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Chapter 5 – Developments in Kenyan Decentralised Energy Governance: The Reticence of National

5.5 Developments in clean-cooking since 2013

Una mirada sobre las prácticas y los discursos de los medios de comunicación, la policía y la

justicia. Buenos Aires, Ediciones del ccc, 2009, 216 pp. isbn: 978-987-24591-4-7

Jimena Andersen5

. . .desperté esta mañana y pude ver a los culpables . . .no hay justicia ni derechos iguales Se va acabar esa costumbre de matar Oh, oh, grita la gente enojada en la calle. . .

Costumbre de matar, Alika y La Nueva Alianza

5Facultad de Ciencias Sociales (uba)

4Marí, E., “Racionalidad e imaginario social en el discurso del orden”, en Papeles de Filosofía (. . .para arrojar al alba), Buenos Aires, Biblos, 1993.

Despertar y ver. . . ver lo invisible,

dirá Ulises Gorini en la presentación del libro. Tal es el compromiso políti- co que se dieron los investigadores en

Muertes silenciadas: visibilizar, sacar al

espacio público los nombres y apelli- dos de las personas muertas en “en- frentamientos” con la policía, develan- do el silenciamiento provocado por las prácticas y los discursos policiales, ju- diciales y de los medios de comunica- ción.

La investigación que aquí se plasma fue titulada: La eliminación de los “de-

lincuentes”. Una mirada sobre las prácti- cas y los discursos de los medios de comu- nicación, la policía y la justicia, desarro-

llándose entre 2004 y 2008 en el marco de una propuesta realizada dentro del Departamento de Derechos Humanos (hoy Departamento de Política y Socie- dad) del Centro Cultural de la Coope- ración. Dicha investigación se dio por objeto de estudio los “enfrentamien- tos” producidos en la Ciudad Autó- noma de Buenos Aires durante el pri- mer semestre de 2004, protagonizados por la Policía Federal Argentina “en el marco del combate contra el delito”.

Dado que, la intención fue indagar en el entramado que habilita, legitima y

encubre la “eliminación física” de los de- lincuentes en “enfrentamientos” con la policía, este estudio se proyectó a tra-

vés del abordaje de 3 campos: la ins- titución policial, la institución justicia (justicia-ministerio público) y los me- dios de comunicación (prensa escrita), pensándolos en tanto sistema, cuestio- nando no sólo la idea de la justicia co- mo poder independiente sino también la de los medios de comunicación co- mo “cuarto poder”. Retomando la lí- nea de análisis de Zaffaroni en su libro

En busca de las penas perdidas, los au-

tores coincidirán en que éstas 3 agen- cias operan de manera sistémica en los procesos de criminalización selectiva propios del orden social dominante.

La estructura del libro refleja esta distinción entre los campos de estu- dio, a los cuales se suman un Prólo- go de Alcira Daroqui, un capítulo es- pecífico referido al Enfoque Metodo- lógico –a cargo de Carlos Motto– y un Epílogo final –Nicolás Maggio, Mer- cedes Calzado, Carlos Motto y Alci- ra Daroqui–. Cabe destacar además, que el capítulo de Agencia Policial lle- va como autoras a Ana Laura López, Silvia Viñas, Luciana Cepeda y Vivi- na Reinoso, en tanto el dedicado a la Agencia Judicial fue desarrollado por

Lucía Canavesio, Luz Damone y Ga- briela Magistris, finalmente, el capítu- lo de Medios de Comunicación estuvo a cargo de Nicolás Maggio y Mercedes Calzado.

