo para en su estructura, no se tuvo en cuenta la existencia de parabenes en el excipiente de ciertas preparaciones comercialesxlv,xlvi, y sin embargo, no había reacciones alérgicas. ¿No es el

grupo para de la procaína el responsable de las reacciones alérgicas? ¿Se pueden explicar estas por la formación de nuevos antígenos o de haptenos con particularidades propias imprevisibles?.

La posibilidad de aparición de un fenómeno alérgico no depende solamente de los medicamentos empleados. Pueden aparecer también alergias no medicamentosas en pacientes alérgicos a los metales, puesto que las agujas que empleamos contienen cromo-niquelxlvii. Hemos tenido un caso de una

paciente alérgica al latex con que se fabrican los guantes en la que, el simple contacto de la mano enguantada con las microheridas originadas por el acto terapéutico, daba lugar a reacciones alérgicas.

En ocasiones, los procesos urticariales no son de origen alérgico; la reacción puede ser provocada por un agente físico como el traumatismo de la picadura de la aguja de Mesoterapia y la presión ejercida por la pistola sobre la piel. Serían casos de urticarias facticias o dermografismo positivo, que se cree

son debidos a la acción de la bradiquinina. No suelen tener importancia y es raro que requieran el uso preventivo de antihistamínicos por vía general, evitando la vía tópica por su capacidad de sensibilizar por contactoxlviii.

Ante una situación de “eritema”, lo más importante es hacer un buen diagnóstico diferencial entre una reacción alérgica, una lesión tóxica medicamentosa y una lesión infecciosa, para instaurar el tratamiento apropiado al caso. El dato diferencial más claro es el momento de aparición de la reacción: inmediato en la reacción alérgica, muy breve (12-72 horas como máximo) para lesiones medicamentosas, y más largo (de 3 a 6 semanas) para lesiones de naturaleza infecciosa.

4.1.3. Hematomas

En nuestra encuesta, los hematomas representan la segunda complicación en frecuencia: un 11%.

La aparición de un hematoma puede ser debido al método de inyección y/o a los agentes farmacológicos inyectados. Su aparición está asociada a una profundidad excesiva de los pinchazos, en líneas generales, aunque la toma crónica de algunos medicamentos como la aspirina puede ser la responsable de cierta tendencia al sangrado.

Esta complicación no reviste solamente importancia estética, sino que puede ser el origen de complicaciones cutáneas graves puesto que constituyen un medio de cultivo ideal para las micobacterias. Como norma general, realizaremos siempre las inyecciones a menos de 4 mm de profundidad. Si sobreviniese un hematoma accidental, debemos de proceder inmediatamente a una compresión decida sobre él con la intención de que no aumente la colección de sangre extravasada. Posteriormente podemos aplicar alguna preparación tópica que ayude a su reabsorción.

4.1.4. Lesiones mecánicas

En algunas localizaciones anatómicas donde el recorrido de ciertos nervios es muy superficial (epicóndilo, epitróclea, maleolos, cabeza del peroné, por ejemplo) pueden producirse lesiones con la aguja. Podemos asimismo encontrar lesiones vasculares en zonas como la carótida o la temporal. Para evitarlas, conviene separar la piel de los planos profundos pinzándola entre los dedos índice y pulgar de la mano izquierda y efectuar así el pinchazo en el pliegue cutáneo formado.

Al efectuar tratamientos muy rápidos, sin prestar atención, o bien cuando el paciente se mueve bruscamente para evitar el pinchazo, o cuando desinfectamos la piel con agentes tensioactivos que dejan una película resbaladiza sobre ella, no es raro que se produzcan cortes lineales por las agujas. Son cortes muy limpios, similares a los causados por un bisturí, acompañados de sangrado a veces difícil de detener. Cicatrizan dejando una marca hipocrómica, como un arañazo de gato, lo cual puede tener importancia dependiendo de su localización.

