Key findings
3.4 Pupils’ experience of learning mathematics
En la fe como base de la interpretación Bíblica, Ricoeur reconoce una peculiaridad de sentido, consistente en que ninguna palabra, discurso o escritura la traduce plenamente148. Por esto la contribución de la hermenéutica bíblica como parte de la hermenéutica existencial es fundamental, ya que constituye un potencial interpretativo irremplazable para desvelar el sentido de la revelación en la historia149.
adquieren un matiz descentrado y concreto de la responsabilidad del hombre, cuando en función de su libertad actúa.
147Ricoeur, “manifestación y proclamación”, en Fe y filosofía, 84.
148 Este planteamiento de Ricoeur, tal vez, va en contravía de la posición de habermasiana cuando plantea por
una parte que los ciudadanos religiosos en la esfera pública no pueden expresarse en un lenguaje meramente cifrado o críptico, bajo la excusa de que la fe que profesan corresponde a un misterio revelado, imposible de comunicar racionalmente e ininteligible a los argumentos de la razón. En la esfera pública donde confluyen pluralidades de credos, cosmovisiones agnósticas y ateas, las religiones deben traducir sus horizontes de sentido a reflexiones y argumentos que puedan ser captadas por los distintos matices comprensivos que entretejen la convivencia en el marco de una sociedad deliberativa. A esto agrega Habermas: “(…,) y deben haber armonizado su fe con el privilegio epistemológico de las ciencias socialmente constituidas, con el primado del Estado laico, y con la moral universalista de la sociedad”. Habermas, Jürgen. Ente naturalismo y religión. Barcelona: Paidós, 2006, 12. Por otra parte, los ciudadanos no religiosos deben asumir una actitud de apertura ante las reflexiones y el sentido de la solidaridad que en términos cognitivos expresan los ciudadanos religiosos. Las religiones siguen teniendo reservas de sentido que pueden ser comunicadas por los creyentes a sus conciudadanos no creyentes de manera cognitiva. La convivencia en la sociedad democrática donde conviven múltiples cosmovisiones, exige a los ciudadanos creyentes o no creyentes una actitud autoreflexiva sobre sus respectivos límites. En tal caso, “los participantes que se expresan en un lenguaje religioso también tienen la pretensión de que sus conciudadanos laicos los tomen en serio. Por tanto, éstos no tienen derecho a rehusar de antemano todo contenido racional a las contribuciones formuladas en un lenguaje religioso”. Habermas, Ente naturalismo y religión, 14.
La textualidad y su arraigo escriturístico es una peculiaridad de la fe cristiana150 con relación a otras tradiciones religiosas. Esto implica que nombrar a Dios, comprender su revelación depende también de la comprensión e interpretación de cómo en la tradición la Escritura relata que ha sido nombrado151. Esto es posible, debido a que en la fe cristiana, dado su carácter histórico no es suficiente la tradición dialogal, por lo que en el discurso se produce el tránsito de lo hablado a lo escrito. La tensión entre lo hablado y lo escrito, para la interpretación de la fe cristiana juega un papel fundamental.
En el contexto de esta coyuntura es lícito preguntar: ¿por qué para la fe cristiana el mensaje expresado en el texto es importante? Ricoeur al respecto es explícito:
Al liberarse de la presencia corporal del lector, el texto se libera de su autor, es decir, simultáneamente, de la intención que, según se considera, está expresada en el texto, de la psicología del hombre tras la obra, de la comprensión que dicho hombre tiene de sí mismo y de su situación, de su relación de autor a su primer público, destinatario originario del texto. Esta triple independencia del texto respecto del autor, de su contexto y de sus destinatario primero explica que los textos se encuentran abiertos a innumerables contextualizaciones por la escucha y la lectura, en replica a la descontextualización contenida en potencia en el acto mismo de escribir o más exactamente de publicar152.
La diferencia entre la palabra y la escritura no debe conducir al olvido de que la función
dialéctica del discurso las sintetiza: “El discurso consiste en que alguien dice algo de alguien sobre algo: tal, es la inalienable función referencial del discurso. La escritura no la
suprime, sino que la transforma”153. Mientras el discurso hablado tiene una duración de corto plazo, por lo que su sentido se restringe a la interlocución presencial de los hablantes, la escritura en cambio tiene un sentido abierto para el que sepa leer en cualquier época cercana o lejana, con respecto al contexto que le tocó vivir al autor.
150 Esta peculiaridad no quiere decir que desconozca otras tradiciones que también tienen como elemento
central de su fe la escritura, porque entonces se estaría desconociendo otras tradiciones religiosas cercanas a la cristina, como son el Judaísmo y el Islam.
151Cf. Mardones, José María, ¿De qué modo hablamos de Dios? en Síntomas de un retorno. La religión en el pensamiento actual. Santander España: Sal Terrae, 1999, 138-155.
152 Ricoeur, “Nombrar a Dios”, en Fe y filosofía, 89. 153 Ibid, 91.
Hay expresiones que sintetizan este giro en los discursos: Heidegger habla de comprender como un ser-en-el-mundo; Gadamer habla de la cosa del texto; y Ricoeur cercano a los dos, pero más próximo al contexto de la Biblia y la reflexión teológica, habla del mundo del texto. Dicho en distintas palabras por los tres, hay un punto en común: la importancia que tiene para la interpretación y comprensión el transito del discurso hablado al escrito154.
Por lo tanto, la hermenéutica ricoeuriana, aunque conoce y refleja alguna incidencia en su análisis de vertientes ontológicas y fenomenológicas inspiradoras para su investigación, sin embargo, hay en él una propuesta que sobrepasa las anteriores como ya se ha planteado. Su enfoque no puede ser tildado de descriptivo o cognitivista, ni ontológico-existencial sin más, pues aunque está vinculado de alguna manera con la existencia, no se reduce a ella. Toma distancia por lo que su énfasis está en la “(…), manifestación del mundo por el texto y por la escritura”155. Se había planteado arriba que la escritura en la comprensión
ricoeuriana tiene una importancia fundamental, debido a que en ella el texto está vinculado a las cosas dichas. Esto produce la independencia del texto con relación a su autor.
El distanciamiento de Ricoeur con respecto de Heidegger y Gadamer se concreta en la
hermenéutica de la apropiación o de la identidad, que aunque asoma en los dos primeros
capítulos de la investigación, no obstante, en el cuarto capítulo será tratada detenidamente por el hecho de las exigencias en la profundización de la intención del autor y los componentes exteriores que articulan la acción humana. De esta manera, la hermenéutica de la apropiación será un aliado para profundizar la comprensión del actuar humano en sus componentes personal y social.
Mientras la investigación llega a esa instancia, es necesario seguir el desarrollo de lo que se venía tratando con respecto a la tensión entre lo textual y lo contextual. La interpretación de la tensión entre lo textual y lo contextual trasluce el hecho de que, si los textos en su interpretación revelan algo, no es solamente el resultado de captar en ellos lo que Dios transmite a los autores de los textos bíblicos como cuando alguien te habla al oído. El
154 Las cursivas son mías.
sentido del texto es además iluminador cuando el lector interpreta su existencia a través del horizonte que en la interpretación abre el texto. En esto consiste el carácter histórico de los textos bíblicos al estar vigentes en las mediaciones e interpretaciones de los hombres y mujeres de las comunidades de fe actuales.