III. Anti-avoidance provisions of the Merger Directive
2. ECJ cases interpreting Article 11(1)(a) of the Merger Directive
Hemos esbozado estaciones importantes del proceso intelectual de Gutiérrez. En ellas formula su teología, que es también la presentación de los inicios de la TDL. El teólogo se opone a la jerarquía católica del continente, a las posiciones desarrollistas. Gutiérrez trae a los debates intelectuales de la Iglesia Católica, el tema de los “pobres” y la “pobreza”. Lo cual abre una posibilidad de discursos sobre la sociedad y una reflexión sobre la metodología de trabajo teológico y pastoral. El campo en el que se ha desenvuelto y se desenvuelve Gustavo Gutiérrez es el religioso institucional. Se enfrenta con posiciones conservadoras de la iglesia, que defienden un modelo neocolonial y jerárquico, que están a favor de las oligarquías latinoamericanas, como él mismo lo dice.
Gutiérrez muchas veces fue considerado por sus detractores como “cura marxista” antes que como un cristiano, pues, al parecer, no se podía ni se puede concebir que un cristiano también pueda ser marxista79. Gutiérrez se refería al marxismo como a
79 En el apartado II, Capítulo 1 de su TLP, dice: “Sea como fuere, de hecho, la teología contemporánea se halla en insoslayable y fecunda confrontación con el marxismo. Y es, en gran parte estimulada por él que, apelando a sus propias fuentes, el pensamiento teológico se orienta hacia una reflexión sobre el sentido de la transformación de este mundo y sobre la acción del hombre en la historia” {1975 [1971]: 32; cf. 1975 [1971]: 26-38}. Julio Lois en su estudio sobre la TDL se refiere a Gustavo Gutiérrez y el uso que el teólogo peruano habría hecho del marxismo. “Lo decisivo son los hechos (la pobreza injusta que amenaza la vida, el subdesarrollo alarmante de los pueblos) y las ciencias sociales —marxismo incluido— están sometidas a ellos y son utilizadas para interpretarlos lo más correctamente posible y para proponer vías de solución. La fe
85 una teoría de la praxis revolucionaria, dotada de una racionalidad científica, pero también con un componente utópico indispensable para un proyecto histórico cualitativamente distinto y que es capaz de dinamizar la praxis {Lois 1986: 259}80.
Pero el teólogo peruano, para no ser tachado únicamente de “marxista”, se esforzó en sus escritos por presentar fuentes bíblicas y de la tradición de la iglesia cristiana. Se basaba en los documentos de la Iglesia Católica, en los padres de la iglesia, en las Sagradas Escrituras {cf. 1970}. El “marxismo” para Gutiérrez, su concepto de la sociedad y la “lucha de clases” es parte de los estudios científicos de la sociedad que siempre deben ser reinterpretados, pero en ningún caso el “marxismo” y la “lucha de clases” representan una determinación de la realidad social, mucho menos de la fe, que implica otras dimensiones, como la contemplación o la profecía {1986 [1984]}81.
Gutiérrez es parte de ese grupo de teólogos cuestionadores, que buscaban transformar la Iglesia Católica desde dentro. Su obra principal: TLP, surgió de debates hecha opción por los pobres y la teología recurren a las ciencias sociales y al marxismo pero están vinculados a los hechos más que a las teorías de interpretación de los mismos. Están, por ejemplo, más vinculados al hecho mismo de la dependencia que a las teorías neomarxistas de la dependencia elaboradas para interpretarlo” {Lois 1986: 258}. Además: “El análisis marxista puede contribuir a una sana desideologización de la tradición cristiana, a liberarla de las posiciones propias de un cristianismo burgués, vinculado a los intereses de la clases dominantes. Puede proporcionar un horizonte que urja a plantear cuestiones que permitan descubrir o enriquecer la significación liberadora del mensaje cristiano y configurar de forma más coherentemente evangélica la institución eclesial. Por otra parte, conviene matizar que cuando insistimos tanto en la incidencia de la fe, ni se quiere negar la autonomía de la ciencia, ni tampoco reivindicar para la fe una supuesta capacidad para juzgar acerca de la legitimidad científica del análisis sociológico. Lo que decimos es que la fe puede y debe intervenir como instancia crítica de desideologización (no hay análisis puramente científico), contribuyendo a su más correcta utilización” {Lois 1986: 460. Nota a pie 278}.
