• No results found

2.2.2.1 Aproximaciones conceptuales.

Según la síntesis de Orbegoso que se sigue (2016, p. 3 y ss.), la idea de una motivación intrínseca ha sido reconocida por diversos autores y todos ellos le otorgan un

rol preponderante. Nació como respuesta al psicoanálisis y su idea de una energía psíquica interior e incontrolable y como reacción al conductismo y su idea del organismo humano a merced exclusivamente de influencias o contingencias externas. En los años treinta Murray había identificado una tendencia humana a la autonomía (Huertas, 2001) pero serán los psicólogos humanistas como Rogers y Maslow los que postularán una nueva concepción del ser humano como agente autónomo de su existencia y capaz de lograr su

autorrealización (Jiménez, 2007).

Para algunos autores, la motivación intrínseca es la verdadera motivación y aquella que debiera buscar despertarse en las personas para lograr un cambio o progreso real en su comportamiento (Kulik, 1999). Estar motivado intrínsecamente es asumir un problema como reto personal. Es enfrentarlo sólo por el hecho de hallar su solución, sin que haya esperanza o anhelo de recompensa externa por hacerlo. Esto ha sido probado

empíricamente. Por ejemplo, Amabile (1997) reportó que son justo las personas que se entregan a la resolución de un asunto por mero placer personal, las que arrojaron resultados más creativos que aquellas que esperaban una recompensa tangible o actuaban por una motivación extrínseca. La motivación intrínseca surge de los incentivos que yacen en la tarea misma, en su dificultad, en el desafío o estímulo que representa para el sujeto emprender dicha acción y buscar concluirla satisfactoriamente (Martínez, 2008). Deci y Ryan (en Reeve, 2010, p. 130) exponen que:

Es la inclinación innata de comprometer los intereses propios y ejercitar las

capacidades personales para, de esa forma, buscar y dominar los desafíos máximos […] La motivación intrínseca emerge de manera espontánea de las necesidades psicológicas orgánicas, la curiosidad personal y los empeños innatos por crecer.

2.2.2.2 Motivo de competencia o motivación de efectividad.

La motivación intrínseca se vincula con la presencia de necesidades psicológicas humanas, aparte de las fisiológicas (Lynch, 2010). Tales necesidades psicológicas dirigen al sujeto a entablar una relación activa con su ambiente, interacción que acrecienta sus habilidades y le proporciona un desarrollo saludable. Estas necesidades, como las básicas o fisiológicas, son innatas y se hallan presentes en todos los humanos.

Primero está la necesidad de competencia, referida a sentirse capaz de realizar una actividad o tarea y considerar además que se poseen las habilidades indispensables para ello (Huertas, 2001). Luego está la autodeterminación, que alude a sentirse poseedor del control de las propias acciones (Jiménez, 2007). Por último vienen los sentimientos placenteros que aparecen cuando se realiza algo que nos resulta conocido y agradable.

Coherente con lo anterior, White identificó, en los 50, cierto “motivo de

competencia” o una “motivación de efectividad” incluso en niños pequeños. Durante la infancia la persona descubre que puede interactuar con su entorno y, por ello, producir hechos en éste. Según sean más los éxitos o los fracasos en el mundo inmediato, se irá forjando el motivo de competencia, el cual se fortalecerá o debilitará de acuerdo a las experiencias vividas. Si fueron mayores los triunfos, el motivo de competencia se habrá potenciado y si primaron los fracasos, se habrá visto afectado y disminuido.

En determinado momento este motivo de competencia se estabiliza, se hace impermeable a nuevas experiencias y varía poco. Parece haberse configurado ya plenamente. Y resultaría cual una profecía auto-cumplida: los competitivos seguirán esforzándose y los débiles, en cambio, correrán menos riesgos.

La figura 1 ilustra la motivación de efectividad o competencia y cómo nos

predispone a hacer uso de nuestras habilidades para generar cambios en el entorno. Cada éxito obtenido incrementa la motivación del sujeto.

