2.5 Practical Evaluation
2.5.1 Performance and Runtime
Los diversos conjuntos analizados muestran algunas características que es interesante destacar con el fin de delinear un panorama regional de lo que fue la gestión faunística en la prehistoria de esta región.
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Un modelo general de gestión animal para la región fue desarrollado por Pintos (2000) a partir de la interpretación en forma articulada de la fauna de 4 sitios arqueológicos: La Coronilla, Cráneo Marcado, Potrerillo de Santa Teresa y CH2D01-B.
La primera frase del trabajo ilustra claramente la postura del autor, en consonancia con los modelos socioeconómicos planteados en ese momento: “Economía húmeda hace referencia a que la subsistencia de estos grupos humanos (constructores de cerritos) a nivel de recursos faunísticos estuvo estrechamente vinculada con el humedal. El sistema cultural (…) debe su particular configuración a la alta productividad y biodiversidad que le brindó el humedal (…)”(Pintos, 2000: 250). Partiendo de la premisa de la centralidad del medio ambiente en la configuración económica incluye también el principio de optimización de energía como variable estructuradora del estudio (Pintos, 1995, 2000). Propone un gradiente de productividad de las especies presentes en función de sus características particulares y teniendo en cuenta esta rentabilidad se estructura un modelo de las relaciones que se establecen entre el predador y sus presas (Pintos, 2000). Entre las variables consideradas para el ranqueo de las especies están la disponibilidad, la vulnerabilidad y la productividad. En función del mayor o menor atractivo para su explotación estableció un sistema arbitrario de puntuación de -3 a 3: “centralmente ubicadas estarían las especies de mayor rentabilidad para un cazador óptimo, y las que brindarían una mayor eficiencia al sistema en términos energéticos” (Pintos, 2000: 252). Así, el autor intenta objetivar un modelo de ponderación de rentabilidades relativas vinculable al ambiente marco y a la conducta predadora dentro de un marco que toma como referencia el concepto de sistema zoocultural (sensu Hesse y Wapnish en Pintos, 2000) para definir las relaciones que se establecen entre los grupos humanos y los animales que explotan (Pintos, 2000).
A partir del estudio de la fauna de los cuatro yacimientos mencionados se propone que dicho sistema zoocultural tuvo como pilar fundamental el aporte energético del “complejo cérvido” integrado por el venado de campo y el ciervo de los pantanos. Así, estos dos animales constituirían la base energética fundamental en tierra dentro.
En este modelo está implícita la aceptación de que los yacimientos de la costa y el interior son testimonio de la explotación diferencial de ambientes por parte de los mismos grupos humanos. La correspondencia al “complejo cérvido” en la costa son los pinnípedos: lobo marino fino y común. Se propone la existencia de dos grupos de especies basales diferenciadas geográficamente.
Pintos reconoce la riqueza específica de los conjuntos arqueofaunísticos, pero entiende que la presencia de estas especies (todo lo que no es “complejo cérvido” o pinnípedo) cumplen un rol buffer dentro de la subsistencia, es decir que funcionan como recursos complementarios. La excepción a esto lo constituye, según el autor, la nutria, con una presencia importante con ciertas variaciones cronológicas. Resalta también la baja frecuencia de carpincho, llamativa dada su alta rentabilidad y sugiere que la explicación debería buscarse fuera del ámbito económico (Pintos, 2000). Destaca también la baja presencia de aves y de pescado, en este último caso debido probablemente a un sesgo en su recuperación. Resume en el trabajo cinco aspectos que interesa destacar (Pintos, 2000):
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2- El tamaño del animal parece actuar como la variable principal en la configuración de la serie de actividades que se producen en el procesamiento y consumo de las presas y que por lo tanto generan registros de huellas diferenciales. Por otro lado, la fracturación de los huesos largos es una actividad altamente recurrente.
3- Señala la importancia del perro doméstico dentro del sistema zoocultural, definiéndolo como un “mega artefacto” que redimensiona los niveles de eficiencia en el manejo del humedal.
4- Refuerza su idea de que la noción de economía de amplio espectro debe contrastarse no a través de la determinación de la riqueza de especies sino a través de la cuantificación en términos energéticos. Así se podría calibrar cuán amplia es la base de la economía.