A pesar de que en cada apartado se realiza un análisis profundo y exhaus- tivo del accionar de cada agencia en los acontecimientos, el agudo nivel de

reflexividad que posee este libro permi-

te leer los capítulos en forma indepen- diente y/o des-ordenada. Caso contra- rio, si se opta por leerlos tal y como se presentan, el camino puede aseme- jarse a una recorrida por los círculos del infierno del Dante donde la pro- ducción de muerte se percibe cada vez más cercana, tanto como se afina la mi- rada los autores, que se aproximan a la revelación de un dilema clave en mate- ria de Derechos Humanos: aquellas per-

sonas consideradas responsables o culpa- bles de un acto que supone una sanción legal y/o moral carecen de derechos a la hora de tomar contacto con las agencias de control social estatal, es decir, los auto- res de supuestas acciones delictivas nun- ca son vistos como víctimas en el marco de las consecuencias de esas acciones. Pa- ra ser considerado víctima de la violen- cia institucional-estatal hay que demos-

trar inocencia.

Este enunciado imponente al que arribaron los investigadores, aparece a partir del trabajo sobre dos cuestio- nes nodales que guían el estudio: por un lado, la problematización de la es- trecha ligazón existente entre sistema penal –prácticas-discursos policiales y judiciales– y el derecho humano a la vi-

da de los delincuentes, analizando espe-

cialmente su “eliminación”, producto de los denominados enfrentamientos, justificados institucionalmente y am- parados y justificados por amplios sec- tores sociales, como resultado inevitable en el marco de la “lucha y comba- te contra el delito”. Por otro, a través del análisis de la producción mediá- tica, se indagó en la constitución de un consenso (casi) unívoco, median- te una masa discursiva que amplifica y fundamenta la construcción de una determinada mirada con respecto a la problemática del delito y de la “delin- cuencia”. Sobre esto último se proble- matizó especialmente el rol de los me- dios de comunicación en el proceso de “naturalización” de las muertes de los ‘delincuentes’.

Este es uno de los aportes más va- liosos del libro, el despliegue dual del análisis del objeto de estudio, inda-

gando y problematizando el “fenó- meno” no sólo como despliegue de “violencia física-material”: la muerte de

los delincuentes a manos de la policía sino

también, en tanto “violencia simbóli- ca” (Bourdieu), evidenciando el proce- so que lo invisibiliza, estatuyéndolo y legitimándolo como hecho normal en el actual “estado de guerra contra el de- lito”.

Debatiendo con las premisas dis- cursivas propias del estado de excep-

ción (Agamben), los autores parten de

una evidencia contundente: el Estado

argentino mata y lo hace regularmente.

Dicho enunciado les permite mostrar los vasos comunicantes entre el pa- sado dominado por el terrorismo de Estado y el presente Estado de dere- cho, respaldando tal premisa con un primer dato duro que alerta sobre la dimensión y gravedad del fenómeno: “al menos 2.066 civiles murieron en ‘hechos de violencia con participación de funcionarios policiales y de seguri- dad’ entre 1996 y el primer semestre de 2006, sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano Bo- naerense, esto implica un civil muerto cada 44 horas”.

En el análisis de estos hechos, Muer-

tes silenciadas se distingue por abordar

esta construcción social a partir de las prenociones (Durkheim) de los pro- pios actores y las agencias en que se insertan. Esta relevante decisión me- todológica tuvo por objetivo promo- ver una ruptura que evite esenciali- zar esas mismas prenociones, las que puestas en circulación por el sistema penal, recorren el sentido común y co- bran fuerza de evidencia al integrar- se en estrategias de sostenimiento del orden social. Específicamente, han tra- bajado con las categorías de “delin- cuente” y “enfrentamiento” tratándo- las como enunciados (Foucault), bus- cando conocer las reglas de su sentido y evidenciando sus efectos de verdad. En lo que se refiere a la categoría de “delincuente”, fue decisión de los investigadores seleccionar a este tipo específico de muertos: aquellos que ya habían sido etiquetados como ta- les, dado que sus muertes se presen- tan menos problematizadas y a su vez, permiten dejar de lado todas las cir- cunstancias que disculpan a la agen- cia policial, estableciendo una distan- cia con el accionar normal de la insti- tución: el error, la impericia, el exceso, etc.

goría “delincuente” se presenta como clave, en tanto se constituye en el prin- cipal campo de lucha en el cual se le- gitima o se pone en crisis el uso de la fuerza por parte de la policía. Fue con este sentido, ir tras los indicios de la violencia simbólica, que los autores se propusieron salir al exterior de la ins- titución policial para evitar, además, los argumentos sobre la disfunciona- lidad de esta institución, ampliando de este modo sus campos de análisis a la justicia y los medios de comuni- cación. De este modo logran evitar la tesis de la “manzana podrida” en el análisis intrainstitucional (sujeto des- viado) e interinstitucional (institución maldita), apostando la mirada sobre las relaciones de fuerza dentro del sis- tema.

