7.1 TOE Security Functionality
7.1.4 Identification and Authentication
Dentro de cada familia se va construyendo un sistema de creencias que le per- mite a sus miembros darle sentido a las distintas pautas de funcionamiento familiar. Dichas creencias influyen en los procesos y la dinámica familiar; a su vez las conductas que se producen como resultado de estas creencias sirven para justificar y mantener las representaciones. Para White y Epston (1993), el significado que los miembros de una familia atribuyen a los hechos es lo que determina realmente su comportamiento.
Según Dallos (1996), las creencias son un conjunto perdurable de interpre- taciones y premisas acerca de aquello que se considera como cierto; están acom- pañadas de un fuerte componente emocional y establecen la posición que debe
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ocupar cada integrante dentro del sistema familiar y su relación con los demás integrantes. Nos permiten “predecir” o “anticipar” las acciones futuras en rela- ción con las personas que entrarían en contacto con nosotros y nos ayudan a tomar decisiones respecto a cómo comportarnos con respecto a los mismos.
Las creencias que se elaboran dentro de una familia tienen un fuerte com- ponente cultural y poseen una enorme influencia en las relaciones que se esta- blecen dentro de los diferentes miembros de la misma. Ejemplos de ellas es la creencia de que “sólo se llega a querer a los hijos biológicos”, explica en cierta medida, las dificultades que experimentan algunas personas para involucrar- se afectivamente con los hijos no biológicos; lo mismo sucede con la conducta de algunos hijos, cuando al enterarse de que son adoptados intentan localizar a toda costa a sus padres biológicos, debido a que piensan que esto les dará un sentido de identidad. Otra creencia muy arraigada es que la “familia nuclear es el prototipo ideal de familia”; lo cual ocasiona que se considere como anor- mal o defectuosa a los otros tipos de familia. Resultan explicables entonces las vivencias de pérdida de autoestima y sentido de identidad que sufren los dis- tintos integrantes de la familia cuando se quiebra este modelo ideal.
Las creencias que aporta la familia son asumidas como “verdades míticas” durante la infancia y son las primeras representaciones del mundo que tienen el individuo. Dentro de la familia, es necesario que se produzcan continuos cambios en las creencias que unos miembros tienen acerca de los otros para que no se detenga el desarrollo de su ciclo vital. Es decir, el sistema de creencias familiares debe ser lo suficientemente flexible o permeable como para que los distintos integrantes puedan aceptar formas diferentes de ver las cosas.
Kelly (Dallos, 1996) describe dos tipos diferentes de creencias familiares. Al primer tipo las denominó de apropiación, en donde los significados tienden a definir las cosas y las personas en polaridades sin matices (bueno-malo, conve- niente-inconveniente, etc.). Dada la rigidez que las caracteriza, mantienen a las personas encasilladas en un significado sin poder considerar otras formas alter- nativas de definir las experiencias. Traen consigo dificultades para producir modificaciones en el funcionamiento de la familia y estancamiento en los pro- blemas. Al segundo tipo, las denominó proposicionales, que se caracterizan por la flexibilidad y actúan como hipótesis abiertas a considerar nuevas informa- ciones y experiencias. De esta manera, los diversos integrantes de la familia y el sistema como tal están abiertos a la posibilidad de cambio.
En su afán por entender lo que les sucede y a la vida en general, las personas organizan sus experiencias de manera tal que tengan un relato relativamente cohe- rente de sí mismos y de su contexto. Las narraciones a través de las cuales cada sujeto le da sentido a sus vivencias necesitan un proceso de selección de experien- cias donde se rechazan todas aquellas que no sean parte del relato dominante de la persona acerca de ella misma.
Una forma típica de expresión de las creencias son los rituales familiares, que son pautas de conductas a las que se da primacía por encima de otras. Por ejemplo, la celebración de los cumpleaños, sin importar las circunstancias eco- nómicas o espirituales por las que atraviesa la familia, responde a la creencia de que es imprescindible celebrar la llegada de cada miembro de la familia, o qui- zá es una manera de responder a la creencia de que cada persona ha de ser cele- brada en un día especial en el que todos le dediquen lo mejor de sí.
Ejemplos de rituales de celebración pueden ser las bodas, los bautizos y los cumpleaños con los tradicionales actos religiosos que expresan la fe y el com- promiso familiar con un credo determinado. Los modos de celebración son a la vez “ritos de transición” que expresan que la familia está asumiendo una tran- sición evolutiva.
A los ritos van unidos elementos afectivos y cognitivos, por lo que el extre- mo en la ritualización puede generar rechazo o exclusión a aquellos miembros que no cumplan con los actos familiares y por tanto no validen con su compor- tamiento las creencias compartidas.