80 “En particular, en la teología de la liberación para obtener un juicio recto sobre la realidad social se usan los aspectos más fecundos de los análisis e intuiciones de Marx sobre la misma, no por ser alemán y estudioso, sino por la validez de sus trabajos sobre el capitalismo liberal. Gustavo Gutiérrez sigue especialmente la línea de interpretación marxista de Gramsci y José Carlos Mariátegui como método de interpretación histórica y como utopía o proyecto de una nueva sociedad y de un hombre nuevo. La verdad de las afirmaciones de Marx sobre el capitalismo liberal de su tiempo son válidas en su sustancia actualmente como lo confirma la realidad social de los pueblos latinoamericanos. El fracaso de las teorías desarrollistas en las naciones latinoamericanas es un hecho innegable. Como naciones, formamos parte del proletariado mundial. La aceptación de la interpretación marxista de la sociedad por la teología de la liberación, es punto de ruptura con otras corrientes teológicas, aun latinoamericanas, como es la línea argentina y no se diga la reformista de un Kloppenburg. En la teología de la liberación, la tarea del cristiano y de la Iglesia toma rumbos y distinciones bien precisas. Se reconoce y denuncia la lucha de clases, el despojo de la plusvalía del trabajo de las mayorías por unos pocos, la inoperancia de la propiedad privada de los bienes de producción. No sólo se reconocen semejantes hechos, sino se insta a entregarse al cambio social revolucionario como parte de la liberación aportada por Cristo. Liberación que incluye esencialmente el nivel económico-político” {Oliveros 1977: 113} Además ver: Löwy 1987: 19-31.
81 En este ensayo (que hemos conseguido en alemán): “Theologie und Sozialwissenschaften” (1986 [1984]), Gutiérrez enfrenta el tema entre el marxismo, su teología y preocupación pastoral. En una parte señala: “Bei alledem gibt es im Marxismus Begriffe, die den Klassenkampf nicht nur als Tatsache, sondern als «Motor der Geschichte» und, in philosophischeren Versionen, als Gesetz der Geschichte darstellen. Man müßte an dieser Stelle die Bedeutung und den Stellenwert dieser Verfestigung einer im Prinzip historische Sache analysieren. Es ist uns hier wichtig, zu sagen, daß wir diese Auffasung nicht teilen und daß wir folglich diese Begriffe auch nie verwendet haben” {1986 [1984]: 64}.
86 entre intelectuales, teniendo como una referencia a un continente apabullado por la pobreza, como él lo interpretó entonces. Sus interlocutores son sobre todo intelectuales, sacerdotes, religiosos, laicos, estudiantes, dirigentes eclesiales y sociales con formación e información sobre la historia, la cultura, la teología, la sociedad y no necesariamente los “pobres”. De igual manera, los intelectuales de izquierda que simpatizaban con un cristianismo más comprometido y politizado. El teólogo forma parte del pensamiento social cristiano en América Latina y el Caribe. Gutiérrez postulaba una iglesia de los pobres y una reconstitución de toda la iglesia oficial. Sin embargo, el camino no sería fácil. No parecía sencillo transformar en poco tiempo una larga tradición de iglesia colonial, anclada en muchas de sus costumbres en la Edad Media82. Hoy en día ese proceso de cambio no ha llegado a su conclusión.
La iglesia en general parece haber virado poco hacia la posición que Gutiérrez esperaba. Los fervores revolucionarios quedaron atrás. Las dictaduras y la contrarrevolución conservadora apoyada por los Estados Unidos arrasaron con gran parte de los revolucionarios en la década de los setenta hacia adelante. Sin embargo, el teólogo peruano no renuncia a hablar de la dignidad humana y, al ver que la pobreza sigue y crece en el continente y en el Perú, mantiene su posición crítica y la opción preferencial por los pobres. Últimamente, la teología de Gutiérrez habla más de una vida espiritual que de una lucha social, habla de la mística, que fue el interés que él tenía desde su juventud y que lo habría llevado por los caminos del sacerdocio, de la teología y de la opción por los pobres, según sugiere en uno de sus libros {cf. 2013 [2010]}.