Figura 1. Modelo de Motivación de Efectividad Fuente: Reeve (2010, p. 108)

El mismo Reeve (2010, p. 109) lo detalla luego así:

A lo largo del tiempo y a través de innumerables áreas de habilidad, una historia acumulada de experiencias competentes se añaden a una creencia personal de que uno posee o no posee las habilidades necesarias para interactuar con éxito (es decir, de manera competente) con el ambiente. Esta sensación acumulada de que una persona puede (o no puede) interactuar de manera efectiva en el mundo, constituye ‘la motivación de

efectividad’. Mientras mayor sea la motivación de efectividad de uno, mayor será el deseo personal de buscar y allegarse situaciones que desafíen las habilidades existentes.

Debe prestarse atención a las expresiones ‘sensación’ o ‘creencia’ de competencia o efectividad. Resulta que diversos experimentos demuestran que la sola idea de que se es competente o efectivo puede elevar la motivación intrínseca tanto como si en verdad se poseyeran tales habilidades superiores. Así lo prueban sujetos a los que se impartió

información falsa y muy positiva sobre sus habilidades y quienes actuaron tan motivados como los sujetos con altas capacidades (Jiménez, 2007).

2.2.2.3 Necesidad de autodeterminación.

La teoría de la autodeterminación, planteada en los ochenta por Ryan y Deci (2006), parte también por reconocerle al ser humano la necesidad de ser el protagonista o agente causal principal de los hechos que le afectan (Vallerand et al., 2008). Las personas, según esta teoría, anhelamos ser los gestores de nuestra existencia. Esto ocurre sólo cuando es uno mismo el que decide que sus preferencias, gustos personales e intereses orienten sus decisiones y acciones. Algunos autores consideran a esta autodeterminación o autonomía el componente fundamental de la motivación intrínseca, aquel que organiza y da fuerza a una acción. La satisfacción de esta necesidad básica de auto-determinación eleva la motivación intrínseca, esto es, el gusto o placer de realizar una actividad sobre la cual se ejerce el control (Sotelo, 2011).

De otro lado, la motivación extrínseca puede convertirse en intrínseca si se consigue que los motivos se internalicen o integren al sentido del yo (Jiménez, 2007). El proceso de internalización de los motivos o de transformación de lo extrínseco en intrínseco atraviesa una serie de etapas que se aprecian en la tabla 1.

Tabla 1

Continuo de Auto-Determinación y Tipos de Motivación

Comporta miento

No Autodeter-

minado Motivación extrínseca

Auto-determinado

Motivación Escasa Intrínseca

Estilo regulador

Poca regulación Regulaci ón externa Regulación introyectada Regulación identificada Regulación integrada Regulación intrinseca Lugar de casualidad

Impersonal Externo Algo externo Algo interno Interno Interno

Proceso regulador relevante No intencional, no valoración, Incompeten cia, falta de control Sumisión , Recompe nsas y castigos externos Autocontrol, ego involucrado, recompensa y castigos internos Importancia personal, valoración consciente Congruen cia, conciencia, síntesis con el yo Interés, placer, satisfacción inherente Fuente: Reeve (2010, p.152)

Amotivación: Es el primer momento o etapa. Ocurre cuando el sujeto no emprende una tarea por considerarse inadecuado para la misma.

Regulación Externa: La tarea o acción es realizada para obtener una recompensa o para evitar un castigo.

Regulación Introyectada: Aparece cierto control del sujeto quien, con sus acciones puede determinar la obtención de recompensas y la evitación de castigos.

Regulación Identificada: El sujeto repara en el valor intrínseco de la tarea. No ignora los aspectos extrínsecos pero se ha avanzado un nivel hacia lo interno.

Regulación Integrada: El valor de la conducta en cuestión es vinculado o asociado al sentido del yo. Este momento no equivale exactamente a motivación intrínseca pero es el último paso previo al reconocimiento del valor personal que tiene llevar a cabo la tarea.

La autodeterminación implica pues la necesidad de elegir cómo iniciar y regular la propia conducta. A la inversa, toda restricción externa, ya sean situaciones o personas, que

limite nuestra conducta, nos genera desagrado. Para hacer posible la autodeterminación, se requiere poseer tres cualidades (Jiménez, 2007):

Lugar de causalidad percibido: Es, para el individuo, la fuente causal de sus acciones. Y oscila entre dos polos, uno interno y otro externo. Por ejemplo, si una persona practica deporte por puro placer, dicha acción proviene de un sitio o lugar de causalidad interno. Pero si dicha persona practica deporte por prescripción médica, esta misma acción se origina desde un sitio de causalidad externo.

