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Key findings

4.3 Differences between highest and lowest attainers

Se había planteado que a excepción de la fe, ningún lenguaje o discurso racional traduce el sentido simbólico y sapiencial de la polifonía de los lenguajes bíblicos. Para Ricoeur el único lenguaje que expresa y comunica en la clave del lenguaje bíblico puede ser el

poético. “El discurso poético, en el sentido etimológico de la palabra, se mantiene no ya en

el nivel de los argumentos, como en la filosofía, sino de las fuentes de creación y de la

regeneración”156.

El lenguaje bíblico en su expresión de discurso hablado y escrito es análogo al lenguaje

poético, “allí pues el lenguaje se celebra así mismo o si parece referirse a algo, es la medida

en que expresa emociones que son totalmente subjetivas y que no agregan nada a la descripción del mundo. Ahora bien, nombrar a Dios es, en el mejor de los casos, una actividad poética, sin incidencia sobre descripción, es decir sobre el conocimiento

verdadero del mundo”157.

En la analogía con lo poético el texto bíblico muestra el sentido de su lingüístización en la mediación de la fe, pues es en esto que desborda aquellos lenguajes puramente referenciales, orientados a la adecuación y función descriptiva. El sentido de los lenguajes presentes en lo profético, la parábola, lo sapiencial, lo apocalíptico, ente otros, no aumentan en el sujeto la información cognoscitiva de los objetos, pero si, el horizonte de sentido de sí mismos y del mundo de la vida, porque constitutivamente son existencia espacio-temporal, es decir, existencia histórica158.

156Ricoeur, “El carácter hermenéutico común a la fe bíblica y a la filosofía”, en Fe y filosofía, 193. 157 Ibid, 92.

158 En esta posición, de nuevo Ricoeur es cercano a Heidegger: “el ser del hombre reside en el habla”,

El lenguaje poético no encaja en la dinámica de la tradición metafísica, en la que el énfasis recae en la adecuación y la verificación, resultado de una relación del sujeto con los objetos. Lo captado en las emociones del discurso poético no se agota en la trama

cognoscitiva al que occidente nos acostumbró, pues “revelar es descubrir lo que hasta ese momento permanecía oculto”159.

Hay modalidades de nuestra pertenencia al mundo que no se agotan en el recurso descriptivo, lo que permite al acudir a ellas abrir otros horizontes de sentido en que se proyectan mis posibilidades. En este sentido, nombrar a Dios en la forma del lenguaje bíblico señalado hace parte de una forma que Ricoeur llama lenguaje originario, cuyo sentido no encaja en los acostumbrados discursos descriptivos, especulativos, filosóficos, teológicos, onto-teológicos, entre otros.

Para evitar las miradas segadas e imposiciones comprensivas e interpretativas, se requiere asumir una cierta precaución que evite el predominio de los discursos que absolutizan en escenarios donde su competencia es limitada. Hay sesgo cuando se cree que el camino del conocimiento y la verdad es sólo uno, por lo que la teología, dado su carácter de inspiración bíblica debe asumir ciertas precauciones. Esto no debe llevarse al extremo de que los juegos de lenguajes bíblicos no requieran relaciones y contextualizaciones teológicas en diálogo con otros saberes, porque entonces la teología se aísla y pierde capacidad para apropiar y contextualizar sus problemas.

Lo importante es que la interdisciplinariedad y el reconocimiento de los otros saberes no niegue y eclipse lo propio, que en el caso de la teología es el lenguaje de la fe y la revelación, pues allí está su peculiaridad en la interlocución. En el hecho de recordar su identidad al ámbito bíblico-teológico contribuye a rescatar las modalidades originales del

Heidegger, Martin, “El camino del habla”, en De camino al habla. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1979, 215-243.

lenguaje, “por las cuales los miembros de la comunidad de la fe han interpretado su experiencia para sí mismos y para los otros. Allí es donde Dios ha sido nombrado”160. El acto bíblico-teológico de nombrar a Dios recurre a las instancias originarias del lenguaje, lo cual no corresponde a una única forma. La Biblia nos recuerda la polifonía de lenguajes en que Dios ha hablado a los hombres y mujereras a través de la historia: proverbial, parabólica, apocalíptica, profética, hímnica, plegaria, litúrgica sapiencial, narrativa, entre

otras. “De manera que la nominación de Dios es, ante todo, una nominación narrativa. La teología de las tradiciones nombra a Dios en concordancia con un drama histórico que se cuenta como un relato de liberación. Dios es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Es el

actuante de la gran gesta de la liberación”161.

