· Sacerdote del clero de Lomas de Zamora (Buenos Aires).
· Párroco de Sagrada Familia de Nazareth, Banfield (Buenos Aires).
· Cursó sus estudios Superiores de Teología en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). · Especialista en Bioética de la Universidad del
Sacro Cuore(Roma, Italia).
· Consejero Titular de la Facultad de Ciencias Médicas (UCA) – 2001/ 2005.
· Coordinador del Instituto de Bioética (Facultad de Ciencias Médicas - UCA).
· Docente e Investigador del Instituto de Bioética (UCA). · Profesor Adjunto de Teología Moral en el Magíster de Ética Biomédica (Instituto de Bioética, UCA).
· Profesor de Antropología Teológica, Carrera de Psicología (UCA).
· Profesor de Doctrina Social de la Iglesia, Carrera de Psicología (UCA).
· Perito en Bioética de la Conferencia Episcopal Argentina.
· Secretario Ejecutivo de la Comisión de Fe y Cultura(Conferencia Episcopal Argentina). · Coordinador de la Comisión de Seguimiento
Legislativo (Conferencia Episcopal Argentina). · Coordinador del Observatorio Cultural de la
UCA y de la Conferencia Episcopal Argentina. · Miembro Titular del Comité de Ética en
Medicina, Academia Nacional de Medicina. Palabras clave
· Doctrina Social de la Iglesia · Derechos Humanos
· Legislación
· Comisión Ad-hoc de Seguimiento Legislativo
INSTITUTO DE BIOÉTICA / UCA - VIDA Y ÉTICA AÑO 6 Nº 2 DICIEMBRE 2005
ARTÍCULOS 115
EVANGELIUM
VITAE, LEYES Y
LEGISLADORES
Martes 27 de septiembre de 2005RESUMEN
Las actuales circunstancias incitan a que se pierda en la conciencia colectiva el carácter de delito y se asuma el de derecho, y el Estado, muchas veces, reconoce y hasta alienta esta situación. La Comisión Ad-hoc de Seguimiento Legislativo se crea para asesorar a los Obispos en materia de Proyectos de Ley, en respuesta al urgente desafío de evangelizar la cultura en el campo de la legislación civil respetando la dignidad y los derechos fundamentales de la persona humana.
Antes de entrar en el seminario, estu- dié medicina en la UBA durante varios años, hasta que decidí que Dios me lla- maba para trabajar en la vida sacerdotal. Y durante mucho tiempo pensé: ¿por qué si Dios me quería sacerdote, había estu- diado medicina? ¡Y tanto tiempo ade- más! La verdad es que me di cuenta años después, cuando un obispo me dijo: “Hay que prepararse porque está asomando una nueva ciencia, y alguien que tenga lenguaje médico puede empezar a verlo desde la teología.”
A partir de allí entonces, primero con el Doctor Obiglio y después con el Padre Bochatey, hemos estado trabajando con estos temas. En mi caso particular, me ha tocado más la reflexión interna, tanto la teología moral como el diálogo y la ense- ñanza del Magisterio de la Iglesia, dentro de la Iglesia. Precisamente por esto se me
convoca como perito en la Comisión de Fe y Cultura.
La Iglesia, siempre atenta a los signos de los tiempos, fue asumiendo en el año 1891 lo que se dio a llamar las “nuevas realidades” que afectaron a grupos de obreros. Fue denunciando con valentía y firmeza las causas de esa desigualdad y abandono social, pero también fue criti- cando las falsas soluciones que se propo- nían, no dudó salir al cruce de las difi- cultades con una propuesta arriesgada e innovadora y fue abriendo paso hasta concluir en lo que hoy conocemos como la Doctrina Social de la Iglesia.
La misma Evangelium Vitae en su
número 11 dice: “Así como hace un siglo la clase obrera estaba oprimida en sus derechos fundamentales y la Iglesia tomó su defensa con gran valentía, pro- clamando los derechos sacrosantos de la persona del trabajador, así ahora, cuando otra categoría de persona esté oprimida en su derecho fundamental a la vida, la Iglesia siente el deber de dar voz, con la misma valentía, a quien no tiene voz. El suyo es el clamor evangélico en defensa de los pobres del mundo y de quienes son amenazados, despreciados y oprimidos en sus derechos humanos.”
Es interesante este comentario para explicar por qué la Iglesia opina sobre estos temas.
Porque más de uno piensa y nos dice: ¿por qué la Iglesia no se dedica a lo suyo, a lo específicamente religioso? En el catolicismo no se entiende a lo religioso fuera de la historia, porque el principio de la encarnación forma parte de nues- tro modo de concebir la religión y la encarnación pasa también por esto. Pasa por el hermano que sufre y que es ataca- do aun en sus derechos fundamentales como es el derecho a la vida.