Para entender mejor este desarrollo biográfico-teológico usamos la lógica de transformación sistematizada en el cuadrado praxeológico como instrumento heurístico. Su experiencia negativa como sacerdote e intelectual puede ser leída como una indignación ética ante la injusticia social que se traduce en la proliferación de personas que no tienen para vivir, algunas ni siquiera lo mínimo y la sociedad las condena a muerte. Para Gutiérrez como pastor un mundo así resulta intolerante, es decir, la constatación de la indigencia en un continente entero. Como intelectual y sacerdote, Gutiérrez pone todo su capital cultural para generar un lenguaje crítico contra el sistema que produce miseria. Es la respuesta que él puede hacer como
82 Silva Gotay decía que el clero antes del Concilio Vaticano II era “constantiniano” y que “articulaba su teología sobre una concepción esencialista del mundo, tomada del tomismo aristotélico de la Edad Media, entendían el orden social como una expresión de la esencia predeterminada de las cosas, no ya en el mundo de las ideas sino en la mente del Dios que las estableció. Alterar el orden establecido era pecado. Esto los hacía guardianes del orden establecido” {Silva Gotay 1989 [1981]: 38}.
87 teólogo; proponer un relato esperanzador, que aliente la práctica de la justicia. Los pobres como una realidad social y como un concepto teológico se convierten en el principal operador del habitus de Gutiérrez. Es decir, la emancipación de los excluidos justifica el compromiso, la lucha y, a la vez, la tarea teológica y pastoral.
Gutiérrez quiere esclarecer los problemas que enfrentan los marginados, analizar a la sociedad que los produce. Su fe está puesta en un Dios “de la vida”, en un Dios “liberador”, que se identifica con los pobres. Él es creyente y confía en que Latinoamérica puede cambiar y que las personas pueden nacer de nuevo.
Como muchos intelectuales en América Latina y el Caribe de la época ―y también de hoy―, Gutiérrez ve en el capitalismo al productor de víctimas y pobreza. Y denuncia que las ideologías que presentan a este sistema como la mejor sociedad concebible, son relatos de opresión. Su respuesta a ello, es articular la fe y la teología como una lucha socio política; además, proponer a la comunidad cristiana una pastoral de acompañamiento preferencial a los pobres.
Gutiérrez guarda la esperanza de la emancipación de los pueblos oprimidos y es el resultado que procuraría con sus escritos. “La teología es una inteligencia de la fe. Es una relectura de la palabra tal y como es vivida en la comunidad cristiana. Pero se trata de una reflexión orientada hacia la comunicación de la fe, hacia el anuncio de la Buena Nueva del amor del Padre por todos los hombres y mujeres” {1980 [1979]: 63}. Es una respuesta sobre todo intelectual y pastoral, haciendo uso de la palabra en los encuentros, las conferencias y los debates que constantemente sostuvo. A ello ha dedicado parte importante de su vida (investigación, preparación de charlas, conversatorios, confrontaciones académicas, cursos, seminarios, libros escritos). Su fuerte es la palabra y su capacidad de analizar y escribir. Con la palabra quiere persuadir y lograr una mayor concientización83. Sin quitarle con esto el mérito que
tiene como pastor. De ahí la importancia de la difusión de una nueva perspectiva teológica y liberadora, y una explicación de las alternativas, de la fe cristiana y de la acción social de la iglesia popular84.
83 Gutiérrez usa a veces el lenguaje poético/literario para expresar su teología. Cita frecuentemente, por ejemplo, a César Vallejo, Juan de la Cruz o a José María Arguedas.
84 La obra de Gutiérrez tiene como punto de partida “la praxis social en el proceso de liberación y la participación de la comunidad cristiana en él, dentro del contexto latinoamericano” {1975 [1971]: 187}. De tal modo que: “El teólogo no se halla en una especie de limbo histórico, su reflexión está situada, arranca desde las bases materiales, habla desde una ubicación precisa, dice la Palabra del Señor en la palabra de todos los días. Esto nos ha llevado, en el marco de la teología de la liberación, a considerar al teólogo, siguiendo una expresión de Gramci, como un «intelectual orgánico». Orgánicamente ligado al proyecto popular de liberación” {1980 [1979]: 390-391}.