Pueden producirse pequeños cortes con las agujas cuando efectuamos las inyecciones en ráfaga; para evitarlos, debemos sincronizar el desplazamiento de la pistola con la frecuencia de la ráfaga, poniendo especial cuidado al realizar la técnica del meso- softnes para evitar cortes en zonas faciales.

El mejor tratamiento de este efecto indeseable es su prevención, para lo cual las intervenciones de Mesoterapia deben hacerse con calma, empleando maniobras de distracción del paciente y no empleando altas concentraciones de agentes tensioactivos. Hay que tener presente que las pistolas de Mesoterapia no fueron creadas para hacer más rápido el gesto terapéutico, sino para hacerlo más confortable para el paciente y reproducible.

4.1.5. Lesiones cutáneas

Es la complicación más temida y con mayores implicaciones medico- legales, junto con el shock anafiláctico. Pueden deberse a dos etiologías diferentes: una, de tipo químico o farmacológico, y otra, de tipo biológico.

Las lesiones de tipo químico son debidas a efectos vasculares provocados por medicamentos con acción vasoconstrictora o por excipientes excesivamente densos o irritantes. Se sabe que algunos AINE no pueden ser inyectados sin

diluir si no queremos ocasionar cuadros necróticos; también es un riesgo alto emplear enzimas despolimerizantes de mucopolisacáridos en presencia de hematomas.

A veces, este fenómeno no se debe a un medicamento en concreto, sino a la asociación de varios productos activos en cócteles que debemos evitar por “simple prudencia farmacológica”.

El tratamiento de las lesiones químicas se realiza mediante diversos productos cicatrizantes y curas locales.

Las lesiones biológicas son más graves. En su origen hay generalmente una acumulación de errores por parte del médico practicante que potencian la gravedad del resultado final. Histológicamente se trata de granulomas tuberculoides que afectan a todas las capas de la piel, con importante infiltrado de histiocitos, linfocitos y plasmocitos y células gigantes que rodean una zona de caseificación.

Este tipo de lesiones cutáneas está favorecido por las inyecciones demasiado profundas y por la presencia de hematomas.

Las primeras lesiones cutáneas de etiología biológica relacionadas con la Mesoterapia comenzaron a describirse a finales de los años 70 en España, Francia y Bélgica, sobre todo en pacientes sometidos a tratamiento anticelulíticos efectuados por médicos poco escrupulosos en cuanto a la esterilización del material o la limpieza y protección de la piel de sus pacientes.

Este fenómeno fue ampliamente debatido en el V Congreso Internacional de Mesoterapia por parte de HUTEAU, LETESSIER, GUILLAUME y DOUTRE, que hicieron un estudio sinóptico de las lesiones cutáneas, proponiendo hipótesis patogenéticas y estableciendo la forma de evitarlas. Desde entonces, se han relacionado las lesiones cutáneas con la presencia de micobacterias atípicas (sobre todo la M. Fortuitum y la M. Chelonei) y otros agentes patógenos que se comportan como oportunistas ante una lesión de inyección y/o la presencia de otros factores asociados como puede ser un hematoma o el uso de agentes difusores como los despolimerizantes de mucopolisacáridosxlix.

La reciente incorporación de los países americanos a la práctica de la Mesoterapia, tanto en el entorno latino como en el anglosajón, ha contribuido a la brusca reaparición de un gran número de efectos colaterales ligados la

Lesión biológica: no todas las microinyecciones están afectadas, solamente aquellas que fueron contaminadas.

mayoría de las veces a una mal praxis de la técnica inyectiva y que en Europa ya teníamos prácticamente olvidados desde la década de los 80.

Parece que no han servido de nada los más de 50 años de adelanto que lleva Europa en relación con la práctica de la Mesoterapia puesto que ahora es precisamente un “advenedizo”, los EEUU, quien pretende irrogarse el descubrimiento de la técnica describiendo una “mesoterapia” cuanto menos alucinante y muy ligada a conceptos mercantilistas.

