7.1 TOE Security Functionality
7.1.5 Discretionary Access Control
Los estudios realizados por Burin y Meler (1998) y por Puyana (2003) coinciden en señalar que en general en los países latinoamericanos coexisten tres tipos de familias con formas diferentes de ejercer la parentalidad: las tradicionales, las en transición y las no convencionales. A continuación vamos a describir algunas de sus características desde el punto de vista de su organización y funcionamiento.
Familias tradicionales
Se caracterizan por poseer una estructura de autoridad donde se evidencia un claro predominio masculino. En ellas existe una estricta división sexual del tra- bajo; el padre es valorado de manera especial por su rol de proveedor y la madre por su papel en las labores del hogar y la crianza de los hijos. El proyecto de vida, la identidad y la autoestima del padre están directamente asociados a su capacidad productiva, mientras que en el caso de la madre los aspectos antes mencionados se asocian tanto al hogar como a los hijos.
En algunas de estas familias se acepta la vinculación laboral de la mujer, sin embargo se conceptualiza como “la última alternativa” y un “mal necesario”
para hacer frente a los gastos derivados de la crianza de los hijos. Ambos padres manifiestan sentimientos de culpa al respecto, el padre por sentir que no cum- ple efectivamente su papel de proveedor y la madre por temor a desatender a los hijos.
Estos padres atribuyen las particularidades de los hijos a factores innatos y se ven a sí mismos con poca capacidad de control e influencia. Muestran preferencia por técnicas de disciplina de tipo coercitivo y proyectan valores diferentes para niños y para niñas. En estas familias los padres tienden a ser autoritarios, a tener poca comunicación, así como expresiones afectivas abiertas hacia los hijos.
Una de las grandes debilidades de estas familias es la rigidez de los roles de sus integrantes, la cual les dificulta la adaptación a circunstancias imprevistas que impliquen una variación en los mismos.
Familias en transición
En estas familias se han transformado considerablemente los roles y las estruc- turas de poder de los contratos matrimoniales tradicionales, aunque éstos no se han revertido por completo y aún conservan vigencia las viejas prácticas y sis- temas de creencias de los integrantes de la pareja.
Los padres de estas familias no perciben como su única tarea la de proveer, la cual aceptan compartir con agrado con la madre, hacen un esfuerzo cons- ciente por diferenciarse del modelo de hombre alienado en el trabajo y con escasa satisfacción con su vida. Vivencian la necesidad de participar en los aspectos relacionados con las tareas domésticas y la crianza de los hijos; aunque es justo señalar que perciben su función, en estas dos últimas áreas, como de apoyo a la tarea de la madre, quien perciben, con la responsabilidad fundamental al res- pecto. También es de destacar que la participación de los padres en las labores domésticas, se concentra de manera especial en aquellas que significan la rela- ción directa con los hijos, pero muy poco en las correspondientes a las tareas cotidianas como cocinar o lavar.
Los padres tienden a compartir autoridad con la madre y a procurar menos castigos físicos ante las faltas de sus hijos, si se compara con la tendencia ante- rior. Mantienen una mejor comunicación, especialmente con los varones, y pre- sentan expresiones afectivas mucho más frecuentes con los hijos y la pareja.
Estas familias ambos padres procuran ejercer una autoridad compartida y, ante las faltas de sus hijos/as, hablan, explican. Eventualmente, aplican el castigo físico, ya que prefieren usar las prohibiciones como forma de control disciplinario y de solucionar los conflictos con los hijos adolescentes. Buscan entablar una relación de confianza, comunicación y cercanía con los mismos, sin miedo a per- der la autoridad; son expresivos en cuanto a los afectos y cariñosos, tienden a
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entablar diálogos acerca de temas como sexualidad. Si bien la vinculación de los hijos a la educación formal es planeada entre ambos padres, aún las madres son más responsables al respecto, convirtiéndose en las que acompañan, controlan y apoyan las actividades escolares de los hijos.
Las mujeres que pertenecen a las familias en transición ya no definen su identidad exclusivamente a partir de su maternidad; además no son amas de casa dedicadas completamente a los hijos y al esposo. Estas mujeres acceden al mercado laboral remunerado y contribuyen al sostenimiento económico de la familia; aunque es conveniente señalar, que muchas de ellas consideran su ingreso como secundario y atribuyen a los hombres la responsabilidad funda- mental en el sostenimiento del hogar.
Esta transición no ocurre sin dificultad para las mujeres, ya que junto a su deseo por realizarse en los distintos campos de la vida pública, se conserva en ellas como resultado de su crianza la idea de los rasgos que establece el para- digma de la buena madre como son: la disponibilidad, la comprensión, el cui- dado y el cariño. Por lo tanto, las dificultades encontradas por las madres para hacer compatibles el trabajo remunerado y la maternidad no son sólo de cues- tiones prácticas, sino también asuntos que tocan a las representaciones que involucra lo que se considera debe ser una buena madre.
