Los pobres tienen el poder para transformar la realidad que les hace sufrir. La historia ya no se mueve a causa de una élite que la escribe, ni a causa de héroes individuales. Ahora es el pobre quien hace la historia en tanto sujeto colectivo. No es la “historia universal”, sino la historia de los pobres89. Al pobre le con-mueven
89 Después de 'pobre' y 'liberación', 'historia', es otro concepto clave de la teología de Gutiérrez. “En Jesucristo encontramos a Dios, en la palabra humana leemos la palabra de Dios, en los acontecimientos históricos reconocemos el cumplimiento de la Promesa. Este es el círculo hermenéutico fundamental. Del hombre a Dios y de Dios al hombre, de la historia a la fe y de la fe a la historia, del amor fraternal al amor del Padre y del amor al Padre al amor de los hermanos, de la justicia humana a la santidad de Dios, y de la santidad de Dios a la justicia humana, del pobre a Dios y de Dios al pobre” {1980 [1979]: 28}. Más adelante en la misma obra señala: “Es necesario insistir en que la historia (donde Dios se revela y lo anunciamos) debe ser releída desde el pobre, desde «los condenados de la tierra». La historia de la humanidad ha sido escrita, como ha dicho alguien, «con mano blanca», desde los sectores dominantes” {1980 [1979]: 35}. Gutiérrez llama a “recuperar la memoria de los Cristos azotados de América”. Así llamaba, dice, Bartolomé de Las Casas a los indios del continente {1980 [1979]: 36; cf. 1993 [1992]}. Gutiérrez con la obra sobre Bartolomé de Las Casas pretendía recuperar la memoria de los “Cristos azotados de América” para “rehacer la historia” y plantearla “desde abajo”; una “historia subversiva”, lugar de una “nueva experiencia de fe”, de una “nueva
94 las relaciones injustas que sufre, el pobre se mueve por su capacidad, voluntad y consciencia, y el pobre con-mueve evangelizando y convocando a la lucha. Son los pobres quienes harán los cambios, porque es a ellos que no les conviene este orden de cosas. Ellos harán un nuevo futuro90. En su rebelión, en su destino a ser
libres, yace su poder para impulsar la historia y las sociedades.
Reflexionar a partir de la praxis histórica liberadora, es reflexionar a la luz del futuro en que se cree y se espera, es reflexionar con vistas una acción transformadora del presente. Pero es hacerlo no a partir de un gabinete, sino echando raíces, allí donde late, en este momento, el pulso de la historia, o iluminándolo con la palabra del Señor de la historia que se comprometió irreversiblemente con el hoy del devenir de la humanidad, para llevarlo a su pleno cumplimiento. {1975 [1971]: 40}
La fuerza de los pobres liberará a la sociedad entera, incluyendo a los mismos opresores. Eliminándose la opresión del pobre, se elimina igualmente la alienación de quienes lo sojuzgan. Así, surgirá un nuevo mundo. “Se trata de un reino de justicia y de liberación que deberá establecerse y hacerse desde el pobre, el oprimido, el marginado de la historia” {1980 [1979]: 27}. Son los mismos pobres quienes tienen la solución a su tragedia. Nadie más lo hará por ellos, nadie más puede hacerlo por ellos. Ellos mismos lo pueden y deben hacer. Así, se reconocen como personas dignas e hijos de Dios, y con ese impulso comienzan a actuar, a tejer y a reescribir la historia, su historia, y transformar este contexto injusto en el que viven91.
espiritualidad” y “nuevo anuncio del Evangelio” {1980 [1979]: 36}. “El orden establecido nos ha enseñado a tener una idea peyorativa de lo subversivo, porque es peligroso para él; pero desde otra perspectiva lo que está mal es ser ―seguir siendo tal vez― lo que podríamos llamar un «super-versivo», un apoyo a la dominación imperante, alguien que orienta la historia desde los grandes de este mundo” {1980 [1979]: 371}. 90 “Concebir la historia como un proceso de liberación del hombre, es percibir la libertad como conquista histórica; es comprender que el paso de una libertad abstracta a una libertad real no se realiza sin lucha ―con escollos, posibilidades de extravío y tentaciones de evasión― contra todo lo que oprime al hombre. Esto implica no solo mejores condiciones de vida, un cambio radical de estructuras, una revolución social, sino mucho más: la creación continua, y siempre inacabada, de una nueva manera de ser hombre, una
revolución cultural permanente” {1975 [1971]: 61-62}. Cualquier desarrollo debe estar dentro de un marco
mayor de liberación {1975 [1971]: 68}.
