• No results found

8 Summary and Outlook

Tanto si los seres humanos poseen como si no capacidades y caracte- rísticas innatas basadas estrictamente en su género, la cultura nos ha obligado a una separación de capacidades. Hasta hace muy poco tiempo, los roles de hombres y mujeres han estado claramente divididos. Debido a esa división, que dura ya milenios, ciertas maneras de relacionarse con el mundo han llegado a ser representadas en el inconsciente por mujeres, otras por hombres. Encontramos anteriormente una situación similar con el tema de la sombra. Los temas de sombra son representados en los sueños de una persona de raza blanca por negros o

indios, etc. (y naturalmente, los blancos representan la sombra de los negros, etc.) independientemente del racismo o no racismo del soñante. El inconsciente es una fuerza de la naturaleza como el mar o los vientos; al igual que esas fuerzas de la naturaleza, el inconsciente es inmune a nuestros juicios morales.65

No todos nacemos con capacidades y necesidades idénticas, como ya mencionamos en nuestra discusión sobre los tipos psicológicos. Jung identificó algunas de esas diferencias (extraversión e introversión, pensamiento, sentimiento, sensación e intuición) como funciones psicológicas separadas. Cada uno de nosotros nos concentramos en nuestros puntos fuertes (las capacidades contenidas en nuestra función superior) hasta que están bien desarrollados (por ejemplo, el pensamiento). Después nos centramos en desarrollar una o ambas funciones auxiliarías. (En este ejemplo, serían la sensación y la intuición.) Probablemente nunca llegaremos a desarrollar al completo esas funciones auxiliares, ciertamente no al mismo nivel de nuestra función superior, pero podemos avanzar mucho.

Pero la función inferior (sentimiento, en este caso) es otra historia. Como ya vimos en nuestra exposición de la sombra, finalmente alcanzamos un punto en que ya no podemos vivir sin la función inferior. Eso es porque es la única puerta a la experiencia numinosa del inconsciente colectivo. Es esta búsqueda de lo numinoso lo que nos fuerza a tener finalmente un encuentro con la sombra.

Una vez nos hemos relacionado satisfactoriamente con todas las partes de nuestra función inferior (representada por alguien del mismo sexo), el inconsciente tiene que producir figuras del sexo opuesto. No tiene ninguna otra posibilidad. Esto no tendría por qué ser necesariamente así en una cultura donde existiera poca separación entre los roles masculinos y femeninos. Nuestros sueños seguirían utilizando figuras del mismo sexo, y la ambigüedad que estoy describiendo no existiría. Por supuesto, también es bastante probable que en una cultura así la sombra no sería necesariamente una persona del mismo sexo del soñante. La fórmula junguiana tradicional del mismo sexo = sombra, sexo opuesto = anima/animus dejaría de ser relevante. Pero no vivimos en una cultura así, y por cuanto podemos determinar en este punto de nuestros conocimientos sobre el género, no ha existido ninguna cultura de esta índole hasta la fecha.

... si, como resultado de un largo y profundo análisis y la retirada de proyeccciones, el ego ha empezado a separarse satisfactoriamente del inconsciente, el anima gradualmente cesará de actuar como una personalidad autónoma y se convertirá en una función de relación entre consciente e inconsciente.66

65 Esta es una razón excelente por la cual el inconsciente, tal como se expresa en los sueños, no debería ser obedecido ciegamente.

El separar estas figuras de sombra contrasexuales de las que representan el anima/animus como función impersonal no es precisamente fácil, y además Jung no le dedicó excesiva atención. Es un problema suficientemente serio como para descartar el modelo junguiano de anima/animus por completo, pero eso sería como tirar al niño con el agua de la bañera. Parece ser cierto que estructuramos la realidad mediante una invariante cognitiva, que parece personificarse en el inconsciente como una figura del sexo opuesto. Es sólo que no todas esas figuras representan esa función. Bueno, la vida es dura, ¿no?

Afortunadamente, podemos hacer gran parte del trabajo psicológico necesario sin reconocer en absoluto la distinción que acabo de hacer. Hasta el punto en que un hombre normal de nuestra cultura se vaya volviendo más sensible y receptivo (las necesidades normales de un hombre occidental cuando ha agotado la sombra masculina), o una mujer aprenda a discriminar y a reafirmarse (las necesidades normales de una mujer occidental después de integrar su sombra femenina), ambos integrarán el aspecto contrasexual de la sombra y empezarán a relacionarse de manera más consciente con el anima/animus.

La parte difícil, incluso en nuestra época algo más esclarecida, es que un hombre reconozca que una mujer puede tener rasgos de carácter que él necesita y desea (y viceversa). Pero, una vez más, a riesgo de hacerme pesado, diré que estos rasgos no son necesariamente fijos para hombres y mujeres de todas las culturas y épocas. E incluso dentro de nuestra propia cultura, encajan muy bien en algunos hombres y mujeres, en otros algo menos, y en otros prácticamente nada.

El tema se ve mucho más claramente en el caso de esos miembros de cada sexo cuyos puntos fuertes y débiles no son considerados normales en nuestra cultura para alguien de su sexo. Recuerden el ejemplo de la niña con habilidades mecánicas reprimidas. Es muy difícil que encuentre modelos entre otras mujeres; se verá en gran parte forzada a buscar entre los hombres esos rasgos particulares de personalidad que sólo los hombres poseen en gran número en nuestra cultura. Asimismo, los hombres tienen que dejar de preguntarse, como el profesor Higgins de

My Fair Lady. «¿Por qué una mujer no puede ser más como un hombre?»

Los hombres tienen que empezar a preguntarse: «¿Cómo puede un hombre ser más como una mujer?» (sin dejar de ser un hombre).

En los años ochenta se dieron muchos intentos breves de resolver este problema mediante la androginia: ¿recuerdan lo estimula-mente (y un poco alarmante) que al principio nos parecía Boy George, con su maquillaje, su manera femenina de vestirse y de actuar? O recuerden a Grace Jones, con su aspecto como un cruce entre una amazona y un ama dominante. Estas imágenes ahora nos parecen blandas y algo más que estúpidas. La androginia sexual no

es el objetivo; es sólo un intento intermedio de probarse las carac- terísticas que asociamos con el sexo opuesto durante un tiempo, para descubrir cómo se siente uno con ellas. A la larga, los hombres tienen que volver a ser hombres, las mujeres a ser mujeres, dentro de sus culturas, pero con una visión más amplia con la cual poder observar la realidad.

EL ANIMA/ANIMUS COMO ARQUETIPO DE

Related documents