De modo semejante, el Papa Juan Pablo II nos señala en la Encíclica
Evangelium Vitaeun nuevo orden de los protegidos y agobiados sobre los que se ciernen intereses particulares, que no buscan sino atacar y destruir, degradar y someter la vida de algunos hombres para afirmar su propio poder hegemónico. Las circunstancias actuales incitan proble- mas nuevos de singular gravedad por el hecho que se tiende a perder en la con- ciencia colectiva el carácter de delito y asumir paradójicamente el de derecho.
Las actuales guerras son los desenten- dimientos más graves entre los hombres que surgen en nuestros días, con tergiver- saciones del lenguaje. Hablar de reducción embrionaria, hablar de aborto terapéutico, no es sino interrupción del embarazo, de la gestación, no son sino formas ladinas de mentir, de querer engañar, particularmen- te en nuestra cultura de la imagen.
El decir y el ver parecen generar la
realidad, y esto lo vemos mucho en los textos de los proyectos de ley. Hacen una verdadera manipulación del lenguaje, para llamar a las cosas por nombres dis- tintos, aunque sean lo mismo. Y lo peor es que esto se quiere imponer en la sociedad y muchos miran distraídos.
Educar desde una perspectiva de géne- ro parece algo muy moderno, cuando en realidad es un retroceso, porque es volver a plantear desde otro punto de vista las diferencias entre hombres y mujeres.
Se tiende a perder en la conciencia colectiva el carácter de delito y a asumir el de derecho, hasta el punto de preten- der con ello un verdadero y propio reco- nocimiento legal por parte del Estado y de la sucesiva ejecución mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios.
En este sentido hay que decir que, desgraciadamente, esto se ha instalado en los últimos tiempos sobre todo en el Ministerio de Salud de la Nación, que como nunca ha tenido injerencia en otros ministerios, como el de Educación. Con la famosa “Ley de Salud Reproductiva” han hecho verdaderas presiones de ministerio a ministerio para que se enseñen y en la currícula académica figuren temas tales como: perspectiva de género, términos como “homofobia” u “homosexualidad”, pero entendidos desde una ética de la perspectiva de género.
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En un país donde, hay que decirlo, el problema no es este. O por lo menos no es el problema prioritario. Lo prioritario es que los niños coman, que vayan a la escuela, que tengan la vacunación. De esto no se habla. De los preservativos sí.
Uno de los ámbitos en los que se da este debate es sin duda en el campo legislativo. La Encíclica nos señala en el número 89:
“Esta tarea corresponde en particular a los responsables de la vida pública. Llamados a servir al hombre y al bien común, tienen el deber de tomar decisio- nes valientes en favor de la vida, espe- cialmente en el campo de las decisiones legislativas (...) Si las leyes no son el único instrumento para defender la vida humana, sin embargo desempeñan un papel muy importante y a veces determi- nante en la promoción de una mentali- dad y de unas costumbres.”
Fue así entonces que, animados por la Encíclica y también recogiendo la expe- riencia de la Convención Constituyente del año ´94, con el apoyo de algunos grupos políticos y la intervención de la Iglesia, se logró introducir con carácter constitucional el Pacto de los Derechos del Niño, con la enmienda argentina que, en este momento, es el punto más fuer- te que tenemos desde el punto de vista jurídico para la defensa de la vida huma- na desde la concepción. Y eso se logró
merced a los buenos oficios de religiosos y políticos.
La Conferencia Episcopal Argentina encomendó a la Comisión Episcopal de Fe y Cultura el estudio de las principales cuestiones legislativas, especialmente en materia de Bioética.
Esto funcionaba así: existen distintos peritos en la Comisión de Fe y Cultura. Un grupo se separó del cuerpo de peritos general y se formó, en marzo de 1997, un cuerpo especial con expertos en temas de Bioética, una Comisión Ad-Hoc de Seguimiento Legislativo.
¿Cuál era la misión principal? Estudiar y asesorar a la Comisión de Fe y Cultura y a los obispos en materia de Proyectos de Ley, en materia nacional, provincial o municipal. Esto fue un trabajo gigantes- co. Porque claro, no había nada.
A partir de allí, los obispos constante- mente consultaban desde decretos muni- cipales hasta leyes. Nosotros hacíamos - y de hecho lo continuamos haciendo - un seguimiento de los proyectos de ley del Senado y de la Cámara de Diputados a nivel nacional, que luego se publica.
Es muy difícil, con el presupuesto y la cantidad de gente con que contamos, poder hacer esto a nivel nacional, pro- vincia por provincia. Aunque hemos tra- tado de fomentar en cada provincia, o al
menos en cada región (Cuyo, Centro, Noreste, Noroeste y Patagonia), comisio- nes que, según este estilo, puedan hacer un seguimiento legislativo ya más “in situ” y, en todo caso, cuando ellos no pueden resolverlo porque no tienen el material necesario, nos consultan. Todavía algunos grupos se están forman- do poco a poco.