En la comprensión ricoeuriana, nombrar a Dios es una confesión narrativa de la comunidad de sentido, pues en lo que se cuenta a través de las distintas tipologías de la palabra, Dios es nombrado. En esto, antes que la palabra, Ricoeur pone en primer lugar el acontecimiento, la presencia, el vestigio de Dios que está en la historia162, puesto que “la palabra es segunda, en tanto confiesa la huella de Dios en el acontecimiento”163. Nombrar a Dios tiene distintas tipologías testimoniadas por la Biblia:

De manera que Dios es nombrado diversamente en la narración que Lo cuenta, en la profecía que habla en Su nombre, en la prescripción que Lo designa como fuente del imperativo, en la sabiduría que Lo busca como sentido del sentido, en el himno que Lo invoca en segunda persona. Por ello el termino Dios no se deja comprender como un concepto filosófico, sea el ser en la filosofía medieval o en el sentido de Heidegger. La palabra de Dios dice más que el término Ser, porque presupone todo el contexto de los relatos, de las leyes, de las profecías, de los

escritos sapienciales, de los salmos, etc. El referente “Dios” resulta pues

focalizado por la convergencia de todos esos discursos parciales. Expresa la

160 Ibid, 95. 161 Ibid, 95.

162 Esta dimensión contextual que debe tener el hecho de nombrar a Dios está claramente especificada en la

siguiente afirmación de Parra: “Cuando teologizar no está ligado a experiencias históricas, el procedimiento teológico prescinde de la memoria narrativa y entonces elucubra en lugar de referir y de narrar. Y así no es el Evangelio. La teología de Israel y del Nuevo Testamento es evocación interpretativa de experiencias históricas concretas; narradas, no elucubradas; testimoniadas, no aprendidas; expresada simbólicamente, no conceptualizadas en una lógica establecida”. Cf. Parra, Alberto, Textos Contextos y pretextos, 297.

circulación del sentido entre todas las formas de discurso donde se nombra a Dios164.

El sentido poético165 contribuye así a desenmascarar y superar las traducciones apegadas al

dato de la conciencia y las metodologías estructuralistas, que asumen “las escrituras, en el sentido de una palabra insuflada en los oídos de un escritor”166. La perspectiva poética al asumir que la Biblia es un gran poema funge de hermenéutica específica al interior de una hermenéutica más general y fundamentada, tanto filosófica como teológicamente. Su logro consiste en desenmascarar y desmontar la acostumbrada fórmula psicologista de que la conciencia es la fuente de los contenidos que se comunican como conceptos167. Esta hermenéutica se constituye como resultado de un proceso complejo de implicación del ser humano, en tanto existenciario que se testimonia y hace experiencia en el vivir con los otros comunitariamente.

En su versión coextensiva con lo poético, la hermenéutica ricoeuriana cuestiona el acaparamiento del conocer y el sentido por parte de un saber gestado en la relación sujeto-

objeto. Su reacción, “se hace para decir que la problemática de la objetividad presupone, como anterior a ella, una relación de inclusión que engloba al sujeto pretendidamente

autónomo y al objeto pretendidamente anverso”168. Esta realidad en la que están escindidos sujeto y objeto, se integra y complementa en el giro lingüístico-pragmático de los lenguajes.

El lenguaje poético, que según Ricoeur es el lenguaje propio de la Biblia169, sobrepasa de cierta manera para la comprensión e interpretación, la referencia positivista, anclada en el lenguaje descriptivo y de la adecuación del sujeto con respecto a las cosas, para garantizar

164 Ibid, 98-99.

165 Ricoeur, A hermenéutica bíblica, 20-22.

166Ricoeur, “Hermenéutica de la idea de revelación”, en Fe y filosofía, 159. Este apartado también aparece

previamente en versión francófona como: La Révélation. Bruxelles: Facultés Universitaires Saint-Louis, 1977.

167 Sobre esta tensión entre el conocimiento que tiene asiento en la conciencia y el conocimiento como

apropiación existencial es pertinente revisar la discusión entre el filósofo Karl Jaspers y el Teólogo Rudolf Bultmann. Cf. Bultmann, R. y Jaspers, K. “La desmitologización del Nuevo testamento. Una polémica”, en Jesús. La desmitologización del Nuevo Testamento, 153-252.

168Ricoeur, “Hermenéutica de la idea de revelación” en Fe y filosofía, 162.

169 La Coque, André y Ricoeur, Paul, Pensando biblicamente. Bauru Brasil: Editora da Universidade do

la verificación170. Esta mirada no tiene la pretensión esencialista de decir cómo son las cosas en sí, sino en cambio, su interés está dirigido a la apropiación del sentido en su emergencia histórica. Parece que la riqueza del lenguaje poético está en su aparente

ficción, donde las cosas ganan actualidad y resignificación.