En cuanto a la categoría de “en- frentamiento” es pertinente mencio- nar que hace referencia a la nomina- ción que emplean los actores integran- tes de las diferentes agencias para sig- nificar la representación de una lucha simétrica entre delincuentes y agentes de la fuerza policial estatal. A través de este enunciado se revela además, la existencia de una guerra, un enemi- go y un objetivo que prevalece a cual- quier consideración: atraparlo vivo o muerto.

Realizando un análisis más minu- cioso sobre la construcción de este “es- cenario bélico” que aparece en los dis- cursos, se observa que el mismo se ca- racteriza por una gramática de igual-

dad en desventaja cuyos conceptos tron-

cales son: por un lado la inequidad, en tanto la policía no puede actuar –como losdelincuentes– fuera de la ley y, por otro lado, simetría respecto de su con- trincante para el combate del delito (el delincuente). Estos conceptos resultan posibles solo a partir del no reconoci- miento del carácter estatal de las facul- tades punitivas otorgadas a las “fuer- zas de seguridad”.

En este sentido, los autores han lo- grado demostrar –a través de la reali- zación de entrevistas, análisis de nor- mativa, fallos judiciales y noticias pe- riodísticas–, que en los discursos y prácticas de las diferentes agencias es- tudiadas los delincuentes nunca apare- cen como víctimas de la acción letal del Estado, sino que siempre se pre- sentan como victimarios, seres peli- grosos, irracionales, entes monstruo- sos.

El denominador común que traspa- sa los 3 campos de estudio (policía,

justicia y medios de comunicación) y les permite a los autores evidenciar la producción de muerte en tanto hecho social complejo, efecto sistémico de conjunto, se encuentra en estas dos ca- tegorías ideológicas –delincuente y en-

frentamiento– que las 3 agencias com-

parten y que este estudio se ha pro- puesto des-naturalizar.

Cuando se produce un “enfrenta- miento” en el cual algún “delincuen- te” muere, la policía es quien anoticia del hecho tanto a la justicia como a los medios de comunicación. En el caso de los medios –el análisis se realiza sobre los diarios Crónica y Clarín– su fuen- te de información privilegiada son las agencias de noticias, las cuales a su vez tienen como fuente única a la poli- cía. Se destaca además, que dadas las diversas lógicas de “censura estructu- ral” que padecen los medios de comu- nicación masiva (el tiempo y las exi- gencias de comercialización), se pro- ducen determinadas condiciones que hacen noticiable o no la muerte de un “delincuente”, la cual solo aparece si el hecho es especialmente llamativo y puede generar ventas. Si esto efectiva- mente se concreta, el relato de los he- chos se presenta reproduciendo la ver- sión policial.

En cuanto a la justicia, la muerte lle- ga al juez o al fiscal a través de un sumario de prevención realizado por la policía, donde en una primera ins- tancia se decide si se iniciará investi- gación judicial por la muerte del de-

lincuente o sólo se investigará el delito

previo. En el análisis de las entrevistas realizadas se observa que para los ope- radores judiciales el escenario es el en-

frentamiento, donde la acción comien-

za con la comisión de un delito y los roles están definidos de antemano. El

delincuente lo es antes de ser condena-

do por tanto no puede pensarse como víctima de un delito, la fuerza policial se ubica en el rol del legítimo comba- tiente del delito y por tanto su accio- nar no es cuestionado. En los dichos de los funcionarios los delincuentes siem- pre son culpables por haber cometido un delito previo, lo cual lleva a que se considere su responsabilidad en pri- mer lugar y es esta culpabilidad la que los priva de ser considerados víctimas de un delito. La valoración, lo impor- tante del hecho, es el delito que le da origen a la cadena de acciones que cul- mina en el enfrentamiento y la muerte. Este hecho reviste una fuerza de una magnitud tal que impide que se juz-

gue también la conducta del personal policial como un delito. Así lo expre- sa un fiscal: “. . .siempre que se produ- ce un enfrentamiento y hay una persona muerta, un delincuente muerto, el delin-

cuente es el imputado”.

