Dado que el hombre no existe aisladamente de ninguna forma, ¿qué impacto tienen estas transformaciones sobre los demás hombres?
Después de mezclar el hombre con la totalidad los seres naturales en cuanto ser natural él también, Marx lo considera luego marcando su diferencia con éstos. Así, le aparece como
un ser natural humano, es decir, como un ser dotado de la conciencia de su existir. Ya lo
hemos dicho, nuestro autor coincide aquí con Feuerbach quien primero había entendido que el hombre se capta como género con unas características propias, en el sentido de que no se
135 Aquí hacemos referencia a una nota explicativa de Màrkus con respecto a una idea encontrada en los Grundrisse: “Dicho sea de paso, los cultivadores de la llamada cultural anthropology o antropología cultural (Margaret Mead, Ruth Benedict, etc.) han probado con un imponente material fáctico que las diferencias entre las costumbre de la alimentación, del comportamiento sexual, etc., entre las varias sociedades son a menudo asombrosas. Con eso han probado empíricamente que esas necesidades y formas de la actividad tan a menudo consideradas biológicas, instintivas, son en realidad de determinación histórico-social.” (György Màrkus.
Marxismo y “antropología”, ed. citada, cap. I, nota 29, p.23)
trata del carácter exclusivo de ningún individuo dado. Esta postura, en efecto, hace énfasis en la facultad de ciencia de la que dispone el hombre que le permite conocerse a sí mismo y conocer las cosas. Tal es su esencia objetiva, distinta de la del animal. Lo que Feuerbach nos precisa cuidadosamente:
Sin objeto, el hombre es una nada […] Pero el objeto al que se refiere esencial y necesariamente un sujeto sólo puede ser la propia esencia objetivada de este sujeto. Si este mismo objeto es común a varios individuos iguales según el género pero diferentes según la especie, entonces es su propia esencia objetivada en cuanto es objeto de cada uno de estos individuos distintos.137
Dado que el objeto es la esencia objetivada del género, constituye el medio por el cual el ser humano se hace consciente de sí en cuanto ser existente, a partir de la objetivación de su esencia. Esto significa que, al producir su objeto, el hombre manifiesta y confirma en toda evidencia su esencia. En las palabras del mismo Feuerbach: “Cualquiera que sea el objeto que se presente en nuestra conciencia, nos conduce siempre, al mismo tiempo, a la conciencia de nuestra propia esencia; no podemos actualizar otra cosa sin actualizarnos a
nosotros mismos.”138
Gracias a esta relación consciente, el hombre se constituye y actúa como género. Por esta razón, todas las actitudes del hombre frente al otro desde su conciencia genérica forman el marco de realización del género, no simplemente del individuo. Tal es lo que va a servir de base a Marx para asentar su concepción del hombre como ser genérico. Ahí su primer logro será la superación del desgarramiento entre el individuo real y el ciudadano abstracto que
critica en La cuestión judía139
En relación con lo anterior, sin confundir en ningún momento el género con el individuo empírico, nuestro pensador señala que no es posible seguir insinuando la presencia del ser genérico del hombre en lo irreal. Tal es el sentido de la expresión de Sánchez:
. En este sentido, lo que Marx alza la voz contra la proyección de la riqueza genérica del hombre en un ser universal abstracto en medio de la sociedad burguesa.
137 Ludwig Feuerbach. La esencia del cristianismo, trad. José L. Iglesias, pról. Manuel Cabada Castro, col.
Clásicos de la Cultura, Madrid, Trotta, 1995, p. 53.
138 Ludwig Feuerbach. Op.cit., p. 57.
Si bien en el Estado positivo, o sociedad burguesa, el ser genérico se sitúa en un imaginario cielo político, separado de la vida real individual (dualismo de la vida genérica y de la individual, o de la vida política y de la individualidad real), una nueva sociedad abolirá tal dualismo, y el ser genérico descenderá de ese cielo imaginario para ser real.140
Toda comprensión de la consciencia que haga abstracción de su sujeto real, del individuo concreto, históricamente determinado y de la actividad material de éste, o que no contemple esa actividad sino entre los paréntesis de la epojé fenomenológica, fetichizará inevitablemente los varios momentos singulares de la consciencia, atribuirá a las varias características históricas de esos momentos y de la consciencia misma un ser suprahistórico independiente de los individuos concretos.
Este nuevo estado social consistirá entonces según el movimiento de las contradicciones de la sociedad actual en la unificación necesaria del individuo y el género en un proceso único de autorrealización consciente. Sin embargo, no se trata de ninguna visión idealista de la historia humana. La aclaración es la siguiente:
141
140 Ibidem. p. 208.
141 György Màrkus. Op. cit., p.36.
Por consiguiente, al apropiar genéricamente al hombre, se valorarán también las relaciones y la actividad humana por su forma esencial, no por ningún criterio ajeno a ellas. Por eso, el ser genérico del hombre no se reduce a una cuestión de consciencia, lo que caería sin duda en la definición hegeliana del hombre como “conciencia de sí”. Marx arremete contra esa equivocación corriente jugando precisamente sobre las relaciones humanas propiamente naturales. A este respecto, leemos:
La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre, es la relación del hombre con la mujer. En esta relación natural de los géneros, la relación del hombre con la naturaleza es inmediatamente su relación con el hombre, del mismo modo que la relación con el hombre es inmediatamente su relación con la naturaleza, su propia determinación natural. En esta relación se evidencia, pues, de manera sensible, reducida a un hecho visible, en qué medida la esencia humana se ha convertido para el hombre en naturaleza o en qué medida la naturaleza se ha convertido en esencia humana del hombre. (M III, IV, p. 142)
El género humano se revela entonces en sus relaciones naturales, donde la exteriorización u objetivación real es su clave. Marx confirma esta idea en la siguiente deducción:
La relación real, activa, del hombre consigo mismo como ser genérico, o su manifestación de sí como un ser genérico general, es decir, como ser humano, sólo es posible merced a que él realmente exterioriza todas sus fuerzas genéricas […] y se comporta frente a ellas como frente a objetos. (M III, XXIII, p. 190) Acto seguido, queremos analizar esta manifestación objetiva del hombre y conocer con precisión las condiciones de su realización efectiva.