Elección percibida: Se trata de la capacidad de elegir entre una serie de opciones de acción. Por ejemplo, cuando un individuo puede decidir cómo variar su rutina de actividades cotidianas, se dice que tiene capacidad de elección.

Voluntad: Que es el grado de libertad para decidir iniciar y comprometerse en cierta actividad.

A partir de estas cualidades algunos autores han dividido a la gente en dos grupos, en función de si posee un lugar de causalidad interno o externo; si percibe que puede elegir o no y si experimenta que puede ejercer su voluntad libremente o no. De Charms (en Reeve, 2010) llamó a los dos grupos de su tipología “originales” y “peones”. Los primeros sienten que poseen el control de sus actos. Los peones son gentes pasivas y dependientes del exterior.

Las personas que actúan con autodeterminación se muestran más comprometidas con sus tareas. La autodeterminación se ve favorecida o limitada por los ambientes, las relaciones y los contextos sociales. Una consecuencia del fracaso prolongado en el control del ambiente es el desarrollo de cierta pasividad o resignación llamada “desamparo

El flujo o reto óptimo

Csikszentmihalyi (2003) adiciona un tercer elemento a las necesidades de

competencia y de autodeterminación como componentes de la motivación intrínseca. Se trata de lo que él denomina sensación de flujo, de fluir, reto o desafío óptimo.

Csikszentmihalyi (2003), encontró que la gente creativa y altamente motivada entrega todo de sí con tal de aprovechar esos momentos inspiradores que exigen el máximo esfuerzo. No todos son conscientes de su entrega y compromiso cuando están inmersos en un momento tan trascendente. Pero sí son capaces de reconocer la intensidad con que vivieron éstos a posteriori (Gardner, 1993).

En tales momentos la persona experimenta una coincidencia entre sus habilidades y la exigencia de la tarea, lo que proporciona placer y lo abstrae del exterior. A estos lapsos de profunda entrega a la actividad; de sintonía entre habilidades y tarea y de sensaciones agradables concomitantes se les llama momentos de flujo o de reto óptimo. Y, están también presentes en la motivación intrínseca. Cuando el reto o desafío sobrepasa las habilidades, el sujeto mostrará ansiedad y preocupación. Si desafío y habilidades son bajos, se presenta la apatía. Cuando la habilidad supera al desafío, se manifiesta el aburrimiento.

Y si hay coincidencia entre desafío y habilidades, se presenta la experiencia de flujo, componente de la motivación intrínseca. Ver figura 2.

Figura 2. Experiencia de Flujo

Fuente: Csikszentmihalyi (2003, p. 110)

2.2.2.4 Teoría de la evaluación cognitiva.

Esta teoría reconoce el control que ejercen las recompensas extrínsecas sobre el comportamiento en el sentido de que buscan dirigirlo u orientarlo. Sin embargo, este enfoque enfatiza otra cualidad de las recompensas. Estas consecuencias positivas sirven también para retroalimentar o dar información sobre el desempeño de la persona (Reeve, 2010). En suma, la teoría de la evaluación cognitiva plantea que el mayor o menor control que ejercen los sucesos externos se relaciona con nuestra necesidad de autodeterminación y que la información que brindan tales hechos acerca de la calidad de nuestra actuación se vincula con nuestra necesidad de competencia. Esta teoría se sostiene en tres

proposiciones: La primera expresa que si el sujeto se ve expuesto a una situación que no busca ejercer control sobre su conducta, esto alimenta la autodeterminación, un lugar de causalidad interno y la motivación intrínseca del individuo en cuestión. Al revés, si el

suceso es controlador, se mermará la autodeterminación de la persona, se despertará un lugar de causalidad externo y se alimentará su motivación extrínseca. La segunda

proposición establece que aquellos acontecimientos en que probamos exitosamente nuestra efectividad y competencia incrementan nuestra motivación intrínseca. Y aquellas

situaciones en que nuestra competencia fue puesta en cuestión merman nuestra motivación intrínseca. La tercera proposición afirma que el carácter controlador o informativo de un evento está dado por sus efectos sobre las motivaciones intrínseca y extrínseca de la persona afectada. Una situación controladora disminuye la auto- determinación y despierta la motivación extrínseca. Y un evento que proporciona información incrementa la

motivación intrínseca y la necesidad de competencia. Estos planteamientos son ilustrados y resumidos en la figura 3.