91 “Sea como fuere, la insostenible situación de miseria, alienación y despojo en que viven la inmensa mayoría de la población latinoamericana presiona, con urgencia, para encontrar el camino de una liberación económica, social y política. Primer paso hacia una nueva sociedad” {1975 [1971]: 129}. Pues, “la pobreza que se vive en América Latina (y otros lugares del mundo), con sus causas y sus consecuencias, significa una realidad de muerte negadora del primordial derecho humano a la existencia y del Reino de vida” {1983: 13}. Y explica qué significa esa “realidad de muerte”: “Muerte ocasionada por el hambre y la enfermedad o por los métodos represivos de quienes ven peligrar sus privilegios ante todo intento de liberación de los oprimidos. Muerte física a la que se añade una muerte cultural, porque el dominador busca el aniquilamiento de todo lo que da unidad y fuerza a los desposeídos de este mundo para hacerlos así presa fácil de la maquinaria opresiva” {1983: 21}.
95 Los pobres son creadores como lo es Dios. Colaboradores del Creador y con él Hacedor ellos producen cosas completamente nuevas y mejores92. Crean desde su
condición de opresión. Los pobres son capaces de amar, imaginar y construir. Se trata de una fuerza que es regenerativa y creativa.
Gutiérrez habla de la fuerza histórica de los pobres, porque desde ellos comienza el proceso de liberación y se trata de su propia salvación. Pero quienes no son pobres se convierten a sus luchas. El pobre los atrae93, son una fuerza de atracción. Además,
los pobres son una potencia de liberación porque emergen de la misma muerte. Los pobres representan un testimonio de tenacidad. Los pobres resucitan y rompen las cadenas. Todo esto se da porque en ellos está Dios: el Señor pelea con ellos y para ellos.
No es solamente una opción evangélica, sino también política. Ser cristiano en América Latina consistiría necesariamente en ser solidario con los expoliados94.
Gutiérrez va más allá: la liberación del pobre es un imperativo de cualquier teología cristiana, tomando en cuenta que la injusticia, la opresión, la exclusión, la discriminación son pecados, consecuencias antievangélicas y anticristianas. Se trataría de “escandalizarse” (irritarse, indignarse) por la desigualdad, por los
92 El mismo Dios creador del cosmos, es el que libera en la historia, e invita al ser humano a crearla junto a él y autocrearse, autoproducirse; transformar la realidad mediante el trabajo. Siempre “nuevo” es el amor del Señor “que invita al rechazo a la inercia e impulsa a la creatividad” {1983: 50}. “El trabajo del hombre, la transformación de la naturaleza, sólo prolonga la creación si es hecho humanamente, es decir, si no está alienado por estructuras socio-económicas injustas” {1975 [1971]: 234}. “La salvación ―iniciativa total y gratuita de Dios, comunión de los hombres con Dios y de los hombres entre ellos― es el resorte íntimo y la plenitud de ese movimiento de autogeneración del hombre, lanzado inicialmente por la obra creadora” {1975 [1971]: 210}. “Porque, finalmente, la historia no es una fatalidad, ella depende en gran parte de nuestra acción” {1986b: 41}. Del estudio del libro de Job concluye: “El ser humano es insignificante a juicio de Job, pero lo bastante grande para que Dios ―el Todopoderoso― se detenga en el umbral de su libertad y le pida su colaboración en la construcción del mundo y en su justo gobierno” {1986a: 146}. En otra obra sostiene que la necesidad de una liberación es “ver el devenir de la humanidad en una cierta perspectiva de filosofía y teología de la historia, como un proceso de emancipación del hombre, orientado hacia una sociedad en la que el hombre se vea libre de toda servidumbre, en la que no sea objeto, sino agente de su propio destino. Proceso que lleva no sólo a un cambio radical de estructuras, a una revolución social, sino que va, incluso más lejos: a la creación permanente de una nueva manera de ser hombre” {1980 [1979]: 49}. “La Fe abre horizontes infinitos a la obra humana, dinamizando así nuestro actuar en la historia” {1980 [1979]: 57}. “El Evangelio debe ser anunciado a los hombres y mujeres que se realizan como seres humanos a medida que forjan su propio destino” {1980 [1979]: 63}.
