Chapter 2 Mathews stability method at Olympic Dam
2.6 Design process
Pero ya sea establecido o nómada, Israel conservó su constitución y religión antiguas, a pesar de que aquí también hallamos modificaciones y adaptaciones, causadas por su larga estancia en Egipto. La división original de Israel era de doce tribus, según los doce hijos de Jacob, una disposición que continuó, aunque los hijos de José formaron dos tribus (Efraín y Manasés), ya que la tribu sacerdotal de Leví no formaba una entidad política independiente. Estas doce tribus, a su vez, estaban divididas por familias (o mejor dicho, clanes), la mayoría fundadas por los nietos de Jacob, de las cuales encontramos una lista en Números 26, y sumaban un total de sesenta. En Josué 7:14 se nos da a entender que esas «familias» se habían dividido por esa época, si no antes, en «casas», y éstas a su vez en lo que define la expresión «hombre a hombre» (en hebreo, Gevarim). No obstante, este último término equivale, en realidad, a nuestra «familia», como se desprende de la comparación de Josué 7:14 con vv. 17, 18. Así tenemos en los tiempos antiguos tribus y clanes, y en los de Josué, si no antes, los clanes de nuevo se dividen en casas (parentela) y familias. Los «cabezas» de aquellos clanes y aquellas familias eran sus jefes; los de la tribus, «príncipes».17 Estos doce príncipes eran «los príncipes de la congregación».18 Junto a estos legisladores, que formaban una
aristocracia hereditaria, encontramos dos tipos de oficiales por elección,19 como «representantes» de la «congregación».20 En Deuteronomio 29:10, se les llama «ancianos» y «oficiales», o mejor, «escribas». Así el gobierno del pueblo estaba en manos de los «príncipes», los «ancianos» o los «oficiales».21 La institución de
13 Levítico 24:10. 14 Números 32:1–4. 15 1 Crónicas 4:22. 16
El texto de 1 Crónicas 7:21 es complicado y difícil. Pero los mejores críticos lo han interpretado tal como se explica en nuestro texto. 17 Nm. 1:4, 16, 44; 2:3, etc; 7:10. 18 Éxodo 34:31; Números 7:2; 30:13; 32:2; 34:18. 19 Comp. Deuteronomio 1:9–14. 20 Números 27:2. 21
Comp. Deuteronomio 31:28. Parece ser que en el desierto la reunión de estos tres legisladores se convocaba con el toque de dos trompetas de plata, mientras que el sonido de una sola anunciaba un consejo de príncipes (Nm. 10:3, 4). Merece la pena decir que esta forma de legislación mixta de oficiales hereditarios y por elección continuó como gobierno constitucional del pueblo, no sólo durante el período de los Jueces, sino también bajo los Reyes. También encontramos su analogía en la regla de la sinagoga.
«ancianos» y «escribas» ya había existido entre los hijos de Israel en Egipto antes del tiempo de Moisés. Porque Moisés «reunió a los ancianos de Israel» para anunciarles su comisión divina,22 y por medio de los mismos comunicó al pueblo la ordenanza de la Pascua.23 La mención de «escribas» como «oficiales» se da incluso antes de la de los ancianos, y a ellos, por ser la clase social letrada, parece ser que los capataces egipcios les confiaron la superintendencia de los trabajos designados para el pueblo.24 Por los monumentos de Egipto conocemos la importancia del papel desempeñado por los «escribas» en aquel país, y cuán frecuentemente son mencionados. Posiblemente, la orden de los escribas se introdujera así en Israel. Como clase letrada, los escribas deberían ser naturalmente los intermediarios entre sus hermanos y los egipcios. Por ello, podemos considerarlos también como los representantes del saber, tanto israelita como egipcio. Hoy en día se admite generalmente que el arte de escribir era conocido por los israelitas en tiempos de Moisés. Claramente, el saber egipcio había penetrado en Canaán mismo, y Josué encontró a sus habitantes, en su mayoría, en un estado de civilización muy avanzado; una de las ciudades llevaba incluso el nombre de Kijath-sepher, la ciudad de libros, o Kirjath-sannah, que casi podría traducirse por «ciudad universitaria».25
En cuanto a la religión de Israel, es importante tener en cuenta que, durante tres siglos y medio a partir de la muerte de Jacob, todos los mensajes directos del cielo, ya sea por profecía o por visión, habían cesado, al menos por lo que nosotros sabemos. Ni siquiera el nacimiento de Moisés fue comunicado por obra divina. En esas circunstancias los hijos de Israel dependían del conocimiento que habían adquirido de los «padres», y que, sin duda, había sido conservado entre ellos. Casi resulta innecesario explicar, aunque demuestra la sabiduría de los preparativos providenciales de Dios, que las sencillas formas de adoración de los patriarcas encajaba mucho mejor con las circunstancias del pueblo en Egipto que las que recibió posteriormente la religión de Israel. En este punto resaltan preeminentemente tres grandes observancias. Podemos decir que tanto la fe como el culto de los antiguos patriarcas, y posteriormente de Israel, se agruparon alrededor de estos tres aspectos. Se trata de: circuncisión, sacrificios y el sábado (o día de reposo). Tenemos testimonio directo de que el rito de la circuncisión era practicado por Israel en Egipto.26 En cuanto a sacrificios, incluso la sugerencia de celebrar un gran banquete de sacrificio en el desierto,27 indica que el culto con sacrificio había sido conservado en el pueblo. Finalmente, la instrucción de recoger dos porciones de maná el
viernes,28 y la introducción del mandamiento del sábado con la palabra «Acuérdate»,29 nos da a entender una observancia previa del sábado por parte de Israel. De hecho, el modo en que muchas cosas, como, por ejemplo, la práctica de votos, son mencionadas en la ley, parecen indicar ritos religiosos anteriores entre los israelitas.