Figura 3. Cómo una Situación Externa afecta la Motivación. Fuente: Reeve (2010, p. 148)

Una recompensa no necesariamente tiende a incrementar una motivación intrínseca pre-existente (Huertas, 2001). Por el contrario, tiende a disminuirla. Harlow halló que sus animales de laboratorio disminuían sus esfuerzos por cumplir una tarea si eran

recompensados. Es decir, una recompensa no potencia la motivación intrínseca; de hecho, puede afectarla negativamente (Reeve, 2010).

Al ser presionados por otra persona, que promete algún premio, los responsables de una tarea perciben una pérdida de control sobre sus acciones y concluyen que la fuente o causalidad proviene del exterior y no de ellos mismos. Por lo tanto, han perdido su autodeterminación.

Sobre aquella tendencia a que las recompensas extrínsecas perjudiquen la motivación intrínseca, Reeve (2010) apunta dos factores que intervienen para que ello ocurra. En primer lugar, si el sujeto conoce o sospecha que tras su acción obtendrá una recompensa, este hecho afectará su motivación. Otro es el caso de la persona que

desconoce que sus acciones acarrearán un premio. Su motivación se mantiene intacta. En consecuencia, para conservar la calidad de una motivación, la recompensa ha de ser inesperada. En segundo lugar, las recompensas tangibles influyen negativamente sobre la motivación intrínseca, en tanto que las recompensas verbales o intangibles como el reconocimiento u otros no la dañan.

No solamente la motivación intrínseca decrece con las recompensas esperadas y objetivas. Sucede lo mismo con procesos psicológicos implicados en nuestras acciones como la atención, la concentración, el tono emocional, el procesamiento de la información, la creatividad, el aprendizaje y otros, que pierden calidad si el sujeto se distrae enfocándose exclusivamente en la recompensa que podría obtener. Depender de las recompensas

Huertas (2001) añade que la acción surgida de los intereses personales difiere de aquella derivada de factores externos. Hay diferencias en el proceso motivacional, en las metas que se buscan, en la planificación de la acción y hasta en la claridad de esta última. Hay casos en que la motivación externa sí incrementa la intrínseca. Por ejemplo, cuando el interés personal inicial es mínimo. Las recompensas orientarían al individuo a configurar sus intereses y metas intrínsecas.

Síntesis de motivación intrínseca

La motivación intrínseca debe entenderse como aquella intensidad y persistencia que expresa una persona al realizar ciertas tareas sin necesidad de verse presionada o influida por agentes o factores externos, como presión, recompensas y otros. Implica interés, decisión y buen ánimo espontáneos al buscar lograr los objetivos que son vistos como importantes y valiosos en sí mismos. El individuo motivado intrínsecamente por su labor la percibe como significativa, interesante, que requiere de sus habilidades, de su criterio y autonomía y que le hace crecer o desarrollar- se personalmente. En suma, es alguien que disfruta de las tareas implicadas en su labor cotidiana y que para realizarlas no se enfoca anticipada o exclusivamente en las recompensas externas que obtendrá. La figura 4, elaborada a partir de los conceptos examinados, quiere resumir las características que subyacen a la motivación intrínseca y las variables que la afectan. Por lo ya expuesto, esta motivación poseerá cierta calidad según se haya configurado la necesidad de competencia en la persona y cuánto margen posea ésta para su autodeterminación. Y atendiendo a situaciones concretas, esta motivación variará de acuerdo a cómo se presente el balance entre el desafío planteado por la tarea y las habilidades que se posean para encararla (experiencia de flujo o reto óptimo). Asimismo, el mayor o menor control externo que se perciba sobre la propia conducta y la información que se obtenga de retorno sobre la

misma (evaluación cognitiva), afectan la motivación intrínseca. Finalmente, las recompensas tangibles o simbólicas, anticipadas o inesperadas (costo oculto de la recompensa) influyen también sobre la motivación intrínseca.

