Chapter 5 Vision Based Target Pursuit Using a UAV
5.1 Depth Estimation Using the Onboard Monocular Vision
La historia escritural de José empieza cuando él tiene diecisiete años. Se nos ofrecen muchos aspectos de la vida de la familia patriarcal. Vemos a José ocupado en oficio pastoral, como sus hermanos. Pero él está principalmente con los hijos de Bilha y Zilpa, las esclavas de Lea y Raquel. También se ve claramente la mala disposición y celos de parte de los hijos de Lea para con el hijo de Raquel. Esto se solidificó aún más por su carácter natural y por la preferencia que Jacob mostraba por el hijo de su esposa amada.
El comportamiento de los hijos de Jacob era duro, salvaje y sin ley, sin preocuparse por los deseos o los objetivos de su padre Israel. Pero, en contraposición, José parecía haber reunido algunas de las mejores características y virtudes de sus antepasados. Era fuerte, decidido y prudente como Abraham; paciente y apacible como Isaac; cálido y afectuoso como Jacob. Y su conducta difiere totalmente de la de sus hermanos.
Por otro lado, no obstante, no es difícil ver cómo incluso las prometedoras cualidades de su carácter natural pueden ser fuente de peligro moral.
Los antepasados de José habían dejado ejemplos demasiado evidentes al respecto. Mucho mayor era el peligro al que se hallaba expuesto un joven ante esta doble tentación de desagrado básico de parte de unos hermanos a quienes no podía respetar, y el demostrado favoritismo de su padre.
La santa reticencia de la Escritura (que siempre habla tan poco del hombre y tanto de Dios) solo nos da algunas indicaciones, pero éstas son suficientemente significativas.
Leemos: «informaba José a su padre de la mala fama» de sus hermanos. Éste era un aspecto de las relaciones familiares. Junto a este último se halla el otro: «Amaba Israel a José más que a todos sus hijos».
11 Génesis 15:12–17.
Aunque «la túnica de colores», que dio a «el hijo de su vejez» hubiese sido meramente un vestido costoso y llamativo, se trataba de un distintivo de favoritismo, como el que demasiado a menudo crea sentimientos de amargura en las familias. Porque, ya que el tiempo consta de momentos, también la vida está formada por pequeñas acciones cuya grandeza yace en su combinación.
Pero en realidad no se trataba de una «túnica de colores», sino de una túnica que llegaba hasta los brazos y los pies como las que llevaban los príncipes y personas de distinción,3 y era una muestra demasiado clara para
los hermanos de José que su padre quería pasar a José el derecho de la primogenitura. Sabemos que los tres hijos mayores de Lea no eran aptos por sus propios actos; Simeón y Leví por su crueldad en Siquem, y Rubén por su crimen en la «atalaya del rebaño». ¿Qué podía ser más natural que conceder el privilegio al primogénito de la única que Jacob había escogido como esposa? En todo caso, el resultado fue que «sus hermanos le aborrecían», hasta que, con el lenguaje expresivo del texto sagrado, «no podían hablarle pacíficamente»,4 es
decir, según nuestra interpretación, dirigirle el saludo oriental habitual «La paz sea contigo».
Solamente se precisaba la situación adecuada para que todo este estado de cosas explotara, y se dio muy pronto. Parece bastante natural que José, en las circunstancias que acabamos de describir, tuviera dos sueños sobre su supremacía futura. Afirmamos esto, aunque reconocemos en los mismos una clara dirección divina. Aunque la Escritura tampoco dice que estos sueños le fueran enviados como comunicación directa de Dios, o que recibiera instrucciones para que lo contara a su familia. Las imágenes del primer sueño fueron tomadas de la vida campestre de la familia, y las del segundo de la pastoral. En el primer sueño José y sus hermanos estaban en el campo de la cosecha (esto parece indicar que Jacob, como su padre Isaac, era labrador de la tierra) y el manojo de José se levantaba, mientras los de sus hermanos se inclinaban. En el segundo sueño todos estaban fuera cuidando los rebaños, cuando el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante José. El primer sueño de estos dos implicaba sólo a sus hermanos, el segundo tanto a su padre como a sus hermanos. Seguramente hubo aspectos especialmente ofensivos en su modo de contar esos sueños, porque leemos que no sólo «le aborrecieron aún más a causa de sus sueños», sino también por «sus palabras». Incluso Jacob encontró motivo de reproche, aunque se añade significativamente que meditaba en ello. Tal como los conocemos nosotros ahora, eran sueños proféticos; pero, en aquel momento, no había medios disponibles para juzgar si lo eran o no, y mucho más si José se los contó de un modo que podían parecer meramente el efecto de la vanidad de un joven al cual el favoritismo había exaltado incorrectamente. Sólo el futuro podía demostrarlo; pero, mientras esto no sucedía, ¿no aceptaremos que era preciso para el mismo José salir de sus circunstancias actuales a las que podían propiciar el crecimiento de lo que había de santo y divino en su interior y la desaparición de todo lo personal? Pero dichos resultados se obtienen por medio de un sólo tipo de formación, el de la aflicción.
Los hijos de Jacob se hallaban pastoreando sus rebaños cerca de Siquem, cuando el patriarca envió a José para enterarse de su situación. Totalmente desconocedor del peligro implicado, el joven se apresuró a llevar a cabo su encargo. José no encontró a sus hermanos en Siquem, pero un desconocido le indicó la dirección de «Dotán», los dos pozos, hacia donde habían ido. «Dotán estaba bien situada, a unas doce millas de Samaria. Hacia el norte se extendían ricos pastos; unos cuantos montes la separaban de la gran llanura de Esdralón, y así protegía la entrada del norte, no sólo de Efraím, sino también de la misma Palestina. En la cúspide de uno de esos montes las extensas ruinas de Dotán todavía se distinguen, y a su pie del sur todavía nace una hermosa fuente de agua viva. Tal vez se trate de uno de los pozos de los cuales deriva el nombre de Dotán. Más tarde Gedeón descendería desde esos montes sobre las huestes de Madián. Allí es donde José alcanzó a sus hermanos y fue echado en un pozo seco. Y debe haber sido desde esa altura que los hijos de Jacob deben haber visto la caravana árabe deslizándose lentamente desde el Jordán de camino a Egipto, cuando vendieron a su hermano, con la vana esperanza de encadenar la palabra de Dios y detener su mano.»5
33 El Sr. R. S: Poole (en su artículo sobre José, en el Smith’s Dictionary of the Bible) escribe: «Las clases más adineradas en el antiguo Egipto llevaban vestidos blancos de lino. La gente de Palestina y Siria, que aparecen en los monumentos egipcios como enemigos o tributarios, llevaban vestidos parecidos, parcialmente a color, generalmente con una banda alrededor de las faldas y los bordes de las mangas».