El reto para estas mujeres es encontrar una solución a las tensiones que se producen por sus deseos de estudiar, trabajar, tener una pareja y ser madre. Ante el estrés derivado de enfrentar una doble o hasta triple jornada de traba- jo, y el no contar con suficientes ayudas institucionales o por parte de los espo- sos, quienes siguen centrados en su realización profesional como prioridad, las mujeres han acudido a diferentes estrategias. Algunas de estas mujeres, espe- cialmente las de clase socioeconómica alta y media acuden a la contratación de otras mujeres que realicen las labores domésticas que ellas no pueden realizar; otras han optado por trabajar medio tiempo y, otras más han regresado al hogar a la espera de que los hijos crezcan y se liberen un tanto de la ardua tarea de la crianza y el cuidado de los niños pequeños. Este hecho, que viene ocurriendo en muchos países desarrollados desde el decenio de 1980-89, se le conoce como “el regreso a casa” al considerar menos dañino para ellas renunciar temporal- mente al trabajo y aliviar su doble carga, que volver a ser amas de casa y tener una dependencia económica.
Como dijimos con anterioridad, las transiciones en los roles familiares no han ocurrido sin tensiones para la familia y especialmente para la pareja. Muy conflictivo es el punto que trata de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, hecho al cual se le asocian tanto consecuencias positivas como negati- vas. Un ejemplo se ilustra en el estudio realizado por Esquivel y Ramos (2000) donde se preguntó a un grupo similar de hombres y mujeres profesionistas su opinión acerca de las ganancias y pérdidas que percibían del ingreso de la
mujer al campo laboral. Las respuestas estuvieron en función de las ganancias y pérdidas tanto personales, como familiares (con la pareja y los hijos). Los resultados del estudio se muestran enseguida (tabla 3-1, tabla 3-2).
Tabla 3-1. Opinión de hombres y mujeres acerca de las ganancias personales y familiares debido al ingreso de la mujer al campo laboral
Hombres Realización personal
Mejores expectativas de vida Mejor desarrollo intelectual Mayor competencia y superación profesional
Incrementar sus relaciones interpersonales
Autosuficiencia económica Mayor seguridad en sí mismos Mayor autoestima
Ganar el respeto social Reconocimiento social Independencia
Mejora el nivel económico de la familia
Se incrementa la cooperación y ayuda en el gasto familiar
Mujeres
Satisfacción y realización personal Superación personal y profesional constante
Participación activa en trabajos que han sido dominados por los hombres Mayor interacción social
Independencia y seguridad económica
Seguridad en sí misma Autoestima más elevada Se gana el reconocimiento,
valoración y admiración de los hijos Respeto y reconocimiento
de la sociedad
Participa en los proyectos y mejoras de la casa
Mayor capacidad para organizar y administrar el hogar
Participa en la planificación familiar Contribución en el bienestar
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Tabla 3-2. Opinión de hombres y mujeres acerca de las pérdidas personales y familiares debido al ingreso de la mujer al campo laboral
Hombres
Pérdidas personales de las mujeres
Esfuerzo extra para administrar el hogar
Disfrutar menos las etapas del desarrollo de sus hijos
Dedicar menos tiempo al descanso y a las actividades recreativas Aumento de las responsabilidades Si el sueldo es mayor al del esposo aparición de envidias, celos y pleitos entre ellos
Descuido del hogar
Falta de atención y afecto al esposo
Falta de atención, afecto y supervisión a los hijos
Se vuelve prepotente en el hogar Él deja de esforzarse por mejorar sus ingresos
Desintegración familiar
Problemas de comunicación con el esposo y los hijos
Mujeres
Pérdidas personales de las mujeres
Estado de estrés constante por el mayor esfuerzo, dadas las responsabilidades conjuntas del trabajo y el hogar
Multiplicidad de papeles por desempeñar en la sociedad Falta de tiempo para ella misma Acoso sexual en el trabajo Mayores responsabilidades
Descuido de los hijos, falta de tiempo para atender sus necesidades físicas, psicológicas y educativas Remordimientos y culpa por no poder supervisar las tareas de los hijos y el reclamo subsiguiente de ellos
Falta de comunicación con los hijos y con el esposo
Celos y dificultades con el esposo Falta de comprensión y apoyo del esposo
Se pierde parte del desarrollo de los hijos
Tener que delegar a otras personas la responsabilidad de la educación de los hijos
Familias no convencionales
Se alejan del esquema culturalmente establecido en cuanto a los roles masculino y femenino. Las mujeres son activas, se proponen altos ideales personales a realizar por medio del trabajo profesional y su aporte económico al mantenimiento del hogar es mayor o parecido al del esposo.
Son mujeres que dedican poco tiempo a las labores domésticas, y al cuida- do de los hijos. Por lo general tienden a delegar los aspectos relativos a las labo- res domésticas y el cuidado de los hijos en otras personas. En muchos casos los padres de estas familias tienen menos éxito laboral que sus esposas y desem- peñan importantes funciones relacionadas con el cuidado de los hijos.
Según Burin y Meler (1998), estas parejas manifiestan un alto grado de con- flicto asociado al hecho de invertir los roles culturalmente establecidos. Para las autoras citadas este hecho produce una disminución de la autoestima; en el caso de las mujeres esto se debe a que se pone en crisis su deseabilidad femeni- na, la cual se asocia al hecho de establecer una relación con un hombre al cual valoren; mientras que los hombres por su parte experimentan esta pérdida de autoestima por el hecho de que el éxito laboral es asociado a la estima y a la virilidad.