7.1 TOE Security Functionality
7.1.3 Packet filter
adopta un tono positivo.
En el ejemplo antes analizado, el primer intercambio muestra una relación que no se mantiene en los estándares culturales de subordinación–dominancia esperados de la estructuración de roles madre–hijo. Probablemente esta rela- ción se ha dañado en su dimensión intimidad por la entrada al sistema fami- liar de un tercer elemento: el esposo de la madre, que es ubicado por el hijo en el rol idiosincrásico de “intruso”. El hijo intenta ubicar la relación en una dimensión de simetría sin explorar las vías de reequilibración de la relación de intimidad.
En el segundo fragmento sí se mantiene la relación en una dimensión com- plementaria. Tal como se espera culturalmente, la madre aún conserva el con- trol sobre la relación, dadas las alternativas que ha dejado abiertas el hijo para su siguiente interacción. En manos de la madre está la decisión de aumentar el daño en la dimensión de intimidad y optar por una postura que acentúe la com- plementariedad con riesgo de incrementar proporcionalmente la distancia afec- tiva, o tiene la opción expresada de forma clara en la comunicación no verbal del hijo de apelar a la dimensión de intimidad, dirigir la interacción a un diálo- go afectivo sin riesgo de perder el control, pues no parece estar reflejada una expectativa del hijo de llegar a una relación simétrica.
La influencia del estudio de las interacciones comunicacionales, más allá del nivel informativo alcanzando el nivel relacional, ha sido punto clave para la comprensión del funcionamiento familiar. Haley (1964) apuntó que los proble- mas en las familias y las patologías en sus miembros no sólo surgían de las dis- crepancias entre los niveles comunicativos en sí mismos, sino de la confusión que generaban estas discrepancias entre los niveles de relación.
El análisis del fragmento de comunicación anterior permite apreciar que ninguna secuencia de interacción puede ser entendida desde un punto de par- tida cero. Precisamente a esto se refería el carácter circular de la comunicación.
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Editorial El Manual Moderno
F
otocopiar sin autorización es un delito.
La llamada “profecía de autocumplimiento” es otro de los fenómenos des- critos por la teoría de la comunicación que define la imposibilidad de puntua- lizar el inicio de los conflictos. Una profecía que se autocumple es una suposición o predicción que, por la sola razón de haberse hecho, convierte en realidad el suceso supuesto, esperado o profetizado, confirmando de esa mane- ra su propia “exactitud”. Ejemplo: si alguien supone que lo desprecian, se com- portará de manera tal que lo desprecien.
Tradicionalmente asumíamos la causalidad lineal (A causa B), pero las pro- fecías que se autocumplen nos dicen que en realidad B también causa A; o sea, un hecho todavía no producido (futuro) determina efectos en el presente, efectos que a su vez hacen que cobre realidad el hecho pronosticado. Aquí el futuro –y no el pasado- determina el presente. Un ejemplo de estas profecías sería el siguiente: un sujeto dice: “me despreciarán” (supuesto suceso futuro), por lo tanto, “ahora me porto como si me despreciaran” (presente).
Esta inversión de causa y efecto se ve en los conflictos interpersonales, y de forma más concreta en la llamada puntuación de la secuencia de hechos: el marido se retrae porque la mujer lo regaña, y la mujer lo regaña porque él se retrae (A influye sobre B y B sobre A). O sea, lo que para la mujer es causa (el retrai- miento es causa de que ella lo regañe), para el marido en cambio es el efecto (su retraimiento es un efecto de que ella lo regañe). Ambos crean dos realidades contradictorias y engendran dos profecías que se autocumplen: los dos modos de conducta que de modo subjetivo se consideran como reacción a la conducta del otro, provocan precisamente esta conducta en el otro y justifican “por eso” la conducta propia.
También ocurre el fenómeno de la puntuación de la secuencia de hechos cuando alguno de los integrantes que interactúan carece de la información que el otro sí tiene. Por ejemplo, la esposa que quiere dar una cena especial a su espo- so y se la prepara, para ello ha tenido que leer varias recetas de cocina, ha con- sultado con expertos, ido al supermercado y dedicado varios días de la semana haciendo pruebas para que todo salga bien. El esposo no tiene idea de lo que su esposa está haciendo por él. El día de la cena el esposo habla por teléfono para avisar que no llegará a cenar porque tiene trabajo en la oficina. La esposa moles- ta lo acusa de ser un desagradecido y él de que ella no lo comprende.
Estas puntuaciones se evidencian también cuando los interactuantes se detie- nen en aquellos segmentos de la comunicación que refuerzan lo que esperan oír, ver y creer acerca de sus conflictos. Por ejemplo, una familia ha decidido salir de vacaciones por sugerencia del papá. La mamá le dice a sus hijos “no se hagan ilu- siones, tú papá siempre promete cosas y nunca las cumple”. Cada día ella corro- bora con el esposo si sigue en marcha el plan de salir de vacaciones. Cuando él responde que sí, ella comenta: “te lo pregunto porque rara vez cumples lo que prometes”. Unos días antes de la fecha del viaje él le dice a su esposa “esta sema- na se ha acumulado el trabajo”, la esposa se molesta y le dice “como siempre, nunca cumples lo que prometes, mejor cancelamos las vacaciones”.
Aunque la experiencia cotidiana nos enseña que de manera espontánea sólo muy pocas profecías se autocumplen, en el nivel relacional aumenta de forma considerable su posibilidad de cumplirse cuando el sujeto cree firmemente en ellas y cuando hay convicción de que el suceso asociado a las mismas ocurrirá. Dentro del enfoque de la teoría de comunicación (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1993) se considera que toda conducta emitida por un miembro de la familia hacia otro de sus integrantes implica una forma de relacionarse y comu- nicarse. Es imposible evitar la comunicación, ya que ésta se da hasta en los momentos de silencios, por ejemplo, cuando los esposos dejan de hablarse, o cuando los hijos se encierran en su cuarto para no hablar con sus padres.
Para quienes plantean el enfoque circular, la comunicación no es sólo ver- balizaciones o palabras, sino en general todo el comportamiento. Se puede decir entonces que comunicación verbal y no verbal, en este enfoque, resultan igual- mente importantes, ya que están dotadas de la capacidad de informar a otro, y de hacernos saber la reacción de éste a nuestra comunicación.
Una persona puede permanecer callada junto a un grupo de personas, pero no significa que no se esté comunicando. En realidad su simple presencia ya es un indicador de que algo pasa con ella. Su comunicación es aún más significati- va si intentamos “leer” lo que su silencio y postura pretenden comunicar. Del análisis de la comunicación del sujeto del ejemplo anterior se pueden derivar múltiples hipótesis que de hecho no son por completo excluyentes; así se puede pensar que su comportamiento se debe entre otras cosas a que no se siente a gus- to con el grupo de personas, que está triste y compungido o que simplemente no se atreve a opinar acerca del tema que el grupo está tratando en ese momento.
Podemos concluir este apartado diciendo que la capacidad de identificar y de comunicar efectivamente nuestros pensamientos y emociones juega un papel relevante en el mantenimiento de un nivel de funcionamiento eficiente dentro de la familia y de cada miembro en particular. Una comunicación ade- cuada permite el desarrollo de un proceso de intimidad adecuada entre los dis- tintos miembros de una familia.