TECHNIQUES FOR SIMULTANEOUS ESTIMATION OF ISOSORBIDE MONONITRATE AND ASPIRIN
4.4.5.2 DEVELOPMENT OF HPTLC METHOD FOR THE SIMULTANEOUS ESTIMATION OF ISOSORBIDE MONONITRATE AND ASPIRIN.
E
ntiéndase la vacilación. Me ha honrado que se me haya pedido estar aquí. Afronto garabatear estas líneas alrededor de uno de los mejores de nuestro tiempo, porque ese pedido es de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Pero –seguro estoy– otros que aquí serán leídos, podrán decir cosas más sólidas, más fundadas. Seguramente, mejor dichas.Además, tengo la desventaja de haberlo tratado personalmente una sola vez en lo que llevo de vida. Fue en su casa y con motivo de un episodio que le ocurría a una persona amiga de ambos. Me costó concentrarme en el tema de la reunión porque el contexto de Bayer, era… Bayer. Sus libros ordenados, sus libros desordenados. Ese visible desprecio por las formas y esa militante convicción por los contenidos también se respiraban en esa casa tan singular. La vida me ha * Nació el 30 de septiembre de 1936. Se recibió de abogado en 1959, en la Facultad de Derecho de la UBA. Integró el primer grupo juvenil argentino invitado en 1960 a China Popular. Defendió a presos políticos y gremialistas «militarizados» por el Plan CONINTES (1959-1961), en los períodos institucionales y también de dictadura militar (1966-1973 y 1976-1983). Redactor de notas recogidas en Clarín, La Nación, El Cronista, La Prensa, revista jurídica La Ley y Noticias, entre otras. Es director y profesor titular del curso de post grado «Programa de actualización y perfec- cionamiento en el Ejercicio de la Abogacía» de la Facultad de Derecho de la UBA. Miembro del Consejo Asesor Fundacional y profesor de «Introducción al Derecho y a la Justicia en la Periferia I y II» en la carrera de Abogacía de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo. Unos de sus casos más revelantes –entre muchos– fue la acción judicial por la venta ilegal de armas a Ecuador, Croacia y Bosnia que implicaba directamente al ex presidente Carlos Menem, varios de sus ministros y personal del Ejército (1995).
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proporcionado conocer casas diferentes a las comunes. La singularidad de la de él es la singularidad de su propia vida.
Entiéndase la vacilación. Porque cómo no caer en el lugar común de decir que la Argentina tiene en él uno de los hombres más consecuentes con sus propias ideas. En medio de tanto saltimbanquismo de circunstancias, en medio de tanto personaje acomodaticio –por derecha y por izquierda–, la con- secuencia de él para consigo mismo, retempla y hace pensar que un mundo mejor es posible. Cuestión de no bajar los brazos y de no quedarse en las apariencias. Creo que ese es un mensaje central en Bayer, juntamente con un consciente desprecio por el poder. El poder, en Bayer y a mi juicio, es aquello que se distancia siempre de la gente de a pie. En el poder andan los de a caballo. El otro central mensaje, me parece: nunca se quedó en la teoría ni en el recita- do. Unió –une cotidianamente– lo que piensa con lo que hace. No creo que haya muchos así, y lo digo con auténtica tristeza.
Entiéndase la vacilación. Porque hablar de su valentía es decir una verdad de Perogrullo. Acaso alguna vez me haya atrevido a pensar que su valentía es la expresión interna y externa de la noción misma de la solidaridad. Palabra que para él habría que escribir con mayúsculas. Pero –confieso– alguna vez me he preguntado qué hay en Bayer por detrás o por abajo de esa sabida solidaridad. Sépase que mi respuesta no quiere transitar por sabidurías profesionales que no tengo. Pero desde mi convicción cívica, me parece que la solidaridad en Bayer no es causa, sino consecuencia. Que es consecuencia de algo definitiva- mente emocionante: la dimensión de la ternura. ¿Aceptará él mi personal re- flexión? ¿Aceptará usted –lector, lectora– que un hombre que ha sacado pecho siempre y en toda ocasión en favor de nosotros, muchas veces con imprescin- dible ferocidad, sea mirado desde la ternura que siente él por los desvalidos de este mundo? Porque solo así se comprende –a mi juicio, claro está– su inclau- dicable vocación por todos (argentinos y no argentinos), desde un internacio- nalismo que no quedó en el recitado, sino en la práctica.