5- A nivel de hipótesis, maneja la idea de una tendencia diacrónica al enriquecimiento en el número de especies explotadas a medida que nos acercamos en el tiempo.
Este modelo fue en su momento, una síntesis funcional de los modelos socioeconómicos que se manejaban. Actualmente, algunos puntos pueden discutirse a la luz de la mayor cantidad de sitios analizados.
Tal vez una de las carencias mayores sea la no inclusión de otros elementos del registro arqueológico dentro del modelo, de forma de integrar la evidencia arqueofaunística con el resto del registro arqueológico, buscando generar un modelo más integral. En este sentido, se puede señalar la ausencia de un estudio de la relación entre la ubicación de los sitios y los animales explotados en términos de facilidad de captación.
En relación con la presencia de especies estructuradoras, creo que la centralidad de la especie podría plantearse en relación con el venado de campo, pero no parece cumplirse para el ciervo de los pantanos, con notoria menor presencia arqueológica que el venado. La etología es propuesta como un factor importante en el estudio de Pintos a la hora de calibrar las especies, pero en términos etológicos el venado de campo y el ciervo no podrían ser más distintos: mientras que el primero es gregario y ocupa praderas de fácil acceso y visibilidad, el segundo es solitario y ocupa ambientes palúdicos con vegetación cerrada. Por otro lado, un venado no supera los 35-40 kg de peso, por lo que es fácilmente transportable entero al yacimiento por dos personas, el ciervo, por su parte, puede alcanzar los 150 kg de peso, por lo que necesariamente debe ser objeto de un procesamiento primario (despiece) en el lugar de matanza y trasladado por más de dos personas al yacimiento. Asimismo, difícilmente se aproveche el animal en su totalidad. Los pinnípedos, por su parte, si bien están presentes en algunos sitios costeros, su presencia no es significativa en los sitios del interior. Un elemento extra lo constituye la generalmente deficiente conservación ósea costera que redunda en conjuntos escasos, pobremente preservados que conforman un registro probablemente muy mínimo en relación con los conjuntos originales. La ausencia de un estudio profundo de la evidencia ictiofaunística también relativiza mucho la importancia relativa de los pinnípedos en los conjuntos costeros.
Esto último también impacta en los sitios del interior. Es irónico que se vincule tan fuertemente la economía animal con la amplia disponibilidad de agua dulce y salada en la región, pero no se tenga una evaluación, ni siquiera
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aproximada, del peso de los peces. Así y todo, se plantea un modelo que entiende que existen especies estructuradoras y recursos complementarios.
La importancia relativa de las especies y sus variaciones diacrónicas se proponen sobre una muestra muy pequeña ya que únicamente se incluyen 4 sitios que poseen conjuntos faunísticos no muy numerosos. Este aspecto lo reconoce Pintos como una limitante en las hipótesis planteadas.
Así, si bien el estudio de Pintos fue, en su momento, una propuesta que planteaba un modelo probable de gestión animal, creo que adolece de algunos problemas vinculados fundamentalmente al tamaño de la muestra y la generalización de los resultados. Asimismo, es de destacar, dentro del estudio, la postura de considerar la importancia cuantitativa de las especies y no la simple lista de especies como evidencia para proponer la presencia de una economía de amplio espectro, aunque este concepto no se discuta más en profundidad, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un modelo que plantea recursos principales y complementarios.
Si sintetizamos los datos disponibles sobre los conjuntos arqueofaunísticos, podemos extraer algunas apreciaciones generales que surgen de los mismos.
Una de ellas se relaciona con la fuerte característica ecotonal del ambiente de la cuenca de la Laguna Merín, donde confluyen en un área geográfica limitada y relativamente pequeña en términos de movilidad cazadora recolectora, un conjunto de ambientes diversos que contienen su vez una amplia diversidad faunística y florística. Así, dentro de la región la combinación de costa atlántica, humedales, cuerpos de agua dulce (lagunas costeras, bañados y esteros, ríos y arroyos), praderas medias y altas y sierras genera una disponibilidad constante y variada de recursos animales con acceso relativamente cercano desde prácticamente cualquier punto de la cuenca. Esta característica ambiental también se ve reflejada en los conjuntos arqueológicos a través del espectro de especies que tiende a repetirse en casi todos los sitios.
