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. Así superando la separación tradicional de subjetivación humana y la objetivación de las cosas, nuestro filósofo rescata el valor humano de los sentidos para la sociedad donde todos los sentidos humanos, tanto los sensibles como los

espirituales, se vinculan naturalmente con sus objetos respectivos. Es también el rescate

pleno de la vida. En este sentido, leemos en los Manuscritos: “La objetivación de la esencia

humana, tanto en sentido teórico como en sentido práctico, es, pues, necesaria tanto para hacer humano el sentido del hombre como para crear el sentido humano correspondiente a la riqueza plena de la esencia humana y natural” (M III, VIII, p.150).Veamos ahora cómo el hombre acaba por captarse a sí mismo.

Contrariamente a la Economía Política cuyas perspectivas adoptadas sólo le alcanzan para

describir al hombre según el mito del homo oeconomicus, es decir, como aquel individuo

dotado de facultades y necesidades definidas en cuanto sujeto de la economía clásica127,

Marx habla del hombre como un ser autónomo en el sentido de que su fundamento no existe fuera de él. De este modo, si bien va a reconocer que el hombre teje necesariamente una cadena de relaciones mutuas y continuas con su mundo; sin embargo, no hace de él un títere fatalmente sometido a la acción del tiempo. Cabe precisar también que, sin querer

elevarlo a la condición de un Dios128

126 Cfr. György Màrkus. Marxismo y “antropología”, ed. citada, p.39.

127 Encontramos esta idea del mito del homo oeconomicus en Althusser quien, al hablar la revolución

económica emprendida por Marx, muestra cómo éste tuvo que distanciarse de todas las concepciones de hombre vigentes entre los pensadores de su tiempo. Cfr. Louis Althusser. Pour Marx, Paris, ed. François Maspero, 1965, p 235.

128 Aquí recordamos aquella hermosa canción, L’homme est un Dieu, de Mireille Mathieu –que, por supuesto,

agrada mucho con su melodía– donde, al maravillarse ante la extrema belleza de la naturaleza que rodea al hombre al mismo tiempo que colma todas sus expectativas, no puede retener su fascinación y exclama que el hombre es un Dios caído del cielo.

ni ponerlo bajo la dependencia de su bondad, nuestro autor ha sabido aprehender en el hombre mismo el sentido de su existir. Por esta razón, entiende que la pregunta por la creación del hombre no puede llevarse al infinito sin caer en

una falaz abstracción sin remedio. Contra ese engaño, se apoya en Aristóteles para formular su advertencia:

Has sido engendrado por tu padre y por tu madre, es decir, ha sido el coito de dos seres humanos, un acto genérico de los hombres, lo que en ti ha producido el hombre. Ves, pues, que incluso físicamente el hombre debe al hombre su existencia. Por esto no debes fijarte tan sólo en un aspecto, el progreso al infinito; y preguntar sucesivamente: ¿Quién engendró a mi padre? ¿Quién engendró a su abuelo?, etc. Debes fijarte también en el movimiento circular, sensiblemente visible en aquel progreso, en el cual el hombre se repite a sí mismo en la procreación, es decir, el hombre se mantiene siempre como sujeto. Tú contestarás, sin embargo: le concedo este movimiento circular, concédeme tú el progreso que me empuja cada vez más lejos, hasta que pregunto; ¿quién ha engendrado el primer hombre y la naturaleza en general? Sólo puedo responder: tu pregunta misma es un producto de la abstracción. (M III, X, p.154)

Viéndolo bien, esta reflexión de Marx parece construirse sobre lo que ya había realizado Feuerbach en su crítica de la religión. De hecho, según el crítico, la religión constituye una inversión radical de las relaciones entre el hombre y Dios en el sentido de que, al proyectar sobre el segundo toda la realidad humana, lo vuelve su fundamento, la fuente de su existencia. Toca captar el sentido de lo que pasa aquí: el hombre recobra en el pensamiento de Feuerbach, a partir de una toma de conciencia, su fundamento como algo propio, pero para eso tiene que cumplir la función otrora reservada a Dios. Digamos, pues, usando el vocabulario hegeliano, que el hombre se obtiene por la negación de su negación. Esta visión activó la alarma para Marx. La razón, nos dice Sánchez, es que “la concepción de hombre no puede quedarse en una toma de conciencia de su autonomía, radicalidad o

supremacía con respecto a Dios. Esto es importante, pero sólo es el comienzo o premisa129

