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5  D ATA FOR E MPIRICAL A NALYSIS 141 

5.2  C ONSTRUCTION OF E VENT S TUDY S AMPLE 153 

5.2.1  Derivation of BaFin Sub-Sample 156 

104 La política económica del virrey Castelfuerte y, particularmente, el requerimiento de que

durante las revisitas los mestizos debían llevar un documento especial para probar su condición, generó resentimientos y abrió una brecha entre la población mestiza y las autoridades españolas (Hutchins, 1974: 71). Este malestar se hizo más profundo cuando, en 1750, se expidieron varios decretos reales que reducían el status de la población mestiza, ubicándola más próxima a los indígenas que a los criollos dentro de la estructura social de la colonia.

105 En 1750 el Rey ordenó que ni los mestizos ni los mulatos se desempeñaran como escribanos o

notarios y recomendó que no se les debía nombrar para tales puestos aunque se tratara solamente de cargos interinos (Konetzke, 1953, vol. III: 247). Más adelante, los mestizos, mulatos y cuarterones fueron prohibidos de matricularse en la Real Universidad de Lima (Universidad de San Marcos) y también se les impidió ingresar como novicios a las órdenes religiosas (Konetzke, 1953, vol. III: 265; Vargas Ugarte, 1957: 248).

Mapa 2 – Circuito comercial surandino

106 Ese mismo año se descubrió una conspiración en Lima, y en la vecina provincia de Huarochirí

cuajó posteriormente una rebelión. Entre los acusados llevados a prisión después del levantamiento de Huarochirí, el mestizo Miguel Surruchaga fue identificado como el general de armas del movimiento, además de ser uno de los que tuvo acceso al manifiesto de Oruro de 1739, tomando de él las ideas necesarias para la formulación de planes propios para una rebelión 104 .

107 Huarochirí y Lima tenían fuertes vínculos económicos, ya que la primera era la principal

provincia abastecedora de alimentos de la capital (Bueno, 1951: 33). Más aún, el barrio de Santa Ana en Lima estaba habitado por numerosos indios forasteros de Huarochirí que trabajaban como recauderos (revendedores) y olleros 105.

108 El 26 de junio de 1750 el virrey conde de Superunda fue informado de un complot contra el

gobierno central y de que los conspiradores se reunían en la pampa de Amancaes. Como medida preventiva, Superunda envió a sus alguaciles para vigilar Amancaes, siendo capturados dos hombres implicados en la conspiración 106. En los días siguientes, después que los acusados

hubieron confesado, se arrestó a diez individuos más 107 .

109 Según sus confesiones, planeaban una revuelta el día de San Miguel Arcangel (29 de setiembre),

ya que para esa fecha a los indios se les permitía que participaran en la procesión portando armas, sin despertar sospechas. Inclusive, los dirigentes pensaban pedir a los vecinos que proporcionaran sus armas para el desfile 108 . Su plan era:

«... y a media noche pegar fuego en todos los ranchos que ay en los quatro estremos de la ziudad y largar por ella el rio que pasa por el alto de Sta. Catalina, tocando a fuego en todas sus casas, que encontrándose también con agua se atontaban más y así darles a todos muerte para cogerlos sin defensa. A cuyo fin era la primera diligencia, fuesen a palacio quinientos hombres a dar muerte al Exmo. Sr. Virrey y su familia y guardia que había de ser poca, porque la más habría de haber salido al remedio del fuego, y apoderados del Palacio y Sala de Arma despachar quinientos hombres al Callao para apoderarse del presidio y armas de el, y aquí poner cincuenta hombres en cada esquina encamisados para conocerse y que estos fuesen matando a los que saliesen de sus casas... que deseaban conseguir a todo ministro chapetón y los títulos quedando el matador con el que tuviese el muerto. Y al mismo tiempo levantar la voz de libertad a todos los esclavos para que no se les opusiesen antes si los ayudasen, habiendo repartido entre ellos algunos de los empleos principales... para que no hubiese esclavitud y todos gozasen de libertad, pero sin negar la fé católica por lo cual dejaban número corto de religiosos en cada religión y algunos criollos españoles, siendo unos de dictamen de coronar al indio chunchón por Rey (¿Juan Santos Atahualpa?)... pero otros no querían a este por Rey. Estando en este punto indeterminables que para lo esto y lo demás concerniente al éxito tenían dispuesto una junta general para el día de San Pedro, que antes permitió Dios se descubriera y sustanciara la causa...» 109.

110 Luego de ser juzgados, dos de los acusados fueron enviados a la prisión de Ceuta (África) y a

otros dos se les transfirió a la prisión del Callao. El resto fue ahorcado y descuartizado, y solo uno de los acusados «que era el más amestizado, casi un criollo, recibió una pena leve de doscientos azotes» 110 . Parece que el encargado de dibujar el mapa requerido para invasión de

Lima era conocido como Francisco el Mellizo. Un indio llamado Alberto fue aparentemente el responsable de conseguir apoyo de otros pueblos 111 . Un tercer acusado, Pedro de los Santos,

fue capturado en Lahuaytambo, Huarochirí, adonde se había dirigido para difundir el movimiento (Vargas Ugarte, 1957: 249).