De esta manera, a lo largo del li- bro se pone en evidencia que la justi- cia y los medios de comunicación no sólo tienen por fuente de información a la propia policía, sino que además reproducen y legitiman la versión po- licial otorgándole valor de verdad. El hallazgo de la indolencia atraviesa ca- da capítulo, mostrando una policía que

mata con gesto despreocupado, una justi- cia que administra expedientes sin investi- gar y una prensa que reproduce el sinsen- tido común policial.

Si bien hay diferentes producciones que se encargan de analizar el poder letal de la policía, este libro se des- taca especialmente por varias cuestio- nes: por un lado, es importante men- cionar que el grupo de investigación ha realizado relevamiento y análisis de datos a través de diferentes fuen- tes para los 3 campos de estudio abor- dados. Se destaca, asimismo, el “tra- tamiento colectivo” de las muertes, es decir que, si bien se hace mención a casos emblemáticos, no sólo se ocu- pan de estos, sino que el análisis busca trascender las particularidades a par- tir de una lectura transversal-integral sobre el poder letal del sistema pe- nal. Del mismo modo, cabe subrayar la contundente fundamentación meto- dológica, que les permite distanciarse de la “conciencia moral común” que atribuye estos hechos a excesos, ma- las prácticas de carácter individual o irregularidades que caen bajo el am- bigua denominación de “gatillo fácil”, resignificando estos hechos como “ac- cionar letal sistemático y naturalizado que instrumentan las fuerzas policia- les”. Finalmente, el abordaje múltiple del objeto de estudio a través de las di- ferentes agencias que intervienen en la producción de muerte, hacen a este li- bro único.

Para concluir, es importante men- cionar uno de los objetivos y compro- misos políticos que ciñen esta inves- tigación: dar cuenta de la continui- dad entre pasado y presente que re- viste este dispositivo de muerte don- de se combinan las prácticas y discur- sos de las fuerzas represivas con las propias de los actores integrantes de agencias civiles. Como señala Daroqui enCuerpos castigados, hoy como ayer,

“la desaparición, la muerte y la tor- tura no son sólo ‘patrimonio’ de las fuerzas armadas y de seguridad, sino que hicieron/hacen falta muchos civi- les para efectuarlas y para encubrirlas, la violación sistemática a los derechos humanos no fue ni es posible sin la ar- ticulación entre civiles y fuerzas de se- guridad”.

De este modo, en Muertes silencia-

das queda develado este dispositivo de

muerte que no sólo asesina sino que construye sus víctimas como otro eli- minable, donde los sujetos residuales

son portadores de una peligrosidad que les confiere el lugar del enemi- go, los cuales no registran otra atención que aquella que el sistema penal les presta a través de sus distintas agen- cias: policía, justicia y cárcel. Este he- cho, la gestión penal de la excedencia, ha convertido hoy la cuestión social en un capítulo más de la cuestión crimi- nal.

Finalmente, haciendo honor a las

microbatallas que nos propone librar Muertes silenciadas, debemos mencio-

nar que si bien el trabajo de campo de

este estudio se llevó a cabo entre 2004 y 2006 la producción de muerte como efecto de conjunto propio del sistema penal argentino sigue intacto y con- tinúa desplegándose en la actualidad con todo su esplendor, prueba de ello es que al momento de escribir este do- cumento se cumple un año de la des- aparición de Luciano Arruga.

Buenos Aires, 31 de enero de 2010