Las conductas rituales de la familia, aún sin llegar a ser rituales de celebra- ción ni ritos de pasaje constituyen claros indicadores de creencias familiares. Un ejemplo, es la sacralización de la hora de comer. En algunas familias es común que se comparta la creencia de que en la hora de la comida no se discute, no se entra en conflictos, que debe ser un espacio de paz y unión familiar al que todos sin Figura 2-3. Efectos de las creencias familiares. Creencia familiar básica:la familia nuclear es el prototipo ideal de familia Auto validación de la creencia: Debe ser cierto si veo que mis hijos
se está sintiendo mal con nuestro
divorcio. Está claro que
lo ideal es el matrimonio, ahora me va económicamente peor. Mis padres siempre me dijeron que debía conservar mi matrimonio, ahora pensarán que soy una incapaz, pues no logré hacerlo. Pensamientos y conductas resultantes: Debo recuperar mi matrimonio a toda costa. Quizás no debí
ser tan dura con él. Reiterados intentos de ceder terreno hasta que se vuelve al status quo anterior a la crisis.
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excepción acudan puntualmente. El incumplimiento de cualquiera de las par- tes de esta creencia provocará fuertes reacciones en la familia, en especial en los miembros que tienen la autoridad, pues también es este un ritual que muestra la pertenencia y conformidad con la forma de poder familiar.
La ritualización puede ser favorable o no en dependencia de la rigidez o fle- xibilidad con que se desarrolle dentro de la historia y cotidianidad familiar. Así por ejemplo, el rito que tienen las familias en nuestro contexto de pasar los domingos juntos contribuye indiscutiblemente a favorecer la comunicación entre sus integrantes. Sin embargo, si la costumbre se torna rígida puede oca- sionar problemas a uno de sus integrantes, en especial a los adolescentes que prefieren estar con sus amigos.
Toda familia cuenta con una serie de “mitos” que son creencias bien siste- matizadas compartidas por la mayoría de sus miembros con respecto de sus roles mutuos y de la naturaleza de su relación. Los mitos familiares contienen muchas de las reglas que caracterizan las relaciones entre los distintos inte- grantes de la familia; reglas que se mantienen ocultas, sumergidas en la trivia- lidad de los clichés y las rutinas del hogar.
Aunque para un observador puedan parecer evidentes falacias de la reali- dad familiar, las creencias son pautas organizadas en cuyo nombre la familia inicia, mantiene y justifica muchas pautas interaccionales compartidas y apo- yadas por sus miembros como si se tratara de verdades a ultranza más allá de todo desafío o investigación.
Los mitos prescriben también atributos a cada uno de los miembros de la familia. Así, por ejemplo, en una familia el marido debe llevar a la esposa en auto dondequiera que ella necesite ir, porque ella no sabe y tampoco se intere- sa en aprender a conducir. Aunque esta pauta se ha mantenido desde que se casaron hace quince años, la esposa la explica diciendo que “es torpe para la mecánica”, un juicio que su marido apoya y corrobora.
En términos de la relación, los mitos familiares tienen un valor económico muy preciso. En su manifestación implícita, son verdaderos programas de acción que ahorran cualquier pensamiento o elaboración posterior. Parece ser que en el contexto de la relación familiar, para cada rol individual definido exis- te un contra-rol oculto en la persona de otro o de otros miembros de la familia. Así, en el ejemplo anterior, el mito de que la madre era torpe para la mecánica llevaba implícita la manifestación de que, de hecho, algún otro miembro de la familia “no lo era”. Cuando una familia le adjudica a uno de sus miembros el título de “paciente”, automáticamente le confiere a uno o más de los otros miembros la etiqueta opuesta de “no paciente”. Y, en la misma medida en que lo primero implica un rol, lo segundo implica lo que debemos llamar un contra- rol, que afirma y complementa al otro.
Las familias narran y le dan significado a sus experiencias de distintas maneras, a su vez estas narrativas y significados se constituyen en lentes a través
de los cuales se definen las nuevas experiencias, de manera tal que se manten- ga constante la manera como sus integrantes se definen a si mismos y la fami- lia se define como un todo. Es a nivel de las narrativas y significados donde surgen los problemas que enfrentan las personas; así por ejemplo, si un adoles- cente se define como rechazado por el sexo opuesto, seleccionará todas las experiencias de fracasos que le permitirán sostener esa imagen, aunque sea negativa de sí mismo.
Ayudamos a las personas y a las familias cuando facilitamos la sustitución de una narrativa de sí mismos y de la realidad que no es adaptativa por otra que sí lo es. Una narración que le permita al sujeto vivir sus experiencias de dis- tinta manera y que presente opciones de solución de los problemas que se les presentan.
FAMILIA EN
LA ACTUALIDAD
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Varios criterios pueden servir para tipificar las diferencias entre las familias; su forma de organización, y estructura son los criterios elegidos en este capítulo para lograrlo.
En relación al primer criterio se distinguen las familias tradicionales, las familias en transición y las contraculturales. Se profundizan las peculiaridades en cada caso destacando los cambios en los roles tanto paternos como maternos en ellas. Se comentan los retos y conflictos que han enfrentado los miembros de la familia ante cualquier intento de modificación de lo tradicional.
En relación al segundo criterio se enumeran la familia nuclear, la monoparen- tal, la reconstituida y la familia después del divorcio. En particular es abundante la información acerca de las dos últimas tipologías por su relevancia actual.
En todos los casos se comentan las consecuencias sobre los hijos del funcio- namiento de cada estructura familiar, en el caso de la familia después del divor- cio, se ofrecen las regularidades de afectaciones a los ex esposos y las maneras más comunes de favorecer la adaptación tanto de hijos como de ex esposos a la nueva situación.