111 Al mes siguiente estalló una rebelión en Huarochirí contra el corregidor don Juan Joseph de

Orrantia y su cuñado, el teniente general don Francisco de Araujo. El corregidor, su teniente y catorce españoles que lo acompañaban fueron muertos por los rebeldes. Don Juan Joseph de Orrantia fue asesinado con su propia espada, mientras que mataron a Francisco de Araujo, dejando su cadáver desnudo. Solamente el hermano del corregidor, el sacerdote don Tomás de Orrantia, salió ileso de estos sucesos 112 . 112 Hubo alrededor de 300 indios armados que estuvieron involucrados en la rebelión, habiéndose enviado cartas a los alcaldes indígenas de dieciocho pueblos para comprometer su apoyo 113. El 25 de julio cientos de indios originarios de diferentes pueblos bajaron de los cerros durante la noche y se reunieron en la casa de Lorenzo Saxamanta, quien encabezaría el levantamiento. Luego se dirigieron a la vivienda de Diego de Zúñiga, quien, por ser la segunda persona de su ayllu, fue designado sargento mayor, asistido por Francisco Granados como primer sargento. Los

rebeldes ocuparon las cuatro esquinas de la plaza principal y subiendo a la torre de la iglesia hicieron tañer las campanas mientras gritaban contra los españoles. Acto seguido, prendieron fuego al cabildo para destruir los libros y papeles oficiales que allí se guardaban. Según los informes oficiales, «todos los pueblos estaban levantados y no debía confiarse en ninguno» 114.

Inclusive se apresaron a algunos arrieros para impedir la difusión de las noticias.

113 El líder principal del levantamiento fue Francisco Ximénez Inga. Él se encargó de izar una

bandera roja en la plaza principal y ordenó saquear las haciendas del lugar, bloquear los caminos y destruir los puentes 115 . Ximénez Inga debió haber sido el nexo entre la frustrada

revuelta de Lima y la rebelión de Huarochirí. En 1747, en juicio seguido por el alcalde de los indios olleros de Lima, don Francisco García Inga Ximénez fue solicitado como testigo 116 . Tres

años más tarde, después que la conspiración de la capital había sido abortada, nuevamente fue requerido como testigo debido a su posición prominente como indio capitán del barrio de Nuestra Señora de Santa Ana 117. Parece que los indios olleros de ese vecindario estuvieron

comprometidos en la conspiración (Carrió de la Vandera, 1966: 47-48) 118 . Natural de

Huarochirí, Francisco Ximénez Inga vivía en Lima, aunque regresó a su provincia de origen cuando la rebelión estaba en ciernes, para casarse en Lahuaytambo con María Gregoria, sobrina del cacique Andrés de Borja Puipulibia. Este lazo de parentesco le posibilitó compartir el liderazgo de la rebelión con el cacique, legitimando así su presencia en Huarochirí. Entre los rebeldes, el español don Lorenzo Lecayros parece haber jugado un rol importante, como también los hermanos Francisco, Juan Bautista y Santiago Anchirocsi 119 . Una vez más, los

vínculos familiares probaron su efectividad en la organización de un levantamiento.

114 Miguel de Surruchaga, el mestizo (cholón) que actuó como general de armas de la rebelión de

Huarochirí, parece haber sido la figura clave. Había trabajado para don Alonso Santa, uno de los oficiales del virrey Villagarcía. Estando en Palacio, Surruchaga aprendió a leer y a escribir, acompañando a su patrón cuando este fue nombrado corregidor 120. A través de don Alonso,

Surruchaga tuvo acceso al Manifiesto de Oruro 121 .

115 Aunque no se produjo ningún programa que apoyara al movimiento de Huarochirí, se les

encontró a los rebeldes un documento interesante, que refleja el resentimiento que la población mestiza sentía contra la política de la Corona, que los discriminaba y recortaba sus expectativas sociales. Sus quejas se centraban en: «... el estado en que nos allamos sumergidos con mucho trabajo todos universalmente asi nobles como... los naturales de este reino y señores vasallos, todos los mestizos nuestros parientes hijos de caciques padecen la misma persecución con nosotros... pues ha doscientos y tantos años que estando purgando de nuestros progenitores y esperamos que nos han de

consumir y que ni aún remotas señales han de quedar de los naturales de este reino... vemos la ley de Dios tan quebrantada y nosotros no volvemos por ella pues experimentado tenemos en dos siglos y van para tres, no tenemos donde acogernos ni a nuestros hijos dándoles estudios y monasterios, solo perecen en austero trabajo en el servicio de los españoles en obrajes, minerales... consumidero lleno de prisiones ganando un real de sol a sol o tres cuartillos, qué corazón puede sufrir tan excesivos trabajos... hasta cuándo hemos de vivir en el letargo de la ignorancia... como lo han hecho otras naciones restaurando sus reinos y como lo hizo Portugal y las Dos Sicilias pues estando vivos no seamos perezosos y omisos... los impulsos de Dios nos alientan, eligiendo un capitán general como lo hicieron los israelitas a Moisés para salir del cautiverio del faraón... sacudiendo este pesado yugo...» 122. 116 Las referencias bíblicas bien pudieron haber sido tomadas de una petición elevada a la Corona por el sacerdote mestizo, fray Calixto Tupac Inca, a nombre de los indios y mestizos de Lima en 1749, justamente un año antes que se pusiera en marcha la política que restringía las funciones de los mestizos (Loayza, 1946; Rowe, 1976: 43-44). 117 Tenemos conocimiento de las sentencias impuestas a los líderes indios gracias a la revisita que