88 Gutiérrez, en tanto intelectual y sacerdote, tuvo y tiene como objetivo formular una teología en perspectiva liberadora y difundirla mediante conferencias, enseñanza en diversos centros, publicaciones, como hemos visto en su recorrido intelectual. Es impulsado a ello por su consciencia como cristiano y por el capital cultural que tiene, que le permite analizar, proponer, sospechar y cuestionar. Igualmente lo inspiran los pobres para hacer esta teología de la esperanza y liberadora. Este esfuerzo recibe oposición, como vimos, de parte de la jerarquía que censura a la TDL, los teólogos desarrollistas (López Trujillo o Roger Vekemans), la oligarquía y de los grupos de poder en general, que el teólogo peruano ve como los conservadores y cómplices de los opresores. Desde el punto de vista de la jerarquía que ha censurado a la TDL, Gustavo Gutiérrez es considerado un “hereje”. Quienes están en el mismo proyecto de Gutiérrez como sus aliados, son otros intelectuales teólogos que como él son críticos a la sociedad y proponen alternativas desde la fe: los teólogos de la liberación y, además, las comunidades cristianas de base o la “iglesia de los pobres”.
Así, el campo de lucha donde se ubica Gutiérrez, es el campo intelectual de la Iglesia Católica. Este es un campo intelectual y sacerdotal. La idea que tienen quienes luchan a favor de una TDL es conjugar vida y pensamiento como una norma ética y honestidad intelectual. Y que el pensar desde los pobres, sea visto como el único camino para que la teología en América Latina tenga valor. Con ello, cambia la visión de toda la teología. La TDL se pone en una posición de vanguardia, frente a la teología oficial de la iglesia e, incluso, delante de la teología europea canonizada por los centros del saber y del poder. Se enfrentan dos tipos de sacerdotes a través de ellas: los revolucionarios-revoltosos, quienes apoyan al socialismo (con sus matices) y los que quieren mantener el estado de cosas y confían en el capitalismo desarrollista como única alternativa y vía no violenta. Pero, para los teólogos que quieren cambio, el capitalismo es violento en sus mismas relaciones sociales que lo conservan. El interés que les mueve a los teólogos liberacionistas, a Gutiérrez, es plasmar una vida de pastor de acuerdo al evangelio, donde hay que ayudar al pobre. Les empuja la indignación ética ante las injusticias. Pero al mismo tiempo, tienen el interés de proponer otra forma de hacer teología, donde ellos como intelectuales den una contribución importante a favor de los pobres y, a la vez, también formular una teología más propia de América Latina y el Caribe. En alguna medida y hasta donde les sea posible, hacer una ruptura con la teología de Europa que les nutrió, para proponer un nuevo discurso. Solo de esa manera su propia teología tiene relevancia. Es decir, deja de ser una teología imitativa de la teología europea y se convierte en un
89 relato que responde a los problemas particulares que tiene Latinoamérica. Con ello, se pretende liberar de la dominación cultural occidental, al propio discurso, a la teología y al teólogo. El teólogo de la liberación estaría a la par de los teólogos del mundo, pues la idea es que todos los seres humanos son iguales y que, por lo tanto, sea respetadas todas las hablas sobre Dios, que se las oiga, y cuánto más sin con ellas se denuncian las injusticias y se anuncian las Buenas Noticias a los pobres. Para lograr un discurso teológico que abogue por la liberación de los pobres y de la misma teología, se requiere una revolución epistemológica. Y la mejor fuente es la propia realidad, la que nadie mejor que el teólogo, que está en ella, puede entender. Finalmente, la opción política de los teólogos de la liberación, que implica poner en riesgo la vida, fue entendida como un servicio a Dios, a Cristo, como un servicio a los pobres. En las décadas de los sesenta y setenta, ese compromiso se tradujo en un compromiso con la revolución social y política que vivía el continente.