Entiéndase la vacilación. Por razones que no vienen al caso y que me acompañan desde mi niñez, he logrado saber qué es escribir bien y qué es no hacerlo. Pensamientos opuestos al de Bayer y claudicantes de toda laya a veces
se expresan bien. El «bien» de Bayer –sigo diciendo: me parece– es siempre un bien muy singular. Porque la belleza expresiva le nace desde abajo, para fluir hacia arriba en lo que nos proporciona. No hace de la buena forma el todo: la forma buena en Bayer se emparenta con aquella bondad que me atreví a califi- car como ternura. En tramos que obligan a releerlo, la orfebrería de su lenguaje tiene inigualable connotación.
Entiéndase la vacilación. Porque, en todo lo que de él tengo conocido, expone una cultura de primera línea. Mi duda aquí es peor: ¿quién me ha dado títulos para hablar alrededor de la cultura de Bayer, si para ello habría que estar en el mismo peldaño o acaso en uno más arriba? La respuesta es unívoca: nadie. Carezco de título suficiente para juzgar. Pero no puedo no decir que también desde la avenida de la cultura le he visto transitar con la soltura que nace de la solidez y no de la improvisación. Algunos debates que le he conocido, forman parte de una personalidad que nos alienta hasta para la imitación. Magister –en el latín que nos enseñaban en aquel Nacional Buenos Aires– es «maestro». Seguramente él no me admitiría que usara la fórmula latina, porque él conoce bien que al verbalizar «Primer Magistrado» ha querido decir el «Primer Maes- tro». Comparto su temor por ser confundido…
Entiéndase la vacilación. Le conozco la militancia en sus ideas, pero creo que mantiene su independencia respecto de cualquier partido político. Y si mi creencia es la correcta, me animaría a explicármela: le interesa tanto el tema de la polis –la Política, escrita la palabra con intencional mayúscula– que ha optado por excluirse de los lugares donde el vacuo travestismo viene a ser una cons- tante de nuestros tiempos.
Entiéndase la vacilación. Firme en sus convicciones, no he advertido ja- más en Bayer un discurso dogmático. De chico, creí que el dogma era tema de exclusiva resonancia religiosa. De joven, ya fui advirtiendo que hay dogmáticos por doquier: muchos no religiosos imponen aquel dogmatismo por la oblicua vía de trasmitir al inconsciente del lector algo como «es así porque yo lo digo». Dogmatismo y petulancia. Bayer no busca vencer, sino convencer. Aun frente a la diatriba contra él (porque hay gente que entiende ponerse las galas enfren- tando en la polémica a Bayer, porque así esa gente cree estar en igualada calidad
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de contendiente); aun frente a la diatriba contra él, siempre lo he percibido ejercitando el «convencer» en lugar del «vencer». Hay que ser muy grande para traducir esa dimensión de la humildad.
En el cierre, no vacilo. Porque por razones profesionales y humanas llegué al tema de aquellos anarquistas (Santiago Mainini, Reclús de Diago y Pascual Vuotto) a quienes se les endilgó falso proceso por una muerte en Bragado, provincia de Buenos Aires, ocurrida, allá por el año 1931, luego del golpe de Uriburu. Prisión perpetua para ellos, luego morigerada. Había que condenarlos porque eran anarquistas. Se tragaron una punta de años en prisión, aun cuando, en el caso, un médico policial había tenido la honradez de explicar que la «con- fesión» había sido obtenida bajo inocultable tortura. En tiempos en que se quiere tomar la memoria desde un determinado punto, me resisto a sumarme a la segmentación. Aquella persecución ideológica a los anarquistas –por serlo– tuvo en Bayer un defensor inclaudicable.
Si uno apuesta a que un mundo mejor es posible, Bayer es persona y es bandera. Todos estamos un poco en deuda para con él. ¿O él nos contestaría que esa sensación de un poco de deuda no es para con él, sino para con las luchas centrales que aún faltan desplegar?