La crítica no arranca de las cadenas las flores imaginarias para que el hombre soporte las sombrías y escuetas cadenas, sino para que el hombre se la sacuda y puedan brotar las flores vivas La crítica de la religión desengaña al hombre para ” de toda afirmación plena del hombre.

Ahora bien, Marx no siente todavía la presencia del ser humano real en esa concepción. Además, la religión no constituye para él sino una parte del problema, en el sentido de que la califica como un producto del mundo invertido de los hombres. He ahí la razón por la cual considera la crítica feuerbachiana como una premisa. Lo demuestra diciendo:

que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a sí mismo y a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira en torno al hombre, mitras éste no gira en torno a sí mismo.130

La misión de la historia consiste, pues, una vez que ha desaparecido el más allá de la verdad, en averiguar la verdad del más acá. Y, en primer término, la misión de la filosofía, que se halla al servicio de la historia, consiste, una vez, que se ha desenmascarado la forma de Santidad de la autoenajenación humana, en desenmascarar la autoenajenación en sus formas no santas. La crítica del cielo se convierte con ello en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política.

El siguiente paso consiste, pues, en enfocar la crítica sobre las condiciones efectivas de la vida humana. Por eso, agrega:

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Como no basta simplemente reconocerse dueño de su existencia, al ser humano integral le compete desarrollarse según toda la riqueza de su ser. Sólo demuestra esta autonomía suya Esto sirve a Marx para ir más allá del ateísmo burdo y reclamar eso que traemos a colación

al inicio del apartado, la creación del hombre por el hombre, su autocreación. Esto significa

que, además de ser su propio fundamento, el ser humano es autosuficiente e independiente. Su esencia no le viene prestada o regalada por instancia diferente de él. Así pues, no siente

la necesidad de rendir royalty a ningún ser supraindividual por su bondad hacia él. Por eso,

se incorpora a la naturaleza sin incompatibilidad alguna, como dos términos de una misma relación de autogeneración. De hecho, superada la enajenación de su esencia, se produce en la naturaleza y en simbiosis con ella; simbiosis que Marx expresa diciendo:

Como para el hombre socialista toda la llamada historia universal no es otra cosa que la producción del hombre por el trabajo humano, el devenir de la naturaleza para el hombre tiene así la prueba evidente, irrefutable, de su nacimiento de sí mismo, de su proceso de originación. Al haberse hecho evidente de una manera práctica y sensible la esencialidad del hombre en la naturaleza; al haberse evidenciado, práctica y sensiblemente, el hombre para el hombre como existencia de la naturaleza y la naturaleza para el hombre como existencia del hombre, se ha hecho prácticamente imposible la pregunta por un ser extraño, por un ser situado por encima de la naturaleza y del hombre. (M III, IX, p.155)

130 K. Marx. En torno a la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Introducción, en: C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia y otros escritos filosóficos de la primera época, trad. W. Roces, México, Ed. Grijalbo, 1958, p. 4.

al responsabilizarse por crear su destino e inventar su mundo. De ahí la interpretación de Mondolfo:

Cuando cada uno pueda ser dueño de su propio destino y pueda tener plena libertad en la elección del propio oficio, plena autonomía de acción y de orientación de su vida y actividad, es decir, cuando pueda traducirse en realidad una situación en la que no exista una clase dominante omnipotente ni un Estado patrón absoluto de la colectividad y de los individuos, y ningún poder superior someta a los individuos a sus exigencias y a su dominio, sino que la sociedad humana sea dirigida por la voluntad de los hombres humanos y según sus aspiraciones, sólo entonces se llegará a la plenitud de la existencia humana. Antes es imposible.132