Figura 4. La Motivación Intrínseca: Características y Variables que la Afectan. 2.2.2.5 La diferencia entre motivación intrínseca y extrínseca.

Según el resumen teórico de Zamorano que se sigue (2014, p. 45 y ss.), desde el momento en el que se empieza a hablar sobre la motivación de los alumnos se debe distinguir sobre su procedencia, es decir, si es una motivación intrínseca (interna) o extrínseca (externa).

Desde la perspectiva de Deci y Ryan (2000), la motivación intrínseca es la inclinación innata para comprometer los intereses propios y ejercitar las capacidades personales para, de esa forma, buscar y dominar los desafíos máximos. Abordando este mismo concepto Reeve (2010) indica que la expresión motivación intrínseca hace referencia a la motivación para implicarse en una actividad por su propio valor.

Las personas que están intrínsecamente motivadas hacen una tarea porque disfrutan haciéndola. La recompensa es la propia participación en la tarea, participación que no depende de otras recompensas explícitas o de coacción externa alguna. La conducta surge de manera espontánea y no se realiza por ninguna razón instrumental (extrínseca).

Cuando los alumnos se comprometen en tareas y la sienten competitiva y autodeterminada, experimentan la motivación interna como una fuerza motivacional natural que energiza el comportamiento en ausencia de recompensas y presiones. De manera funcional, según Reeve (2010), la motivación intrínseca proporciona la motivación innata para involucrar el ambiente, perseguir intereses personales y exhibir el esfuerzo necesario para ejercitar y desarrollar habilidades y capacidades.

La motivación intrínseca en el contexto académico se considera como una tendencia innata a buscar la novedad y los retos, a ampliar y a ejercitar las propias

capacidades (Ryan y Deci, 2000). En este contexto, Vallerand (1997) sostiene que pueden diferenciarse tres tipos de motivación intrínseca:

a) Motivación para conocer. Se refiere a la participación en una actividad por la satisfacción que se experimenta aprendiendo o tratando de aprender algo nuevo. Se relaciona con constructos tales como exploración, metas de aprendizaje o curiosidad intrínseca.

b) Motivación de logro. El foco de atención se centra en el propio proceso y no tanto en el producto final o resultado. Tiene en cuenta el papel motivador asociado al placer que se siente cuando uno intenta superarse a sí mismo, lograr o crear algo. Está relacionada con términos como reto personal, motivo de logro o competencia personal.

c) Motivación para experimentar estimulación. Este tipo de motivación ha sido menos estudiada. Esta modalidad se pone en marcha cuando se participa en una actividad con el fin de vivir sensaciones agradables. Está relacionada en ámbitos como la lectura para disfrutar, el aprendizaje autorregulado, la creatividad o la resolución de problemas.

Por otro lado, la motivación extrínseca según Deci, Kasser y Ryan (1997) es cualquier situación en la que la razón para la actuación es alguna consecuencia separable de ella, ya sea dispensada por otros o autoadministrada. Deci y Ryan (2000) y Ryan y Deci (2002) proponen cuatro tipos de motivación extrínseca:

1. Regulación externa: ésta representa la forma menos autónoma de la motivación extrínseca. Las conductas reguladas externamente se realizan para satisfacer una demanda exterior o para obtener un premio. Es la conducta que en los

experimentos clásicos se contrapone a la motivación intrínseca. Ante esta regulación los estudiantes presentan bajas percepciones de confianza,

competencia y autoestima; se consideran a sí mismos poco autónomos y con escaso control interno sobre los resultados escolares.

2. Regulación introyectada. En dicha regulación las acciones realizadas por los estudiantes se llevan a cabo bajo un sentimiento de presión, con el fin de evitar la sensación de culpa o ansiedad o para favorecer la autoestima. A pesar de su mantenimiento a lo largo del tiempo, es una forma de autorregulación inestable.