El boom consiguiente de la incorporación como posibles pacientes de más de 1000 millones de personas ha hecho que surjan gran número de laboratorios y farmacias ilegales que se amparan en las revueltas aguas para sacar al mercado productos que no cumplen ni las más elementales normas de seguridad, con fallos importantes en cuanto al cumplimiento de las normas de buena fabricación, utilización de materias primas falsificadas o derivadas de preparados cosméticos que aún siendo presentados en ampollas están previstos y registrados para uso tópico y no deben jamás ser inyectados.

Asistimos en los últimos años al rebrote de uno de los efectos secundarios más temidos en Mesoterapia y que prácticamente había desaparecido en Europa, que es la aparición de infecciones cutáneas postmesoterapia.

Aunque la piel está diseñada para ser una barrera altamente eficaz frente a las agresiones biológicas, algunas circunstancias como son situaciones pasajeras de inmunodeficiencia, la inoculación de gérmenes en capas más profundas de la dermis, la coexistencia de colecciones de sangre en zonas de temperatura corporal por debajo de los 36 ºC, el uso de fármacos contaminados en origen o la utilización conjunta de fármacos que facilitan la difusión de las infecciones (enzimas despolimerizantes de MPS), entre otras, pueden ser aprovechadas por gérmenes de escasa patogenicidad para desencadenar cuadros infecciosos a veces muy graves y de mucha implicación de tipo médico-legal.

Estos cuadros de infección cutánea nosocomial pueden considerarse uno de los efectos secundarios más graves relacionados con la práctica de la Mesoterapia, aunque, evidentemente no es exclusivo de esta técnica terapéutica.

Existen tres mecanismos principales de contaminación, como son: 1) inoculación directa del agente patógeno por contaminación del medicamento, ya sea en origen o por una manipulación inapropiada; 2) contaminación a través de los pinchazos no protegidos, como puede observarse también en los tatuajes; 3) contaminación a partir de los agentes patógenos localizados en la piel por una deficiente limpieza de la superficie cutánea que se va a tratar, es decir, que la contaminación puede ocurrir durante el proceso de preparación o manejo de las sustancias inyectadas o por estar contaminadas en origen.

Dentro de las sustancias empleadas involucradas en la aparición de infecciones después de la práctica de la Mesoterapia nos encontramos con un grupo bastante heterogéneo que incluye: glicosaminglicanos, L-carnitina, ácido triyodotiroacético, silicio orgánico, procaína, ácido ascórbico, extracto de alcachofa, hialuronidasa, hasta las soluciones de violeta de genciana utilizadas como marcaje y los implantes de silicona.

Como podemos comprobar, ninguno de estos pretendidos “medicamentos” tiene un nombre comercial registrado y la mayoría de ellos son ilegales en aquellos países donde han dado problemas infectivos, cuando no en todos. Todos ellos son registrados de forma fraudulenta como cosméticos y van a ser utilizados como medicamentos sin tener la mínima garantía de ser un producto de calidad inyectable, sorteando de esta forma costosos trámites administrativos para obtener el beneplácito de las administraciones sanitarias correspondientes.

Añadamos a la ilegalidad de los productos empleados el hecho de que en la inmensa mayoría de las ocasiones el responsable último de la aplicación de los mismos no sea personal médico entrenado en mesoterapia y por tanto absolutamente desconocedor de criterios como asepsia y antisepsia para que el desastre que se presenta adquiera enormes dimensiones.

En otras ocasiones se trata de personal médico que, guiándose de las indicaciones de los representantes que le visitan adquieren estos pretendidos medicamentos de buena fe, considerando que son absolutamente fiables y con todos los parabienes de la administración sanitaria correspondiente.

En algunas circunstancias se ha visto que incluso se producen falsificaciones de productos elaborados por marcas cosméticas reconocidas internacionalmente. Si los originales pueden plantear dudas en cuanto a

respetar los criterios de buena fabricación, las burdas falsificaciones no cumplen en absoluto la más mínima condición de asepsia, y aparecen las contaminaciones en origen, como el caso recogido por DE WAARD, del laboratorio de tuberculosis del Instituto de Biomedicina de la Universidad de