Hasta aquí las observancias exteriores, las cuales indican cómo, incluso durante aquellos siglos de silencio y soledad en Egipto, Israel todavía acariciaba las verdades fundamentales de su religión ancestral. Pero todavía queda otro tema referente, no a sus artículos de creencia y observancias, sino a la vida religiosa de la familia y de los individuos en Israel. Aparece en los nombres que los padres daban a los hijos durante la larga y dura esclavitud en Egipto. Es bien conocida la importancia que el Antiguo Testamento da a los nombres. Cada suceso espiritualmente importante daba su nombre nuevo y característico a una persona o un
22 Éxodo 3:16; 4:29. 23 Éxodo 12:21. 24 Éxodo 5:6, 14, 15, 19. 25 Josué 15:15, 49. 26 Éxodo 4:24–26; Jos. 5:5. 27 Éxodo 8:25–28. 28 Éxodo 16:22. 29 Éxodo 20:8.
lugar. Algunas veces, como en el caso de Abram, Sarai y Jacob, era Dios mismo quien daba el nombre nuevo; en otras ocasiones, era la expresión de corazones que reconocían la actuación de Dios especial y decisiva, o manifestaban sus esperanzas o experiencias, como en el caso de los hijos de Moisés. Pero si consideramos nombres tan frecuentes entre los «príncipes» de Israel, como Eliasaf (mi Dios que reúne), Elizur (mi Dios una roca), y otros con matices similares, veremos cuán profundamente había arraigado en los corazones y en las convicciones del pueblo la esperanza de Israel. Este punto será tratado más
extensamente en el libro siguiente. Mientras, sólo resaltamos los nombres de los jefes de las tres familias de los Levitas: Eliasaf (mi Dios que reúne), Elizafán (mi Dios que mira alrededor), y Zuriel (mi roca es Dios); siendo el nombre divino (Él) el mismo que Dios usó para revelarse a los padres.
Además de sus propios ritos heredados, los hijos de Israel debieron aprender muchas cosas de los egipcios, o fueron fortalecidos en ellas. Ya hemos visto que originalmente la religión de los egipcios contenía mucha verdad, pero que se fue pervirtiendo gradualmente hasta convertirse en superstición. Los egipcios e Israel podían tener la misma verdad, pero con la diferencia de comprensión y aplicación entre una vaga tradición y la clara revelación divina. Así, tanto unos como otros creían en las grandes doctrinas de la inmortalidad del alma y de las recompensas o castigos futuros. Pero, en relación con esto, Israel recibió otra lección, mucho más difícil para nuestra fe, la cual los antiguos egipcios no aprendieron jamás: que Dios es el Dios tanto del presente como del futuro, y que incluso aquí sobre la tierra él reina, dispensando bien y mal. Y tal vez fuera por esto que se insistió tanto sobre las consecuencias temporales del pecado en la ley
mosaica. No había ninguna necesidad especial de referirse a las consecuencias en otra vida. Los egipcios, como también Israel, reconocieron lo último, pero los egipcios no conocían lo primero. No obstante, esta nueva verdad enseñaría a Israel a pensar constantemente en Jehová como el Dios vivo y verdadero. Por otro lado, el parecido entre ciertas instituciones de Israel y de Egipto demuestran claramente que la ley fue dada a los que salieron de Egipto y en un período inmediato después de su salida. Al mismo tiempo, también se adquirió mucha maldad con la relación con los egipcios. En algunos puntos del Pentateuco encontramos alusiones, no sólo a las corrupciones morales presenciadas, y tal vez aprendidas, en Egipto, sino también a las prácticas idólatras usuales en el lugar. Posiblemente, no era el magnífico ritual de Egipto el que causara una impresión tan profunda, sino que las ceremonias presenciadas allí constantemente debieron acostumbrar gradualmente su mente al culto de la naturaleza. Como ejemplos de esta tendencia entre los israelitas, recordamos la adoración del becerro de oro,30 la advertencia del sacrificio al «macho cabrío»,31 y la exhortación expresa incluso de Josué (24:14), «quitad de entre vosotros los dioses extraños a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río».
Con el mismo sentido tenemos la retrospectiva en Ezequiel 20:5–8, en Amós 5:26 y en el discurso de Esteban ante el consejo judío.32 No obstante, merece la pena notar que, a pesar de que las formas de idolatría mencionadas aquí eran todas practicadas en Egipto, existen buenas razones para pensar que no eran
estrictamente egipcias en su origen, sino ritos extranjeros importados, probablemente de los fenicios.33 Tal era, pues, el estado político, social y religioso de Israel cuando su larga paz fue repentinamente interrumpida por las noticias que Aahmes I estaba luchando con éxito contra la dinastía extranjera de los Hyksos. Avanzando victorioso, finalmente tomó Avaris, el gran fuerte y capital de los reyes Pastores, y los expulsó del país junto con sus seguidores. Luego, continuó hacia las fronteras con Canaán, tomando muchas ciudades por asalto. Los monumentos conmemorativos de la desastrosa legislación de los Pastores fueron sacados rápidamente; el culto que habían introducido fue abolido, y las antiguas formas egipcias fueron restauradas. Ahora llegaba un reino de gran prosperidad.