93 “El pobre, el oprimido, es miembro de una clase social explotada, sutil o abiertamente, por otra clase social. Clase social explotada que tienen en el proletariado su sector más beligerante y lúcido. Optar por el pobre es optar por una clase social y contra otra. Tomar conciencia del hecho del enfrentamiento entre clases sociales y tomar partido por los desposeídos” {1980 [1979]: 79}.. Julio Lois escribe: “Ellos [los pobres] son los sujetos de su propia liberación, fuerza histórica con capacidad de transformación, con cuya causa y luchas hay que solidarizarse” {Lois 1986: 87}.
94 “Es geht um die Begegnung mit Gott in den Armen, in der Solidarität mit dem Kampf der Unterdrückten. Es geht um einen Glauben voller Hoffnung und Freude, den wir unter den Bedingungen des Befreiungsprozesses leben, dessen Träger die armen Klassen des Volkes sind.” {1987 [1983]: 107}.
96 sufrimientos. Siempre hay dolor en este mundo, pero Gutiérrez no quiere desembocar en un pensamiento abstracto sobre el “dolorismo”, según dice, sino se refiere en especial a los provocados, a los que se pueden evitar. Habla por ello de las “estructuras de pecado”95. Aunque también reflexiona sobre las otras formas de
sufrimientos, más existenciales, pero nunca despegadas del padecimiento por una situación de injusticia creada: socioeconómica y políticamente, en especial, en las sociedades donde se estructura la diferencia de clases sociales. Los pobres convocarían, impulsarían la solidaridad. Son un movimiento que lleva consigo, inspira; ante él uno no se puede quedar indiferente. Al menos no un cristiano que ha podido constatar la miseria de los desposeídos (pre-comprensión). Ponerse de su lado es entrar en esa relación violenta que caracteriza a las sociedades occidentales y modernas: la “lucha de clases”96. No se puede no ocupar un lugar en esa “lucha”. De
todas formas se asumen posiciones, incluso con la indiferencia. Al fin y al cabo o se está a favor de los poderosos o a favor de los que luchan por emanciparse. La indiferencia, en este sentido, es ya una opción asumida.
La “fuerza histórica” despega de la misma realidad de lucha que vio Gutiérrez cuando escribía su teología. Gutiérrez intentó dibujar así una subjetividad de los pobres que batallan contra el mal que los reduce, para reconocerse con la capacidad de recrear la historia y conseguir la liberación. La teología tiende a hablar de la victoria de la fuerza de los pobres, porque ella quiere ser mensaje de esperanza y convicción, y no de fracaso. No hay otra alternativa que creer que así será. Pero además porque la fuerza de los pobres es una fuerza que viene de la vida misma, es decir, de Dios. El teólogo alimenta su literatura teológica de una realidad de mucha resistencia (según interpreta) de la vida contra la muerte. Que se encarna en el combate del pobre contra su opresión. Y Dios toma partido por la vida contra la muerte/opresión. Toma partido por los aplastados.
95 Para Gutiérrez el pecado es un “hecho social histórico”, una “ausencia de fraternidad”, de amor entre los seres humanos y entre Dios y las personas. Como consecuencia se produce una escisión interior {1975 [1971]: 236-237}. El pecado ocurre en las estructuras opresoras, en la explotación, la dominación y la esclavitud de los pueblos. Es la alienación que se produce por la situación de injusticia y explotación. “El pecado exige una liberación radical, pero ésta incluye necesariamente una liberación política. Sólo participando en el proceso histórico de la liberación, será posible mostrar la alienación fundamental presente en toda alienación parcial” {1975 [1971]: 237}. En su estudio sobre Job argumenta que el “pecado” es la negativa a aceptar el mensaje de Jesús, quien anunció el “don gratuito y exigente del amor de Dios”. El rechazo de ese anuncio, es rechazo a Jesús y lo que lo llevó a la muerte, pues hablar de Dios en anunciar una “experiencia de la cruz”. “Jesús encuentra el desamparo y la muerte justamente porque revela a Dios como amor” {1986a: 176}. El pecado rechaza al amor.
96 “No jugarla en favor de los oprimidos de América latina es hacerlo en contra, y es difícil fijar de antemano los límites de esa acción. No hablar, es constituirse en otro tipo de iglesia del silencio; silencio frente al despojo y la explotación de los débiles por los poderosos.” {1975 [1971]: 182}
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