se llevó a cabo en Huarochirí en 1751, al año de ocurrida la rebelión 123 . La información

concerniente a las viudas de la comunidad de Lambillo registra a María Beatriz, viuda de Juan Pedro Puipulibia, quien fue ahorcado durante la revolución; María Eulalia, esposa de Felis

Puipulibia, quien fue enviado a la prisión en la isla Juan Fernández; María Gregoria Quispe Ninavilca, esposa de Andrés de Borja Puipulibia, quien era cacique interino al tiempo de la rebelión y fue luego enviado a la prisión de Juan Fernández en Chile; y María Gregoria Melchor, viuda de Francisco Ximénez, quien fue ahorcado 124 . Los testimonios indican claramente que

Francisco Inga comprometió a sus parientes en la conspiración y, por lo tanto, no resulta casual encontrar que numerosos miembros de la familia Puipulibia participaran en el levantamiento (Loayza, 1946: 167).

118 La política de revisitas de Castelfuerte provocó un extendido resentimiento entre la población

mestiza, y luego en 1750, cuando la Corona adoptó la política de discriminación, el malestar se ahondó y los mestizos recurrieron a la conspiración y la rebelión. La legalización del reparto, sancionada por la Corona en 1756, fue el siguiente paso tomado por las autoridades para disminuir el status de la población mestiza.

NOTAS

1.Arzobispo-virrey Melchor Liñán y Cisneros (julio de 1678-nov. de 1681), virrey duque de La Palata (nov. de 1686-agosto de 1689), virrey conde de la Monclava (agosto de 1689-abril de 1705), virrey marqués de Castell-Dosríus (julio de 1707-abril de 1710),

arzobispo-virrey Diego Ladrón de Guevara (agosto de 1710-mayo de 1716), arzobispo-virrey Diego Morcillo (agosto de 1716-octubre

de 1710), virrey príncipe de Santo Bueno (octubre de 1716-enero de 1720), arzobispo-virrey Diego Morcillo (enero de 1720-mayo de 1724), virrey marqués de Castelfuerte (mayo de 1724-enero de 1736).

2.AAL, Conchudos, Leg. 33, Año 1710.

3. «Los arrendamientos de diezmos se adquirirán en las subastas públicas, se cobrarán los diezmos en productos agrícolas y pecuarios…»; Fuentes, 1859, vol. VI: 211 (virrey Francisco Gil de Taboada y Lemos): «Los diezmos se destinan en su mitad para la congrua alimentación de los MMRR Azobispos, Obispos, demás ministros eclesiásticos de las Iglesias Catedrales de las Indias». Véase también: Unanue, 1793. 4.AGI, Audiencia de Lima, Leg. 526. Véase también Merino, 1956, apéndice. 5.AAL, Conchucos, Leg. 33, Año 1710. 6. Manuel de Mendiburu, 1874-1890, vol. II: 428 (virrey conde de Santisteban, 1666): «El pleito que feneció en esta época habido entre el Cabildo eclesiástico de Lima y los indios, se apoyó en la muy vieja práctica de cobrarles diezmo por el trigo, cebada, ovejas y otros frutos llamados de Castilla, pues debían satisfacer una veintena por el maíz, papas, chuño y otros frutos llamados de la tierra». Véase también RAH, Colección Mata Linares, vol. 99, Real Cédula de los diezmos que deben pagar los indios de Charcas, 1666. 7.AGN, Superior Gobierno, Leg. 16, f. 413. Testimonio de la Real Provisión y actuados sobre los diezmos que deben pagar los indios de Santiago de Cao de la ciudad de Trujillo, según decreto de Julio de 1720, rigiendo aquella misma tasa que los indios del Arzobispado de Lima. 8.BM, Additional (ms) 13,974, f. 402. Véase también: AGI, Audiencia de Lima, Leg. 520. Carta del Obispo del Cuzco (1674) en la que explicaba que «han disminuido las rentas por no pagar diezmos las religiones de sus haciendas». 9.AAL, Tarma 1721-1723. Tres años antes que tuviera lugar el incidente en el obraje de Paucartambo, el alcalde de Yanahuanca [un pueblo ubicado en Tarma] protestó, a nombre de su comunidad, en contra del diezmero, el que estaba cobrando los diezmos a los campesinos que no habían podido cultivar sus tierras. Véase: AAL, Tarma 1718.

10. Véase también: AGI, Audiencia de Lima, Leg. 535. Carta de Francisco Cristóbal Dávalos (1702) sobre que los religiosos que