Y muchos de los que forman estos grupos de asesores junto a los obispos de cada región se han formado en nuestro Instituto, o están formándose, lo cual hace de agente multiplicador del modo de concebir la Bioética, según el perso- nalismo ontológico. Esto también va dando coherencia a nivel nacional con las propuestas legislativas.
La Comisión Ad-Hoc de Seguimiento Legislativo es entonces un organismo al servicio de la Conferencia Episcopal Argentina, que intenta responder al urgente desafío de evangelizar la cultura en el importante campo de la legislación civil, de tal forma que las normas jurídicas sean instrumento de promoción de la ver- dadera dignidad de la persona, y de una auténtica fraternidad de los hombres.
Así es que la Comisión presta servicios fundamentalmente a través del estudio de dichos proyectos y la revisión de tex- tos periódicos. Se toman todos los pro- yectos ingresados en Diputados y en Senadores y pasan por un doble filtro.
Aquellos que nos interesan particular- mente los analizamos en detalle, vemos en qué aspecto se respeta o no esta con- cepción de persona, sociedad, familia, bien común, ecología, medio ambiente, etc., y sobre la base de eso se hace una lista donde figura el estado parlamenta- rio. Los proyectos de ley tienen un proce- so en el cual llegan o no a convertirse en leyes. Primero van pasando por la comi- sión que los va analizando, la comisión propone, se vota, la cámara de origen es la que los acepta. Por ejemplo, si lo acep- ta la cámara de Diputados lo pasa a la de Senadores, si esta cámara lo aprueba lo vuelve a pasar a Diputados. Si la otra parte del Parlamento no le hace modifi- caciones sustanciales puede pasar al recinto y ser votado. Sino, tiene que sufrir cambios y como el proceso es tan largo y complejo, muchas veces después de los dos años de ser ingresados, termi- nan caducando.
Entonces muchos proyectos sobre aborto fueron caducando, y otros se fue- ron integrando en proyectos que los resumen.
Esta comisión, entonces, presta servi- cios fundamentalmente a través del estu- dio de estos proyectos y remite textos periódicos. Elabora también textos alter- nativos, no es simplemente que decimos: “sí o no”. No es que bajamos o subimos el pulgar, sino que decimos: “en este caso creemos que sería mejor esta opción”, o
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“nos parece que esto se podría enriquecer más”. Presentamos alternativas.
También asesoramos a los obispos sobre leyes u ordenanzas provinciales o municipales.
Es particularmente relevante la tarea que se desarrolla en torno de cuestiones vinculadas con la persona humana, su dignidad y sus derechos fundamentales.
También en este sentido, ya lo voy a decir más adelante, se utilizan fichas. Porque si aparecía un tema periodístico, enseguida los distintos medios querían saber la opinión del Obispo acerca de estas cuestiones. Y no todo el mundo tiene por qué estar tan informado de todas las cosas. Entonces, para dar una- nimidad de criterios, cuando veíamos que aparecía un tema, rápidamente se les enviaban a todos los obispos unas fichas que contenían un análisis pormenorizado del mismo: ¿Cuál es la cuestión central que está en juego? ¿Qué se defiende desde el Derecho? ¿Qué aspectos antro- pológicos? ¿En qué citas del Magisterio se pueden apoyar?
Tratando siempre que este análisis sea muy breve, porque sabemos que los obis- pos tienen poco tiempo. Estos resúmenes rápidamente les permitían contestar una entrevista diciendo todos más o menos lo mismo.
Con esta conciencia de trabajar por la persona y su dignidad, la comisión presta un servicio a la Comisión de Fe y Cultura, con la misión de evangelizar la cultura contemporánea buscando los signos de esperanza presentes en este último fin de siglo, a pesar de las sombras con que, fre- cuentemente, se esconden a nuestros ojos.
A partir de su fundación, la comisión se reúne periódicamente y trabaja según los requerimientos que le formula la Comisión de Fe y Cultura, respondiendo a consultas que muchas veces hace directa- mente la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal u otras comisiones como familia o educación. Además, no- sotros nunca nos movemos independien- temente, solo vamos cuando nos indica la Conferencia Episcopal o cuando algún bloque pide a la Conferencia Episcopal una representación oficial para exponer lo que la doctrina dice. Y aclaro esto por- que muchas veces los políticos dicen: “si, hemos consensuado con la Iglesia”, pero en realidad no tenemos potestad para consensuar nada. Nosotros vamos a exponer, la verdad no se negocia. La ver- dad no es democrática, es despótica por- que no depende de cuantos levantan la mano para aceptarla como verdad.