En la gran mayoría de los casos las especies explotadas provienen del entorno inmediato del yacimiento o de zonas no muy alejadas. Las distancias máximas para captar los animales explotados no superan en ningún caso los 5km (con las excepciones de Potrerillo de Sta. Teresa y Los Indios, ubicados a más de 10km del litoral atlántico y donde se han identificado restos de lobo marino) y en la inmensa mayoría los animales pueden ser captados a distancias no mayores a 1km desde el yacimiento (figura 13).
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Figura 13: ubicación de los yacimientos excavados donde se aprecia que el emplazamiento asegura el acceso a diversos tipos de ambientes. 1: Cabo Polonio; 2: Cráneo Marcado; 3: La Esmeralda; 4: Potrerillo de Santa Teresa; 5: Los Indios; 6: Isla Larga; 7: Ch2D01; 8: Los Ajos; 9: Paso
Barrancas-Puntas del San Luis; 10: Cerro Verde; 11: Punta La Coronilla. (Mapa cortesía de Moira Sotelo).
No parece haber una especificidad clara en los conjuntos que vincule las particularidades de su localización geográfica y el espectro de especies presentes salvo en relación con los sitios/recursos costeros. Así, en prácticamente todos los sitios se identifican animales que atestiguan la explotación de ambientes diversos: pradera, bañado, ríos y arroyos. Hay un conjunto de especies que tienden a repetirse en la gran mayoría de los sitios estudiados. En particular, el venado de campo, la nutria y el apereá parecen ser los animales de explotación más generalizada.
El modelo desarrollado por Pintos sugería un cambio diacrónico en la explotación animal hacia el aumento de la base de recursos, proponiendo una tendencia hacia la adopción del amplio espectro como estrategia económica. Como hemos visto más arriba, la información disponible en relación con la importancia relativa de las especies animales y su
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variación diacrónica no es homogénea, y no siempre puede inferirse, a partir de los datos publicados, cuáles son las especies dominantes en los diferentes yacimientos. Teniendo esta limitación en cuenta elaboramos ordenamos la siguiente información de los yacimientos con fauna analizada: cronología, sitio, ubicación ambiental (tipo de ambiente en el cual se asientan) y taxones presentes (figura 14).
Cronología
(años AP) Sitio Ubicación
Especie Cier vo d e lo s pa nta no s Ven ad o de ca mp o Gu azu -b irá Ca rp in ch o Nu tria Ap ere á Ña nd ú Ña nd ú (h ue vo ) Arma dil lo s L ob o ma ri no Pes ca do
4200-3500 Los Ajos Borde bañado 3600 Isla Larga Sierra 3050 Cráneo
Marcado Borde Laguna
3000 La
Esmeralda Costa Atlántica Playa abierta 2700 Pta. La Coronilla Costa Atlántica Pta. Rocosa 2900 Los Indios Borde
bañado 2500 Ch2D01-B Borde bañado 2300 Potrerillo de Santa Teresa Borde Laguna 2000 Isla Larga Sierra 1090 Ch2D01-B Borde bañado
600 Cabo
Polonio Costa Atlántica Pta. Rocosa
Figura 14: organización de la información arqueofaunística regional según cronología, ubicación ambiental y especies identificadas.
Tomando en cuenta los datos cronológicos no parece que el conjunto de las especies explotadas varíe significativamente durante el período estudiado. Los datos en los extremos cronológicos muestran que en sitios monticulares (Los Ajos el más antiguo y Ch2D01-B el más moderno) el espectro de especies explotadas se mantuvo a lo largo del tiempo. Las características del registro y de la información disponible compromete una evaluación más ajustada del cambio, que tenga en cuenta la variación en la importancia relativa y no únicamente la presencia/ausencia de especies.
Si nos focalizamos en los ambientes, la única distinción clara parece estar en relación con la costa/interior y los sitios dentro de una misma unidad ambiental muestran comportamientos similares en términos de especies aprovechadas.