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Diff and Merge U

5 Pur for Newspeak—P N S

5.4 User Interface

5.5.3 Diff and Merge U

entte los valores que más apreciamos, de

manera muy similar a la Uíada, cuando Cresida

se sintió dividida entre el «amor eterno» que

había sentido por Troilo y el nuevo amor que

sentía por Diomedes. (Troilus and Cristyde.

Reimpresión de William Morris: Ornamentation &

Illustrations from the Kelmscott Chaucer.)

es una teoría que predefina de qué son y de qué no son capaces las mujeres.

Tan sólo

estamos

empezando a pensar en profundidad en las similitudes y diferencias entre hombres y mujeres. En esta primera etapa de nuestra investigación, nadie sabe con certeza cuáles de las capacidades y características de personalidad son

inmanentes en hombres y mujeres y cuáles les han sido impuestas culturalmente. Al igual que todos los temas referentes a la dicotomía naturaleza /educación, la situación es compleja y no se presta a generalizaciones fáciles. No obstante, está claro que los hombres han limitado de manera artificial las posibilidades sociales de las mujeres en prácticamente todas las culturas. Las mujeres actuales están demostrando que pueden hacer cualquier cosa que pueda hacer un hombre si la oportunidad se presenta.

Como fue prácticamente el caso de todos sus demás descubrimientos, Jung llegó a este concepto de anima/animus al principio por necesidad, y lo fue desarrollando con el tiempo a medida que se incrementaban sus conocimientos. Como recordarán del capítulo 4, éste fue el mismo patrón que Jung siguió al desarrollar su teoría de los tipos psicológicos. Al principio pensó que era suficiente separar las personas en introvertidos, que experimentaban el mundo de manera subjetiva, y extravertidos, cuya experiencia del mundo era objetiva. Supuso que los introvertidos principalmente piensan bien las cosas, mientras que los extravertidos responden a las personas y objetos del mundo a través del sentimiento. Gradualmente se fue dando cuenta de que el pensamiento y el sentimiento (y más adelante la sensación y la intuición) eran dimensiones independientes de la personalidad, que podían ser introvertidas o extravertidas.

Asimismo, el concepto inicial que Jung tenía de la sombra como el «otro» que representa nuestras características reprimidas o no desarro- lladas estaba mezclado con el concepto de la sombra como figura arquetípica que personifica el mal. Como la sombra, al igual que cual- quier otra invariante cognitiva, es algo colectivo, nunca podemos llegar a su fin. Una vez integramos todas nuestras cualidades personales de sombra, seguirán existiendo otras que son tan ajenas a nosotros que nunca las integraremos en nuestra personalidad. En el inconsciente inevitablemente quedarán asociadas con el mal, ya que están tan ale- jadas de nuestra experiencia. Pero ello no significa que la sombra sea malvada, ni tan siquiera la sombra colectiva que queda después de haber integrado nuestras cualidades de sombra personales. Sólo significa que la relación entre consciente e inconsciente es demasiado compleja para poder ser clasificada fácilmente.

Jung siguió preocupándose por el concepto del mal durante toda su vida profesional, y siguió hablando de ello en sus últimos escritos. Aunque queda claro en sus ensayos que era perfectamente consciente de lo que acabo de mencionar, nunca hizo una separación tan clara del tema como hizo con los tipos psicológicos. Por desgracia el concepto de anima/animus sufre de la misma falta de discriminación clara.

Jung desarrolló por primera vez el concepto de anima/animus al mismo tiempo que su teoría de los tipos psicológicos. Al final de

Psychological Types63, Jung incluyó 80 páginas de definiciones. Cada

definición era un maravilloso mini-ensayo que resumía las ideas de Jung en esta primera fase de su pensamiento. La definición en cuestión no se llama anima ni animus, sino alma. Jung sostenía que todos contenemos una personalidad autónoma, que estructura nuestra vida interior, y que proyectamos sobre el mundo. Esta personalidad es lo que hombres y mujeres han denominado alma a lo largo de la historia.

Jung pronto se dio cuenta de que necesitaba encontrar un término neutral que no tuviera las connotaciones religiosas (especialmente cristianas) que «alma» había ido adquiriendo con los años. El concepto religioso de alma tiene una historia muy larga, que se remonta a la India hace casi tres mil años. Con el transcurso de los milenios, ha ido adquiriendo un sombreado de capas doctrinales específicas de las culturas en las que fue evolucionando. Por ejemplo, según se enseña en el cristianismo actual, el alma es la parte eterna de una persona que habita en el cuerpo mientras vivimos y después lo abandona al morir. Esto no es a lo que se refería Jung con el término alma. Habría sido una tarea inútil que Jung pidiera a los hombres y mujeres contemporáneos que dejaran a un lado todo lo que habían aprendido sobre el alma durante su desarrollo, para regresar a su propia experiencia personal. Así que necesitaba un término nuevo.

El amplio conocimiento que Jung tenía sobre sueños, mitos y cuentos de hadas le convenció de que los hombres experimentaban su alma como algo femenino y las mujeres como masculino; por lo tanto, decidió utilizar los términos latinos anima y animus como sustitutos de alma. En su breve ensayo sobre el alma incluido en Psychological Types, este concepto era todavía tan nuevo que sólo utilizó la palabra anima dos veces y animus una sola vez. Pero después de haber llegado a estos términos, los utilizó exclusivamente durante el resto de su vida y nunca volvió al concepto de alma.64

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