La perspectiva poética en el contexto bíblico-existencial es importante, por lo que funge de sustento en la comprensión de la autonomía del texto y el proceso en que éste se produce, debido a que facilita la exterioridad de la obra y proyecta el mundo del texto al liberarlo del mundo del autor. En esto, otra vez coinciden Ricoeur y Heidegger, cuando el primero plantea: “esta emergencia del suelo primordial de nuestra existencia, del horizonte

originario del ser-ahí es la función revelante coextensiva con la función poética misma”171. La narración, la profecía, la prescripción, la sabiduría y el himno, son expresiones de ese sentido coextensivo de la revelación Bíblica y el lenguaje poético, que visualiza el sentido de la acción de Dios más allá del estrecho margen de un discurso de adecuación que describe, muestra didácticamente e informa. La paradoja en esta perspectiva poética consiste, aunque Ricoeur la identifica como arreligiosa, sin embargo, es a través de ella que restaura la comprensión de revelación bíblica, partiendo de lo que él llama un lenguaje originario.

La circularidad de los lenguajes bíblicos que revelan en palaras las acciones de Dios expresan un sentido cuando se asumen a la manera de los lenguajes poéticos. El texto

170 Esta búsqueda por avanzar en los lenguajes propios de la Biblia y de la fe cristiana, motivan las preguntas

y aportes que en esta perspectiva se planteara un conocedor como pocos de los lenguajes de sabiduría de las religiones, como es José María Mardones. En este sentido es punto de referencia su obra: Mardones, “Qué clase de racionalidad accede a la religión”. En: Síntomas de un retorno, 117-155. En esta clave de comprensión se rescatan algunas de sus ideas: <<No hay una razón tan poderosa como para conocer la realidad en su objetividad pura, ni para asentar verdades sobre una piedra angular inconcusa, ni para dar con la clave del sentido de la vida y la historia. La debilidad del pensamiento parece ser la ocasión para que renazca la credulidad. El descentramiento de la otrora poderosa razón ha conducido a abrir varias vías de acceso a la experiencia religiosa de esta relación con el Misterio. Antes que la reflexión sobre Dios está la experiencia de Dios. La forma de acceder a un cierto amanecer del sentido, de lo sagrado, en cuyo claro trasfondo podemos volver a comenzar la aparición de Dios y de los dioses, es recorrer la vía del conocimiento débil y desasido.El pensamiento no es lo primero del ser humano, pues la experiencia fundamental es la relación o el encuentro entre las personas. Es más importante la relación que el conocimiento; es más importante el Dios de la plegaria y la invocación que el deducido del mundo o de un razonamiento a priori y enunciado en una proposición>>.

bíblico es revelador en la media que el lector descubre que en el compendio de lenguajes que estructuran la escritura hay un especie de sustento o lenguaje transversal que se asemeja al sentido de lo poético. De esta manera, la obra en el tiempo y frente a las sucesivas comprensiones e interpretaciones, expresa un sentido liberado del sentido primigenio que le imprimió el autor del texto, logrando con ello captar la “cosa” del texto o

mundo de la obra172.

En consecuencia, es importante para la traducción bíblico-teológica precisar la amalgama de componentes que sustentan la comprensión ricoeuriana, en la que lo poético funge como el sentido del lenguaje que funda e integra:

Sobre esta triple base –de la autonomía por la escritura, de la exteriorización por la obra y de la referencia a un mundo- yo edifico el análisis, central para la discusión, de la función reveladora del discurso poético. (….). Mi convicción más

profunda es que solamente el lenguaje poético no restituye una pertenencia a un orden de cosas que precede a nuestra capacidad de oponer estas cosas como objetos que enfrentan a un sujeto. En mi opinión, la función poética del discurso se ordena a que el fondo de pertenencia surja de las ruinas del discurso descriptivo173.

La prioridad en lo planteado consiste en no perder de vista la perspectiva poética para determinar cómo encaja en las coordenadas epistemológicas y metodológicas que ponen piso al núcleo de la investigación. Se trata de las relaciones entre el actuar de Dios y las acciones humanas, un ámbito fundamental para una teología de la acción que se inspira en el giro de la comprensión de revelación de la DV 2, en lo referente a hechos y palabras. Si los testimonios de la tradición bíblica constatan el esfuerzo de los cristianos de recurrir a las distintas formas del lenguaje para nombrar una realidad innombrable como la de Dios, entonces siguiendo el contexto histórico de la DV, ¿cómo nombrar a Dios en el ámbito de una teología de la acción que vincule la divina revelación en la relación entre hechos y palabras y el actuar humano?

172 Ibid, 163.

2.3. Aproximación a la revelación en la circularidad de los lenguajes