Como decía anteriormente, para faci- litar el estudio de las cuestiones legisla- tivas, la comisión ha elaborado diversas fichas técnicas, es decir, breves informes que buscan aportar elementos para la
valoración moral de algunas cuestiones de actualidad. Para ello, las fichas pre- sentan una síntesis de argumentos cien- tíficos, jurídicos, sociales y culturales.
Cuando hablamos hacia fuera de la Iglesia, siempre fundamentamos desde la medicina, la antropología y el derecho, para que no nos digan que eso es una cuestión religiosa. Esto nos permite decir: “Señor, usted no puede desprestigiar o desestimar lo que estoy presentando, sim- plemente porque soy una persona religio- sa, porque los argumentos que sostengo son desde otra perspectiva. Entonces res- póndame desde estos fundamentos”.
Y en esto hay que tener cuidado, ya que los fundamentos del evangelio de la sagrada escritura nos sirven muchísimo, y hay que estar atentos, porque es nues- tro fuerte.
Pero para el diálogo con los demás, si ustedes fundamentan solo desde el magisterio, desde la sagrada escritura, ellos se hacen más fuertes allí para des- truir la argumentación. Porque simple- mente dicen: “Yo no lo comparto, eso es para ustedes que tienen fe”. Para los que tenemos fe, sabemos que el argumento básico está allí, pero en el diálogo trata- mos de presentarlo desde otro aspecto.
Una gran cantidad de temas han sido tratados a través de esta metodología. La mayor parte de ellos se encuentran
publicados en un libro de la Conferencia Episcopal Argentina: “Familias y Vida, compendio de cuestiones legislativas”, donde está el fruto del trabajo de estos años que nunca tuvo pretensión de publicación, simplemente era una ayuda que le queríamos prestar a los obispos para que puedan mejorar su trato con el periodismo, pero después, los mismos obispos pensaron que podía ser útil para los agentes de pastoral.
Tenemos también una base de datos sobre el estado actual de los proyectos de leyes presentados en el Congreso y que revisten importancia en el ámbito propio de la competencia nuestra que es la bioética. Una síntesis de ese material se envía periódicamente a los obispos. De qué se trata, cuál es el proyecto, quiénes son los legisladores, el nombre, el partido al que pertenecen, los autores del pro- yecto o quiénes lo apoyan. Una síntesis muy breve, no más de cinco renglones, sobre el tema que trata y cuál es el esta- do parlamentario. Si es un proyecto, si ya tiene aprobación de la comisión, si ya pasó a la otra cámara o cuándo cae el estado parlamentario. Esto se le envía dos veces por año, todos los proyectos conflictivos, para que cada obispo pueda hacer una evaluación de sus legisladores.
Siempre se abordan temas que recla- man atención prioritaria para la sociedad argentina, porque la gravedad que revis- ten tiene que ver con el reconocimiento
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y defensa de los derechos más funda- mentales de una persona, ya que inter- vienen directamente en aquellos momentos en que el ser humano es más vulnerable: el principio y el final de la vida. El más básico de los derechos se encuentra comprometido en estos temas y, a mi criterio, no puede permanecer indiferente e insensible frente a los plan- teos que se encaran en esta publicación.
Tengo el deber de profundizar en la actualización de estos conocimientos y emitir opiniones fundadas capaces de influir en las decisiones legislativas y del gobierno, teniendo en cuenta el desafío que significa la evangelización de la cultura.
Una última cuestión muy breve que quiero mencionar, se refiere al actual punto de diálogo o no diálogo con el Ministro de Salud. Como nunca la ges- tión de este Ministerio se ha mostrado contraria a los valores de la vida. Con procesos desde firmar un compromiso por la vida en el año 2002, con parte del actual ministerio, hasta la promoción de cualquier tipo de método anticonceptivo y aún abogar en favor del aborto. Cuando se reglamentó la Ley de Salud Reproductiva, supuestamente iban a intervenir distintos organismos que podrían opinar. Por supuesto que a no- sotros no nos invitaron. Por supuesto que fuimos igual (estábamos en todo nuestro derecho).
Fue una de las experiencias más tris- tes de mi vida. Había un grupo mayorita- rio que de antemano ya tenía decidida la votación. Por lo cual, lo único que pudi- mos hacer es dejar asentado nuestro desacuerdo con la decisión.
Aunque creo que, con todo, la acción ha sido exitosa. ¿Y por qué ha sido exito- sa? Porque el éxito no consiste en que siempre a uno le digan que sí, sino en que uno siempre le siga diciendo que sí a sus convicciones, y en el caso de quienes cree- mos, uno le siga diciendo que sí y ponién- dole el hombro a Cristo y a su Iglesia.
En este sentido creo que la acción fue