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Density Ratio Estimation

3.2 Divergence Estimation

3.2.1 Density Ratio Estimation

Una vez que los restos son caracterizados desde un punto de vista taxonómico, anatómico y cualitativo, la información relevada debe ser cuantificada para obtener las regularidades e irregularidades, semejanzas y diferencias y la continuidad o variación de las consecuencias materiales de las acciones sociales, que son en definitiva los rasgos que muestran los materiales arqueológicos (Barceló, 2007). La cuantificación del datos en unidades aceptadas por la comunidad científica homogeneíza la información, haciéndola comparable e inteligible en función de la definición de las unidades de cuantificación empleadas.

Existen 3 unidades de cuantificación fundamentales (Grayson, 1973, 1978; Marshall y Pilgram, 1993; Lyman, 1994, 2008): el número de restos determinados (NRD o NISP por su sigla en inglés), el número mínimo de individuos (NMI o MNI por su sigla en inglés) y el número mínimo de elementos (NME o MNE por su sigla en inglés). La primera es una unidad descriptiva, que se obtiene directamente de la muestra, mientras que las otras dos son unidades analíticas que deben ser calculadas (Estévez, 1991).

El NRD mide directamente la abundancia de los diferentes taxones representados en cantidad de restos, corresponde al número de restos identificados para cada taxón (Klein y Cruz-Uribe, 1984; Marshall y Pilgram, 1993; Lyman, 1994, 2008). Dentro se incluyen huesos, dientes, astas y fragmentos que hayan sido taxonómicamente determinados. Se entiende por taxonómicamente determinado a aquellos elementos con identificación anatómica aunque sea mínima (por ejemplo, fragmento de hueso largo) y que taxonómicamente se pueden incluir como mínimo en una familia (si no se puede alcanzar el nivel de género o especie) (Lyman, 2008).

El NRD presenta problemas potenciales y posibles debilidades que han sido ampliamente discutidos por numerosos autores (Payne, 1972; Grayson, 1973, 1979; Lyman, 2008). Uno de ellos es que varía inter-taxonómicamente ya que los diferentes taxones poseen diferentes frecuencias de huesos y dientes, por lo que el número de elementos identificables varía entre taxones. Un ejemplo de esto lo constituyen los armadillos, relativamente frecuentes en los

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conjuntos de la región de la cuenca de la Laguna Merín. El caparazón de los armadillos está formado por más de 500 placas que en el registro arqueológico se recuperan, por lo general, aisladas. Así, más de 1000 restos de armadillo pueden llegar a ser representativos de no más de dos individuos si los restos corresponden al caparazón (Moreno, 2005a).

La recuperación diferencial de los conjuntos también afectará el NRD. Restos de mayor tamaño, correspondientes a organismos más grandes serán recuperados con mayor frecuencia que aquellos de menor tamaño, correspondientes a organismos más pequeños. Así, se puede generar una sobrerrepresentación de especies de mayor tamaño frente a las más pequeñas, especialmente si no se dispone de una buena colección de comparación o si el espectro de especies es limitado y no se puede realizar una identificación específica sobre fragmentos pequeños. En el conjunto que analizamos aquí, las estrategias de investigación afloran como uno de los agentes que más incidencia tiene en la alteración de la abundancia relativa de restos.

El NRD se ve afectado por los patrones carniceros. Los diferentes taxones son objeto de procesos de carnicería diferenciales y esto genera una acumulación y una fragmentación intertaxonómica diferencial de partes esqueletarias. Cuanto más intensa sea la fracturación mayor será el número de restos recuperados (Grayson, 1979; Saña, 1999) pero más restos no significa directamente más abundancia.

Esta unidad es sensible a la preservación diferencial ya que las modificaciones tafonómicas pueden variar entre taxones dentro de una misma muestra.

El NRD no es una buena medida para estimar la biomasa obtenida debido al rendimiento diferencial de las especies. Por último, los problemas antes mencionados pueden variar entre sitios, o entre estratos dentro de un mismo sitio, o en ambos casos, por lo que la comparabilidad del NRD puede verse comprometida (Lyman, 2008).

La principal ventaja del NRD es que es una medida observada, fundamental, ya que es un conteo directo y por lo tanto no está sujeta a algunos de los problemas de las unidades derivadas. Además el NRD es acumulativo, esto significa que no debe ser recalculado cada vez que se agregan nuevos especímenes a la muestra (Lyman, 2008). En este trabajo el NRD resultó un buen indicador de la existencia de problemas tafonómicos relacionados con la recuperación diferencial de restos. Por otro lado, una vez reconocidas y valoradas las circunstancias tafonómicas del yacimiento, el NRD facilita una comparación directa de la abundancia relativa de restos de los diferentes taxones y la visualización de su variación a través de la secuencia arqueológica. Esta variación no puede relacionarse directamente con la abundancia relativa de la biomasa explotada, pero sí puede resultar un indicador de cambios en la intensidad de la explotación, del tipo de procesamiento. Utilizada en conjunto con las unidades derivadas o analíticas, el NRD resulta de suma utilidad.

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Dentro de las unidades analíticas, la más utilizada es el NMI: el número mínimo de individuos que se pueden contabilizar en un conjunto óseo dado. A diferencia del NRD, el NMI sí constituye una unidad adecuada para medir la abundancia taxonómica (Stock, 1929). Es la cantidad mínima necesaria de individuos para justificar los restos recuperados de cada taxón y, en tanto estimación mínima, siempre será igual o menor al número real de animales presentes en el conjunto (Saña, 1999).

El NMI es una unidad que se calcula a partir del NRD. Stock (Stock, 1929) lo definió como el elemento esqueletal más abundante de un taxón dentro de un conjunto, teniendo en cuenta la lateralidad y sigue siendo la definición más utilizada (Lyman, 2008). Para ajustar la estimación, se incluyen la edad, el sexo, el tamaño y la proveniencia estratigráfica del elemento utilizado para el cálculo, estableciendo un NMI de combinación (Mameli y Estévez, 2004). El NMI no sólo sirve como medida de la abundancia taxonómica, como se planteó en sus inicios desde un punto de vista paleontológico, sino que desde un punto de vista arqueológico, el NMI sirve para medir la cantidad de carne y otros productos representada por un conjunto de huesos de fauna (Lyman, 2008).

El NMI puede ser influenciado por la fragmentación cuando ésta es intensa o se incrementa debido a que una alta fragmentación eleva la indeterminación de los restos. Así, a medida que los restos pierden sus caracteres diagnósticos debido a la fragmentación, el NMI desciende (Lyman, 2008; Marean, 1991).

La tercera unidad de cuantificación que se utiliza en este trabajo es el número mínimo de elementos (NME), que es la base a partir de la cual se estima el NMI.

El NME es una unidad que mide la frecuencia de los elementos esqueletarios, y sirve, junto con los índices de utilidad, para ajustar las estimaciones de biomasa y estudiar las estrategias de transporte de animales al sitio. El número mínimo de elementos es el número mínimo de porciones esqueletarias para justificar los especímenes que representan dicha porción (Lyman, 1994). El cálculo del NME debe tener en cuenta la lateralidad y la porción del elemento. En tanto medida derivada y base del NMI, los mismos problemas que afectan su cálculo (edad, sexo, tamaño de los restos y agregación estratigráfica) afectan al cálculo del NME. Los valores de NME también se ven afectados por el NRD con una correlación positiva, a más NRD mayor NME (Grayson y Frey, 2004; Lyman, 2008).

El NME es la unidad de cuantificación más útil para estimar la biomasa mínima que efectivamente ingresó al sitio. A partir de los índices de biomasa estimados para las diferentes especies y sus partes anatómicas, el NME permite una valoración mucho más ajustada del rendimiento obtenido que el NMI al estimarse el producto no sobre el individuo entero sino sobre las partes que efectivamente han sido consumidas.

Para la valoración de la biomasa aportada se utilizaron diversos cálculos y estimaciones. En el caso de la nutria y el apereá se utilizaron los cálculos que ofrecen León y Bonomo para la nutria (León y Bonomo, 2011), y Angarita

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(Angarita, 2005) para el apereá. El aporte del carpincho fue estimado a parir de los rendimientos calculados por el de Departamento de Agricultura de la FAO (FAO, 2007). Para el ñandú se utilizaron los rendimientos calculados por el INAC y por Giardina (INAC, 2003; Giardina, 2006). Pero no todas las especies presentes en este conjunto poseen estimaciones de rendimiento específicas. Para los cérvidos se han utilizado estimaciones realizadas para especies similares, el corzo (Capreolus capreolus) (Andúgar et al., 2008) en el caso del venado de campo y el ciervo de cola blanca (Odocoidelus virginianus) para el ciervo de los pantanos (Madrigal et al, 2013).

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Capítulo 4: evidencia empírica. Análisis arqueofaunístico del yacimiento

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